lunes, 29 de agosto de 2011

El recuento de los daños

-¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Manuel y Jorge estaban en el Ministerio Público, golpeados, con el cuerpo lleno de sangre seca. Desviaban la mirada e ignoraban el olor a prostitutas y delincuentes.
-Quiero ayudarlos muchachos, pero si se quedan callados, no podré hacerlo.
¿Aquí termina todo? ¿Con la esperanza del futuro tras barrotes y celdas llenas de ratas?
-¿Cómo es...?
El abogado otorgado por el estado se le quedó mirando a Jorge, hablaba tan bajo, que era difícil entenderle.
-¿Como es el infierno?
***
Karla tallaba el cuerpo de su hija bajo la regadera, tenía marcas de golpes en su pequeño cuerpo. Quería parar y abrazarla.
¿Qué monstruo era capaz de hacerle eso a una indefensa niña?
Eduardo no podía sentarse, caminaba por la sala, hablando por teléfono, lanzando maldiciones.
-¡QUIERO QUE SE PUDRAN EN LA CÁRCEL!
María tomó las manos temblorosas de su madre mientras pasaban la esponja por su piel.
-Ellos no me hicieron nada, no quiero que les pase nada...
***
Erika había ido por su esposo, pero solo pudo encargarse de Toño por el momento.
-Soy la esposa de Manuel, tu hermano.
El pequeño le era difícil de entender; poco tiempo había pasado con su hermano; su madre y Jorge no hablaban de él, no lo recordaba.
-¿Y mamá?
La mujer abrazó al pequeño, no podía decirle qué pasaba, puesto que no lo entendía. Lo único que sabía es que su esposo estaba a punto de entrar a la cárcel, que tanto él como sus hermanos estaban muy golpeados. No quería imaginar que había pasado en aquel sótano.
También había una niña, de la cuál se había reportado como secuestrada. Su suegra -de la cual jamás había oído hablar- estaba herida de igual manera.
***
La señora García permanecía tumbada en un colchón improvisado. Su peso y su tobillo roto impedían que los para médicos, la policía y los bomberos pudieran sacarla del sótano.
Le habían colocado unas tablas para enderezar la lesión. Sólo pidió que le acercaran las latas de comida y la dejarán sola; sin antes maldecir a sus hijos.
***
-¿Consiguió algo?
El abogado le preguntaba al psicólogo de la comisaría.
-No se abren fácilmente, pero tuvo que haber pasado algo para que estuvieran así... tendría que hablar con los niños también.
-Son menores de edad.
-Que vengan sus tutores.
***
Eduardo retiraba la demanda, se sentía impotente, no sabía que hacer. Solo sabía que necesitaba proteger a su hija, y tenía que confiar en ella.
En el MP se le quedaban viendo de una manera extraña. Primero levanta una demanda por el secuestro de su hija, pide que los culpables se hundan en la cárcel y ahora retira todo cargo.
¿Es coherente eso?
-Gracias, papá.
No entendía a su hija, quería ayudarla, quería saber que había pasado en esos días que desapareció y por qué las heridas de su cuerpo.
María ya no parecía una niña. Su mirada se había apagado, su sonrisa parecía falsa, se volvió callada y reservada y odiaba que su madre la bañara en la regadera.
***
Toño se había mudado con su hermano mayor. Le habían dado una habitación la cual compartiría con Jorge. Erika era una buena mamá, era tierna, alegre y muy linda.
El día que llegó a esa nueva casa, conoció a Elisa, la cuidaba una vecina.
-Erika...
-Dime tía.
Insistía ella.
-¿Qué hace esa señora y ese bebé aquí?
Erika tomó a Elisa y despidió a la vecina.
-Ella es Elisa, es tu sobrina.
-¿Puedo cargarla?
Erika puso con cuidado a su hija en los brazos de Toño.
-Es muy linda...
***
Manuel y Jorge salían de aquella casona, odiaban tener que ir para ver si su madre se encontraba mejor. Nunca pudieron sacarla del sótano y la herida parecía empeorar.
-Poca luz, suciedad, humedad... no son buena combinación para una herida.
Jorge escuchaba a Manuel mientras caminaban por la calle.
-Supongo que no.
Respondió el menor.
-Ya no quiero regresar.
Jorge asintió con la cabeza.
-No volvamos... por favor.
Tenía que cumplir su promesa, proteger a sus hermanos, ahora le tocaba hacerse cargo de ellos.
-Regresemos a casa.
Aquellas palabras, para Jorge, pronunciadas por su hermano mayor le sonaban extrañas. Deseaba sentirse libre, pero algo en él no se liberaba.
***
Spam...Hombro de cerdo y jamón enlatado.
La sra. García abrió la lata y se tragó todo el contenido sin masticarlo, no sería la primera vez que lo hacía... pero sería la última.
***
***
***
i*r*a*z*u

domingo, 28 de agosto de 2011

Michelle

Había llegado muy de madrugada a la casa, cuidando de guardar silencio. Vivía solo y aún tomaba las mismas precauciones cuando vivía con sus padres. Cada borrachera era regresar a aquella vida; la nostalgia inundaba su pecho.
Se quito los zapatos de tacón y se desparramó en el sofá. El vestido de lentejuelas brillaba aún en la ausencia de luz. Estaba agotado.
Miró el techo de la sala y recordó la primera vez que su madre lo vio vestido así. Lágrimas brotaban de sus ojos.
¿Era vergüenza, rabia, coraje, tristeza? Jamás pudo descifrar aquel evento. Había pensado en decir que era la noche de brujas, pero estaba a mediados de febrero, así que no cuadraba. Prometió guardar el secreto.
Sin embargo, no se podían ignorar las expresiones de asco que su madre lanzaba cuando alguien se vestía con los colores del arco iris.
Papá se enteró. Había asistido al bar al que iba y pudo reconocerlo, aún con todo el disfraz, la peluca, las uñas postizas, los tacones y la tanga de hilo dental.
Se fue de casa después de ello, mamá llamaba cada día suplicando su regreso y su padre le negaba el acceso al recibidor.
Suspiró, se sentía bien estar libre, lejos de críticas, gritos y negaciones. Lamentaba ya no estar allá con ellos, con su familia. Pero si contar con su compañía significaba que debía dejar de ser quien es, preferiría el olvido.

Cerró los ojos y soñó con sus noches de fiesta, con sus tacones altos que lo llevaban al cielo, su peluca que la hacía ver divina y su vestido de lentejuelas; las uñas y pestañas postizas, los kilos de maquillaje y la pedrería.
Soy libre, soy quien soy y nadie me detendrá.


irazu

jueves, 25 de agosto de 2011

Transgresión

Cuando no le hacía caso a mi mamá, ella me correteaba por la casa y me mandaba a la recamara sin cenar, me castigaba mis juguetes favoritos o no me dejaba comer dulces... no eran castigos muy severos, así que no me importaba romper las reglas; al fin de cuentas, soy tan solo una niña.
¿Cómo castigaran otros papás? He oído que a algunos les pegan con el gancho, el cinturón o una cuerda mojada... pero jamás había escuchado la manera de castigar como lo hace la señora García.
Ella... da mucho miedo.
***
-Vamos.
Jorge estaba decidido, Manuel dudaba. Pero no le quedó de otra seguir a su hermano menor.

Entrar a la casa fue fácil, el cerrojo de la puerta trasera estaba abierto.
-Es probable que ni se haya dado cuenta... pobre Toño...
Manuel escuchaba a su hermano hablar en susurros.
-¿Dónde crees que esté la ballena?
Manuel seguía callado, atento a cualquier ruido, a cualquier señal.
Ambos se dieron cuenta que la puerta del sótano estaba abierta, Jorge caminó para asomarse mientras Manuel retrocedía y tropezaba con la mesa. Las latas de comida vacías cayeron causando un gran estruendo.
...Silencio...
Hasta dejaron de respirar, nadie salía del sótano ni de otro lugar en la casa, su madre no apareció.
-Debimos haber llamado a la policía...
Se lamentaba Manuel; Jorge comenzaba a decepcionarse, su hermano mayor era un coyón.
-Bajemos al sótano... puede que esté amarrado aún.
Propuso el mayor. Ambos sabían la manera de castigar de su madre, con todos fue igual. La misma cruz, la misma letanía, la misma cama, las mismas cadenas.
***
Abrazaba su cuerpo fuerte, tratando de protegerse.
-No más... no más... por favor...
Chillaba María, temblaba cual cachorro asustado.
Escucho unos lentos pasos que se acercaban.
-Jorge... -escuchó María una voz masculina- Aquí hay una niña...
Dejó de cubrirse el rostro y vio a un chico muy parecido a Toño. Se escuchó el ruido del metal contra metal.
-Ven aquí a verlo, yo veré a la niña.
Ambos sujetos susurraban. María pudo reconocer a Jorge y lo abrazó fuertemente.
-¿María?
La niña lloraba.
-María ¡shhh! guarda silencio.
Pero no podía, seguía llorando, era tan solo una niña de 12 años asustada.
-¡CÁLLATE!
...Silencio de nuevo...
-¿Qué hacen ustedes aquí a bajo?
Esa voz, todos sabían de quien era. Ambos hermanos voltearon y vieron a su madre, obstruyendo la única salida.
-¿Manuel? ¿Eres tú, muchacho desobediente?
Bajó un escalón; Manuel sostenía a Toño en sus brazos, seguía inconsciente, mientras Jorge abrazaba a María.
Otro escalón, ambos hermanos estaban petrificados, no podía moverse.
-Has sido un niño muy maleducado... ¿quieres ir al infierno?
***
Todo había sido muy rápido, Jorge tomó un par de latas que estaban en el suelo, lanzándolas contra su madre. La sra. García comenzó a bajar más rápido, pisó una lata, rompiendo su tobillo y cayendo por las escaleras.
-¡VÁMONOS!
Gritaba Manuel sin soltar a su hermano, pero Jorge no se movía. Tomó las pinzas que había soltado al momento en que María lo abrazó. La niña lloraba y jalaba a Jorge del pantalón para salir con Manuel y Toño. Pero Jorge no se movía.
-Dime mamá ¿cómo es el infierno?
-Jorge, déjalo ya y vámonos.
-No, hasta que me responda ¿cómo es el infierno?
La señora García no podía levantarse.
Jorge se lanzó contra ella para darle el golpe final, pero Manuel se interpuso.
María corrió al cuerpo de Toño, sintió sus manos frías y lo abrazó.
-No irás a la cárcel por ella.
La señora García agarró el tobillo de su hijo mayor y lo tumbó al suelo. Se apoyó ignorando el dolor de su tobillo roto.
-Jorge...
La mujer se dejó caer sobre el cuerpo del joven, el peso era tanto que Jorge no podía respirar.
Toño comenzaba a abrir los ojos, miró a María llorando, a Manuel inconsciente y un pequeño charco de sangre que brotaba de su cabeza. Vio a Jorge gritar y pelear bajo la masa corporal de su madre mientras ella reía.
Otro estruendo se escuchó por la cocina, en un par de segundos, varios policías llegaban al sótano, mirando la escena sin saber que hacer. Corrieron para quitar a la mujer y liberar al adolescente.
-¡POLICÍAS! ¡Arresten a estos ladrones!- Comenzó a gritar ella.
Confundidos, miraron la escena. Uno llamaba a la ambulancia y revisaba a Manuel, otro detenía a Jorge que se abalanzaba contra su madre nuevamente, otro se acercó a los niños. Toño estaba confundido y María lloraba.
Un policía se acercó a Jorge y comenzó a golpearlo.
-¡NO!
Gritó María y todos la miraron.

***********************************************************************************irazu

martes, 23 de agosto de 2011

Rescate

Habían pasado dos días, dos largos y dolorosos días.
María estaba arrumbada en un rincón, sedienta, hambrienta. Le ardían los ojos de tanto llorar.
¿Qué sentirás tu?
Miró al otro extremo de la estancia, un niño amarrado en una cama dormía, o al menos eso esperaba María... solo deseaba que estuviera vivo.
Un estruendo se escuchó en los pisos de arriba. Se hizo bolita tratando de protegerse, tenía miedo, estaba débil. Su pequeño cuerpo estaba lleno de golpes, sus rodillas estaban raspadas y su cabello lleno de sangre seca. Su vestido azul de conejos estaba sucio, roto y manchado de sangre y sudor. El lugar apestaba... y comenzó a llorar.

***
-¿A dónde vas?
Preguntaba Erika a su esposo.
-A terminar algo pendiente.
Manuel fue abrazado por su esposa. Poco sabía del pasado de su alma gemela y así lo había aceptado.
Jorge cargaba a Elisa y miraba a la feliz pareja, sentía envidia y a la vez asco. Mientras, la bebe jugaba con el cabello de su tío y reía; intentando llamar la atención de Jorge. Pero él no se atrevió a mirarla.
-Cuídate.
Dijo ella antes de cargar a su hija y después de abrazarlo fuertemente y regalarle un beso en la frente. Podía ser que esa fuera la última vez que lo viera.
-¿Traes todo?
Preguntó el mayor al menor mientras se alejaban de la casa.
-Eso y un poco más... acabemos con esa gorda.
Manuel miró de reojo a su hermano; no parecía un adolescente. Sabía, por experiencia, que los "castigos" de su madre eran el origen de su deplorable estado. Parecía un vándalo de 28 años, desnutrido y golpeado por la vida. En su mirada ya no había inocencia ni esa energía que tienen los chicos de su edad. Inexpertos casanovas que arriesgan todo por conseguir un beso o un gol en el partido de las cinco de la tarde...
-No vamos a matarla.
-Tu no, pero yo si.
Jorge daba miedo, su determinación asustaba y preocupaba.
-No dejaré que vayas a la cárcel.
-Después del infierno en esa casa, la cárcel no es nada.
Manuel cargaba con una cruz muy grande por el abandono de sus hermanos. Si tan solo hubiera regresado por ellos.
***
Karla era la madre de María; caminaba en círculos en la sala mientras su esposo fumaba en el comedor. Policías entraban y salían de la casa, hacían preguntas y se retiraban. Nadie sabía dónde estaba la niña.
La madre, destrozada, se hundió en el sofá y comenzó a llorar. Su esposo se levantó y caminó a ella.
-Hay que ser fuertes...
-¿Y ella? ¡Oh, Eduardo! Sabes que llora cuando se pierde en el supermercado al final del pasillo.
Eduardo abrazó a su esposa. Él era la cabeza de la familia, quien proveía de alimento, vestido, casa y protección a su familia... y había fallado.
La radio de uno de los policías transmitió un ruido muy raro, del aparato salían ruidos extraños y todo el cuerpo salió de la casa. Dejando a Karla preocupada y a Eduardo rompiéndose por dentro mientras mostraba una figura exigente, tenía que ser el soporte de su mujer.
***
-Aquí es...
Manuel miró la casa, tenía años que había escapado de ella. Pocos eran los recuerdos agradables en la misma. Una infancia donde su madre siempre lloraba y su padre solo llegaba para golpearla, insultarla y violarla. Por más que intentó animar a su mamá, ella lo maldecía o lo mandaba a su recamara. Lo castigaba por todo.
Sólo cuando salían a la calle, era amable con él.
El nacimiento de Jorge solo empeoró las cosas. Recuerda muy bien cómo ella intentaba arrancárselo con ganchos. Terminando en el hospital con la excusa de que se había caído en el sótano, en donde no había escombrado, el doctor sabía que no era así y sin embargo disimuló lo contrario... Manuel había alertado a las autoridades cuando vio a su madre sangrar, eso le costó una buena golpiza.
Ambos creían que Toño cambiaría las cosas, era más amable y reía más... cuando llegó la carta de papá, mamá cambió y jamás volvió a ser la misma. Su carácter y cuerpo cambiaron de manera drástica.

Tenía miedo... no quería entrar a esa casa que le traía tan malos recuerdos.
-Manuel... vamos.
Jorge lo miraba, tenía ya las pinzas en las manos y un pie por las escaleras de la entrada trasera...

irazu
Continuará...

lunes, 22 de agosto de 2011

Pucheros

-¡OTRA VEZ!
Melissa se sobaba la rodilla mientras escondía su rostro, cubriendo las lágrimas ocasionadas con la caída.
-Mírate nomas, así no puedes llegar a la fiesta.
Apretó sus puños, ella no quería asistir a esa tonta reunión, no quería usar un vestido con olanes, tampoco le agradaba el peinado estirado ni los zapatos nuevos que apretaban sus pies.
Melissa ignoró a Lily cuando se agachaba para ver cómo estaba.
-¿Te duele?
Lily había dejado de gritar y reprochar la torpeza de Melissa.
-Oh, vamos... Meli, no hagas pucheros, ya no eres una niña.
Secó sus lágrimas y miró a Lily; estaba ahí por ella, se vestía así por ella, usaba esos tontos zapatos por ella... y lo seguiría haciendo. Al menos por los siguientes 7 años.

Ahora los vestidos eran más escotados y los zapatos venían con tacones integrados.
A los 20 años seguía escondiéndose. Miraba a su amiga mientras tomaba café.
-Si el trabajo nos da el aumento, sería bueno rentar el apartamento.
Melissa asentía atontada, Lily quería independizarse. Trabajar, estudiar y pagar su propio departamento.
-¿Lo rentarías con alguien más?
Lily dejó su tercera taza vacía en la mesa.
-No lo se... económicamente sería de gran ayuda...

Era pequeño: cocina y comedor en uno solo, un pequeño recibidor y solo una recamara con un baño. Modesto, pero con un gran paisaje. Era el departamento localizado en el sexto piso y se tenía una vista panorámica del lado rústico de la ciudad.
-Aquí no caben dos personas, Lily...
Miró sus maletas y el sofá, sabía que aquello sería incómodo... aún dudaba por qué lo hacía.
-Es chico, pero acogedor.
La sonrisa de Lily le recordó las razones de su salida en casa. Renunciando a la comodidad de una mansión para vivir con ella en un diminuto departamento.
-Deja tus cosas, me abrumas.
La menor acomodó sus maletas cerca del televisor.
-¡¿Qué te pasa?! ¡Alguien se caerá si dejas ahí arrumbada tus cosas!
-¡¿En dónde planeas que las deje?!
-¡¿Qué no es obvio?!
Ambas alzaron la voz, se acercaban cada vez más, las voces eran chillantes y lastimaban. Melisa la calló con un beso... uno que Lily respondió.
-Tu dormirás conmigo...
Le dijo con el poco aire que le quedaba, Lily ansiaba ese momento.

Eran 7 años de estar pegada a ella tratando de esconderse, cayéndose a cada rato para que fuera a mimarla de mil y un maneras. De fingir que solo estaba a su lado por la gran amistad... y después de 7 años, resultó que no era la única que fingía...

irazu

viernes, 19 de agosto de 2011

María

Era tan solo una niña, una niña que sueña a ser grande, que cuando sea mayor será igual a su mamá. Que cuando crezca, conocerá a su futuro esposo y será igual a su padre. Porque no hay hombre mejor que su padre y ella solo tiene que estar con la excelencia.


María había encontrado el diario de su madre, lo llevaba en la mochila y se sentía toda una rebelde. No sabía que su mamá soñaba con casarse cuando era niña.
Nos parecemos tanto.
Se dijo a si misma. Caminaba a la casa de Toño.
Sabía donde vivía porque un día, jugando a los detectives (ella sola, claro); siguió a la "familia García" y supo dónde vivían.
Llevaba un huevito con un juguete dentro y unas gomitas de frutas. Las maestras decían que estaban enfermos.
Con esto se va a aliviar.
Pensaba inocente María.

Miró esa casa, enorme casa. El ático en lo alto parecía un único ojo que la vigilaba. Subió las escaleras para llegar al pórtico y tocar la puerta. 
Nadie.
Tocó de nuevo la puerta...
No se escuchaba nada...
Rendida, sintiéndose una detective sin talento, decidió irse.
La puerta se abrió...
-¿Toño?

Era una tarde soleada, la calle estaba vacía. Nadie se dio cuenta cuando la niña fue tragada por esa casa.

IRAZU

jueves, 18 de agosto de 2011

... recuerdo...

Tengo ganas de decir tantas cosas,
abrazo mi cuerpo y tiemblo una vez más...
No comprendo porque tanta indiferencia,
no siento el porque tanta hipocresía,
si la vida solo da un suspiro
¿Por qué tu regalas tormentas con sabor a algodón de azúcar?
Despierto y miro tu espalda,
respiro y siento que me haces falta,
te creo y caigo en la telaraña...
La luna sonríe descarada y se burla
con completo ímpetu... ¡ni siquiera entiendo esa palabra!
Me desapego de tu recuerdo,
me desoriento de mi rechazo,
le digo al olvido que borre tu nombre de mi mente
y si en mi sufrimiento vago existe una señal,
que el fuego la consuma y sea destruida...




**uzari**

miércoles, 17 de agosto de 2011

La hija de Manuel

Apenas tenía un año y estaba atenta de todo.

Papá había salido a sacar la basura. Era ya muy noche y acababan de terminar de cenar, Elisa reía con las caras graciosas que hacía mamá.
-Ya tardó...
Mamá no pudo evitarlo, estaba preocupada.
¿Cuánto tarda una persona al sacar la basura? ¿cinco minutos? diez a lo mucho... papá ya llevaba 20 y seguía afuera.
Pasaron un par de minutos más y papá entró con un joven detrás de él. Estaba muy flaco, unas ojeras terribles, pálido a pesar de que la piel era morena. Estaba sucio, asustado, parecía que había pasado horas llorando.
-¿Manuel?
Mamá miró a papá y luego al joven, estaba preocupada y asustada en cierta forma, abrazó a Elisa, dudando si retirarse.
Manuel fue directo a la cocina y sirvió un plato con comida, dejándolo en la mesa.
-No tenemos mucho, pero conociéndola, de seguro se traga toda la alacena.
El chico se sentó y tomo un bocado grande, parecía no haber comido en años. Manuel se acercó a su esposa y le dio un beso en la frente.
-Es mi hermano.
Susurró. Su mujer abrió los ojos y miró de nuevo al joven.
-Tienes familia...
Había dejado de comer y miró a los tres dueños de la casa. Se detuvo en la pequeña y siguió comiendo.
-Acuesta a Elisa, yo me quedaré con el.
Otro beso cálido de buenas noches y ambas mujeres salieron del cuadro.
Jorge temblaba.
-Se parece a ella...
Manuel se sentó frente a él y lo observó.
-Pero no lo es... le haces algo y juro que te mato.
El hermano menor desvío la mirada y luego miró a la ventana.
-¿Cómo lograste escapar?
-Igual como lo hiciste tu, hasta que esa maldita gorda se entretuvo con mi hermano menor.
Manuel se sentía culpable, la única manera en la que pudo huir fue cuando su madre se encargó de limpiarle los pecados a su hermano. Había prometido regresar para liberarlo, pero el tiempo pasó y nunca pudo regresar, no a esa casa que consideraba como un infierno.
-¿Toño? Pero creímos que jamás pasaría con él...
-Pues pasó...

Elisa dormía plácidamente en su cuna, mientras su tío, el cual acababa de conocer, y su padre, organizaban una misión de rescate.

**irazu**

domingo, 14 de agosto de 2011

Jorge

Sus pies corrían a pesar del dolor, en el costado de su abdomen, punzadas que atacaban a cada rato. El aire le faltaba y ardían los pulmones.
Un poco más, un poco más...
La angustia en sus ojos irritados a causa del aire que golpeaba cortante en sus ojos.
¿Dónde? ¿Dónde?
¡DEMONIOS!
¿DÓNDE ES?
Se detuvo al final de la calle para recuperar el aire, sostenido en sus rodillas que temblaban. No se atrevía a mirar atrás, no sabía cuanto había avanzado, cuanto se había alejado de casa.
Tenía miedo, solo pensar en su madre le ponía los pelos de punta.
No puedo detenerme.
Miro a su espalda, la calle a las 10 de la noche estaba desierta. No reconocía el barrio, siguió caminando. No por inercia, no por la necesidad de reconocer el lugar, solo por seguir adelante. Más al fondo, ya no había luces, solo alumbraba la luz de la luna. No podía ir atrás, estaba su casa; no podía quedarse ahí, ella lo encontraría... solo quedaba avanzar.
Hacía frío, hambre, estaba cansado. Lo peor de todo es que aún no podía sentirse libre. Le embargaba la culpa por haber dejado a Toño solo. Miró de nuevo atrás, nadie lo seguía.
Una puerta se abrió y salió un joven con una bolsa grande llena de basura. Se quedó mirando al chico a mitad de la calle.
Jorge miró al extraño hasta que logró reconocerlo. Corrió a él llorando, buscando un refugio que jamás encontró. Lloró como nunca antes lo había hecho.
Lloró por los golpes, por los abusos, por las caricias que no quería sentir, por el sudor ajeno y el aroma que se impregnaba en su cuerpo; ese olor a drenaje y aguas negras.

Continuará...
*irazu*

martes, 9 de agosto de 2011

Una margarita y mil fantasías.

Te regalo una margarita
símbolo de mi amistad.
Te regalo una sonrisa,
cariño, afecto, y demás.
Te regalo la lluvia que cayó esta mañana
y las lágrimas derramadas en mi almohada.
Te regalo mis estrellas
que me visitan cada noche.
Te regalo las persianas
que evitan la llegada de mirones.
Te regalo las piedras de río que recogí en el viaje,
las caídas y raspones que aparecieron en la noche.
Te regalo un mechón de cabello
y una promesa sin concluir.
Te regalo mi existencia,
ella vive solo para ti.

/i/r/a/z/u/

lunes, 8 de agosto de 2011

Entrevista de trabajo

Tenía ya mas de media hora sentada en la... ¿recepción?
Jugueteaba con los botones de mi saco, de vez en cuando volteaba a ver a los agentes haciendo su trabajo y otras a la puerta esperando reconocer al jefe. Siendo que en mi vida lo había visto.
Practicaba en mi cabeza diálogos tontos que al analizarlos no creí tenerlos nunca. Al menos no ese día.
Miraba a la gente teclear en sus aguantadores teclados, presionar botones y mover rápido el mouse. Viendo los catálogos y levantándose para recoger las facturas impresas. Miré el reloj, otros diez minutos.
Cabecee espantada, no podía dormirme en aquel lugar. Sonreí por los recuerdos.
Cuando era niña, era fácil dormirse en cualquier lado. Que en el coche, el camión, la sala de espera, la recepción, en las sillas apiladas de la fiesta. Pero ya no se podía.
El estómago rugió, me había pasado de mi hora habitual de la comida y sabía que esperaría aún más. Era una tortura cada que el olor a pollo agridulce salía de mi bolso. Alguien entró...
Era un cliente; comenzaba a desesperarme, quería quitarme la ropa formal, atascarme de comida, correr y quedarme dormida, ya no aguantaba.
La puerta se abrió de nuevo, eran tres chicas, una siguió directo a una oficina del fondo pidiendo que esperáramos y las otras dos se sentaron, cada una, a un costado mío. Las vi de reojo, el cabello estirado y pegado con gel, perfume suave, maquillaje perfecto. Una tenía cara de pescado, los labios sobresalían de modo que, cuando estaba de perfil, parecía el perfil de un pez. Solo le faltaban los ojos saltones.
Pasé mis dedos por mi cabello, estaba algo desordenado debido a las carreras; me sentí como un sapo en un lago con peces koi, tratando de camuflajearse entre los colores de la pared.
Se abrió la puerta de nuevo, había llegado la hora. Después de la espera, el sueño y el hambre, había llegado el momento. Fuí la primera en pasar.
Aquellos que han asistido a las entrevistas de trabajo, sabrán a lo que me refiero. Una pequeña descripción del lugar, el puesto, el sueldo, obligaciones, tiempo de la empresa... de pronto me di cuenta de que los temas que había tratado de organizar en mi cabeza para preguntar habían ya sido respondidos.
-¿Alguna pregunta?
Adormilada, hambrienta y confundida, respondí un ligero "No".
Estrechamos las manos y salí del lugar, caminando para encontrar la parada del camión, aturdida por el sol.
No soy buena con las entrevistas, ahora solo me queda esperar.

irazu**

martes, 2 de agosto de 2011

Extraña procedencia

Era jueves, ya casi no había nadie en el edificio. Iba a la enfermería y no tenía ganas de bajar por las escaleras. Así que tomé el elevador para la planta baja. Fue en el segundo piso donde subió ella. ¿Cómo podría describirla? Simpaticona, si, podría ser... algo tosca.
¿Cómo alguien tosco es simpático? ¡Bah! Que importa.
La cuestión aquí es que compartí dos niveles con ella. En un momento que desvíe mi mirada al suelo noté algo conocido. Sus pies.
Pero ¿de dónde? ¿el supermercado? ¿la cafetería? ¿las escaleras? ¿alguna otra ocasión en el elevador? Disimulé un poco para no hacerme notar e intenté visualizar su rostro: nariz chata, pómulos levantados, ojos pequeños. No, por más que lo intento, no la reconozco.
Miré de nuevo sus pies, haciendo memoria...
Retrocedí una semana en el tiempo, corría al baño a causa de un guisado de la cafetería. No sé en los baños de los hombres, pero en el de las mujeres es prácticamente imposible que ruidos "extraños" salgan a flote.
Corría rezando porque nadie estuviera en el baño, me encerré en un uno de ellos vigilando que nadie llegara y que la taza estuviera limpia.
Buscando la inspiración, justo cuando creí que podría liberar mi alma. La puerta se abrió y se escuchó el claro sonido de los tacones contra el suelo. Tantos nervios traía en mi ser que hasta deje de respirar esperando no ser detectada.
¡Necesitaba evacuar ya!
Mis pensamientos fueron interrumpidos por algo. Vino tan prematuramente que casi brinco del susto... silencio...
¿Sabrá que ando aquí escondida?
De nuevo salió ese algo, era un ruido que, justamente en el baño público de mujeres, no había oído. Parecía que aquello le hacía competencia a mi primo más grande después de comer el platillo sorpresa preparado por mi abuelita. Y eso es mucho decir.
-¡Que buena onda!- pensé.
Ya no me sentía tan apenada por si dejaba escapar algo.
Sin embargo, hubo un momento en el que ya había sido demasiado que ya no me atreví a salir. Dos minutos, tres minutos, cinco minutos y ninguna de las dos se movió. Hasta que al fin ella tomó la iniciativa. Esperé hasta escuchar la puerta principal y que aquellos tacones dejaran de escucharse.
No me atreví a mirarla, sólo esperé que las puertas del elevador se abrieran para salir corriendo agradeciendo haber llevado un calzado distinto al de aquel día.

irazu*

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...