viernes, 19 de agosto de 2011

María

Era tan solo una niña, una niña que sueña a ser grande, que cuando sea mayor será igual a su mamá. Que cuando crezca, conocerá a su futuro esposo y será igual a su padre. Porque no hay hombre mejor que su padre y ella solo tiene que estar con la excelencia.


María había encontrado el diario de su madre, lo llevaba en la mochila y se sentía toda una rebelde. No sabía que su mamá soñaba con casarse cuando era niña.
Nos parecemos tanto.
Se dijo a si misma. Caminaba a la casa de Toño.
Sabía donde vivía porque un día, jugando a los detectives (ella sola, claro); siguió a la "familia García" y supo dónde vivían.
Llevaba un huevito con un juguete dentro y unas gomitas de frutas. Las maestras decían que estaban enfermos.
Con esto se va a aliviar.
Pensaba inocente María.

Miró esa casa, enorme casa. El ático en lo alto parecía un único ojo que la vigilaba. Subió las escaleras para llegar al pórtico y tocar la puerta. 
Nadie.
Tocó de nuevo la puerta...
No se escuchaba nada...
Rendida, sintiéndose una detective sin talento, decidió irse.
La puerta se abrió...
-¿Toño?

Era una tarde soleada, la calle estaba vacía. Nadie se dio cuenta cuando la niña fue tragada por esa casa.

IRAZU

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