jueves, 29 de diciembre de 2016

Lavanda

Suenan como campanas... cada gota que cae, es como el dulce tono de una campana... algunas más agudas que otras, algunas más graves que otras; al final aquella combinación resulta crear una bella melodía.

***
-¿Estas lista?

Delia beso la frente de su hija mientras la despertaba con dulzura.

Areli percibió el olor a lavanda antes de abrir los ojos, no quería despertarse, pero prefería enfrentar la rutina a tener que respirar ese perfume. Miró el techo por un par de segundos antes de levantarse y alistarse para aquel día.

El sol brillaba en lo alto aquella mañana y calaba como siempre, la chica portaba sus lentes oscuros impidiendo que otros notaran el azul de su mirada, había dejado de consultar la hora en su reloj, el tiempo pasaba tan lento.

Al final del día ella estaba sola en casa, como ya era una costumbre, se dejó caer en su cama mirando el mismo techo que en la mañana, agarró la cajita musical que tenía en la mesita de la noche y la sostuvo por un tiempo entre sus manos, observándola, sin abrirla; la regresó a su lugar para regresar su mirada al techo, siempre el mismo, siempre inerte.

-Incluso el techo es cambiante.

Se apretó el pecho al recordar su voz, al recordar sus palabras. Se giró y trató de dormir antes de volver a escuchar ese tono suave que antes solo la calmaba.

Aquella noche soñó con ella, con su toque delicado, con su aura de paz; despertó negando sus lágrimas.

Sabía que si no alzaba la voz el sentimiento la consumiría en algún momento, pero no tenía las palabras para describir sus emociones, sabía lo que sucedía, sabía lo que sentía, pero no sabía como expresarlo. Al final del día siempre era lo mismo, la casa vacía, la recamara en silencio, la cajita musical cerrada y el constante aroma a lavanda.

Aquella tarde había conseguido ganarle a la lluvia, las gotas afuera comenzaron a caer justo cuando había entrado a la casa. Subió a su recamara y se tumbó en la cama como era costumbre, queriendo ignorar el caer de las gotas afuera, ignorando escuchar aquella melodía... le dolía.

Cuando ella estaba viva, Areli escuchaba melodías distintas con la lluvia, pero ahora que ha pasado el tiempo, se despierta negando sus lágrimas, escuchando su voz que intenta despertarla, oliendo aquel perfume de lavanda y en cada tarde lluviosa la melodía de la cajita musical que se negó volver a abrir después de su partida.

iRazu*

lunes, 14 de noviembre de 2016

Tiempo


Al otro lado de la puerta se escuchaban tantos ruidos que temió entrar, era tarde, estaba cansada y lo que menos quería era desvelarse. Las risas comenzaron a hacerse presente y parecía que del otro lado se armaba una batalla protagonizada por payasos por tanto barullo.

Inhaló profundo y recordó porque estaba ahí, por un momento se transportó en el tiempo en el que se iba a comer sola a la hora del recreo esperando que las niñas del colegio no la encontrarán, llegar a casa y ahogar sus miedos en un tarro lleno de galletas mientras miraba caricaturas. Desde niña sentía que algo le faltaba, hablaba con sus peluches siempre imaginando que le respondían, creando conversaciones que para ella siempre fueron reales.

Conforme pasaban los años se repetía a si misma que estaría sola, que así era mejor, sus juguetes habían dejado de responderle cuando se sentía triste, pero las voces se instalaron dentro de su cabeza, a veces se descubría a sí misma discutiendo por la lista del súper, las decisiones del trabajo o la vestimenta de diario. Temía tanto ir al psiquiatra y la internaran que guardó su secreto para sí misma.

Conoció a varias personas, visitó infinidad de lugares, sonreía pero en ella sentía que algo faltaba, seguía sintiéndose vacía.

Aún no logra entender como fue que llegó a aquel lugar, simplemente estaba formada cuando vio a un grupo de gente discutiendo acaloradamente, alzó la voz para compartir su opinión y sintió la mirada de todos y deseó ser chiquita, volverse invisible... imposible, ya no había marcha atrás.

Conforme pasaron los días aprendió tanto de esas personas que dejó de verlas como extraños, había una palabra que los definía y era la palabra familia; tuvo miedo, miedo de que la apartaran como en anteriores ocasiones, que vieran su locura y la abandonarán así que por momentos ella se escondía, temerosa, avergonzada, pero ellos jamás la soltaron y tomaron su mano así como ella eligió estar ahí para ellos. Comenzó a ver espejos en los ojos de cada alma que se paraba frente a ella, vio sus miedos, sus sueños, sus demonios y ángeles dentro de otra persona; comenzó a sentirse completa y vio que los demás hacían lo mismo... encontró lo que siempre había buscado y ahora solo bastaba abrir la puerta y entrar a llenarse de esa luz.

iRazu*

jueves, 10 de noviembre de 2016

Prohibido no sentir


¿Cuándo fue la última ve que te abrace con el alma?

Hoy surgen tantas preguntas en mi interior 
donde los protagonistas dejamos de ser tu y yo,
son solo recuerdos arrumbados,
son solo detalles incompletos.

El reflejo de mamá Luna no deja de repetirlo:
debí salir aquella noche por ti
y no solo darte un trozo de luz...
Ahora solo escucho los susurros de las luciérnagas
que narran aquella simple historia,
no te reconozco en esa fotografía
ni mi mirada que parece vacía.

Los truenos del viento han conseguido romper mi alma
al punto de doblegarla en medio del llanto,
era necesario.

Ahora que te miro a través de una nueva mirada
me atrevo a decir el color de tu aura,
consigo verme en tus ojos, en tus lágrimas;
tomaré tu mano y caminaré a tu lado
aún dentro de la que parece ser la peor tormenta.

Esta prohibido rendirse...

iRazu*

miércoles, 26 de octubre de 2016

Conciencia


La mañana del 16 de agosto no tenía nada en especial, era fría, monótona, llena de bostezos y miradas cansadas habituales de todos los martes.

Alfredo caminaba en dirección a la parada del camión aún con la sensación de la almohada en su cachete, todas las mañanas hacía lo mismo: caminar hasta a cuadra del semáforo, esperar que los autos pararan para poder cruzar, seguir a la parada del camión y tomar la primera ruta que llegara, siempre la misma, siempre atascada, siempre las mismas expresiones.

Para poder pasar el trayecto de forma amena solía ponerse los audífonos, de esa forma cualquier evento en el exterior. Pero curiosamente aquella mañana los audífonos los había roto el perro al jugar con ellos, por lo tanto había salido con 20 minutos de retraso y aquello lo tenía molesto. Caminaba de mal humor sin percatarse que el semáforo apenas y había cambiado de color, provocando que el coche que estaba por avanzar le tocara el claxón molesto.

-¡Muévete! -gritaba el conductor.

Alfredo sintió un cosquilleo en el estómago mientras observaba el rostro de aquel señor, se disculpó y corrió al otro lado de la calle, comenzó a acelerar el paso, se le estaba haciendo tarde.

Había dado la vuelta a la esquina cuando chocó con una chica de cabello alborotado, era la gota que derramó el vaso aquella mañana y estaba listo para descargar al demonio que tenía dentro pero se detuvo al mirar sus ojos, aquella chica se disculpaba con singular alegría... su mirada, había luz. El celular de él sonó, era su jefe y ahí notó que se acababa el tiempo y cuando levantó la vista ella se había ido.

Pidió la parada al camión que acababa de llegar, pagó su pasaje y notó que había algo diferente, sabía que los rostros de aquel camión tenían la misma expresión de todas las mañanas, distintas personas pero las mismas expresiones, clones, así los consideraba... pero ese día había algo diferente, Alfredo notó en cada persona un sentimiento diferente, sueños distintos, ilusiones dormidas sin la necesidad de que se las dijeran con palabras.

Un resplandor brotó de su pecho e iluminó el transporte... Alfredo había despertado.

iRazu*

Inside...


El sabor amargo del café recorrió su garganta después de haber tomado un sorbo de la taza, Damaris se encogió en su silla mientras miraba la fría mañana a través de la ventana. Saboreo el aroma tostado de su bebida mientras cerraba los ojos, dejando su mente en blanco.

La tranquilidad cesó en cuanto su celular comenzó a vibrar, lo miró de reojo, no deseaba contestar; volvió a aparecer el mismo nombre en la pantalla cuatro veces más, suspiró, él no se detendría. "Dejar olvidado el celular en casa" se escuchaba tentador, pero recordó la vez que lo perdió en su closet y al volver del trabajo estaba afuera la policía preguntando a los vecinos por una persona reportada como desaparecida.

Eligió llevar el aparato consigo, una voz en su interior le pedía tirarlo a la basura, otra simplemente le decía con voz tranquila que debía responder, una diferente le preguntaba por la heladería más cercana y una cuarta solo lanzaba suspiros. Trató de callarlas al momento de cruzar la calle, siempre era lo mismo: caminar y estar siempre atenta, agudizar siempre sus sentidos ya que las voces en su interior siempre la interrumpían, alguna siempre era más insistente que otra y dependía también de la ocasión.

Era como la noche anterior, mientras se miraba al espejo antes de salir aquella noche, las cuatro voces en su interior alzaban una lucha de qué debía ponerse o si realmente era necesario salir, aquellas batallas internas a veces eran divertidas, sin embargo aquella noche no lo era. Damaris tuvo que lanzar un grito interno pidiendo silencio, la cabeza comenzaba a dolerle.

Había llegado a su destino, se alegró por llegar a tiempo y se felicitó a sí misma el no haberse perdido, apenas y había lanzado aquel pensamiento cuando las voces comenzaron a hablar de nuevo, rió para sus adentros, independientemente de lo loca que se sentía era un hábito que no podía dejar.

iRazu*  

Voces


Camila había llegado a casa tarde, como siempre; aquella rutina la tenía cansada y lo único que deseaba era poder llegar a su cama; buscó sus llaves al tanteo dentro de su bolsa tratando de estar lo más atenta posible de lo que sucedía a su alrededor, las luces afuera de su departamento y de sus vecinos estaban apagadas, señal de que todos dormían. Agradecía realmente vivir en aquella calma, le daba garantía de que los fines de semana no se verían interrumpidos por sonidos que iban desde martillazos, rolas ochenteras de intérpretes femeninos o los gritos de alguna pareja como ya antes le había  tenido la oportunidad de presenciar en las anteriores casas en las que había vivido.

Un alivió recorrió desde su estómago hasta la punta de los dedos en el momento en que encontró el llavero en el fondo de la bolsa, acomodo la llave en la oscuridad esperando poder entrar y descansar cuando de pronto un susurro que provenía de su flanco izquierdo la detuvo, giró por instinto y no vio a nadie, intentó ignorar aquel evento y metió la llave en el cerrojo, repitiéndose a si misma que estaba muy cansada por lo que comenzaba a alucinar.

No había sensación mas satisfactoria para ella que el acurrucarse en su cama, rodeada de almohadas y cubrirse con su cobija, en algunas noches le era fácil dormir a prisa, pero en las que no podía su mente comenzaba a divagar en sus recuerdos o fantasías, o en algún evento que le haya provocado intriga o incertidumbre... aquella noche era una de esas.

Aquel susurro antes de entrar a su casa se hacía presente en sus pensamientos, no era la primera vez que sucedía, en anteriores ocasiones se descubrió escuchando susurros antes de conciliar el sueño; eran tan peculiares, todos tenían el mismo tono, el mismo ritmo, pero nunca conseguía entender lo que decían. Camila llegó a preguntarse inclusive si era mejor no saber cuáles eran aquellos mensajes.

Historias variadas surgieron en su cabeza, probablemente una alma en pena le pedía a gritos ayuda para que le dijera a la que fue su amada esposa en vida que corría peligro con el hombre que estaba saliendo (ella no se engañaba, sabía que se fantasma estaba celoso y por eso no podía cruzar al otro lado); o tal vez era su ángel de la guarda diciéndole que no estaba sola, que siempre la estaba cuidando. Aquellas ideas le agradaban tanto que incluso se dio el lujo de crear varias escenas, el problema surgió cuando dos pequeñas teorías se asomaron en el momento... y si aquel susurro no era de un ángel sino de un demonio o si comenzaba a alucinar y volverse loca.

Después de un par de horas eligió quedarse en silencio, ignorando cualquiera de las posibilidades que se pudieran abrir ante aquel evento, repitiéndose que aquello pudo haber sido su imaginación, que si los mensajes que estaba recibiendo eran importantes algún día sería capaz de entenderos, pero por el momento, mientras no sepa el contenido de los mismo, se dedicaría a solo aceptar que aquellos susurros sucedieron.

iRazu*

martes, 25 de octubre de 2016

Vacío


El sonido del cristal quebrándose rompió el silencio, pequeños pedazos cayeron al suelo cerca de sus pies descalzos, en el reflejo un rostro desfigurado conseguía mostrarse entre los pedazos que aún se mantenían en su lugar; mirada vacía, maquillaje corrido... despegó el puño lastimado del espejo y observó el remolino que había causado su golpe.

La imagen que tenía en frente no era más que la interpretación que le estaba dando a su alma: fragmentada... rota... incompleta... sollozó ante la idea de verse como un monstruo, cerró los ojos, apretó los puños y la mandíbula y se dejó caer al piso sobre sus rodillas. Las lágrimas cayeron una a una mientras los nudillos de su mano derecha comenzaban a arder a causa de la herida, un dolor que dejó de importarle cuando se hizo presente el vacío en su pecho.

Aquella sensación comenzó a desgarrar desde las entrañas, subiendo por la boca del estómago, inundando los pulmones, arrebatándole el aire, sintiendo como su alma se rompía justo como lo acababa de hacer aquel espejo frente a ella. Presionó su pecho con sus manos queriendo evitar aquella sensación, esperando que con ello su ser no se despedazara pero era inevitable.

Respirar se había vuelto imposible, cada vez inhalaba más por la boca, le dolía... dolía cada bocanada de aire, dolía cada lágrima que corría por sus mejillas, le dolía la espalda que se encorbaba más y más. Le dolía la vista que observaba como el demonio se apoderaba de ella, le ardía el sabor a ácido que se hospedaba en su garganta, le asfixiaba el aroma a encerrado, le lastimaba la sensación de cuchillas cortando su piel... aquello se estaba volviendo insoportable. Se paralizó en medio del llanto y deseó que todo terminara... que todo cesara.

***

Una punzada en su mano derecha la despertó, se encontraba en el suelo mirando aquel techo desconocido, se levantó con el cuerpo pesado y observó la habitación, estaba vacía y le era totalmente ajena. Se giró de espalda y miró aquel espejo, el cual había roto de un golpe la noche anterior. Acercó sus dedos a las grietas manchadas de sangre. Miró por última vez el reflejo de su rostro desfigurado y notó pequeños destellos que antes no había notado, unos que solo se dejaban ver gracias a la luz del sol que entraba por la ventana.

Salió de aquella habitación a paso lento, sin mirar atrás, dejando que el único reflejo fragmentado fuera el de su espalda que se marchaba.

iRazu*

jueves, 13 de octubre de 2016

Credo


Alicia arrugaba los olanes de su vestido con sus pequeñas manos mientras columpiaba sus pies que no alcanzaban el suelo, escuchó el carraspeo de garganta de su tía Ingrid y dejó de respirar, siempre solía escucharla al quinto intento; se encogió de hombros y la miró de reojo: estaba seria, mirando al frente, escuchando con atención el sermón del padre. Suspiró y dejó de jugar con su vestido, la sola idea de saber que le esperaba un regaño llegando a casa le abrumaba.

El monaguillo tocó una campana de mano y todos se pusieron de pie, la tía Ingrid tomó a Alicia de la mano y se la llevó a formarse para tomar la eucaristía, ella no dejaba de ver a los alrededores en busca de algún niño, la luz que entraba de los altos ventanales le hacía recordar que era la única niña de su edad que iba a dicha iglesia. Sintió el jalón por parte de su tía y miró de frente al padre, todos los domingos era lo mismo: su tía pasaba a casa por ella temprano para llevársela a misa de primera hora, el trayecto duraba alrededor de cuarenta y cinco minutos los cuales pasaban en silencio, llegaban al templo donde solo veía a adultos vestido de trajes y a mujeres de vestido o falda, siempre predominando el color gris o negro, la misa, el salmo, la eucaristía, los jalones de la tía Ingrid, la paz y cerrar el día regresando a casa con cuarenta y cinco minutos de clases de modales y el mensaje real que el sacerdote pronunció aquella mañana. A veces conseguía molestar lo suficiente a su tía que la acusaba con sus padres, diciendo lo mal que se había portado.

Cuando la tía Ingrid se hincó de regreso a su lugar junto sus manos y comenzó a rezar; Alicia solo la observaba, apenas y alcanzaba los hombros de su tía ella estando parada, se sentía tan diminuta y atrapada ahí, entre los rezos de su tía y el señor Pérez, esperó un poco a que dieran la señal de que podían sentarse. Miró las palmas de sus manos cuando el sol la encandiló y se cubrió por instinto, alguien había abierto la puerta que daba al jardín; fue ahí cuando Alicia vió a una mujer sentada en el pasto , no pudo observar mayor detalle porque cerraron la puerta enseguida y todos los presentes se pusieron de pie.

En el momento que el sacerdote dijo "... mi paz les doy" todos los que asistieron a misa comenzaron a buscarse; Alicia vio la oportunidad que tenía mientras se hacía un hueco cuando el señor Pérez se inclinaba para darle la paz a la señora Genoveva que se había sentado en las butacas de atrás.

Llegar a la puerta correcta había sido fácil ya que no le despegó el ojo desde la primera vez y su pequeña figura le permitió escabullirse ente los adultos. El aroma a pasto recién cortado la recibió en cuanto cruzó el portal, la luz la cegó por un instante para después descubrir toda una gama de color verde, cada detalle la atrapaba hasta que la encontró sentada en medio del jardín sentada en posición de flor de loto con las manos recargadas en sus respectivas rodillas y las palmas mirando al cielo. Alicia temió acercarse al recordar la clase de modales que le dio su tía dos semanas atrás.

Los pensamientos de la niña se interrumpieron en cuanto la mujer abrió los ojos, la mayor sonrió al ver a la pequeña.

-¿Qué haces? -preguntó la menor.

-Rezo.

Alicia frunció el ceño confundida, su tía le había enseñado a rezar: hincándose y juntando sus manos, la posición que tenía aquella extraña era totalmente diferente.

-No es cierto, rezar se hace diferente, se deben juntar las manos así y pegarlas a la frente mientras se reza.

-Tal vez así te enseñaron -respondió la mayor-, pero yo prefiero hacerlo de esta forma.

-¿Por qué? ¿Qué tiene de malo la forma en como me la enseñaron?

Aquella mujer sonrió y rió bajo.

-Cuando tu rezas de esa manera atrapas tu plegaria entre tus manos, como si las guardaras en una pequeña caja para que no se pierdan, pero al mismo tiempo no las dejas ir con el Creador para que escuche tu petición.

-¿Y eso es malo?

Ella respondió encogiéndose de hombros.

-Yo solo se que no me gusta esa forma, cuando rezas haces un vínculo sagrado con el Ser Supremo, cada quién elige cómo hacerlo.

-¿Y por qué lo haces así?

Alicia señalaba las palmas abiertas bocarriba y la extraña se alegró de que se diera cuenta.

-Por que cuando yo pido deseo que mi plegaría se comparta al universo, porque así como estoy dispuesta a recibir los regalos que la vida me da, también se los ofrezco al mundo; porque yo creo que esta Fuerza es Infinita y no cabe en una caja pequeñita...

La puerta que conectaba la Iglesia al jardín se abrió y salió el semblante preocupado de la tía Ingrid, había llegado la hora de regresar a casa; Alicia no tuvo oportunidad de despedirse de aquella mujer y solo consiguió mirar de reojo mientras se la llevaban de la mano.

Una vez estando en el coche y con el cinturón puesto el vehículo se puso en marcha al igual que la lección de modales de aquel día, pero Alicia había dejado de escuchar a su tía recién había comenzado, en su lugar miraba las palmas de sus manos  que había recargado en sus rodillas, se preguntó si siendo tan pequeñas serían capaces de enviar sus plegarias al cielo y sostenerlas de regreso. Por un momento decidió cerrarlas pero se detuvo y las abrió de nuevo, sonrió, cerró los ojos y escuchó como el latir de su corazón se transportaba a sus palmas abiertas despegándose y elevándose en una plegaria.

iRazu*

martes, 4 de octubre de 2016

Limbo

No hay testigo más fiel que la Luna, quien presencia todos lo que sucede hasta en el más oscuro rincón y aún así guarda silencio escondiendo los secretos en la penumbra de su rostro, ese lugar que ningún mortal ha pisado, aquel que nadie ha podido ni podrá interpretar.

***

Las calles se vistieron de fiesta aquella noche, todos danzaban afuera de casa, unos caminaban entre los coches vacíos, en cada esquina se escuchaba un nuevo canto y los niños corrían sin supervisión, todas las almas mortales se entregaron al gozo.

Josafat caminaba sin destacar entre la danza callejera, buscando llegar a casa después de un día pesado de trabajo. Cuando giró en la calle que dirigía su hogar se encontró una escalera; el ruido había cesado y de pronto ya no había ser a su alrededor. Se extrañó por aquel inusual detalle, pero sintió curiosidad de lo que habría al llegar al final, sin pensarlo dos veces dio un paso para subir el primer escalón, miró a su alrededor, no había nadie; le siguieron más pasos hasta que llegó al final de la escalera.

Había llegado al tercer piso: la estancia se extendía a lo largo dejando una impresión de infinito, un espacio abierto en dónde él se encontraba solo; siguió caminando de frente, el eco se extendía con cada paso que daba hasta que se encontró con una cama.

Una voz interior le decía que ya era hora, en silencio buscó con la mirada a su alrededor sin encontrar respuesta alguna. Metió su mano en el bolsillo, se sorprendió al notar que no estaba vacío y sacó un anillo plateado con una piedra azul; no se le dificultó ponérselo y se alegró de verlo en su dedo anular. La voz en su interior lo interrumpió, algo le ordenaba que se acostara en la cama y no dudó en obedecerla. Estando ahí no hubo tiempo para recurrir a las dudas, al cuestionamiento, a la lógica.

El silencio se manifestó como un zumbido en sus orejas, sintió que alguien más se encontraba ahí, caminando a su alrededor. Josafat sintió como alguien presionaba su frente, más no veía a nadie... <<shanamazcar...>> escuchaba una y otra vez... <<shanamazcar>>... tres voces en armonía... <<shanamazcar>>; su cuerpo se había paralizado, no podía respirar aún cuando mantenía su boca abierta, algo le impedía llevar el oxígeno a sus pulmones. Quiso moverse, intento fallido, intentó girarse sin resultado.

Un golpe interno consiguió levantarlo, había conseguido incorporarse en medio de la habitación oscura, reguló su respiración y observó a su alrededor, tomó su celular para mirar la hora... cinco de la madrugada, faltaba poco para iniciar su día. Inhaló profundo, saboreando cada bocanada de aire, se frotó las manos, estaban limpias. Se dejó caer a la cama mientras observaba las sombras en el techo.

Shanamazcar...

iRazu*
dedicatoria especial a Juan... Namaste

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Puntos suspensivos...

La noche cayó silenciosa sin preguntarle a alguien si estaba de acuerdo, sin importarle si en ese momento el tiempo de alguien ya se había acabado, si había promesas rotas y sueños destruidos; la Luna se alzó recordándole a los mortales que no se le espera a nadie, ella solo subió y mostró su brillo por encima de las estrellas.

-Supongo que todo termina aquí.

Amanda miraba al cielo, pidiendo no escuchar las palabras que estaba a punto de escuchar.

-Cuídate...

El dueño de aquella voz se levantó dejándola sola en el parque, ella exhalo el aire que estaba guardando desde que se encontraron por primera vez en aquel punto de reunión. Se necesitaron tres semanas para transformar aquella banca descuidada en su lugar sagrado, cada tarde era igual: ella llegaba corriendo sonriendo y él siempre cerraba el libro que leía a su llegada; después de medio minuto de intercambiar miradas de alegría les seguía la risa.

Fueron siete meses de largas charlas, suspiros contenidos, miedos que salieron a la vista, almas que se desnudaban con cada nuevo amanecer. Siempre terminaban de la misma forma, llegaba el atardecer y cada uno se retiraba a su casa, siempre con la promesa de volverse a ver al día siguiente.

Jamás se encontraban antes de la hora acordada ni permanecían en el mismo lugar después de que el sol se escondiera en el horizonte, había sido un acuerdo que pactaron desde sus inicios pero de pronto las horas se volvían insuficientes, las palabras comenzaron a perder sentido y la electricidad comenzó a desvanecerse.

Joel se percató aquella tarde que tomó su mano y el cosquilleo habitual había desaparecido, se culpó a sí mismo, no quería ser quien rompiera la sonrisa de su acompañante... ¿quién era él para soltar el lazo? Así que cada tarde en su encuentro, siempre fue puntual como siempre, pero su voz había desaparecido y Amanda lo notó.

Ella recordó el día en el que él le contó de la flor de su mamá que tiró con su balón de fútbol cuando tenía cinco años y el miedo que había sentido que no le confesó su crimen, había salido de su trabajo cuando vio la maceta en la esquina con un pequeño botón azul, era justo el protagonista de aquella historia y decidió comprarlo.

Joel siempre se había quejado de que ella no prestaba atención al tiempo y se perdía en pequeños detalles que carecían de importancia, por eso cuando ella llegó más tarde de lo habitual a su cita no solo le reprochó con la mirada, no escuchó razones, tomó su libro y se fue, dejándola sola en la banca, con una maceta en la bolsa y un dolor en el pecho que se encajaba en sus entrañas.

Aquella noche había salido a caminar para despejarse, no podía dormir. Cuando se dio cuenta había llegado a la banca donde lo había conocido, recordó su imagen impecable: siempre con un libro en sus manos. El recuerdo cobró vida, él había llegado.

Los dos se sentaron en silencio, preguntándose si había algo por lo que luchar, fue hasta que uno se atrevió a romper el silencio...

-Supongo que todo termina aquí.

Joel se levantó y caminó en dirección contraria dejando a Amanda sola en la banca, solo tardó diez segundos para levantarse y correr tras él, cuando lo alcanzó solo le tomó la mano entregándole el pequeño botón azul.

iRazu*

martes, 6 de septiembre de 2016

Lluvia stelar

Sus pequeños pies descalzos se perdían en la húmeda maleza que se alzaba hasta sus rodillas, caminaba con tanta soltura y sin preocupaciones, aquella noche solo era ella y la luna, ella y las estrellas, ella y el cantar de los grillos. Corría con gracia, saltaba de vez en cuando, parecía una bella danza en medio de la nada. Se dejó caer con la espalda en la tierra y sus ojos al cielo, recuperando la respiración que escapó con tanto movimiento.

Inhaló profundamente, sintiendo el aroma a rocío inundar sus pulmones, sostuvo la sensación por un par de segundos y lo dejó escapar lentamente, regresando el aire a la atmósfera impregnada con su esencia, sonrió, sentía que una parte de su alma se alzaba al manto estelar y que al mismo tiempo una parte del universo se había impregnado en las paredes de sus entrañas en ese ejercicio de respiración.

Fue ahí, en medio de la nada, del canto de los grillos, del sonido de su respiración, del latir de su corazón; fue ahí a media madrugada que sintió unos pasos acercarse hasta llegar a su lado; giró ligeramente su cuello para ver a su acompañante, aquella mujer que acababa de llegar miraba al horizonte.

Dejó de mirarla y prefirió admirar el manto nocturno, el cielo comenzó a aclararse y sintió un consquilleo caluroso en a punta de sus pies, seguido de un bochorno provocado por la evaporación del rocío: estaba amaneciendo. Cerró los ojos, prefería la anterior vista, sintió como aquella mujer se sentaba a su lado.

-No llores, el sol no estará ahí por siempre y pronto volverás a jugar con tus amigas las estrellas.

Abrió los ojos para mirar a la portadora de la voz, ambas se pararon y caminaron juntas de la mano, la menor miró a la mayor, si bien le doblaba la edad ella no pasaba aún a la pubertad.

Se perdieron en el valle, solo quedaba maleza, y aún en su ausencia, ambas se sentían en aquel sitio, aquel que al igual que las dos esperaba la salida de la luna para ver a la menor danzar con tanta vitalidad y sentir el amor silencioso de la mayor, solo un par de horas requerían pasar.

iRazu*



martes, 30 de agosto de 2016

Madrugada

Afuera apenas se escuchaba el silbar del viento cuando una pequeña ráfaga se colaba por los callejones, la humedad de la madrugada era tan densa que los gatos buscaba los sitios más altos para poder dormir, las lámparas alumbraban las banquetas jugado con las sombras generando un efecto tétrico en cada cuadra, las ventanas y puertas de las casas se asemejaban a rostros asustados. Cada paso que se daba en la calle Laredo acentuaba ese toque oscuro que tanto lo caracterizaba.

Podría decirse que el exterior era lo único que le ponía la piel de gallina al más ser más valiente, pero eso solo lo presumían aquellos que no habían entrado a la casa número 40 después de las dos de la mañana. Al igual que afuera, adentro se sentía un frío que calaba en las articulaciones de los dedos, los pasos se amortiguaban gracias a la vieja alfombra que recorría los pasillos y escaleras. La casa tenía un recibidor, una sala antigua, un comedor desgastado y al fondo una cocina, si uno subía las escaleras se encontraría frente a cinco puertas de madera, todas iguales en imagen, parecidas en cada defecto o rasgo lo cual ocasionaba incertidumbre.

Pero era la puerta de la izquierda al fondo del pasillo que pertenecía a la recamara principal del lugar, la ventana de aquella habitación daba directo a la calle Laredo, donde se podía ver al final antes del cruce con la avenida principal.

Él estaba sentado en la orilla de la cama matrimonial de estilo inglés, trataba de regular su respiración mientras se aferraba a la orilla del colchón, alzó la vista a la ventana, apenas podía distinguir el contorno de los muebles entre la oscuridad de la estancia con la luz fría que conseguía colarse de la calle. Llevó su mano derecha al pecho mientras sentía como sus pulmones se inflaban, un ligero ronquido se conseguía escuchar gracias a la tranquilidad de la hora. Infló una segunda ocasión sus pulmones con dificultad, el olor a madera podrida le picó la nariz y le provocó un pequeño ataque de tos.

Se encogió en su lugar antes de tomar fuerza y levantarse, aquella posición ya le había cansado. Se acercó a la ventana de modo que empañó el vidrio con su respiración, estaba helando y su cuerpo le señaló la edad con cada dolor en la punta de los dedos, la punzada en la espalda y la resequedad en la garganta, sintió sed pero el dolor de sus manos y rodillas fue mayor, regresó a la cama cubriéndose hasta las orejas, acomodándose en posición fetal para no dejar escapar el calor, cerró los ojos ante el cansancio y dejó salir un suspiro antes de quedarse profundamente dormido.

El viejo reloj sonó anunciando una nueva hora, retumbando en las paredes de la vieja casona número 40 de la calle Laredo, esa casa que sin lugar a dudas da miedo aún siendo de día, deshabitada desde ya hace 25 años. Nadie se imaginaría que la misma escena se repita cada madrugada entre las dos y las tres horas, momento justo cuando el señor Conrado fue presa del tiempo, la soledad y el frío que había encerrado su propia habitación.

lunes, 15 de agosto de 2016

El cruce

Te miré al otro lado de la calle rodeado de tanta gente que no te percataste de que te seguía con la mirada, tu semblante serio cruzó la avenida evitando chocar con los cuerpos de los demás. Tomé mi bolsa con fuerza, pidiéndole que me diera la fuerza para acercarme a ti... error... las bolsas no otorgan poderes, lo descubrí tarde una vez que te había perdido de vista.

***

Había pasado una semana desde la caminata de muertos vivientes, era un martes lluvioso. Me agradaba poder ir saltando en los charcos con las botas, pero aquel día había preferido quedarme a observar la caída del agua, resbalando por el paraguas transparente antes de caer al suelo. Cada gota emitía una melodía distinta, cada cascada que caía de los techos de los puestos generaba un ritmo particular, y lo mejor era el olor a tierra mojada. Toda una imagen perfecta que se apreciaba más con los ojos cerrados.

Entre los colores de aquella oscuridad se presentó uno que no conseguía distinguir, traía un aroma a roble, pasos pesados que destacaban entre la multitud que caminaba a prisa para resguardarse de la lluvia y una respiración tranquila y profunda. abrí los ojos por curiosidad y te vi a tan solo un paso de mi, entre zombies cubiertos con gabardinas hasta los pies.

Alcé la mano por inercia, buscando tu roce, mi respiración se detuvo cuando estuve a punto de tocarte; el semáforo cambio de color y caminaste lejos de mi, el aire regresó a mi pecho mientras mis pies se quedaban clavados en el suelo.

***

¿Cuántas veces te he esperado en la misma esquina? ¿Cuántas veces me he quedado paralizada en cuanto visualizo tu figura? ¿Cuántas veces más voy a permitir que nuestros ojos no se encuentren? ¿Cuántas paradas más debo realizar? 

***

Cuando inicia un nuevo año trae consigo un nuevo aire, pocos se percatan de su pureza que viene a limpiar nuestras almas más que a nuestros pulmones: siempre el primer aire que recorre la madrugada del año nuevo es una nueva promesa que se abre en ese momento. Las calles solas y tranquilas son el mejor paisaje antes de llegar a casa.

Doy vuelta en la esquina y detecto ese olor a roble pero rejuvenecido, alzo los ojos: estás ahí, en tu mirada un brillo tierno que responde a tu sonrisa, es inevitable  regresarte el gesto. El valor siempre había estado en mi, solo necesitaba un pequeño empujón.

iRazu*

martes, 9 de agosto de 2016

Espejo


La miró a los ojos y se hipnotizó ante dicho brillo, alzó su mano para tocarla y sintió el tacto frío en en las yemas de sus dedos, inhaló profundo negándose a dejar de verla. Retiró su mano de aquella capa fría para sentir sus propias mejillas, eran tersas, calientes, tenía tiempo que no experimentaba esa sensación.

Una lágrima corrió por su mejilla y vio que ella lloraba de igual forma, sus ojos se enrojecían, sus labios temblaban, su respiración se cortaba, miró de nuevo aquellos ojos que la miraban de frente, con trabajo ante la capa que se hacía presente antes de desbordarse por sus ojos. Miró atenta buscando la fuente de aquel cosquilleo en su interior.

Fue hasta el momento en que notó un brillo en su pecho, que se movía con cada palpitación que su corazón le regalaba, miró de frente de nuevo a la figura femenina, sonrieron al mismo tiempo y se abrazó a sí misma... había sido liberada.

iRazu*

martes, 2 de agosto de 2016

La última ruta


La noche prometía ser húmeda y fría, ella acababa de llegar a la parada del camión, temerosa por la hora, preocupada por alcanzar alguna ruta camino a casa, no tenía reloj pero sabía que era tarde. Miró alrededor, las pocas personas pasaban de largo sin prestar atención a quien se encontraba fuera de casa, regresó su mirada calle arriba, esperando ese par de luces y el letrero que indicaba que la llevarían a donde quería.

Él se acercó a ella, estaba sola, la notó temerosa en cuanto giró la esquina. Al parecer esa era la reacción que provocaba desde que oscureció, aquello le hizo dudar, pero era tarde, no traía efectivo suficiente y se encontraba lejos de su destino.

-Disculpe -se acercó a la chica ignorando que ella luchaba contra una fuerza interna que le gritaba  que se alejara-, ¿sabe qué camión me lleva a la Avenida Central?

-Ah... -se percató que evitaba mirarlo a los ojos - ¿a qué altura?

-Con la 24.

Ella tensó los labios, maldijo en sus adentros, desde que lo vio aproximarse le dio mala espina, su ropa le quedaba holgada y la gorra no le convencía para darle indicaciones y menos si la ruta que lo llevaba era la misma que tomaría. Sin embargo una vocecita en sus adentros le hablaba <<No actúes en automático>>, se había hecho una promesa y no podía fallar, era su palabra la que estaba de por medio.

-Las rutas que pasan por aquí lo acercan, más no hay uno directo, tome el camión que va a Altagracia, o a la Avenida Lamar.

Suficientes palabras, se cruzó de brazos y le dio la espalda mirando en dirección contraría del sentido de la calle.

Él le agradeció y se sentó en la banca, no tenía idea alguna a cual ruta subirse, no tenía que ser adivino, la había atemorizado.

-Vengo del aeropuerto, estoy algo cansado...

No esperaba que con aquellas palabras se tranquilizara, para él había sido un experimento, sintió un poco de frustración, un par de individuos se acercaron a la parada, su caminar expresaban la cansada rutina que acababa de finalizar y solo quedaba llegar a casa.

Ella trató de relajarse, una voz distinta le murmuraba de diferente manera, le pedía tener cuidado, le reclamaba no haber pedido ayuda antes para que le dieran algún aventón, <<No me agrada su pinta>>... Se gritó internamente, suspiró y se volvió al señor que había pedido indicaciones.

-Ninguna ruta lo dejará en donde usted quiere, solo las que les mencioné lo acercarán, pero deberá caminar o tomar otro camión, pero a esta hora dudo que pase otro.

Lo miró, aunque realmente lo analizaba para saber si podía fiarse de él, tenía sus dudas y no podía arriesgarse, si fuera más temprano, le diría en qué camión subirse y esperaría al siguiente, pero a esas horas de la noche era un riesgo que prefería no tomar.

Él visualizó la ruta que ella le acababa de externar, era más que obvio que no eran sus rumbos, la vio hacer un esfuerzo más: ella se sentó a su lado, aún sin hacer contacto visual.

-Yo tomaré la misma ruta, le diré donde puede bajarse y a qué dirección caminar.

Aquello era todo lo que necesitaba, eso lo hacía más sencillo, le sonrió y agradeció nuevamente antes de que ella volviera a dirigir su atención a la calle.

-¿Tardará mucho?... el camión...

-Yo espero que no, lo malo es que dejan de pasar muy temprano, por eso no creo que alcance el otro.

A pesar de que había entablado una conversación con aquel extraño no significaba que se sintiera de lo más cómoda, al contrario, estaba aterrada. Ella vivía en constante paranoia a pesar de tratar de mostrarse tranquila, su sentido común le ayudaba a evitar las calles oscuras, le obligaba a cambiar de banqueta cuando sentía que la persona que se acercaba era sospechosa, se cruzaba siempre la bolsa para impedir que se la quitaran y dejó de usar los audífonos en el camino desde que asaltaron a su vecina; fue por eso que en aquel momento, en aquella parada todas sus alertas se prendían, él era un hombre, su ropa era holgada, ya era muy de noche y estaba sola.

-Ya es muy tarde ¿no? -estaba cansado, solo esperaba llegar a donde quería- vengo del aeropuerto, ya me cansé de andar de aquí para allá.

-¿Desde el aeropuerto?... -se giró con curiosidad, era la segunda vez que lo mencionaba- ¿Qué hacía tan lejos?

-Fui a dejar a un amigo.

Ella no articuló palabra.

-Venimos de Tijuana a un torneo.

Él noto que ella arqueó la ceja, el gesto le pareció gracioso.

-Baseball...

-¿Torneo?

Ella se asustó cuando él se levantó y metió la mano en su bolsillo, miró a su alrededor, ya habían llegado más personas. Sin embargo, lo que más le sorprendió fue que lo que en realidad sacó fue su celular y le mostró una foto, un grupo de niños vestidos de verde sonreían a la cámara.

-Son la liga infantil de Tijuana, mi hijo juega en ella, y yo soy su entrenador.

Fue ahí cuando ella se detuvo a verlo bien, la playera holgada tenía un nombre bordado a la altura del pecho, la misma tipografía en la gorra, aquello era su uniforme.

-Y su amigo ¿se fue a Tijuana?

-Así es.

-¿Y por qué no se fue usted?

-Mi madre quiso venir a ver a su nieto así que le di mi boleto, yo me iré en camión mañana... no pienso gastarme 10 mil pesos más en un viaje.

Él se aguantó la risa, aquella chica tenía una expresión de sorpresa, le causaba bastante gracia. El evento duró poco ya que ella se levantó.

-Ahí viene el camión...

Ambos subieron con las demás personas que también esperaban, el trayecto se volvió ameno, él le contaba de los viajes que había hecho y quedaban por hacer y de la pasión por el deporte. Ella escuchaba atenta la historia de cómo tuvo que dejar de jugar por una lesión y que al final se reencontró entrenando a los niños, una actividad que no le convenció al inicio y que ahora lo llena y más por que su hijo lo acompaña gustoso.

El camino llegaba a su fin, ella sabía que si él se esperaba a la siguiente parada caminaría más, él confiaba en las indicaciones que ella le daba.

-Bájese en donde yo me bajo, caminará menos.

-Me parece bien.

Cuando estuvieron de regreso a la calle ella le señaló a donde debía caminar, se dieron un apretón de manos y se despidieron, él vio como caminó dirección contraria y a pesar de que se habían dicho "Hasta luego" nada garantizaba que fueran a encontrarse de nuevo.

iRazu*

martes, 19 de julio de 2016

Luna

La luz se encendió y dejó ver la soledad de la sala, el cerrojo se cerró detrás de silenciosa entrada, un suspiro mas el arrastre de los pies se hicieron presentes mientras el canto de los grillos se escuchaban afuera. Se tumbó en el sofá observando al techo, tan solo llevaba 27 días desde la despedida y el hueco en su interior se hacía más grande.

Destapó la cerveza que había comprado antes de llegar a casa y calentó el pedazo de pizza que había comprado el fin de semana, dio un mordisco, aún estaba caliente. Los pasos delataron la llegada de los vecinos, reían animosamente y sintió envidia.

La cama tenía un ligero vaivén que la mareaba mientras ahogaba sus risas, pequeños gorgojeos que comenzaron a trabarse antes de que soltara las primeras lágrimas de aquella noche. Giró a la izquierda, presionó su pecho y se encogió en posición fetal hasta que consiguió dormir, después vino la calma.

El reloj en la mesa anunció las 2:43 de la madrugada, un cosquilleo en la nariz la despertó. Al inicio le costó enfocar la imagen, una mancha blanca frente a ella la inquietó, cuando consiguió enderezarse notó la pequeña bola de nieve que tenía en su regazo, la acarició y era cálida y suave. El conejo se acomodó ante las caricias y se quedó dormido, no se hizo más preguntas y regresó a los brazos de Morfeo aceptando al pequeño acompañante.

El despertador la levantó una horas después, buscó a tientas a la pequeña criatura pero notó que así como había llegado había desaparecido.

iRazu*

martes, 12 de julio de 2016

El último salto

El tirón en el estómago, la imagen del suelo acercándose, el cielo agrandándose, la sensación de regresar de golpe a la realidad... despertar con la respiración agitada se había vuelto, más que una escena constante, una película.

***

Siempre un empujoncito es bueno... ¿verdad? Nos ayuda a dar ese paso que nunca nos animamos, a avanzar cuando no nos atrevemos, a tomar acción. Por lo tanto debería ser bueno ¿no es así?

Andrea estaba recargada en el borde del tercer piso de la plaza comercial, mirando como subían y bajaban las escaleras mientras su prima terminaba de revisar la sexta tienda, todos los sábados era lo mismo, hacer el mismo recorrido en la misma plaza para ver la misma ropa; por eso prefería quedarse a observar a las personas ir de un lado a otro, rostros que también eran los mismos. Se asomó a la planta baja ¿cuánta distancia habría entre un piso y otro?

-¡Vámonos!

Su prima regresaba con tres bolsas más y supo que aquella tarde la regañarían por no haberle puesto un límite a la menor, como si ella fuera la responsable de lo que su prima hiciera o como si la escuchara cuando la previene de que algún artículo no es necesario.

Aquel fin de semana terminaba y le seguía otra semana más de rutina, esperando que acabara pronto para regresar al tercer piso de la plaza comercial y observar a los caminantes. Pero para aquella tarde de sábado en la que Andrea caminaba a casa de sus tíos le sorprendió la noticia de que la pequeña Norma no saldría, es más, ya se había ido desde la tarde del viernes y no regresaría hasta la madrugada del lunes próximo.

¿Qué estaba pasando?... Bueno... fuera lo que fuera sólo sería ese fin de semana...

Pero el siguiente fin fue la misma situación, y el que siguió y unos cuantos más... aquello no parecían terminar.

-No te preocupes Andy, Norma ya regresará la siguiente semana.

La joven miró a sus tíos, la monotonía era parte de su vida y le era vergonzoso admitir que necesitaba a su prima para ir a la plaza con tranquilidad y sentir el filo del cristal que impedía que los caminantes cayeran y se estamparan en las escaleras.

-¿Y qué hacías en mi ausencia?

Andrea se encogió de hombros mientras caminaba con su prima, extrañamente aquel día no irían al centro comercial.

De pronto Andrea se encontraba sentada en un auditorio lleno de gente que aplaudían cada que el expositor hablaba, tan confiado, tan animado, tan seguro. Aunque claro, no faltaron los rostros que se les notaba que no creían absolutamente nada de lo que esa persona hablaba.

-El que te trajo aquí tomó riesgos, se animó a dar el primer paso y quiere que tu hagas lo mismo.

El lugar desbordaba euforia, Norma volteó a ver a su prima y la abrazó cuando el exponente terminó.

-Es aquí donde he estado Andy, ¡no te imaginas lo increíble que es!

La chica veía la sonrisa de su prima, quien insistía en llevarla a que se inscribiera al campamento de animación del cual ella ya había formado parte, aunque una parte de ella dudaba.

A partir de de ese momento la que se ausentaba los fines de semana era Andrea, mientras Norma esperaba ansiosa su regreso, verla tan revolucionada y cambiada como a ella le pasó. Pero su sorpresa no cupo en el salón de graduados cuando la vio con la misma expresión.

-¿Y bien?

Andrea se encogió de hombros mientras en la sala todos los demás lloraban y se abrazaban.

-No te sientes... ¿diferente?

Andrea asintió con la cabeza aunque tenía la misma expresión, algo que desilusionó a Norma, esperaba mínimo ver un brillo en sus pupilas. Caminaron juntas en silencio a casa, para ambas había sido una noche larga.

Después de haber dejado a la menor con sus padres, la recién graduada caminaba a su casa, las calles vacías acompañadas del silencio intermitente le permitieron disfrutar aquel momento de soledad. Andrea subió al puente peatonal que cruzaba la avenida, pero se detuvo en medio. Miró los coches pasar en la vía rápida y recordó los rostros del centro comercial, aquellos que caminaban hacía las mismas direcciones, sonrió, solo se necesitaba un pequeño empujón.

Bastaron tres movimientos para estar al otro lado de la reja, sosteniéndose del alambrado, sintiendo la brisa de aquella noche, tan fresca.

Soltó sus dedos y su cuerpo se inclinó hacía el frente, lo demás fue provocado por la gravedad.

Nadie entendió qué fue lo que sucedió, qué lo provocó, no había señas de una depresión no diagnosticada a pesar de su seriedad, sus más allegados no conseguían resolver la incógnita. Al finalizar la ceremonia, todos los presentes se fueron excepto uno, Norma se acercó a la tumba que había sido habitada aquella tarde y sonrió ligeramente, solo ella podía comprender el acto de valentía que su prima había llevado a cabo, al final de cuentas el cuerpo representa cadenas para aquellos que desean ser parte del viento... solo se necesitó un pequeño empujoncito.

iRazu*

martes, 5 de julio de 2016

La Visita

Rosa observaba el techo de su recamara en medio de la oscuridad, afuera la luna se alzaba en lo más alto y no conseguía conciliar el sueño. Había apagado cuanto aparato electrónico en su poder, no quería escuchar el tono del celular anunciando una nueva llamada, un nuevo mensaje, no por el momento.

Dio la media noche, lo sabía porque los perros de los vecinos siempre ladraban a esa hora, algo muy curioso que notó cuando se mudó pero conforme pasaba el tiempo se acostumbró al grado de que si una noche no ladraban o la pasaba en otra casa le costaba trabajo dormir, muletillas que formaron parte de su vida a las cuales sabía que no debía acostumbrarse, nada es para siempre.

Giró su cuerpo quedando de lado, mirando la  puerta que quedaba al otro extremo de la habitación, aún en la noche de Luna Nueva sabía donde estaba cada cosa acomodada, cada detalle, texturas y colores. Suspiró, los ladridos habían cesado, cerró los ojos para poder descansar.

A pesar de la hora a veces conseguía escuchar la llegada de algún vecino, identificando su humor por los pasos. Era normal, en ocasiones los escuchaba acercarse para después llegar al otro extremo de los edificios, algunos nunca llegaban a cruzar frente a la ventana de Rosa, simplemente giraban o subían las escaleras, era otra muletilla que se había instalado en su vida.

Cuando al fin creía que se dormiría, consiguió escuchar unos pasos en el pasillo de los departamentos, estos llegaron justo en frente de la única ventana de su cuarto, la respiración de Rosa se detuvo solo para esperar la partida de aquel caminante.

Silencio.

Inhaló después de sentirse sofocada, por un momento sintió que aquel extraño se había vuelto más que un nómada en un visitante. Temió asomarse por la ventana, era claro que aquel vecino se detuvo justo frente a su recamara ya que no le siguieron los pasos de despedida.

"Tal vez es mi imaginación y ya se fue"

No sabía cuanto tiempo pasó y no se animaba ver el reloj, solo trató de dormir.

***

Prendió su celular mientras se alistaba para ir al trabajo, trataba de no darle vueltas al suceso de aquella noche. Mientras la señal del aparato se restablecía su atención se distrajo en la foto que tenía en la sala, en ella una pareja en blanco y negro sonreían, aquella foto se la había regalado su madre cuando se mudó a la ciudad y a pesar de ser una foto que ha permanecido años en su familia para Rosa los dueños de aquellas sonrisas en su memoria estaban adornadas con tiernas arrugas y cabellos blancos. Aquello era lo único que le quedaba, una foto de sus buenos tiempos y el recuerdo de un aspecto mas añejo.

El celular sonó en la primera oportunidad, ella contestó por instinto.

-¿Bueno?

-¡Feliz cumpleaños! -al otro lado de la línea escuchó la voz jovial de su hermana.

-Gracias Luz.

-Apagaste tu celular toda la noche ¡No es justo!

Dejó de escuchar a la menor que no paraba de hablar y una incógnita se encendió en su cabeza.

-... yo creo que a ellos les gustaría que te dejaras consentir, nunca se perdieron un cumpleaños tuyo ni cuando estuvieron en el hospital.

iRazu*

martes, 28 de junio de 2016

Plegaria


La plegaria se elevó en el aire, sin forma que la distinguiera, mezclándose en el polvo estelar. Un cometa que estuvo a punto de atropellarla ni se percató de su existencia, vago oxígeno que corría el peligro de ser inhalado por el ser incorrecto.

Temía no llegar a su destino, perder la fuerza que hasta ese momento la había mandado lejos pero no era momento de dudar, desde que la flama se encendió sintió el amor y la dicha con la que fue invocada y recordó los sentimientos previos antes de encender la mecha: temor y duda, sentimientos que fueron eliminados en cuanto el fuego se hizo presente y un alivio y esperanza invadió el pecho del dueño de aquel rezo.

Se elevó en lo más alto motivada por la determinación de su dueño que, a pesar de sentirse vacilante, fue constante, ese mismo deseo fue el que la llevó lejos hasta llegar a la Fuente, solo ahí se dio cuenta del daño en su no cuerpo, había sido violentada con desprecio, negada en cada momento, torturada ante la falta compasión. Estaba cansada y agotada, suspiró tranquila pues solo ahí, en la meta, entendió la existencia de los intentos de frenarla, aquellos que habían sido en vano.

Sintió paz al recibir el abrazo de la Fuente y tranquilidad al ser recibida, ahora la mitad del camino había sido realizado.

iRazu*

martes, 21 de junio de 2016

Caramelo


Se rasco la cabeza mientras llenaba el formulario y sintió como se enterraba un granito en su uña, al mirarlo se percató que parecía azúcar lo cual era raro porque no recordaba haber tenido contacto con ese ingrediente en la mañana, ni siquiera se había preparado su taza de café, pero tuvo que dejar ahí el asunto ya que se hacía tarde.

El día transcurrió sin ningún incidente hasta que a la hora de la comida se acomodó el flequillo, se sorprendió al ver como pequeños cristales caían frente a ella, eran como los del incidente de la mañana. Los miró curiosa ya que deducía por la forma qué eran pero no se atrevía a probarlos, sacudió la mesa y siguió con lo suyo, aquello no tendría importancia.

El tema de la caspa dulce se había olvidado hasta que una semana después su mejor amiga le había lamido el cachete jugando, ambas quedaron paralizadas ante la sorpresa: la que había recibido el lengüetazo no pensaba que su amiga tenía aquellas manías y su amiga nunca pensó que tuviera aquel sabor.

-¿Qué?

-Sabes dulce...

Probablemente su amiga se había confundido o su paladar se había atrofiado por tanto caramelo que consumía, pero tuvo curiosidad así que lamió su dedo índice y en efecto tenía un sabor dulzón; preocupada fue a hacerse un chequeo médico en el cual no mostró ninguna anomalía, al contrario, se encontraba en perfecta salud.

Los días transcurrieron y la dulzura de su cuerpo comenzaba a notarse, por las tardes su piel desprendía un ligero olor a flan, si sacudía su cabello caía caspa cristalina, sus lágrimas eran color ámbar y sabían a miel, cuando el sol estaba en lo alto sentía como el sudor creaba una capa pegajosa en su espalda, la misma sensación al derretirse un helado en sus manos.

Nadie sabía que sucedía, los doctores no encontraban precedente, solo había algo seguro, todas las tardes recibía mínimo una vecina que pedía siempre una tacita de azúcar.

iRazu*

martes, 7 de junio de 2016

Caja musical


Los engranes sonaron cuando sus pequeños dedos le dieron cuerda a la pequeña caja, se detuvo en el momento en el que ya no era posible seguir girando la llave y dejó el pequeño objeto en el tocador. Era una pequeña caja de madera oscura, con un paisaje de un bosque tallado a mano en la cubierta, en su interior una bailarina que giraba lento mientras las primeras notas sonaron.

Se sentó en la orilla de la cama mirando su tesoro, lo había encontrado entre las cosas que había dejado su abuela y lo tomó como si se tratara de una olla de oro, escondiéndola debajo de su abrigo para que nadie la viera, evadiendo la pregunta de su madre en cuanto la vio pasar por el pasillo; aún dentro de su recamara no se sentía a salvo así que esperó a que todos estuvieran dormidos.

Observó la muñeca mientras danzaba, su piel era pálida, algunas zonas del vestido rosa palo comenzaban a cuartearse y en cualquier momento la costra de la pintura se desprendería; sus manos alzadas sobre su cabeza formando un arco eran delgados y los dedos tenían las puntas negras a causa del polvo al igual que la nariz, se veía tan frágil.

La tonada no era conocida y a pesar de ello le transmitió una tranquilidad que esperaba cesara en cualquier momento, cerró los ojos y vio un par de hadas entrando a la habitación que se dirigían a la muñequita de porcelana, un par de polvos bastaron para que bajara sus brazos y se sentara en la plataforma que la hacía girar. Se miró la espalda y se dio cuenta de que sus alas no estaban, miró a sus hermanas volar con envidia; sacudió su vestido con sus dedos sucios y la pintura seca se separó de la porcelana, empezó llorar.

Una de las hadas volvió a mover su varita mientras la bailarina lloraba, regresándole el color que los años maltrató. El cosquilleo provocado por la magia le hizo ver que había vuelto a ser la de antes de ser atrapada en esa vieja caja musical, incluso sus alas habían regresado.

La niña abrió los ojos cuando la tonada terminó, la bailarina se había ido.

iRazu*



martes, 31 de mayo de 2016

Locura


La palomilla atravesó la habitación de esquina a esquina, el tiempo se había detenido mientras el pequeño bicho danzaba en el aire, toda aquella travesía para llegar a la lampara que estaba a lado del librero.

-Alicia...

Era la quinta ocasión en la que mencionaba su nombre, aunque su profesión le exigía paciencia era una virtud que desaparecía en cada sesión. Atender aquel caso le había afectado de una forma que se negaba aceptar.

La chica seguía observando el aletear del insecto, perdida en los detalles como si aquel momento fuera eterno.

-Alicia.

La palomilla cayó al suelo después de golpear el foco encendido de forma constante, había muerto.

-Doctor... -la paciente dirigió su atención a la mirada de su psicólogo- ¿Qué se debe hacer cuando, aún sabiendo la realidad que me rodea, no quiero aceptarla?

Aquellos ojos azules inexpresivos se volvían un enigma con cada visita, era como si se transformaban en cuanto ella entraba al consultorio y perdían su esencia al salir; él nunca se había percatado hasta que una tarde se la encontró en el mercado rodeada de un aura totalmente diferente al que veía en cada consulta, fue ahí cuando todo comenzó a desmoronarse.

Alicia volvió a mirar en dirección al cadáver del insecto sobre la alfombra.

-Sé que lo que quiero ver no es real, estoy consciente... es sólo que me niego a creer en ella.

El pequeño espejo que colgaba de la pared se rompió en el momento del impacto con el suelo, sus manos rodeaban el pequeño cuello de la niña, su piel ligeramente bronceada contrastaba con la blancura de ella. Sabía que hacía mal, pero eran aquellos ojos azules que lo incitaban a continuar, deseaba presenciar la mirada que había visto afuera, llena de vida, de inocencia, de lucidez; totalmente diferente a la mirada que se hacia presente dentro de las cuatro paredes de su consultorio.

Los vecinos murmuraban cuando la policía se llevó esposado al doctor del departamento 22, su risa había alarmado a los habitantes del edificio, temerosos observaron como sacaban el cuerpo de la paciente de los martes cubierta en sábanas.

Algunos dijeron que él estaba enamorado de ella, otros que su profesión le había safado un tornillo, pero una cosa era cierta, nadie se preocupó de levantar el cuerpo del bicho que se perdía entre la trama árabe de la alfombra.

iRazu*

martes, 24 de mayo de 2016

Habitación

A tientas en la oscuridad entró descalza a la habitación, sintiendo el polvo que se había acumulado hace tres semanas, arrastro su pie derecho tratando de tentar algún mueble cercano sin ningún resultado. Era como si se hubieran llevado todo, la mesita donde se sentaba a escribir, el tocador con el espejo que no combinaba con la decoración, la cama... El eco recalcó el vacío siendo absorbido por las paredes que guardaban aquella memoria, una que trataría de escaparse a las tres de la mañana.

Se guío palmando la pared, fría y húmeda, esperando que la textura del yeso se reemplazara por madera, las puertas del closet siempre tenían que permanecer cerradas, tampoco estaban. Probablemente se había equivocado de habitación, pero aún en la penumbra, aún en la soledad, permanecía un aroma sutil combinado al aura de encierro, pequeñas notas a aserrín.

Una brisa se coló del lado contrario a la puerta por la que había entrado, la cortina hondeo delatando la ubicación de la ventana, era su nueva guía. Cuando llegó a ella la retiró en silencio, no había siquiera luz de luna aquella noche, tendría que guiarse aún en la oscuridad.

Cansada se recostó en el suelo, mirando al techo, recordando las figuras que buscaba cando estaba a punto de dormir. De niña había colocado calcomanías de estrellas que brillaban al caer la noche... <<Están perdidas>>. Cerró los ojos con la sensación de estar en un lugar ajeno y propio a la vez, el lugar donde solía descansar.

iRazu*


lunes, 16 de mayo de 2016

Piratas


Alicia alzo la mano en la noche, introduciendo sus dedos en la vía láctea mientras el barco navegaba debajo; sintió un cosquilleo en las pequeñas yemas, el calor viajaba hasta la boca de su estómago y su cuerpo se estremeció. Cerró sus ojos para disfrutar mejor la brisa del cielo nocturno provocando que el calor se combinara con una pequeña ráfaga fresca que atravesaba su espina dorsal.

-¡Todo a Babor!

La voz del Capitán resonaba en el vacío del mar abierto, a pesar de la constante brisa había cierta quietud en aquel paisaje, eran las únicas almas que atravesaban el océano aquella noche donde solo se escuchaba la respiración de los tripulantes.

La chica, quien permanecía en la proa se rasco la nariz con la mano que había jugado con el polvo estelar minutos atrás, dejando un rastro de pecas brillantes en sus mejillas. Cansada de estar recargada en el borde de madera se recostó en el suelo mirando al cielo, preguntándose qué polo era aquél. Si realmente estaba mirando al cielo o miraba las profundidades del mar.

La luz de la luna alcanzo sus ojos oscuros bañando de perla su piel, suspiró alimentando su ser con la sal que se cristalizaba en sus labios. Miraba al cielo mientras escuchaba los pasos huecos de las botas de los tripulantes que permanecían despiertos, aquello se sentía tan irreal.

Por un instante olvidó que era prisionera de aquella tropa, olvidó que en tierra alguien la esperaba ansiosa, olvidó el sabor de los pasteles que preparaban en la esquina del centro más concurrida de la ciudad, la sensación de sus pies descalzos en el césped y el aroma a tierra mojada... en ese momento era ella y la canción que entonaba el viento.

...Alicia, despierta


iRazu*

domingo, 8 de mayo de 2016

Melancolia

La puerta había estado siempre abierta, nunca me di cuenta en qué momento la luz del otro lado del portal se hacía cada vez mas tenue, mas débil... mas callado. Será que yo misma decidí alejarme del marco porque odiaba ser un observador más.

La música apenas y se escucha a través de la madera porosa, sutiles compases que marcan una pequeña tonada que me resulta familiar. ¿Podría ser que me permitieras bailar a tu lado una vez más? Tomando tú mano para darme cuenta de la textura presente a causa del frío de tu ciudad natal.

Doy un paso atrás, alejándome de nuevo, por más que lo anhele, por más que lo desee, aquello que extraño de ti será una escena pasada de una película arrumbada. Podré verla cuantas veces quiera, pero solo seré una espectadora como lo soy ahora, como lo fui ayer, como lo soy desde antes de darme cuenta que cerré la puerta escondiendo la llave en mi bolsillo porque me dolía tanto escucharte reír.

Y ahora la llave está perdida.

iRazu*

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...