Se rasco la cabeza mientras llenaba el formulario y sintió como se enterraba un granito en su uña, al mirarlo se percató que parecía azúcar lo cual era raro porque no recordaba haber tenido contacto con ese ingrediente en la mañana, ni siquiera se había preparado su taza de café, pero tuvo que dejar ahí el asunto ya que se hacía tarde.
El día transcurrió sin ningún incidente hasta que a la hora de la comida se acomodó el flequillo, se sorprendió al ver como pequeños cristales caían frente a ella, eran como los del incidente de la mañana. Los miró curiosa ya que deducía por la forma qué eran pero no se atrevía a probarlos, sacudió la mesa y siguió con lo suyo, aquello no tendría importancia.
El tema de la caspa dulce se había olvidado hasta que una semana después su mejor amiga le había lamido el cachete jugando, ambas quedaron paralizadas ante la sorpresa: la que había recibido el lengüetazo no pensaba que su amiga tenía aquellas manías y su amiga nunca pensó que tuviera aquel sabor.
-¿Qué?
-Sabes dulce...
Probablemente su amiga se había confundido o su paladar se había atrofiado por tanto caramelo que consumía, pero tuvo curiosidad así que lamió su dedo índice y en efecto tenía un sabor dulzón; preocupada fue a hacerse un chequeo médico en el cual no mostró ninguna anomalía, al contrario, se encontraba en perfecta salud.
Los días transcurrieron y la dulzura de su cuerpo comenzaba a notarse, por las tardes su piel desprendía un ligero olor a flan, si sacudía su cabello caía caspa cristalina, sus lágrimas eran color ámbar y sabían a miel, cuando el sol estaba en lo alto sentía como el sudor creaba una capa pegajosa en su espalda, la misma sensación al derretirse un helado en sus manos.
Nadie sabía que sucedía, los doctores no encontraban precedente, solo había algo seguro, todas las tardes recibía mínimo una vecina que pedía siempre una tacita de azúcar.
El día transcurrió sin ningún incidente hasta que a la hora de la comida se acomodó el flequillo, se sorprendió al ver como pequeños cristales caían frente a ella, eran como los del incidente de la mañana. Los miró curiosa ya que deducía por la forma qué eran pero no se atrevía a probarlos, sacudió la mesa y siguió con lo suyo, aquello no tendría importancia.
El tema de la caspa dulce se había olvidado hasta que una semana después su mejor amiga le había lamido el cachete jugando, ambas quedaron paralizadas ante la sorpresa: la que había recibido el lengüetazo no pensaba que su amiga tenía aquellas manías y su amiga nunca pensó que tuviera aquel sabor.
-¿Qué?
-Sabes dulce...
Probablemente su amiga se había confundido o su paladar se había atrofiado por tanto caramelo que consumía, pero tuvo curiosidad así que lamió su dedo índice y en efecto tenía un sabor dulzón; preocupada fue a hacerse un chequeo médico en el cual no mostró ninguna anomalía, al contrario, se encontraba en perfecta salud.
Los días transcurrieron y la dulzura de su cuerpo comenzaba a notarse, por las tardes su piel desprendía un ligero olor a flan, si sacudía su cabello caía caspa cristalina, sus lágrimas eran color ámbar y sabían a miel, cuando el sol estaba en lo alto sentía como el sudor creaba una capa pegajosa en su espalda, la misma sensación al derretirse un helado en sus manos.
Nadie sabía que sucedía, los doctores no encontraban precedente, solo había algo seguro, todas las tardes recibía mínimo una vecina que pedía siempre una tacita de azúcar.
iRazu*
No hay comentarios:
Publicar un comentario