jueves, 27 de enero de 2011

Hoy si hay mermelada de fresa!!

Afuera hace un frío de la chingada, ni el sueter más caliente me logra abrigar bien... y ésto me pone de malas.
Después de varios intentos de destreza con los dedos congelados, logré introducir la llave en el cerrojo y entrar a la carrera mentando madres.
¿Quién diría que estas manos ahora permanecen rasposas y cortadas por el frío?
Maldigo en voz alta cuando lavo los trastes, sintiendo el ardor en mi piel cuando el jabón se introduce en las grietas de las misma.
Esta mañana se había acabado el gas y no hay dinero para pagarlo, así que pasaré otra temporada sin bañarme ¡están locos si creen que con este clima me baño con agua helada!
Después de tanto coraje, cansada, miré la sala; tan triste, tan solitaria, empolvada y sin vida, había dejado de ser la misma desde que mis plantas se quemaron; soy pésima cuidando plantas y animales, bien me lo dijo mi tío cuando el pez beta que me regaló no había durado ni una semana...
-¡Se supone que debías alimentarlo!
-¡Si lo hice!
-¿Qué le diste?
...
Mermelada... eso mató a Jackie... el pez beta, claro.
... Mermelada, extraño ese sabor dulzón de las fresas, untado en el pan tostado; desearía poder tener tan solo un poco de mermelada, pero cuando uno está apretado de gastos, no puede ni siquiera pensarlo. Relamí los labios esperando degustar ese sabor en mi boca ¿a quién engaño? Ni yo misma puedo sobrevivir de esta manera, debí haber escuchado a mi madre antes de largarme de la casa, pero no, una quiere independizarse y ahora debe sufrir las consecuencias de sus actos... ¿volver? ¡mi orgullo me lo impide! 
Lo último que verán de mí será entrar por la puerta que salí con la cabeza agachada, con la cola entre las patas ¡primero muerta! y muerta no puedo hacerlo...
El estómago reclama la comida de cada tarde, siempre puntual a pesar de decirle muchas veces que no hay alimento, que hay que aguantar un poco más a que llegue la quincena...
"Solo una semana, una semana más y ya podré salir de ésta, vamos, si se puede..."
Ni yo salí más convencida...
Si abro el refrigerador me deprimiré al ver la escena de siempre, vacío en su totalidad, pero ahí va una de terca.
...
...
Lo cierro...
...
...
Lo vuelvo a abrir...
...
...
¡Mermelada! ¡Ésto es un milagro! Puedo oír el cantar de los ángeles ¿estaré muerta? Agarro un pedazo de pan con algo de moho, la mermelada impedirá cualquier sabor raro, sabía que no debía tirarlo.
Una mordida basta, para sentir ese dulce que calienta el interior de mi cuerpo; el monstruo en mi barriga se aplaca y ronronea feliz ¡es delicioso!
...
Aunque ahora que lo pienso... prefiero la cajeta...


*Irazu...

domingo, 23 de enero de 2011

Lluvia*

Hoy de nuevo te busqué dentro de cada rincón extraño; desde los más naturales que nuestra pasión había decidido imitar hasta aquellos que jamás nos habíamos atrevido a probar.
Fortuna o desgracia, tu mirada solo queda congelada en las fotos que jamás te tomé y quedaron grabadas en mi ser.
No hay lágrimas ni gritos desesperados, esos se perdieron km atrás justo antes de que mi fe se diera por vencida; ahora los pies caminan sin dirección, solo por inercia...
...
Es cansado, cansado buscarte y no encontrarte, cansado escucharte y que no digas nada, cansado tratar de recordar del porque este maldito olvido.
El techo de la recamara es frío y duro, pensar que en un tiempo estaba plagado de estrellas; pero esa sensación ya no existe... murió para mi
...
Hoy vi tu rostro después de dos años, creí que era un juego de mi mente al mirar mi reflejo en el espejo, siempre fue así después de tu partida.
Pero hoy no, hoy tus ojos me miraban fijamente sorprendidos; corrí a ti y tu corriste de mi.
¿Por qué huyes? ¿Por qué no me enfrentas? ¿Por qué ni me das el tiro de gracia y dejas que todo acabe?
-Porque no lo deseo...
Entonces... ¿por qué te fuiste?
...
No se que es peor, tus palabras, tu silencio o tu mirada.
Solo quiero que me liberes de esta maldición.



*Irazu

jueves, 6 de enero de 2011

Irazu*

En el ático de aquella casona vieja me mira, me vigila.
Yo lo sé, lo siento con cada poro de mí ser, cada que camino frente ella, siento como su único ojo me sigue por la vereda. Captando cada movimiento, espiando cada paso que doy.
Aún recuerdo aquel evento de hace un año, recién me había mudado y tenía ganas de salir a “aventurarme”. No hay nada más excitante para un niño de 10 años que salir a jugar y descubrir que nuevo hay en el vecindario al que acaba de llegar, que diferencias hay con el antiguo hogar.
No es por presumir, pero mi antiguo hogar era más lindo, ahí en mi calle conocía a todos mis vecinos y no había alguno que se le olvidara saludarme cada que salía o cuando llegaba en bici a mi casa. Todo era tan tranquilo y hermoso hasta que mi papá decidió mudarse por conseguir un mejor trabajo.
Aún recuerdo ese primer día, yo había salido a jugar en busca de nuevos amigos, misión imposible, la calle estaba llena de viejos. El más joven, sin incluirme, era la señora Dolores, una vieja solterona de 37 años que vivía con su madre inválida. Todo parecía ser tan aburrido; solo esperaba que en la escuela no fuera igual.
Pero aún no era temporada de clases, apenas iniciaban las vacaciones, así que no había hecho ningún amigo. Mi padre no me podía llevar con él a su trabajo y yo tenía que quedarme en la casa viendo películas o alguna serie aburrida en la televisión a falta de cable ¡Ni la computadora estaba instalada a las 3 semanas de la mudanza!
Había decidido salir a ver cómo eran las calles, mi esperanza de encontrar algún chico en el vecindario aún permanecía latente en mí ser. Pero no, al salir no había más que sillas y perros viejos paseando. Era una tarde soleada e insoportable, aquel calor abrazaba tanto que la piel me picaba. Caminé unas cuantas cuadras y vi esa casona. Era grande, imponente y oscura. En lo alto se elevaba un pico y una ventana me observaba, ese pequeño ojo de aquel ático. Sentí un escalofrío, sabía bien que alguien estaba ahí.
¿Será un fantasma? ¿Un loco escondido? Muchas hipótesis rondaron mi cabeza.
-Ahí no vive más que un gato negro, esa casa está sola desde que recuerdo.
La vecina Dolores se había parado a un lado mío.
-Ese lugar está abandonado.
Hice una mueca, lo que menos quería era escuchar historias de una solterona, mi padre dice que pueden ser entretenidas, pero no son más que basura. Intenté apartarme y ella me sonrió.
-¿No gustas galletas?
Me encogí de hombros, estaba solo y aburrido ¿por qué no? Al fin y al cabo mi padre iba llegar hasta la cena y yo estaba hasta el tope de aburrimiento.
Miré por mi hombro aquella ventana, sintiendo su mirada sobre mí. Ya ha pasado un año, y sigo sintiendo esos pesados ojos negros.
¿Será aquel gato del cual me habló Dolores esa vez?




*Irazu...

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...