domingo, 19 de noviembre de 2017

Incubus


Quisiera decirte que todo va bien, que el sol me acaricia la piel todas las mañanas, que cada que el aire golpea mi ventana me incita a inhalar una buena bocanada de vida... me gustaría decirte que así me siento... me siento viva...

***

-... la piel se rasgo como papel cuando sus colmillos se enterraron en su cuello, bebió de ella hasta saciarse, hasta que la dejó seca...

La siguiente parada era la mía, por lo que no terminé de escuchar el relato que le contaba aquella joven a su hermana a dos asientos frente a mi; lo que seguía ahora era caminar cinco cuadras, realmente no importaba cuanto atrasara mi paso siempre llegaba puntual a la puerta metálica de la casa 20 de la calle Fulgores y seguía sin poder acostumbrarme al rápido latir de mi corazón cada que llegaba. A veces sentía que perdía el aire, la cabeza podría darme vueltas y aún así conseguía permanecer de pie... meto la llave a la cerradura y el sol se queda en la calle.

Desearía que el tiempo pausara por una pequeña fracción, un segundo que me permitiera sentirme aunque sea un poco segura para poder mirar las paredes que me rodeaban y poder admirar la trama del papel tapiz, el desgaste que había en las esquinas y la humedad que se acumula, incluso un segundo para poder sentir como el frío se apodera de mi cuerpo cada que llego a mi habitación después de hacer mis deberes... un segundo, solo pido un segundo.

El primer golpe lo sentí en la madrugada, no alcancé a ver la hora pero aquello había dejado de importar, sentí el polvo del suelo en mis brazos desnudos mientras me encogía en posición fetal esperando el siguiente agarre... por favor termina...

***

Conseguí escuchar a algunos de mis compañeros de trabajo quejarse por las guardias que acababan de ingresar en nuestros horarios seguido por la mala paga mientras preparaba un café cargado, podría esconderme en el pequeño rincón de la cocina toda la mañana, podrían sancionarme descontándome el día o incluso mandarme a casa, así que cargué la taza hasta mi oficina ignorando el reflejo de mis ojeras en el monitor.

¿Cuánto es lo más que puedo retener el reporte en mi lugar antes de que vengan a reclamarme? Podrían quedarme a trabajar hasta tarde...

A veces siento que vivo una broma cada que veo a las dos chicas que se sientan dos asientos frente a mi leer el mismo libro durante el trayecto a casa, siempre el mismo párrafo, siempre las mismas risas, siempre las mismas preguntas... ¿acaso ellos aman? Me aguanto las ganas de llorar y oculto mi rostro en la capucha del abrigo que llevo puesto, podría distraerme y pasarme de mi habitual parada...

Y otra vez estoy a tiempo frente a la puerta oxidada, sin importar cuanto lo atrase, sin importar cuando me desvíe, siempre llego puntual a esa vieja chapa que detesto tanto... meto la llave y giro el cerrojo entrando a la casa, dejando al sol en la calle.

¿Cuántas veces debo barrer el comedor antes de que el polvo se apodere de nuevo del suelo? Me detengo al ver el par de listones rojos en el suelo y es ahí donde me derrumbo, temblando de miedo y llorando de coraje, apretando los dientes y golpeando el suelo con los puños cerrados... todo había iniciado aquella noche en la que inocentemente corte el aire con aquellas tiras, sin saber que lo había invocado, que lo había llamado.

***

El primer golpe me dejó indefensa antes de sentir las garras en la garganta, dejándome sin aire, ahogándome en mi miedo; los colmillos desgarraron más allá de la piel, rompiendo las fantasías que surgieron tras las romántica idea de que ellos amaban; bebió de mi sangre de la forma mas violenta, dejando una nueva marca en mi cuerpo magullado, lastimando las heridas sin sanar... y tan solo espero que todo acabe, queriendo olvidar que mañana volveré a ser suya, que sin importar los rosarios que rece no conseguiré que se vaya, ya que se alimenta con lo poco que queda de mi alma... y aún así me mantengo de pie, sin aire, la cabeza dándome vueltas y con el pulso disparado.

iRazu*

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Petite morte


... es tocar las estrellas con las puntas de los dedos de los pies...

***

Recordó esa frase mientras el viento golpeaba su rostro, dejó escapar un suspiro cuando sintió que su mano era acariciada.

-Pronto llegaremos.

Sintió la humedad en el rostro y un sabor salado, relamió sus labios y olfateó la atmósfera, agudizó el oído tratando de capturarse una imagen con el resto de sus sentidos ya que una venda impedía que viera lo que había afuera de la ventana del vehículo.

Se recargó esperando llegar al destino, recordando aquella frase que escuchó por primera vez en segundo de secundaria, fingió ignorar la fascinación que le provocaba la simple idea de caminar entre los astros. Aquella tarde se miró frente al espejo desnuda, reconociendo su cuerpo que empezaba a cambiar, lo recorrió solo con el afán de validar si realmente lo que habían dicho sus compañeras era cierto y lo único que encontró fue una ligera sinfonía que le despegó los pies del suelo.

Durante 3 años esa fantasía se asomó en cada oportunidad que tenía, ella vio la manera de alcanzar el cielo estrellado pero solo consiguió alcanzar las nubes y para cuando perdió la cuenta de los intentos fallidos se conformó con la belleza de los atardeceres, incluso el ocaso, pero jamás alcanzó la noche.

Ahí estaba, quince años después viajando de copiloto con los ojos vendados, viajando a conocer el mar como regalo de aniversario.

Sintió un pequeño brinco en el corazón cuando escuchó que el motor se callaba, él le pidió que esperara y no se quitara la venda de los ojos, que fuera paciente. Tardó casi media hora bajo el sol quemándole sus piernas y el calor que la hacía escurrir el sudor por las sienes hasta que sintió que abrieron su puerta, se alarmó cuando sintió como le quitaba el calzado y las medias.

-Va a estar caliente, me dices si te molesta.

Asintió con la cabeza y pisó la arena, le caló pero no dijo nada, luego sintió como él la guiaba hacia el frente. Con cada paso la arena se volvía mas fresca, sintió los granos finos meterse entre sus dedos hasta que de un momento a otro, justo cuando él le soltó las manos, sintió la superficie dura y húmeda y, sin que se le diera tiempo, una ola fría cubrió hasta sus tobillos para después regresar y arrastras sus talones hacia al frente. Fue ahí cuando le descubrió los ojos, primero se encandiló con la luz del sol que se reflejaba en el mar y una vez acostumbrada pudo visualizar la belleza del mar por primera ocasión. Se dio cuenta de que había dejado de respirar cuando sintió el abrazo por su espalda, algo le estaba diciendo al oído, pero había dejado de escucharlo, en ella solo cabía toda la imagen perfecta del mar, se había llenado del paisaje, de los olores, de lo que su cuerpo sentía, solo escuchaba el romper de las olas... ya no había espacio para lo demás.

Aquella noche durmieron abrazados, o al menos él... porque ella no dejaba de pensar en aquella fotografía bajo el sol y ansiaba observarla bajo la luz de la luna. Se desató del amarre y salió a la playa. En esta ocasión la arena era fría y el viento era fresco. Había un aroma mezclado a madrugada y sal.

Miró al cielo, completamente espolvoreado, miró al fondo del mar y se sintió atraída, sintió como el agua helada chocaba contra la planta de los pies y se sumergía mientras seguía caminando hacía adelante, miró hacía abajo y observo la espuma chocar con sus pantorrillas...

Dejó de estar de pie... el suelo dejó de existir... ella se dio cuenta de que al fin había alcanzado las estrellas con las puntas de los dedos de los pies... y sintió la magia de la que tanto hablaban.



iRazu*

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...