La luz era tan intensa que lastimaba, me dolía todo el cuerpo, era como si acaba de despertar de un muy largo sueño... O tal vez era así. Lo que había a mi alrededor era lo más parecido a la habitación de un hospital. Miré mi muñeca y tenía una sonda, un aparato hacía ruidos, las cortinas y puertas estaban cerradas. Olía a encerrado, las sábanas me pesaban así como mi cuerpo.
La puerta se abrió y entró una enfermera, la cual pegó un grito al verme erguida y salió corriendo, dejándome con mil dudas en la cabeza.
*****
El doctor no tardó mucho en explicarme lo que había sucedido, había durado cinco años en coma por un accidente. Me hizo un par de exámenes antes de darme la noticia. Mostrándome fotos, preguntándome fechas, cuestionando mi memoria... No encontró ninguna falla. Aun así, siguieron los exámenes.
Miraba mis manos ¿algún día sería capaz de olvidarlas? ¿Dónde estaban mis amigos, mi familia, vecinos... Y mi pareja?
Todos ya se habían graduado de la universidad, algunos viajaron fuera del país, otros se posicionaron en empresas reconocidas, muchos más ya se casaron. Todos siguieron con sus vidas.
El aire seguía sintiéndose pesado.
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Han pasado tres días desde que desperté, nadie ha venido a visitarme. Tal vez todos se mudaron... Mi madre, mis hermanos, mi padre, mi novio, mis amigos y amigas que juramos nunca separarnos.
Miro tras la ventana sobre mi silla de ruedas, la rehabilitación comenzó apenas ayer y no tengo fuerzas para caminar ni moverme a mi voluntad.
La puerta se abre y entra un hombre al cual siento familiar, pero no logro reconocer su rostro. Llora y me abraza, es algo incómodo. Esconde su rostro en mis piernas y no deja de pedir disculpas.
"Perdóname, perdóname..."
No paraba de decir.
Solo pude hundir mis dedos en su espesa cabellera para tranquilizarlo. Sentía un poco de rabia al verlo, no sabía del por qué este sentimiento. Pero la lástima al ver su llanto inundó cualquier extraña sensación en su contra.
*****
La rehabilitación a la semana parece dar frutos. Puedo pararme sola; caminar, aunque con ayuda de una andadera. La movilidad de mis extremidades vuelve poco a poco.
Sigo teniendo las visitas de esa persona extraña, no hay mucho de qué hablar, ya que he pasado cinco años de mi vida durmiendo.
He de admitir que por las noches lloro. Lloro de coraje y amargura por el tiempo perdido; lloro de tristeza ante el abandono de mis seres queridos, de aquellos por los que antes daría la vida. Me sentía sola, defraudada, abandonada, ultrajada, miserable, aterrada.
Y sigo preguntándome ¿Por qué nadie viene por mí? ¿Por qué ninguna alma conocida viene a verme? ¿Dónde está mi familia, mis amigos? y él ¿dónde está él? ¿Dónde quedaron sus promesas de "nunca vamos a separarnos" y los "yo te seguiré hasta el fin del mundo"? ¡Aquellas promesas que incluso desafiaban la muerte!
*****
Inicia mi tercera semana después de haber despertado, ya no espero la visita de nadie; ni siquiera me confío de las llegadas puntuales de Gerardo, ese extraño que viene cada tercer día a leerme las noticias, platicarme de su programa de tele favorito, las películas que están en cartelera, el tráfico de la mañana y cualquier otra anécdota que le parezca interesante.
Aquella tarde tocaban películas que me perdí en esos cinco largos años. Me agradaba la idea, pero no quería confiarme.
Cuando la puerta se abrió no pude evitar decir:
"Es muy temprano incluso para ti, madrugador"
Alcé la vista del libro que me regaló y quedé muda ante la visión que tenía. No era Gerardo.
Era mi prometido, mi novio de preparatoria, aquel que duré de segundo hasta el cuarto año de la universidad. Seis años de noviazgo, cinco más en la maldición de un accidente que le pudo pasar a cualquiera.
Mi corazón latió a mil al momento de verlo entrar. Se veía un poco mayor, cansado, la alegría de sus ojos no era permanente como yo la recordaba. Me miraba silencioso, tranquilo; pero lo conocía tan bien que sabía que por dentro quería llorar.
-Hola.
Intenté romper el silencio, el sólo sonrió y desvió la mirada a la ventana.
-Solo empieza por el inicio.
Volvió a mirarme, quería decirme algo y no se atrevía. Se movía vacilante con sus manos en los bolsillos; miraba cada detalle de la habitación como un niño pequeño que no quiere que le hagan preguntas por el jarrón roto de porcelana de la difunta abuela.
Fue cuando saco su mano del bolsillo y se rasco el cuero cabelludo que pude entenderlo. Aquella alianza en el dedo anular no podía engañarme.
-¿Hace cuánto?
Me miró confundido, se dio cuenta de su anillo y lo escondió de nuevo en el bolsillo del pantalón. No podía pronunciar ni una sola palabra.
-Felicidades.
*****
No aguantaba estar encerrada en aquel lugar... Cinco años de mi vida... Cinco años de mi vida... Y a pesar de ello, parecía que había dormido tan solo unos minutos, cinco años en tan solo unos minutos…
¡REGRÉSENME MI TIEMPO!
Arrinconada en la habitación, lloraba mientras azotaba mis puños contra el suelo, sentí como algo se rompió y no me importó su dolor, me dolía más el interior de mi pecho, el cual se rasgaba cada que respiraba.
Las enfermeras trataban de tranquilizarme, el doctor solicitó una dosis fuerte de calmantes. Y todo volvió a la paz y a la oscuridad de nuevo.
*****
Desperté con la mano enyesada, estaba amarrada a la cama, miré al otro extremo y Gerardo me miraba desde el sofá, preguntándose si sería buena idea desatarme. Respiré profundo, estaba agotada, cansada tanto exterior como interiormente, me sentía deprimida.
Él se acercó y aflojó las cuerdas.
-Hace cinco años -decía- manejaba por las calles solitarias, no había ningún semáforo e ignoré los señalamientos de vialidad. Lo único que deseaba era estamparme contra una pared. No le encontraba sentido a mi vida.
Retiraba toda atadura de mi cuerpo hasta que quedé libre.
-No supe en qué momento apareció una chica cruzado la calle y cómo en lugar de ir contra la pared me fui contra su cuerpo... No supe en qué momento ella dejó de respirar o mi corazón se salía del pecho.
"Perdóname"
iraZu