miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Dos mil gracias!

Antes de cumplir el año con el blog, se han conseguido las dos mil visitas... algo que a la creación de este espacio ni se me cruzó por la mente. Este proyecto ha tomado forma poco a poco y se que aún hay cosas inconclusas que espero resolver más adelante, hay ocasiones que no se si lo que plasmo no son claras o no llegan al punto deseado... ¿opiniones? ¿críticas? solo de los más allegados a mi, a veces el entrar al contador y ver que realmente me leen, me da fuerzas... y no encuentro palabras más adecuadas como GRACIAS.
Gracias por estar ahí, leyendo y dándome ánimos sin que se dieran cuenta, gracias por seguir historias descabelladas, crueles, historias que jamás creí poder escribir, por que las letras consiguieron ser el medio para destruir, crear, asesinar, revivir, lamentar, gozar: emociones, sentimientos, deseos, sueños, anhelos... Ha sido todo un año de experiencias y cambios, todos pasamos por ellos día a día, morimos y renacemos al salir el sol (o mucho después de que salga...) así que me imagino que alguno de ustedes sabrán a que me refiero... por más "aburrida" que parezca nuestra vida, es la aburrición más intensa que tenemos, solo nos queda aferrarnos, solo me queda aferrarme... y salir adelante.
Quiero agradecerte a ti, que me lees y sigues poco a poco las historias de este ático... si quieres quejarte, reclamare, o desahogarte... acá está tu espacio, porque todos necesitamos el nuestro.

irazu

lunes, 26 de diciembre de 2011

ellos no perdonan

Entró por la puerta trasera, arrastrando su pesado cuerpo, un rastro carmesí indicaba su camino, lo había logrado, había llegado a la casa, estaba a salvo. Logró mirar como se acercaba su gata y pisaba el charco de sangre, lamía sus patas y la observaba con detenimiento. Sonrió para ambas, siempre quiso ser como Irazu, un ser libre que no dependía de nadie, ni de ella misma; estaba débil, estaba tranquila, ya no le dolía la herida del abdomen, pensó en su madre, en el desprecio de su padre, en el destino de su tío Jorge, en su gatita y en ella... en Rapunzel, su único amor, la única que le enseñó a no dejarse por nadie, aquella que le demostró la palabra orgullo, la había perdido, se la habían llevado y, ahora que sabía quien era el culpable, no podía hacer nada. Se desangraba poco a poco, teniendo en mente solo un rostro.
Rapunzel
***
María no se atrevió a entrar al baño de nuevo, afuera la sirena sonaba aturdiendo a todo el vecindario; milagrosamente logró escuchar como golpeaban la puerta, parecía que la tirarían, ella caminó despacio, tenía miedo, sospechaba quien estaría detrás de todo alboroto, y no se equivocó.
Manuel estaba agitado, pálido, fuera de sí.
-¡¿Dónde está?!
Era un reclamo, entró tajante a la casa y subió las escaleras.
-¡DÓNDE ESTÁ!
María se tumbó al suelo y comenzó a llorar, abrazó su cuerpo y se culpó a sí misma. Arriba se abrían todas las puertas de golpe, una por una, la casa temblaba cada que Manuel se hacía paso. Llegó a la recamara,  la cama estaba desordenada, húmeda, era la primera vez que la usaban, pero él no estaba ahí. Manuel siguió buscando.
Llegó a la puerta del baño, cerrada con seguro, la abrió de una sola patada. Abajo lloraba María.
***
-Por qué no debo amarte?
-Porque somos iguales.
-¿Y eso qué importa? Ni que fueras de mi misma sangre.
-Recuerda esto... ellos no perdonan...

ellos no perdonan


*irazu*

sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad

Estaba sentada en la sala, se sentía sola; la casa también lo sentía, temblaba con cada suspiro de ella y crujía cada minuto. Se sobresaltó al sentir su suave pelaje por sus piernas, acarició a su pequeña gata mientras miraba en el lugar donde estaría el famoso árbol de navidad, recordó la Navidad pasada, la única navidad agradable en su vida.
***
-¡Feliz Navidad, mocosa!
Rapunzel caminaba rápido a pesar de sus tacones, ignorando las miradas de los peatones, Elisa logró alcanzarla.
-¿De verdad quieres festejarla este año? -preguntó la pelirroja fastidiada.
-Nunca he tenido una Navidad grata, papá me mandaba a la cama a gritos mientras mi mamá le respondía, siempre he tenido curiosidad de cómo lo festejan otras personas.
Llegaron a la torre y subieron las escaleras.
-Si tienes curiosidad -dijo Rapunzel mientras abría la puerta- nosotras trabajábamos horas extra, era la noche en la qué más hombres querían sexo, había incluso empresarios que iban en grupo.
Elisa miró al suelo antes de entrar al departamento, un olor a pino inundó el lugar, serpentina, esferas y estrellas decoraban el departamento.
-La madre superiora me manda siempre cositas para que adorne... pensé que te gustaría.
Elisa casi llora de la emoción, era la única ocasión que alguien hacía algo para ella.
-Ven, hay que cenar.
***
Irazu jugaba con la pulsera de su dueña mientras ella se perdía en sus recuerdos, aquella noche estaría sola, otra vez.
Alguien toca la puerta, el cerrojo da vuelta y ve entrar a su tío, con un regalo envuelto en papel rojo y mono verde, típico cliché.
***
-Toma.
Rapunzel le extendió un brazalete.
-No quise envolverlo, se me hace muy ñoño y no tenía dinero para ello.
Rió y la abrazó, la amaba, no le importaban los regalos caros, árboles blancos de navidad y una casa llena de luces con una cena que alimentaría a cinco familias por todo un año, solo la quería a ella.
-Me siento mal, no te traje ningún regalo.
Rapunzel sonrió, la abrazó mientras le quitaba el suéter.
***
-Ven a cenar con nosotros, María cocinó algo muy especial.
-No tío, no tengo ganas de salir.
Toño abrazó a su sobrina y salió de la casa; Elisa quedó abajo de una cobija mientras miraba el lugar en donde estaría colocado el árbol de Navidad, Irazu le pasaba calor mientras ella recordaba, recordaba mientras afuera festejaban, se oían villancicos y felicitaciones cálidas.

irAzu***

miércoles, 21 de diciembre de 2011

pasión

No había sido nada fácil, ocultar su relación, hacer un esfuerzo por no mirarla todo el tiempo en la escuela, en la calle, hasta en su casa; recordó un año atrás, antes de entrar a la universidad, como su tío fue exiliado de la ciudad sólo por haber amado.
***
Salía de la regadera, sin toalla que cubriera su naturalidad, lo miró en la cama, agotado, tranquilo, en paz; sonrió para sus adentros y se sintió afortunado, pero sabía que duraría poco.
Se miró en el espejo antes de irse a trabajar, dentro de él había un presentimiento de que ése sería su último día en la ciudad, lo supo desde hace tres días, lo supo al depositar los condones en una bolsa de deshechos tóxicos, lo supo al salir del hospital.

Firma tu renuncia, toma las maletas, sal de la ciudad antes de que te corran a patadas... no te despidas de él o correrá el mismo destino.
¿Lo extrañas? ¿Lo amas? ¿Deseas el mismo trato que has recibido por parte de la sociedad, de tus vecinos, de tu familia?
***
-Sigo sin entender por qué lo hizo.
Elisa le acercaba una taza de té de manzanilla mientras Rapunzel vigilaba las calles de la ciudad desde su guarida, ambas escuchaban aquella triste historia.
-Nos van a cazar... 
El extraño miró a la chica de la peluca roja.
-Tú lo sabes.
Siguió vigilando, el gobierno y la iglesia se habían unido para aniquilar lo "podrido" de la ciudad, tenían una manera particular de hacerlo; mentiras, votos falsos, una vida al clérigo o el exilio, violación, esclavitud.
-No regresaré al convento.
Dijo con seguridad, pero sabían los tres que no bastaba, había que ser prudentes.
***
Cuando menos lo supo, se vio a si mismo en un callejón compartiendo su cama con las ratas, en la esquina, las prostitutas murmuraban, una de ellas se acercó para ofrecerle un pedazo de pan.
-¿Cuánto?
Él mordió el pan mientras ella lo penetraba con la mirada.
-Un mes.
Lo cubrió con una cobija, temblaba, lo único que lo mantenía fuerte eran las tardes acurrucado en la cama con su pareja, un recuerdo que sentía lejano.
-No puedes descuidarte así, ven al refugio.
***
-¿El refugio?
Rapunzel acarició el rostro de su novia.
-Una hermandad creada por prostitutas, homosexuales, adictos... y para todo aquel que haya contraído VIH, sea o no de algún grupo anterior... ahí no discriminan.
Elisa tembló ante la mención de aquella maldición, no había cura, todo era una locura.
-Reza porque tu tío los haya encontrado.
Recordó el rechazo y abandono por su parte pero, sin importar que tan mal la había tratado, no merecía aquel destino, ya bastante tenía con sus pecados para adquirir uno más...


irazu

miércoles, 14 de diciembre de 2011

rebeldíA

Si todo regresara a ser como era antes, regresar a la inocencia, a la infancia que les fue arrebatada. A pesar del tiempo, de los años, aquellas heridas seguían frescas, no curaban; no importaba cuánto fingieran, no importaba cuantas veces dijeran "no pasa nada"; su pasado los atormentaba.
***
Eduardo ya ni se molestaba por ponerse el abrigo, ignoraba los reclamos de su esposa cuando alguien tocó la puerta, él sabía quien era. En el umbral, Manuel sostenía del brazo a María, quien evitaba la mirada de sus padres. Karla corrió y abrazó a su hija, Eduardo intercambió miradas con Manuel.
-Enséñele a su hija a comportarse, no quiero volver a arriesgar a mi familia.
-Una disculpa por el comportamiento de mi hija, no volverá a pasar.
Cerró la puerta para después mirar seriamente a la adolescente, Erika la abrazaba fuerte.
-Erika, suéltala.
Su voz era fría y rígida, un escalofrío recorrió la espalda de la niña, lo que provocó un ligero temblor, su madre se aferró más a ella.
-No la vas a tocar.
-¡Tiene que aprender a obedecer!
Los gritos comenzaron, la discusión se prolongaba otra noche más en aquella casa, el clima se había vuelto tenso desde la desaparición de María aquella tarde trágica en la que, al regresar, dejó de ser la misma.
***
Manuel había regresado, estaba cansado de las visitas de esa chica, miró a Toño en un rincón esperándolo.
-Perdona amigo- intentó mostrarle una sonrisa -, pero no quiero tener más problemas.

No importaba cuántas veces Manuel regresara a María a su casa, ella siempre volvía a escaparse para ver a Toño, decía estar enamorada y todos esperaban que fuera una etapa de la adolescencia, una temporada de rebeldía que se iría como llegó; pero las visitas inesperadas duraron más que una eternidad.

***irazu***

domingo, 11 de diciembre de 2011

abrazo

En la prepa, aprendí a comportarme: aprendí a responderle a mis compañeros del salón, a mis amigos, a mis profesores, a mis padres...
Aprendí de ella a no dejarme manipular de nadie, la Elisa tierna y calladita había dejado de existir y todo gracias a ella, a mi pequeño ángel endemoniado, mi ángel de alas rojizas como su cabello, de garras y colmillos impregnadas en veneno, mi pequeño ángel que me llevó a la gloria con blasfemias y maldiciones; había cambiado gracias a ella, mi ángel guardian sacado de un cuento macabro para niños, una medusa de cabellera larga encerrada en una torre.
***
Elisa dejó su mochila en la silla donde supuestamente era la sala, había ya estado varias veces en la torre de Rapunzel.
-Ten, igual y esto te queda.
Rapunzel le extendió a Elisa una sudadera  y pantalones cortos, dos años y medio de amistad habían provocado en la más inocente un cambio radical en su actitud; ésto provocó la enemistad de sus primeras "amigas", que no les pareció que se juntara con la afortunada de traer a cuanto hombre quería a sus pies, la tachaban de prostituta por todos los rumores que se corrían por los pasillos a altas horas de la noche.
-¿Otro obsequio?
-Póntelo y deja de rezongar o te vas a enfermar.
Era otra tarde lluviosa y, como siempre, Elisa había perdido el paraguas que le compró su tío, rió por debajo, recordando la segunda vez que cruzó palabras con Rapunzel, una situación muy parecida a la actual. La segunda le dio una toalla y se acercó otra silla para sentarse.
-¿Vas a quedarte aquí?- preguntó Elisa con las mejillas rojas.
-Es mi casa, me quedo donde yo quiera.
La chica se volteo, le daba pena desnudarse frente de su amiga.
-Tu ropa interior también está empapada, deja te traigo algo para que no te enfermes.
Elisa se cubrió con la toalla, estaba avergonzada y tenía frío, sentía como las gotas frías de sus panties bajaban por sus piernas, estornudó y se cubrió el rostro con la toalla.
-Te dije que te quitaras todo.
Descubrió su rostro y la vio, estaba frente a ella.
-Creo que te está dando fiebre.
Tenía el rostro más rojo que un tómate, temblaba por el frío y por los nervios de tenerla tan cerca.
Rapunzel metió sus manos debajo de la tolla y bajó los calzones de Elisa, sus frías manos desabrocharon el brasier húmedo. Elisa cerró los ojos, le apenaba la situación: primero, que toda su ropa interior se trasparentara a causa de la lluvia; segundo, tener que desnudarse frente a la joven que le causaba mariposas en su estómago y, finalmente, que ahora esa misma chica pasaras sus manos por su cuerpo...
Abrió los ojos de golpe al sentir los labios de su amiga en los suyos, temió abrir la boca, pero deseaba saborear ese sabor que dicen que provoca la perdición.
-Necesitas entrar en calor o te enfermarás.
Hizo una pequeña pausa antes de besarla de nuevo y tumbarla en el piso. Sería una mentira decir que Elisa no hizo nada y se quedó paralizada por la impresión. Ella no tardó en abrasarla y responder a sus caricias, a quitarle de igual manera su ropa quedando en un abrazo que ambas repetirían en más de una ocasión en lo que les quedaba de vida juntas.


irazu

jueves, 1 de diciembre de 2011

Luces de neón

El antro estaba oscuro y se iluminaba de a ratos con lassers de color verde, rosa, azul cielo y purpura; era la primera vez que entraba al lugar, en su bolsillo sentía el peso de una credencial falsificada. Las luces, el humo, el sonido elevado por los cielos le ocasionaba dolor de cabeza.
-¡¿Podemos irnos?!
Su acompañante no la escuchaba debido a la música, solo se dedicaba a mover los brazos y las caderas, por un momento temió que fuera el efecto que la bebida que pidió en la barra tuviera alguna droga; aunque, lo más probable, es que la bebida provocara ciertos movimientos con o sin sustancias alucinógenas. 
No sabía ni porque habían ido, solo recordó verla llorar en los sanitarios pidiendo ir a un lugar donde olvidara todo... cuando menos se dio cuenta, había tomado una credencial falsa y entraba temerosa por el lugar. ¿Por qué no podía ser como la gente normal? Que con un abrazo y palabras de aliento se animaba.
Pero claro, tenía que enamorarse de la chica más rara de la escuela.
Decidió sentarse un rato y observar a la gente, veía parejas tomadas de la mano, con dedos entrelazados, personas abrazadas dándose mordiscos en el cuello,algunas se metían mano sin discreción alguna; era una discoteca, es normal ver a las personas que se agasaja como animales, es normal ver dos chicas besándose, dos hombres manoseándose a media pista... Reaccionó.
Buscó a su acompañante, pero se había perdido en el mar de gente; intentó gritar, pero el sonido ahogo  su llamado. Se movió entre la multitud y chocó con una pareja, intentó disculparse y reconoció a su tío.
Parecía que el tiempo se detenía, lo vio agarrado de la mano de un chico apuesto con camiseta sin mangas y ajustada. Sus labios se movieron, pero no se escuchaba nada.
-¿ Tío Jorge?
La mandíbula de él se desencajó, agarró del brazo a la niña y la arrastró hasta los baños, el olor a cigarro inundaba el lugar.
-¿Qué haces aquí?
Tenía miedo, si su tío le decía a su padre, se daba por muerta, se atrevió a mirarlo a los ojos y notó, que al igual que ella, estaba pálido, con miedo.
-¿Qué te pasa idiota? ¡Suéltala!
La chica de las pelucas coloridas había llegado a su defensa.
-¿Quién te crees?
Ambos se quedaron callados, Jorge soltó a Elisa, pero no dejaba de temblar.
-Yo no te vi aquí, pero tu tampoco me viste a mi.
Salió del pasillo de los baños y se perdió en la multitud.
-¿Estás bien?
Elisa asintió sin perder la vista de su tío.
-Gracias por acompañarme, aunque creo que no es el lugar más indicado para que estés aquí.
Ambas chicas salieron a la calle, Elisa tomó la mano de Rapunzel, quien no rechazó el gesto.

Meses después, Elisa entendería que lo que vio aquella noche no era bien visto por su familia, por sus compañeros de salón, por sus vecinos, por la colonia, por la sociedad.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mudanza

-¡No te irás a vivir a esa casa!
-¿Qué harás para que no me vaya?
-¡Simplemente, no te vas!
-Te dije: ¿QUÉ HA-RÁS?

***

Elisa miró el recibidor vacío, suspiró, la pelea de aquella mañana con su padre se repetía una y otra vez en su cabeza. No podía borrar sus gritos con ira y sus respuestas con coraje cuando él se enteró que se iría a vivir a la casa de la abuela. Nunca supo del porque de ese odio tan encarnado que le tenía su padre y el tío Jorge.
Tomó sus maletas y subió las escaleras buscando la recamara principal, era su primera vez en aquel lugar; su tío Toño no pudo acompañarla por su trabajo, pero le dejó un croquis para llegar al domicilio y otro mapa indicando cómo era el lugar. Tenía dos años que él había dejado de vivir en aquella casa vieja, estaba llena de polvo y se sentía un frío seco, tenía mucho que trabajar; afortunadamente, él le había dejado los muebles viejos, olía un poco a podrido pero un poco de ventilación ayudaría.
La recamara principal era la más cálida de toda la casa porque el sol entraba directo de la ventana, era acogedor pero triste a la vez, se respiraba un aire de nostalgia.
Se sentó en el viejo colchón y una espesa capa de polvo de elevó un centímetro mientras los resortes chirriaban. Estornudó y más polvo se elevó, más estornudos, más polvo. Elisa se levantó para abrir la ventana y dejar que el aire entrara.

***

Aprovechó el fin de semana para arreglar la casa, abrió todas las puertas, descubrió todos los muebles, barrió y talló el suelo, sacudió hasta el último rincón, se deshizo de telarañas y nidos de cucarachas, para el anochecer, estaba agotada. Solo había dos lugares que no había limpiado, el sótano y el ático.
-Lo haré después...
Decía agotada tirada en el suelo del pasillo del segundo piso. El ruido de un jarrón al caerse la interrumpió de su pequeño descanso, temió por primera vez desde que llegó a aquella casa, temió por su soledad y condición; si algo le pasaba, su familia se encontraba al otro lado de la ciudad, recordó aquellas historias que contaban en clase de ética y valores donde la mujer, por ser del sexo débil, había sufrido de agresiones de hombres que se aprovechaban de su soledad.
Se levantó sigilosa y tomo la escoba con la que barrió aquella tarde, camino de puntitas hasta llegar a la recamara principal, donde había escuchado el ruido. Odiaba que cada paso que daba, crujía el piso.
Asomó su cabeza por la puerta y vio la habitación como la había dejado, la cortina se movía a causa de la ventana abierta y, en el suelo, el jarrón que causó tanto estruendo.
-De seguro fue el viento.
Giró su cuerpo para ir por el recogedor cuando le vio. Brincó del susto, estaba recostado en su cama, sin inmutarse, abrió los ojos y la miró; eran de un verde radioactivo y contrastaban con el pelaje más oscuro que la noche más negra. Cuando su pulso se calmó y recuperó el aire, se acercó a la cama.
-Yo te conozco - decía Elisa-, estabas aquella tarde antes de salir de casa.
Se sentó en la orilla de la cama y acercó su mano con cuidado, no quería asustarle, acarició el lomo y vio como se erizaba, le vio girarse.
-¡Eres una gatita!
El felino saltó de la cama y sacó las garras.
-Perdón, no era mi intención... ven, ven bishi bishi bishi.
Se acercó a la humana ignorando aquel sonido absurdo y se dejó acariciar, se sentía muy agradable.
-Te llamarás Irazu... ¿te gusta?
La ignoró, lo que menos le importaba era un nombre.
***
A partir de aquella noche, Elisa no estuvo sola.
irazu

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ella...

Se miró en el espejo y no deseó ser ella, miró sus ojeras, sus labios partidos, su nariz chueca, su cabello maltratado y desordenado; el rimel se corría por sus mejillas en forma de lágrimas negras. Tenía tan solo 13 años y parecía de 30.
Algo afuera se rompía, las chicas gritaban y corrían; miró la cama ensangrentada y no se atrevió a pararse por el dolor de sus piernas, aún no era la media noche y estaba agotada.  El ruido del caos se acercaba a su habitación y aún parecía distante, como en un sueño.
La puerta se abrió de golpe y varios hombres vestidos de azul con cascos que cubrían su rostro entraron, ella seguía mirando en el espejo, intentando acomodar la nueva joya que el cliente pasado colocó en su cuello. Aquellos seres se le acercaron y la tomaron del brazo con fuerza, le gritaron cosas que no entendía, le pidieron papeles y no respondió; uno de ellos, en su desesperación, la aventó a la cama y la golpeó con el puño en la mejilla.
-¡Habla, maldita zorra!
Una chica entró a la habitación y se aventó contra el oficial, golpeándolo con sus frágiles puños; sus uñas postizas se rompieron con la lucha, tres oficiales no podían con ella.
-¡Es solo una niña!
Intentaba gritarles, pero ellos no escuchaban.
***
Aquel heroico saqueo fue realmente vergüenza nacional, derechos humanos levantó una demanda por la violación de 48 prostitutas.
Lo más grave... una menor de edad se encontraba entre ellas.
-¡No parece una niña!
Alegaba el culpable, ahora entendía porque no tenía documentos, porque incluso no respondía ante el forcejeo, era solo una niña.
***
-¿Quién era ella?
Elisa le preguntaba a Rapunzel, era la primera vez que entraba a su torre; era un espacio modesto con pocas cosas, un espejo roto y una foto presionada por el marco: Una niña abrazada de una joven mujer, una niña que tenía apariencia de vieja, pero con una sonrisa tan inocente como su roto corazón.
Rapunzel prendió un cigarro y se lo ofreció a Elisa.
-No fumo, gracias.
Ella se acostó en su cama y miró el techo, recordó aquella noche de pesadilla, como muchas otras. La recordó a ella, siempre viva, siempre dispuesta a defenderla.
-Ella me vendió a los 10 años y a los 13 me entregó al convento del que vengo.
-Parecen felices juntas...
-Era porque la amaba.
Elisa se sintió incómoda con aquellas palabras y, por primera vez, se preguntó si era suficiente para Rapunzel.

iraZu*

lunes, 31 de octubre de 2011

Naranja

Mi alma se rompía lentamente aquella tarde.
El sol en lo alto me cegaba y el calor era insoportable. Transpiraba como regadera abierta y estaba empapada en sudor, acostada en el patio trasero, esperando que llegue mi hora.
Un pájaro aletea a lo lejos, aún es temprano. Se escuchan movimientos en la casa y no deseo cambiarme de lugar. Estaba cansada, cansada de que mi padre no se dignara nunca a verme, cansada de que me gritara, cansada de sus gestos de odio.
Mamá decía que no era así, que el me amaba; pero yo sabía que no. Ya estaba lo suficientemente grande para entender que jamás tendré su aprobación.
Miré al cielo naranja una vez más, antes de entrar a la casa. Anoche mi tío había llegado de sorpresa, ofreciéndome aquella casa vieja que le dejó la abuela. Todo para que saliera de aquel infierno...
Cerré los ojos, no sería difícil, ya tenía dinero ahorrado por tantas vacaciones trabajando. Sabía cuidarme sola, desde pequeña huía de casa. Solo me preocupaba mi madre, ella sufriría. Pero es mi libertad al precio de su felicidad, y yo ya no puedo seguir en esta casa; no con él, no con su indiferencia, no con su desprecio, no con esa sensación de que me desea muerta.
No aquí, no con él, no con los recuerdos que aprietan mi alma y no la dejan respirar.
A lo lejos se escucha un coche pasar, niños corriendo, es verano, hace calor y mi estómago se retuerce con un dolor que desde niña no he podido deshacerme. Esa sensación tan fría que quema y anuda la garganta; que me rompe cada segundo que pasa.
Quisiera que algo me golpeara tan fuerte que no me deje levantarme, un filo que atraviese y destruya ese nudo en mi garganta y avance hasta destrozarme la yaga en el estómago. Una lágrima cae, no es novedad.
¿Cuándo lloverá? Mi boca seca suspira el aire caliente calentando más el interior de mi esófago, no más...
Me acurruco en el pasto seco, duele, duele muy fuerte. Alguien se acerca.
Un par de ojos verdes me observa, no lo pienso más, me voy.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Pedofilia

Cerrar los ojos,
y pensar que no estás ahí,.
Cubrir la luz con mis manos
y encandilarme con la oscuridad.
Soñar con una caricia,
olvidando cada golpe en mi pecho.
Olvidar que vivo contigo,
y que tengo una infancia feliz.
Olvidar ese aliento fétido,
que no me deja dormir...
Cerrar los ojos,
y pensar que no estás ahí.
Cubrir la luz con mis manos,
e imaginar que ya me morí.


Cuando tocó mi cuerpo, mi pequeño ser; no sabía que pasaba, ni por qué lo hacía. Extrañamente me sentía sucio y sólo quería encerrarme en mi cuarto.
Incluso hoy, a veinte años de aquella situación; me da asco pensar en ti, me da asco ser la única persona que puede cuidarte. Te veo tendida en la cama, muriendo y solo quiero tu fin.
Solo quiero que te hundas en la podrida soledad a la que tú misma me arrastraste.

irazU*

lunes, 17 de octubre de 2011

Culpas


Ella fue la culpable,
de nuestras tardes frías,
de las miradas perdidas,
de la sopa congelada a las tres de la tarde.

Miró a la ventana y suspiró una vez más, abrazó sus piernas en un intento de mantenerse caliente aquella tarde lluviosa. Sabía que algo se había roto, lo descubrió aquella mañana mientras se peinaba frente al espejo.
Parecía que todo iba a derrumbarse, la casa en la que habían vivido los últimos años, la sala en el cual recibieron a sus visitas, la cocina llena de risas, el baño húmedo y cálido, los pasillos que de pronto se volvieron solitarios, la recamara silenciosa y gris...
Si, algo se había roto, y estaba ahí, permaneciendo desde quién sabe cuando, destruyendo todo poco a poco.

Ella fue la culpable,
nadie se enteró cuándo se coló por la ventana;
y, sin embargo, nos destroza el alma.
¿Ya es demasiado tarde?

Picaba las verduras para la cena, sentía como si hubiera despertado de un largo letargo. Tal vez era así, tal vez estaba dormida todo ese tiempo.
Miró nuevamente por la ventana, seguía lloviendo y él no llegaba. La contestadora no tenía mensajes, las camas estaban tendidas, el pasillo impecable, la vajilla permanecía aún nueva. Todo estaba perfecto, como el filo de un cuchillo nuevo.

¿Por qué?
¿Por qué no nos dimos cuenta?
Pudimos haberla detenido en su momento.
¿O es acaso una guerra perdida?

Lo sabía, estaba hecho. Había terminado ya, y todo por no darse cuenta de que había llegado aquel pequeño intruso; que se apoderó de sus emociones y rompió con sus sentimientos y emociones.
¿Cuánto tiempo seguiría preparando la misma cena, obteniendo el mismo resultado? Noches calladas, sin sonrisas, parecían fantasmas. 
Y ahora que lo había resuelto, no podía seguir quedándose ahí. No sabía cómo hacerlo; esperarlo, una carta, una llamada desde el aeropuerto, una mudanza... ¿Qué se tenía que hacer? ¿Cuál es el protocolo?

Las miradas estaban vacías,
así como sus almas de agua en sentimiento...
Ella había sido la culpable de aquella tragedia.
Solo había sido ella...

La distancia

*i*r*a*z*u*

miércoles, 12 de octubre de 2011

Obsequios

Estaban ahí, en la parada del camión. Era temprano y hacía frío, la lluvia empeoraba el clima.
Elisa estaba empapada porque había olvidado el paraguas, abrazaba su cuerpo y temblaba. Miró a su acompañante y se ruborizó. El mes pasado la había confundido con un estudiante de último año, siendo que era de nuevo ingreso, igual que ella. Incluso iban en el mismo salón.
Tal vez eran sus labios rojos y su cabellera de fuego lo que la hacía ver más grande.
Desde que la vio en su clase, quiso hablarle, pero ¿Cómo? Ella solo hablaba con chicos, solo les sonreía a ellos y solo se iba con ellos. A las compañeras del salón, las ignoraban, así como aquellos comentarios ofensivos denigrando su persona.
-¿Qué me ves?
Su voz era ácida, ruda, pero a Elisa le gustaba.
-Pe...per...perdón...
Sus dientes castañeaban a causa del frío, miro la abrigadora chamarra de ella y sintió un dolor que recorría su piel.
-¿No tienes paraguas?
Elisa negó con la cabeza, había perdido el último que le había dado su tío y no quería pedir otro más.
Miró sus botas para el agua, todas las chicas rumoreaban que eran obsequios que le daban los chicos a cambio de ciertos placeres.
-Te llamas Elisa ¿Cierto?
Asintió con la cabeza.
-Y... a ti... t... te lla...man... Rapunzel....
Rapunzel dejó ver sus dientes ante una sonrisa un tanto macabra, se quitó su chamarra y la puso sobre el cuerpo de Elisa.
-Te recomiendo te quites la ropa de abajo o te enfermaras.
Se vieron mutuamente y ambas sonrieron.
"Tal vez sea el inicio de una buena amistad"
Pensó Elisa, aunque realmente sabía que quería algo más.

irazu****

viernes, 7 de octubre de 2011

¡Apagón!

Ya lo he dicho antes, escuchar ruidos raros en baños públicos de mujeres, es algo que no pase. Incluso ha llegado a ser un tema de conversación.
Que qué pena el escuchar algún ruido mientras estás en el baño público, que si fue la de a lado, que si ya va a salir, que si aún está adentro... yo que se.
En lo personal, no me gustan mucho, siento que se invade mi privacidad a pesar de los muros y las puertas. Antes, de pequeña, cuando llegaba a un lugar nuevo, ya sea una tienda departamental, restaurante o casa de algún amigo de mis padres; yo corría al baño solo para ver como era.
Ahora, solo los detesto, me tenso al saber que alguien a lado está defecando junto conmigo. No lo sé, tal vez soy muy quisquillosa. Luego no puedo, cómo se diría... desahogarme completamente...
Total, sucedió que hace un par de días, en el trabajo, en mi intento de ser silenciosa, llegué a pasar tan desapercibida, al grado de que apagaron la luz y yo seguía adentro.
No sabía si sentirme ofendida o halagada. No es raro que olviden que ando en alguna estancia, pero ¿qué no se dieran cuenta de que seguía en el baño? Bueno, habría que preguntarle a quien apagó la luz.

...irazu?

Crédito

Había aceptado tomar un crédito porque me sentía segura y respaldada, papá dijo que me apoyaría y me respondería mis dudas. Así que agarré mis tiliches y me aventuré una vez más, confiando ciegamente de nuevo.
Todo parecía estar bien, adelanté mis pagos y hasta pagué un poco más para sentirme de esos que nunca se atrasan y por lo tanto no se estresan.
Luego vinieron los problemas con el famoso sistema y la falta de comunicación entre los departamentos. Intenté manejarlo por mi propia cuenta.
Papá terminó acudiendo a las oficinas para defenderme, porque me estaban haciendo tonta.
Eso, fue uno de los primeros conflictos que tuve.
Más tarde, mi desorganización me hizo pasar por alto un pago que no noté que hacía falta, me enteré ocho meses después y la cartera tuvo un bajón algo significativo. Aún así no permití que me desanimara.
Pero tiempo después, mi padre ya no estuvo para asesorarme ni explicarme, los cálculos no salían. Mandé correos pidiendo información, realicé llamadas sin respuesta alguna y asistí con insistencia con alguien que tuviera el nexo con la organización; me dio una cantidad, hice el pago, luego papá llama diciendo que es otra, y al fin recibo un correo en donde dice que aún hay otros pendientes y las tablas que me manda son códigos extraños para mí.
De pronto me siento sola, abandonada. Es hora de pagar por la inocencia de la que debí haberme deshecho hace tiempo. Nunca debí confiar en las instituciones, ni en quienes las representan, ni en quien prometió resguardarme.
Porque al final de cuentas, uno está solo en todo momento...
Solo me queda esperar que la toalla colgada en el barrote del baño me haga desaparecer, no se darían cuenta, están ausentes desde hace días... pero no funcionó, después de todo.


irazu

domingo, 2 de octubre de 2011

La mancha en las sábanas blancas

Miraba la mancha en las sábanas blancas, retorcía las manos, nerviosa, escuchó ruidos fuera de su habitación y corrió a poner el seguro a la puerta; tenía miedo.
Afuera comenzaba a llover y así como caían aquellas gotas de agua dulce, quiso llorar. Sentía como su corazón se salía de su cuerpo y vomitaba su estómago, no podía más. Miró esa mancha nuevamente, parecía un monstruo que iba creciendo rápidamente.
Alguien tocó a su puerta y se sobresaltó.
-¡Elisa! ¿Estás despierta?
Agitada, no podía responder. Hilos delgados de sangre resbalaban por sus piernas y la mancha se hacía grande.
Intentaron girar la perilla y ella grito.
-¡No entres!
Afuera todo se calmó.
Adentro, ella se acurrucaba en el suelo, deseando que esa sensación cálida y húmeda se desvaneciera.
-¿Estás bien?
La voz de su madre mostraba preocupación.
Elisa lloró mientras más sangre corría por sus piernas.
-Elisa, voy a entrar.
-¡No lo hagas!
Estaba asustada, sentía como se caía su mundo de fantasías, de cuentos de hadas y muñecas, estrellas y lunas.
La llave se introdujo y giró, quitando el seguro. La encontró en el suelo, en posición fetal, llorando y las piernas ensangrentadas.
Aquellas sábanas perfectamente blancas habían quedado impuras con aquella mancha roja. Su madre se agachó y abrazó a su hija.
-Felicidades.
Decía una y otra vez, Elisa no entendía, había destruido aquellas sábanas blancas, el suelo, su pijama, su ropa interior.
-Ya eres toda una mujercita.
Miró a su madre y no supo por que llorar, si por aquella transgresión o porque había dejado de ser una niña.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

celos...

Rompió la puerta de su oficina casera de un portazo. Miró la entrada con enojo y no se arrepintió; apretaba sus puños, sus orejas estaban rojas, parecía que explotaría en cualquier momento.
Agradeció que su esposa no estuviera en casa, la atacaría de preguntas tontas y no lo soportaría. Tampoco quería preocuparla, no es que la amara, de hecho no la amaba. Solo se casó por lástima, por querer arráncarse a esa niña de la cabeza, de sus sueños húmedos... a este punto, ya ni sabía por qué se había casado con ella.
Se tumbó en su silla reclinable de membrillo, cerró sus ojos e intentó relajarse. Sacó del estante una botella de whisky y se sirvió un cuarto de vaso que bebió de un solo jalón. Sintió como ardía en la garganta y se calmó.
Miró aquella oficina, probablemente era de su padre antes de que muriera, siempre se perguntó cómo era él. El ardor en su estómago le hizo recordar aquella mañana, el vaso en sus manos se rompió por la presión que ejercía en el, enterrándose pequeños vidrios en su mano.
No le importó, su odio podía más.
Su esposa llegó antes de la hora de la comida y lo encontró sangrando, preocupada fue a atenderlo; siempre había sido fiel, siempre tan buena, tan servicial, tan sumisa.
Él acarició su rostro mientras ella lo curaba. Era joven y bella a pesar de las ojeras debajo de esos ojos oscuros; la miró detenidamente y seguía preguntándose por qué no podía sentir lo que sentía por otra, por qué no podía desearla tanto, por qué no era ella.
Su mujer comenzó a limpiar el lugar después de vendar la herida, pero él no la dejó. La tomó del rostro y la tumbo al suelo entre pequeños vidrios, gotas de sangre y olor a whisky.
No aguantaba, sabía que no era ella, pero no podía más. Su deseo era tanto, que dolía; era ese dolor que uno no aguanta.
Ella temblaba, lo amaba, sabía que él no a ella. Sin embargo, permació a su lado desde que eran unos niños, aún después de aquel incidente en el sótano. A pesar de las amenazas de su padre, del llanto de su madre, ella siguió ahí para él.
Tal vez en un tiempo ellos dos pudieron haber tenido una oportunidad, tal vez las cosas serían completamente diferentes de no haber sido por ese ser que él llamaba madre. O quien sabe...
La tomó con fuerza,  salvaje. Quería sacarla de su cabeza, de su alma, de su almohada. Quería alejar ese pensamiento que tanto lo atormentaba.
La quería fuera de sí, quería que lo exorcizaran, quitársela desde donde estaba, enterrada en sus más profundos y entrañables deseos... no podía, lo único que le quedaba al alcace era desgastar su ira con su mujer. La miró agotada, sudada, temeroza porque sabía que el no sentía aquello que demostraba por ella. La abrazó en un intento amable de agradecimiento; sintió cómo lloraba silenciosamente, no merecía ello, pero había elegido permanecer a su lado.



irazU

lunes, 26 de septiembre de 2011

Armario

¿Qué me pasa? ¿Por qué me escondo? Arrinconada en el fondo del closet, abrazando mis piernas, haciendo lo imposible para que dejen de temblar... ¿Por qué? ¿Por qué? Comienzo a llorar.
Las puertas se abren y unas pequeñas manos mueven los abrigos pesados de mamá, veo tu figura a contraluz y me encandila.
-¿Por qué lloras?
Tal vez no lo entiendas, yo soy tan solo una niña, que se esconde en el rincón más oscuro de la casa, escondiéndome de ti.
Pero no parece importarte que sea una cobarde.
-Ven.
Quiero tomar tu mano, pero me da miedo; dime que estarás ahí cuando sea mayor, dime que estarás ahí a pesar de los años, a pesar de que me vuelva insoportable por las hormonas de las que tanto hablan en la escuela.
Quiero abrazarte...
***
-Juguemos.
Me retas.
-¿A qué?
Pregunto curiosa.
-A las escondidas -me miras detenidamente-, yo cuento, tu ve a esconderte.
Comienza el juego y yo corro por la casa, la herencia que nuestra familia nos dejó. 
¿Dónde? Ella conocía el lugar como si fuera la palma de su mano. ¿Dónde?
Miro la puerta de un armario desgastado, los abrigos anticuados de mamá siguen intactos. El polvo me provoca estornudar, pero lo he decidido, ese será el lugar.
-Lista o no... ¡Aquí voy!
Era cálido, me recordaba a mi niñez, esas pequeñas manos moviendo la ropa, la contraluz que la hacía ver como un ángel. Tantos años después y seguía escondiéndome de ella.
-¡Te atrapé!
Estornudó a causa del polvo y reí mientras intentaba sacarme.
-¡Sal! ¡Anda!
Me negué, la jalé y entró al ropero.
-No quiero esconderme más.
Fue cálido, tierno y húmedo.
-Tonta...
Hizo un puchero y la abracé.
-No podemos quedarnos aquí toda la eternidad.
Tenía razón, si por mi fuera, la tendría siempre en aquel viejo ropero, pero algún día tendríamos que salir.
Cerramos las puertas de madera.
-No hay que escondernos, podemos hacerlo afuera.
Su voz, su sonrisa, su tranquilidad; ella me hizo entender que no debo temer nada y ya no había necesidad por esconderme...

irazu.....................................*******************

sábado, 24 de septiembre de 2011

Puente

-Tía, ¿dónde está mamá?
Preguntaba Toño; Manuel interrumpió su lectura matutina y despegó los ojos del periódico para mirar a su esposa.
-¿Tía?
Preguntó incrédulo Manuel.
-Toño... ¿Por qué le dices tía a Erika?
-Yo le dije que me dijera así.
Toño cargó a Elisa y salió de la cocina, tenía apenas un mes en la casa y había aprendido a reconocer cuando su hermano estaba enojado.
-¿Qué pensabas?
-Está confundido, han sido muchas cosas, solo quiero que se sienta en casa.
-¡Justamente por eso! No quiero que se confunda más.
La pelea fue interrumpida por el teléfono, Erika, aguantando las lágrimas, contestó el teléfono.
Manuel apenas y podía probar bocado, bonito fin de semana tenía; miró a su esposa callada, mirándolo, ofreciéndole el teléfono.
***
-Un vecino la reportó, el olor era demasiado desagradable...
La morgue tenía un olor a podrido constante y un frío que recorría la espina dorsal, era inexplicable la sensación que transmitía, era pesada, triste, amarga.
-¿Cuándo fue la última vez que estuvieron con ella?
Jorge miró a Manuel, había tomado la decisión de no regresar a aquella casa, se encontraban acorralados, sabían que serían acusados por negligencia.
-Ella nos mandó al demonio, amenazó con suicidarse y llamar a la policía si seguíamos yendo, nos corrió, literalmente.
El oficial meneó la cabeza y respiró hondo, aunque prefirió no hacerlo.
-Esto es grave ¿Saben lo que es hacer una autopsia en ese sótano? No pudimos sacarla de una sola pieza.
El encargado de la morgue llegó empujando un carro con una bolsa grande.
-¿Una sola pieza?
Jorge vomitó en el pasillo, aquello lo traía enfermo.
***
-Mira Elisa, yo soy el capitán del barco y tu eres mi prisionera.
La bebe mordía el zapato que se había quitado mientras Toño armaba un fuerte con los cojines de la casa. Erika tejía en el sofa y disfrutaba ver a los niños jugar.
La puerta principal se abrió y entraron Manuel y Jorge.
-¿Cómo les fue?
Jorge caminó directo a su cuarto y Manuel se acercó a Toño.
-Ven, tenemos que hablar.
El pequeño obedeció.
-Mamá ya no estará con nosotros.
-¿Por qué?
Manuel miró a su hermano, no sabía cómo explicarle. Odiaba a su madre, pero sabía que Toño no le guardaba nada de rencor, era extraño.
-Ella fue con papá.
-Pero papá está muerto.
Manuel abrazó al niño, le costó trabajo asimilar la noticia, después de un minuto, el infante caminó en dirección a Elisa y la abrazó.
-Tu y yo estaremos siempre juntos.
La bebe babeó nuevamente y sonrió con su único diente.
-¿Murió?
Erika miraba a su esposo.
-El forense dice que se atragantó con comida enlatada.
Miró a su hija y a su hermano abrazados, odiaba a su hija y sentía culpa por ello.
-La casa es tuya, Toño.
El menor miró al mayor.
-Mamá te dejó ese lugar en su testamento... Cuando seas grande puedes irte a quedar allá.

irazu

viernes, 23 de septiembre de 2011

Audífonos

Cerró la puerta para no escuchar la tormenta.
Ella gritaba, él insultaba; las palabras chocaban como cuando la vajilla de porcelana que le regalaron en la boda cayeron al suelo de la cocina la semana pasada.
Por más que cubría sus oídos con la almohada, el sonido no cesaba.
Su hermano entró con cuidado y lo abrazó, le puso algo en las orejas y presionó el botón de un objeto extraño. Los gritos fueron remplazados por melodías dramáticas y agudos de guitarras eléctricas.
Le dio un último abrazo antes de irse, antes de saltar por la ventana...
*****
Despertó sobresaltado, sudando frío. La cabeza le zumbaba y temblaba.
Hacía mucho tiempo que no soñaba con sus padres o su hermano... ni siquiera les hablaba. Dos, muertos en vida; el otro, descansa en el panteón.
Miró el reloj, aún era temprano. Ya no podía dormir.
Aquel reproductor portátil para casetes, que le regaló su hermano antes de partir, ahora es historia. Su esencia perdura: un reproductor de discos, un mp3, un reproductor multimedia que le permite ver películas enteras y ahora uno que hasta deja hacer llamadas... bendita tecnología. 
Pero por más alto que ponga el volumen de la música, los gritos no cesan, siguen ahí.
Busca irremediablemente por toda la ciudad los audífonos perfectos que saturaran su ser, sin éxito.
No podía trabajar, no podía estudiar, no podía disfrutar el trayecto en el camión, ni siquiera el silencio o el ruido... los gritos ahí estaban.
Rendido, caminaba por la plaza sin mostrar atención en ningún lugar. Y los vio.
RompeCraneos
Leyó la etiqueta, preguntó que tan efectivos eran y pago mas de mil pesos por ellos.
La primera sensación lastimó el interior de su oído, desgastado por años de alto volumen, pero los gritos seguían. Subió el volumen del reproductor hasta no haber más, la vajilla se rompía; subió el volumen por medio del amplificador de los audífonos, la ventana se quebraba; activó el woofer ignorando las precauciones.
*****
Su cabeza explotó, dejando salir el llanto perdido; palomillas volaron junto con polvos de estrella.
Su cabeza explotó y los gritos cesaron.


irazu

jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Y?

Homosexualidad, bisexualidad, transgenero... ¿Por qué existen estas palabras? ¿De qué nos sirven?
A mi punto de vista, son calificativos que la gente utiliza para diferenciar gustos, sin embargo, términos como normalidad y asociarla con heterosexual se me hace absurdo.
He escuchado indicar que a la gente diferente lo familiarizan como una enfermedad, un virus que invade a la sociedad, contaminando su "moralidad"; siendo que ese pensamiento es el verdadero asesino.
Para aquellos que piensan de esta manera, déjenme decirles un secreto: TODOS, absolutamente todos, somos iguales. No existe calificativo alguno para demostrar que provenimos de una raza superior, o que somos superdotados; personajes como los superhéroes es la deformación de la realidad ante una desilusión oportuna.
Aquel que se sienta arriba de los demás por el solo hecho de tener un gusto mayoritario, no lo vuelve superior, al contrario, lo vuelve un producto más de la masa, dejándolo sin identidad.
Cortados de la misma tela, los "dueños del mundo" no son más que muñecos sin alma aventados a una maqueta hecha de cartón y relleno de aserrín.
No existe una elite, no existe la supremacía, ni un pueblo elegido. Y aquellos que utilizan a la divinidad como pretexto de su nazismo, le diré otro secreto...
Ante los ojos de nuestro padre, todos somos iguales y merecemos el reino de los cielos.
Es como despertar un día y cruzando la calle encontramos a nuestro vecino, a él le gustan güeras, a ti morenas; pero siguen siendo los mismos. Tu equipo de fut bol es de color amarillo y el de tu amante el rojo, y aún así duermen juntos ante la diferencia de gustos.
No existe la exclusiva de ser especiales, y si vives y comes de ese pensamiento... te diré que solo comes un plato de mierda creyendo que es un manjar.

martes, 20 de septiembre de 2011

No es un cuento de hadas...

Aprendió en el interior de las alcantarillas, a jugar y mostrarse segura aunque por dentro se moría. Aprendió el arte del engaño poniendo encima de todo la supervivencia.
Miraba a lo lejos de la ventana del edificio más viejo y alto de la ciudad, allá arriba no existían clases sociales, todos eran iguales ante su mirada; pequeños e insignificantes.
La conocían por Rapunzel, aquella que dejaba ciegos a los más valientes viajeros, hundiéndose en la miseria y temor a la muerte... ella solo los empujaba hondo, más hondo.
***
Agarró aquella larga cabellera y escondió sus pequeños rasgos, se miró en el viejo espejo antes de salir y se recordó por enésima vez que no podía quedarse a recoger cenizas.
Sonrió, fingiendo importancia, aquello era más una obligación que gusto; la  única condición para salir del convento era entrando a la escuela, pese a quien le pese... y a ella le pesaba más que nadie.
Solo rezaba por conseguir algo de "caridad" por parte de los que serían sus nuevos compañeros.
¿Maquillaje? Se lo prohibieron.
¿Zapatos de tacón? Ni en sueños.
Ni que hablar de las minifaldas... al menos le quedaba su peluca, aquella extensión larga y colorida, lo poco que le quedaba de las alcantarillas.
***
Ignora las miradas, ignora los murmullos, ignora la lujuria... Era el primer día de clases en la preparatoria y ya los ojos de extraños caían en ella. Lo toleró, siempre lo hacía, incluso a los 7 años cuando su padrastro la tocaba, ella soportaba.
-Disculpa.
Una pequeña muchacha había chocado con ella.
-¿Sabes dónde queda el edificio A?
Se miraron por un instante, la pequeña reflejó en sus mejillas la rojiza cabellera de la mujer.
-No se, es mi primer día.
Apenada, se alejó, esperando no volver a verla... sin saber que la tendría en el mismo salón aquel día.

/*irazu*/

lunes, 19 de septiembre de 2011

El vagón

Abrazaba sus piernas mientras tarareaba una canción, se hacía tarde y pronto cerrarían la estación del metro; solo esperaba el momento indicado para que el policía se diera la vuelta y colarse en el último vagón.
Hacía frío y había olvidado con que taparse.
¡¡¡FUERA DE AQUÍ!!!
Una y otra y otra vez escuchaba la voz de su padre en su cabeza, todos los días era lo mismo, él gritaba, su madre y tío la defendían para que al final ella saliera corriendo.
Eran las doce, el oficial la miraba a lo lejos, le daba curiosidad.
-Es la tercera vez en la semana que viene.
El conductor explicaba que en contadas ocasiones aparecía esperando que todos se fueran.
-¿No tiene casa?
El viejo se quitaba su gorra y chaqueta para guardarla en un casillero de la oficina principal.
-No sabemos, nunca hemos visto que alguien la acompañe. No se ve desnutrida, así que no creo.
Ella se secaba las lágrimas con la tela de su vestido, mamá había pensado que para el cumpleaños de papá sería buena idea arreglarse.
Elisa era una niña muy bella, delicada, cabello suave, tez clara y ojos oscuros. La alarma sonó y se escabulló en el interior del vagón, pero las puertas fueron detenidas.
-No es un lugar seguro.
La voz del uniformado hizo temblar a la niña.
-¿Tienes casa?
Un paso más cerca de ella; el cazador goza observar el miedo antes de atacar a su presa.
Pero en su mirada no había temor alguno, ni debilidad. Solo tristeza y vacío, el oficial se sintió avergonzado e intentó mantener la postura.
-Vamos, te llevaré a casa.
No se movió, sus pies parecían estar clavados al suelo. Su mirada seguía firme, directo al policía.
-Vamos.
El extendió la mano, tratando de infundir confianza; sonrió amablemente y esperó su respuesta... la cual fue, seguir mirándolo.
-Morirás de frío si te quedas aquí.
Sus ojos húmedos y rojos seguían tercos, no confiaba en nadie y menos en un hombre a altas horas de la noche en la estación del metro.
-¿Y tu familia? ¿Tienes amigos?
Bajó la mirada por un instante, se sentía sola. De su familia, solo obtenía miradas frías y gritos. Amigos... no tenía; se sentía sola en todos los sentidos y a la vez vacía
A pesar de las intenciones motivadas por el instinto, el hombre pudo calmarse y dejó a la niña sola en el vagón, esa mirada triste, dura y vacía lo llenaba de lástima.
***
Entró por la puerta principal, miró a su madre preocupada en el sofá, no había descansado en toda la noche. Toño dormía en una silla.
-Ya llegué...
Se frotaba el brazo y caminó a su habitación, esa que nunca sintió suya en aquella casa que jamás nombró hogar.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La fuente

Estaban parados alrededor de la fuente, mirando al centro concentrados; parecía que un ritual daría inicio en cualquier momento.
La fuente se encendió, el agua brotó del suelo.
Los niños gritaron y corrieron alrededor de ella.
Solo pude caminar y verlos correr.
El viejo solo pudo anhelar y verlos correr.
Las mamas solo pudieron sentir la ganas de ir a regañarlos y verlos correr.

Quien fuera niño otra vez...

martes, 6 de septiembre de 2011

Memoria

La luz era tan intensa que lastimaba, me dolía todo el cuerpo, era como si acaba de despertar de un muy largo sueño... O tal vez era así. Lo que había a mi alrededor era lo más parecido a la habitación de un hospital. Miré mi muñeca y tenía una sonda, un aparato hacía ruidos, las cortinas y puertas estaban cerradas. Olía a encerrado, las sábanas me pesaban así como mi cuerpo.
La puerta se abrió y entró una enfermera, la cual pegó un grito al verme erguida y salió corriendo, dejándome con mil dudas en la cabeza.
*****
El doctor no tardó mucho en explicarme lo que había sucedido, había durado cinco años en coma por un accidente. Me hizo un par de exámenes antes de darme la noticia. Mostrándome fotos, preguntándome fechas, cuestionando mi memoria... No encontró ninguna falla. Aun así, siguieron los exámenes.
Miraba mis manos ¿algún día sería capaz de olvidarlas? ¿Dónde estaban mis amigos, mi familia, vecinos... Y mi pareja?
Todos ya se habían graduado de la universidad, algunos viajaron fuera del país, otros se posicionaron en empresas reconocidas, muchos más ya se casaron. Todos siguieron con sus vidas.
El aire seguía sintiéndose pesado.
*****
Han pasado tres días desde que desperté, nadie ha venido a visitarme. Tal vez todos se mudaron... Mi madre, mis hermanos, mi padre, mi novio, mis amigos y amigas que juramos nunca separarnos.
Miro tras la ventana sobre mi silla de ruedas, la rehabilitación comenzó apenas ayer y no tengo fuerzas para caminar ni moverme a mi voluntad.
La puerta se abre y entra un hombre al cual siento familiar, pero no logro reconocer su rostro. Llora y me abraza, es algo incómodo. Esconde su rostro en mis piernas y no deja de pedir disculpas.
"Perdóname, perdóname..."
No paraba de decir.
Solo pude hundir mis dedos en su espesa cabellera para tranquilizarlo. Sentía un poco de rabia al verlo, no sabía del por qué este sentimiento. Pero la lástima al ver su llanto inundó cualquier extraña sensación en su contra.
*****
La rehabilitación a la semana parece dar frutos. Puedo pararme sola; caminar, aunque con ayuda de una andadera. La movilidad de mis extremidades vuelve poco a poco.
Sigo teniendo las visitas de esa persona extraña, no hay mucho de qué hablar, ya que he pasado cinco años de mi vida durmiendo.
He de admitir que por las noches lloro. Lloro de coraje y amargura por el tiempo perdido; lloro de tristeza ante el abandono de mis seres queridos, de aquellos por los que antes daría la vida. Me sentía sola, defraudada, abandonada, ultrajada, miserable, aterrada.
Y sigo preguntándome ¿Por qué nadie viene por mí? ¿Por qué ninguna alma conocida viene a verme? ¿Dónde está mi familia, mis amigos? y él ¿dónde está él? ¿Dónde quedaron sus promesas de "nunca vamos a separarnos" y los "yo te seguiré hasta el fin del mundo"? ¡Aquellas promesas que incluso desafiaban la muerte!
*****
Inicia mi tercera semana después de haber despertado, ya no espero la visita de nadie; ni siquiera me confío de las llegadas puntuales de Gerardo, ese extraño que viene cada tercer día a leerme las noticias, platicarme de su programa de tele favorito, las películas que están en cartelera, el tráfico de la mañana y cualquier otra anécdota que le parezca interesante.
Aquella tarde tocaban películas que me perdí en esos cinco largos años. Me agradaba la idea, pero no quería confiarme.
Cuando la puerta se abrió no pude evitar decir:
"Es muy temprano incluso para ti, madrugador"
Alcé la vista del libro que me regaló y quedé muda ante la visión que tenía. No era Gerardo.
Era mi prometido, mi novio de preparatoria, aquel que duré de segundo hasta el cuarto año de la universidad. Seis años de noviazgo, cinco más en la maldición de un accidente que le pudo pasar a cualquiera.
Mi corazón latió a mil al momento de verlo entrar. Se veía un poco mayor, cansado, la alegría de sus ojos no era permanente como yo la recordaba. Me miraba silencioso, tranquilo; pero lo conocía tan bien que sabía que por dentro quería llorar.
-Hola.
Intenté romper el silencio, el sólo sonrió y desvió la mirada a la ventana.
-Solo empieza por el inicio.
Volvió a mirarme, quería decirme algo y no se atrevía. Se movía vacilante con sus manos en los bolsillos; miraba cada detalle de la habitación como un niño pequeño que no quiere que le hagan preguntas por el jarrón roto de porcelana de la difunta abuela.
Fue cuando saco su mano del bolsillo y se rasco el cuero cabelludo que pude entenderlo. Aquella alianza en el dedo anular no podía engañarme.
-¿Hace cuánto?
Me miró confundido, se dio cuenta de su anillo y lo escondió de nuevo en el bolsillo del pantalón. No podía pronunciar ni una sola palabra.
-Felicidades.
*****
No aguantaba estar encerrada en aquel lugar... Cinco años de mi vida... Cinco años de mi vida... Y a pesar de ello, parecía que había dormido tan solo unos minutos, cinco años en tan solo unos minutos…
¡REGRÉSENME MI TIEMPO!
Arrinconada en la habitación, lloraba mientras azotaba mis puños contra el suelo, sentí como algo se rompió y no me importó su dolor, me dolía más el interior de mi pecho, el cual se rasgaba cada que respiraba.
Las enfermeras trataban de tranquilizarme, el doctor solicitó una dosis fuerte de calmantes. Y todo volvió a la paz y a la oscuridad de nuevo.
*****
Desperté con la mano enyesada, estaba amarrada a la cama, miré al otro extremo y Gerardo me miraba desde el sofá, preguntándose si sería buena idea desatarme. Respiré profundo, estaba agotada, cansada tanto exterior como interiormente, me sentía deprimida.
Él se acercó y aflojó las cuerdas.
-Hace cinco años -decía- manejaba por las calles solitarias, no había ningún semáforo e ignoré los señalamientos de vialidad. Lo único que deseaba era estamparme contra una pared. No le encontraba sentido a mi vida.
Retiraba toda atadura de mi cuerpo hasta que quedé libre.
-No supe en qué momento apareció una chica cruzado la calle y cómo en lugar de ir contra la pared me fui contra su cuerpo... No supe en qué momento ella dejó de respirar o mi corazón se salía del pecho.

"Perdóname"

iraZu

domingo, 4 de septiembre de 2011

Batallón

Las gotas golpeaban la ventana, afuera se caía el cielo. Afortunadamente, me encontraba adentro... o tal vez no soy tan afortunada.
Una parte de mi ansiaba sentir cada gota acariciar mi piel, sentir el frío corriendo mi espina dorsal, perdiéndose en mis caderas.
Me cubrí con una tercera cobija, y miré el televisor. No había ningún canal, documental o película interesante. Mi estómago solicitó comida y tuve que aplacarlo con la mente... No comeré, me decía una y otra vez. Miré de nuevo hacía afuera, el agua acumulada provocó un río en la calle principal, me pregunto si la casa se puede inundar; pero el calor de las cobijas no me dejaban salir de ellas. Se sentía tan bien estar protegidas por su suavidad.
Un relámpago cayó cerca y se fue la luz, todo quedó a oscuras. Ligeros destellos de la guerra que tenían afuera entraban por la ventana. Los truenos eran tan fuertes que parecía que las ventanas y el techo se caerían en cualquier momento.
Tan solo diez minutos de guerra allá fuera. Y después todo volvió a la calma.
La luz regresó, la tele se encendió por si sola y la misma vacía programación aburrida.

irazu***

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mariposas

Lo haré, estoy decidida, ya ha sido suficiente pensar.
Han dicho mi nombre, estoy temblando, sudo frío y siento el estómago en la garganta.
-¿Se siente bien?
-S...Si...
Genial, estoy a punto de desmayarme... ¿por qué ahora? ¿por qué justo cuando tomo la decisión de hacerlo?
Sigo al chico de la playera negra y miro sus brazos.
-¿Duele?
Pero él me ignora, llegamos a una habitación con poca luz y me invita a tomar asiento.
-¿Esta segura de querer hacer esto?
Hace calor, de pronto la habitación es más pequeña y me hace falta aire.
-Oiga... ¿está bien?
Por su voz, creo que el joven está asustado, no pude comprobarlo ya que todo se volvió negro.
***
Me siento tonta, recostada en el sillón con una bolsa de hielos en mi frente.
-¿Su primera vez?
Asentí con la cabeza, aún me daba vueltas todo.
-Es normal sentirse nervioso, uno le teme al dolor, pero luego se vuelve adictivo.
El chico me regaló una sonrisa para animarme.
-¿Alguien la está obligando?
Su expresión había cambiado.
-No.
Respondí lo más seria posible, estaba ahí por mi propia cuenta. Rebeldía, nuevas experiencias, cambios drásticos, no lo sé. Tenía miedo de hacerlo, pero en verdad lo quería; era como si lo necesitara.
-El diseño que solicitas es muy complicado, si quieres puedes empezar con algo más simple.
Lo miré a los ojos, estaba preocupado y ya muchas molestias le causaba con todas las atenciones que tomaba; tener un cliente que se desmaya no puede dar mucha reputación al lugar. Tal vez le tema a una demanda, aunque no soy de esas personas que pelean por todo.
-¿Qué me recomiendas?
El mostró otra sonrisa y fue a un gabinete que tenía en el cuarto, sacó una carpeta. Acercó una silla y se sentó conmigo.
-¿Algo que te guste mucho?
-Mariposas.
Respondí sin dudar.
En seguida me mostró un diseño simple, sencillo, pequeño y bonito. Era una serie de mariposas pequeñas.
-Podemos hacer esto en tu tobillo, como una serie, sería discreto y haré todo para que no te duela.
Sonreí, el tipo me la ponía fácil. Me acomodé en el sillón que tenía y abrió un paquete de agujas.
-Todo lo que usamos está esterilizado
Su voz, su sonrisa y su seguridad hacía que me sintiera confiada. Los nervios habían desaparecido.
Cuando apretó la aguja en mi tobillo, sentí ardor, pero aguante mientras sonaba un poco de música relajante y él me platicaba sobre distintos clientes que ha tenido.
Cuando menos lo supe, había terminado.
-Es hermoso.
No cabía en mi asombro, era pequeño, simple y me gustaba.
-¡Gracias!
-Gracias a ti... eres mi primer cliente oficial.
-¿A qué te refieres?
-Es la primera vez que tatúo a alguien.
...
...
...
i
r
a
z
u
**

lunes, 29 de agosto de 2011

El recuento de los daños

-¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Manuel y Jorge estaban en el Ministerio Público, golpeados, con el cuerpo lleno de sangre seca. Desviaban la mirada e ignoraban el olor a prostitutas y delincuentes.
-Quiero ayudarlos muchachos, pero si se quedan callados, no podré hacerlo.
¿Aquí termina todo? ¿Con la esperanza del futuro tras barrotes y celdas llenas de ratas?
-¿Cómo es...?
El abogado otorgado por el estado se le quedó mirando a Jorge, hablaba tan bajo, que era difícil entenderle.
-¿Como es el infierno?
***
Karla tallaba el cuerpo de su hija bajo la regadera, tenía marcas de golpes en su pequeño cuerpo. Quería parar y abrazarla.
¿Qué monstruo era capaz de hacerle eso a una indefensa niña?
Eduardo no podía sentarse, caminaba por la sala, hablando por teléfono, lanzando maldiciones.
-¡QUIERO QUE SE PUDRAN EN LA CÁRCEL!
María tomó las manos temblorosas de su madre mientras pasaban la esponja por su piel.
-Ellos no me hicieron nada, no quiero que les pase nada...
***
Erika había ido por su esposo, pero solo pudo encargarse de Toño por el momento.
-Soy la esposa de Manuel, tu hermano.
El pequeño le era difícil de entender; poco tiempo había pasado con su hermano; su madre y Jorge no hablaban de él, no lo recordaba.
-¿Y mamá?
La mujer abrazó al pequeño, no podía decirle qué pasaba, puesto que no lo entendía. Lo único que sabía es que su esposo estaba a punto de entrar a la cárcel, que tanto él como sus hermanos estaban muy golpeados. No quería imaginar que había pasado en aquel sótano.
También había una niña, de la cuál se había reportado como secuestrada. Su suegra -de la cual jamás había oído hablar- estaba herida de igual manera.
***
La señora García permanecía tumbada en un colchón improvisado. Su peso y su tobillo roto impedían que los para médicos, la policía y los bomberos pudieran sacarla del sótano.
Le habían colocado unas tablas para enderezar la lesión. Sólo pidió que le acercaran las latas de comida y la dejarán sola; sin antes maldecir a sus hijos.
***
-¿Consiguió algo?
El abogado le preguntaba al psicólogo de la comisaría.
-No se abren fácilmente, pero tuvo que haber pasado algo para que estuvieran así... tendría que hablar con los niños también.
-Son menores de edad.
-Que vengan sus tutores.
***
Eduardo retiraba la demanda, se sentía impotente, no sabía que hacer. Solo sabía que necesitaba proteger a su hija, y tenía que confiar en ella.
En el MP se le quedaban viendo de una manera extraña. Primero levanta una demanda por el secuestro de su hija, pide que los culpables se hundan en la cárcel y ahora retira todo cargo.
¿Es coherente eso?
-Gracias, papá.
No entendía a su hija, quería ayudarla, quería saber que había pasado en esos días que desapareció y por qué las heridas de su cuerpo.
María ya no parecía una niña. Su mirada se había apagado, su sonrisa parecía falsa, se volvió callada y reservada y odiaba que su madre la bañara en la regadera.
***
Toño se había mudado con su hermano mayor. Le habían dado una habitación la cual compartiría con Jorge. Erika era una buena mamá, era tierna, alegre y muy linda.
El día que llegó a esa nueva casa, conoció a Elisa, la cuidaba una vecina.
-Erika...
-Dime tía.
Insistía ella.
-¿Qué hace esa señora y ese bebé aquí?
Erika tomó a Elisa y despidió a la vecina.
-Ella es Elisa, es tu sobrina.
-¿Puedo cargarla?
Erika puso con cuidado a su hija en los brazos de Toño.
-Es muy linda...
***
Manuel y Jorge salían de aquella casona, odiaban tener que ir para ver si su madre se encontraba mejor. Nunca pudieron sacarla del sótano y la herida parecía empeorar.
-Poca luz, suciedad, humedad... no son buena combinación para una herida.
Jorge escuchaba a Manuel mientras caminaban por la calle.
-Supongo que no.
Respondió el menor.
-Ya no quiero regresar.
Jorge asintió con la cabeza.
-No volvamos... por favor.
Tenía que cumplir su promesa, proteger a sus hermanos, ahora le tocaba hacerse cargo de ellos.
-Regresemos a casa.
Aquellas palabras, para Jorge, pronunciadas por su hermano mayor le sonaban extrañas. Deseaba sentirse libre, pero algo en él no se liberaba.
***
Spam...Hombro de cerdo y jamón enlatado.
La sra. García abrió la lata y se tragó todo el contenido sin masticarlo, no sería la primera vez que lo hacía... pero sería la última.
***
***
***
i*r*a*z*u

domingo, 28 de agosto de 2011

Michelle

Había llegado muy de madrugada a la casa, cuidando de guardar silencio. Vivía solo y aún tomaba las mismas precauciones cuando vivía con sus padres. Cada borrachera era regresar a aquella vida; la nostalgia inundaba su pecho.
Se quito los zapatos de tacón y se desparramó en el sofá. El vestido de lentejuelas brillaba aún en la ausencia de luz. Estaba agotado.
Miró el techo de la sala y recordó la primera vez que su madre lo vio vestido así. Lágrimas brotaban de sus ojos.
¿Era vergüenza, rabia, coraje, tristeza? Jamás pudo descifrar aquel evento. Había pensado en decir que era la noche de brujas, pero estaba a mediados de febrero, así que no cuadraba. Prometió guardar el secreto.
Sin embargo, no se podían ignorar las expresiones de asco que su madre lanzaba cuando alguien se vestía con los colores del arco iris.
Papá se enteró. Había asistido al bar al que iba y pudo reconocerlo, aún con todo el disfraz, la peluca, las uñas postizas, los tacones y la tanga de hilo dental.
Se fue de casa después de ello, mamá llamaba cada día suplicando su regreso y su padre le negaba el acceso al recibidor.
Suspiró, se sentía bien estar libre, lejos de críticas, gritos y negaciones. Lamentaba ya no estar allá con ellos, con su familia. Pero si contar con su compañía significaba que debía dejar de ser quien es, preferiría el olvido.

Cerró los ojos y soñó con sus noches de fiesta, con sus tacones altos que lo llevaban al cielo, su peluca que la hacía ver divina y su vestido de lentejuelas; las uñas y pestañas postizas, los kilos de maquillaje y la pedrería.
Soy libre, soy quien soy y nadie me detendrá.


irazu

jueves, 25 de agosto de 2011

Transgresión

Cuando no le hacía caso a mi mamá, ella me correteaba por la casa y me mandaba a la recamara sin cenar, me castigaba mis juguetes favoritos o no me dejaba comer dulces... no eran castigos muy severos, así que no me importaba romper las reglas; al fin de cuentas, soy tan solo una niña.
¿Cómo castigaran otros papás? He oído que a algunos les pegan con el gancho, el cinturón o una cuerda mojada... pero jamás había escuchado la manera de castigar como lo hace la señora García.
Ella... da mucho miedo.
***
-Vamos.
Jorge estaba decidido, Manuel dudaba. Pero no le quedó de otra seguir a su hermano menor.

Entrar a la casa fue fácil, el cerrojo de la puerta trasera estaba abierto.
-Es probable que ni se haya dado cuenta... pobre Toño...
Manuel escuchaba a su hermano hablar en susurros.
-¿Dónde crees que esté la ballena?
Manuel seguía callado, atento a cualquier ruido, a cualquier señal.
Ambos se dieron cuenta que la puerta del sótano estaba abierta, Jorge caminó para asomarse mientras Manuel retrocedía y tropezaba con la mesa. Las latas de comida vacías cayeron causando un gran estruendo.
...Silencio...
Hasta dejaron de respirar, nadie salía del sótano ni de otro lugar en la casa, su madre no apareció.
-Debimos haber llamado a la policía...
Se lamentaba Manuel; Jorge comenzaba a decepcionarse, su hermano mayor era un coyón.
-Bajemos al sótano... puede que esté amarrado aún.
Propuso el mayor. Ambos sabían la manera de castigar de su madre, con todos fue igual. La misma cruz, la misma letanía, la misma cama, las mismas cadenas.
***
Abrazaba su cuerpo fuerte, tratando de protegerse.
-No más... no más... por favor...
Chillaba María, temblaba cual cachorro asustado.
Escucho unos lentos pasos que se acercaban.
-Jorge... -escuchó María una voz masculina- Aquí hay una niña...
Dejó de cubrirse el rostro y vio a un chico muy parecido a Toño. Se escuchó el ruido del metal contra metal.
-Ven aquí a verlo, yo veré a la niña.
Ambos sujetos susurraban. María pudo reconocer a Jorge y lo abrazó fuertemente.
-¿María?
La niña lloraba.
-María ¡shhh! guarda silencio.
Pero no podía, seguía llorando, era tan solo una niña de 12 años asustada.
-¡CÁLLATE!
...Silencio de nuevo...
-¿Qué hacen ustedes aquí a bajo?
Esa voz, todos sabían de quien era. Ambos hermanos voltearon y vieron a su madre, obstruyendo la única salida.
-¿Manuel? ¿Eres tú, muchacho desobediente?
Bajó un escalón; Manuel sostenía a Toño en sus brazos, seguía inconsciente, mientras Jorge abrazaba a María.
Otro escalón, ambos hermanos estaban petrificados, no podía moverse.
-Has sido un niño muy maleducado... ¿quieres ir al infierno?
***
Todo había sido muy rápido, Jorge tomó un par de latas que estaban en el suelo, lanzándolas contra su madre. La sra. García comenzó a bajar más rápido, pisó una lata, rompiendo su tobillo y cayendo por las escaleras.
-¡VÁMONOS!
Gritaba Manuel sin soltar a su hermano, pero Jorge no se movía. Tomó las pinzas que había soltado al momento en que María lo abrazó. La niña lloraba y jalaba a Jorge del pantalón para salir con Manuel y Toño. Pero Jorge no se movía.
-Dime mamá ¿cómo es el infierno?
-Jorge, déjalo ya y vámonos.
-No, hasta que me responda ¿cómo es el infierno?
La señora García no podía levantarse.
Jorge se lanzó contra ella para darle el golpe final, pero Manuel se interpuso.
María corrió al cuerpo de Toño, sintió sus manos frías y lo abrazó.
-No irás a la cárcel por ella.
La señora García agarró el tobillo de su hijo mayor y lo tumbó al suelo. Se apoyó ignorando el dolor de su tobillo roto.
-Jorge...
La mujer se dejó caer sobre el cuerpo del joven, el peso era tanto que Jorge no podía respirar.
Toño comenzaba a abrir los ojos, miró a María llorando, a Manuel inconsciente y un pequeño charco de sangre que brotaba de su cabeza. Vio a Jorge gritar y pelear bajo la masa corporal de su madre mientras ella reía.
Otro estruendo se escuchó por la cocina, en un par de segundos, varios policías llegaban al sótano, mirando la escena sin saber que hacer. Corrieron para quitar a la mujer y liberar al adolescente.
-¡POLICÍAS! ¡Arresten a estos ladrones!- Comenzó a gritar ella.
Confundidos, miraron la escena. Uno llamaba a la ambulancia y revisaba a Manuel, otro detenía a Jorge que se abalanzaba contra su madre nuevamente, otro se acercó a los niños. Toño estaba confundido y María lloraba.
Un policía se acercó a Jorge y comenzó a golpearlo.
-¡NO!
Gritó María y todos la miraron.

***********************************************************************************irazu

martes, 23 de agosto de 2011

Rescate

Habían pasado dos días, dos largos y dolorosos días.
María estaba arrumbada en un rincón, sedienta, hambrienta. Le ardían los ojos de tanto llorar.
¿Qué sentirás tu?
Miró al otro extremo de la estancia, un niño amarrado en una cama dormía, o al menos eso esperaba María... solo deseaba que estuviera vivo.
Un estruendo se escuchó en los pisos de arriba. Se hizo bolita tratando de protegerse, tenía miedo, estaba débil. Su pequeño cuerpo estaba lleno de golpes, sus rodillas estaban raspadas y su cabello lleno de sangre seca. Su vestido azul de conejos estaba sucio, roto y manchado de sangre y sudor. El lugar apestaba... y comenzó a llorar.

***
-¿A dónde vas?
Preguntaba Erika a su esposo.
-A terminar algo pendiente.
Manuel fue abrazado por su esposa. Poco sabía del pasado de su alma gemela y así lo había aceptado.
Jorge cargaba a Elisa y miraba a la feliz pareja, sentía envidia y a la vez asco. Mientras, la bebe jugaba con el cabello de su tío y reía; intentando llamar la atención de Jorge. Pero él no se atrevió a mirarla.
-Cuídate.
Dijo ella antes de cargar a su hija y después de abrazarlo fuertemente y regalarle un beso en la frente. Podía ser que esa fuera la última vez que lo viera.
-¿Traes todo?
Preguntó el mayor al menor mientras se alejaban de la casa.
-Eso y un poco más... acabemos con esa gorda.
Manuel miró de reojo a su hermano; no parecía un adolescente. Sabía, por experiencia, que los "castigos" de su madre eran el origen de su deplorable estado. Parecía un vándalo de 28 años, desnutrido y golpeado por la vida. En su mirada ya no había inocencia ni esa energía que tienen los chicos de su edad. Inexpertos casanovas que arriesgan todo por conseguir un beso o un gol en el partido de las cinco de la tarde...
-No vamos a matarla.
-Tu no, pero yo si.
Jorge daba miedo, su determinación asustaba y preocupaba.
-No dejaré que vayas a la cárcel.
-Después del infierno en esa casa, la cárcel no es nada.
Manuel cargaba con una cruz muy grande por el abandono de sus hermanos. Si tan solo hubiera regresado por ellos.
***
Karla era la madre de María; caminaba en círculos en la sala mientras su esposo fumaba en el comedor. Policías entraban y salían de la casa, hacían preguntas y se retiraban. Nadie sabía dónde estaba la niña.
La madre, destrozada, se hundió en el sofá y comenzó a llorar. Su esposo se levantó y caminó a ella.
-Hay que ser fuertes...
-¿Y ella? ¡Oh, Eduardo! Sabes que llora cuando se pierde en el supermercado al final del pasillo.
Eduardo abrazó a su esposa. Él era la cabeza de la familia, quien proveía de alimento, vestido, casa y protección a su familia... y había fallado.
La radio de uno de los policías transmitió un ruido muy raro, del aparato salían ruidos extraños y todo el cuerpo salió de la casa. Dejando a Karla preocupada y a Eduardo rompiéndose por dentro mientras mostraba una figura exigente, tenía que ser el soporte de su mujer.
***
-Aquí es...
Manuel miró la casa, tenía años que había escapado de ella. Pocos eran los recuerdos agradables en la misma. Una infancia donde su madre siempre lloraba y su padre solo llegaba para golpearla, insultarla y violarla. Por más que intentó animar a su mamá, ella lo maldecía o lo mandaba a su recamara. Lo castigaba por todo.
Sólo cuando salían a la calle, era amable con él.
El nacimiento de Jorge solo empeoró las cosas. Recuerda muy bien cómo ella intentaba arrancárselo con ganchos. Terminando en el hospital con la excusa de que se había caído en el sótano, en donde no había escombrado, el doctor sabía que no era así y sin embargo disimuló lo contrario... Manuel había alertado a las autoridades cuando vio a su madre sangrar, eso le costó una buena golpiza.
Ambos creían que Toño cambiaría las cosas, era más amable y reía más... cuando llegó la carta de papá, mamá cambió y jamás volvió a ser la misma. Su carácter y cuerpo cambiaron de manera drástica.

Tenía miedo... no quería entrar a esa casa que le traía tan malos recuerdos.
-Manuel... vamos.
Jorge lo miraba, tenía ya las pinzas en las manos y un pie por las escaleras de la entrada trasera...

irazu
Continuará...

lunes, 22 de agosto de 2011

Pucheros

-¡OTRA VEZ!
Melissa se sobaba la rodilla mientras escondía su rostro, cubriendo las lágrimas ocasionadas con la caída.
-Mírate nomas, así no puedes llegar a la fiesta.
Apretó sus puños, ella no quería asistir a esa tonta reunión, no quería usar un vestido con olanes, tampoco le agradaba el peinado estirado ni los zapatos nuevos que apretaban sus pies.
Melissa ignoró a Lily cuando se agachaba para ver cómo estaba.
-¿Te duele?
Lily había dejado de gritar y reprochar la torpeza de Melissa.
-Oh, vamos... Meli, no hagas pucheros, ya no eres una niña.
Secó sus lágrimas y miró a Lily; estaba ahí por ella, se vestía así por ella, usaba esos tontos zapatos por ella... y lo seguiría haciendo. Al menos por los siguientes 7 años.

Ahora los vestidos eran más escotados y los zapatos venían con tacones integrados.
A los 20 años seguía escondiéndose. Miraba a su amiga mientras tomaba café.
-Si el trabajo nos da el aumento, sería bueno rentar el apartamento.
Melissa asentía atontada, Lily quería independizarse. Trabajar, estudiar y pagar su propio departamento.
-¿Lo rentarías con alguien más?
Lily dejó su tercera taza vacía en la mesa.
-No lo se... económicamente sería de gran ayuda...

Era pequeño: cocina y comedor en uno solo, un pequeño recibidor y solo una recamara con un baño. Modesto, pero con un gran paisaje. Era el departamento localizado en el sexto piso y se tenía una vista panorámica del lado rústico de la ciudad.
-Aquí no caben dos personas, Lily...
Miró sus maletas y el sofá, sabía que aquello sería incómodo... aún dudaba por qué lo hacía.
-Es chico, pero acogedor.
La sonrisa de Lily le recordó las razones de su salida en casa. Renunciando a la comodidad de una mansión para vivir con ella en un diminuto departamento.
-Deja tus cosas, me abrumas.
La menor acomodó sus maletas cerca del televisor.
-¡¿Qué te pasa?! ¡Alguien se caerá si dejas ahí arrumbada tus cosas!
-¡¿En dónde planeas que las deje?!
-¡¿Qué no es obvio?!
Ambas alzaron la voz, se acercaban cada vez más, las voces eran chillantes y lastimaban. Melisa la calló con un beso... uno que Lily respondió.
-Tu dormirás conmigo...
Le dijo con el poco aire que le quedaba, Lily ansiaba ese momento.

Eran 7 años de estar pegada a ella tratando de esconderse, cayéndose a cada rato para que fuera a mimarla de mil y un maneras. De fingir que solo estaba a su lado por la gran amistad... y después de 7 años, resultó que no era la única que fingía...

irazu

viernes, 19 de agosto de 2011

María

Era tan solo una niña, una niña que sueña a ser grande, que cuando sea mayor será igual a su mamá. Que cuando crezca, conocerá a su futuro esposo y será igual a su padre. Porque no hay hombre mejor que su padre y ella solo tiene que estar con la excelencia.


María había encontrado el diario de su madre, lo llevaba en la mochila y se sentía toda una rebelde. No sabía que su mamá soñaba con casarse cuando era niña.
Nos parecemos tanto.
Se dijo a si misma. Caminaba a la casa de Toño.
Sabía donde vivía porque un día, jugando a los detectives (ella sola, claro); siguió a la "familia García" y supo dónde vivían.
Llevaba un huevito con un juguete dentro y unas gomitas de frutas. Las maestras decían que estaban enfermos.
Con esto se va a aliviar.
Pensaba inocente María.

Miró esa casa, enorme casa. El ático en lo alto parecía un único ojo que la vigilaba. Subió las escaleras para llegar al pórtico y tocar la puerta. 
Nadie.
Tocó de nuevo la puerta...
No se escuchaba nada...
Rendida, sintiéndose una detective sin talento, decidió irse.
La puerta se abrió...
-¿Toño?

Era una tarde soleada, la calle estaba vacía. Nadie se dio cuenta cuando la niña fue tragada por esa casa.

IRAZU

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...