La polilla aleteó una milésima de segundo antes de caer al piso de madera, camuflageandose entre las tramas imperfectas de fábrica, dudando de si alguien notaría su ausencia provocada por la luz incandescente que le arrebato noches de libertad...
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El foco parpadeo antes de fundirse, era el quinto de la semana y apenas era martes, chasqueo con la lengua mientras buscaba una bombilla de repuesto en el segundo cajón de la vitrina, común muletilla. No había ni focos, ni fusibles o lámparas de mano, posiblemente había olvidado comprarlos, no se culpó puesto que antes no había sido necesario.
Era un nuevo fenómeno en su vida, no poder dormir hasta altas horas de la noche, curiosamente sucedía una vez que todo se quedaba en calma cuando ella podía intentar pensar cerrar sus ojos y mientras tenía que aguantar la rutina diurna, todo gracias a la falta de trabajos nocturnos que fueran de su agrado o con confianza de realizarlos.
Encontró una pequeña vela que le serviría de momento, prendió la llama y observó ese destello azul danzar en la oscuridad. Aquel baile le recordó que se avecinaba la tertulia a la que la invitó la vecina, jamás entendió a qué se refería pero intento seguirle el cuento.
Una chispa saltarina la trajo de vuelta, pasarían de la una probablemente, pero aun no podía pegar el ojo, repasó sus pendientes por enésima ocasión y recordó anotar en la nota del super nuevas bombillas, dudó en adquirir ahorradoras puesto que, si bien ayudaban al medio ambiente, no lo era tanto para su bolsillo.
Miró como se consumía la cera hasta que todo fuera calma y, solo hasta entonces, pudo dormir.
iRazu*