... es tocar las estrellas con las puntas de los dedos de los pies...
***
Recordó esa frase mientras el viento golpeaba su rostro, dejó escapar un suspiro cuando sintió que su mano era acariciada.
-Pronto llegaremos.
Sintió la humedad en el rostro y un sabor salado, relamió sus labios y olfateó la atmósfera, agudizó el oído tratando de capturarse una imagen con el resto de sus sentidos ya que una venda impedía que viera lo que había afuera de la ventana del vehículo.
Se recargó esperando llegar al destino, recordando aquella frase que escuchó por primera vez en segundo de secundaria, fingió ignorar la fascinación que le provocaba la simple idea de caminar entre los astros. Aquella tarde se miró frente al espejo desnuda, reconociendo su cuerpo que empezaba a cambiar, lo recorrió solo con el afán de validar si realmente lo que habían dicho sus compañeras era cierto y lo único que encontró fue una ligera sinfonía que le despegó los pies del suelo.
Durante 3 años esa fantasía se asomó en cada oportunidad que tenía, ella vio la manera de alcanzar el cielo estrellado pero solo consiguió alcanzar las nubes y para cuando perdió la cuenta de los intentos fallidos se conformó con la belleza de los atardeceres, incluso el ocaso, pero jamás alcanzó la noche.
Ahí estaba, quince años después viajando de copiloto con los ojos vendados, viajando a conocer el mar como regalo de aniversario.
Sintió un pequeño brinco en el corazón cuando escuchó que el motor se callaba, él le pidió que esperara y no se quitara la venda de los ojos, que fuera paciente. Tardó casi media hora bajo el sol quemándole sus piernas y el calor que la hacía escurrir el sudor por las sienes hasta que sintió que abrieron su puerta, se alarmó cuando sintió como le quitaba el calzado y las medias.
-Va a estar caliente, me dices si te molesta.
Asintió con la cabeza y pisó la arena, le caló pero no dijo nada, luego sintió como él la guiaba hacia el frente. Con cada paso la arena se volvía mas fresca, sintió los granos finos meterse entre sus dedos hasta que de un momento a otro, justo cuando él le soltó las manos, sintió la superficie dura y húmeda y, sin que se le diera tiempo, una ola fría cubrió hasta sus tobillos para después regresar y arrastras sus talones hacia al frente. Fue ahí cuando le descubrió los ojos, primero se encandiló con la luz del sol que se reflejaba en el mar y una vez acostumbrada pudo visualizar la belleza del mar por primera ocasión. Se dio cuenta de que había dejado de respirar cuando sintió el abrazo por su espalda, algo le estaba diciendo al oído, pero había dejado de escucharlo, en ella solo cabía toda la imagen perfecta del mar, se había llenado del paisaje, de los olores, de lo que su cuerpo sentía, solo escuchaba el romper de las olas... ya no había espacio para lo demás.
Aquella noche durmieron abrazados, o al menos él... porque ella no dejaba de pensar en aquella fotografía bajo el sol y ansiaba observarla bajo la luz de la luna. Se desató del amarre y salió a la playa. En esta ocasión la arena era fría y el viento era fresco. Había un aroma mezclado a madrugada y sal.
Miró al cielo, completamente espolvoreado, miró al fondo del mar y se sintió atraída, sintió como el agua helada chocaba contra la planta de los pies y se sumergía mientras seguía caminando hacía adelante, miró hacía abajo y observo la espuma chocar con sus pantorrillas...
Dejó de estar de pie... el suelo dejó de existir... ella se dio cuenta de que al fin había alcanzado las estrellas con las puntas de los dedos de los pies... y sintió la magia de la que tanto hablaban.
-Va a estar caliente, me dices si te molesta.
Asintió con la cabeza y pisó la arena, le caló pero no dijo nada, luego sintió como él la guiaba hacia el frente. Con cada paso la arena se volvía mas fresca, sintió los granos finos meterse entre sus dedos hasta que de un momento a otro, justo cuando él le soltó las manos, sintió la superficie dura y húmeda y, sin que se le diera tiempo, una ola fría cubrió hasta sus tobillos para después regresar y arrastras sus talones hacia al frente. Fue ahí cuando le descubrió los ojos, primero se encandiló con la luz del sol que se reflejaba en el mar y una vez acostumbrada pudo visualizar la belleza del mar por primera ocasión. Se dio cuenta de que había dejado de respirar cuando sintió el abrazo por su espalda, algo le estaba diciendo al oído, pero había dejado de escucharlo, en ella solo cabía toda la imagen perfecta del mar, se había llenado del paisaje, de los olores, de lo que su cuerpo sentía, solo escuchaba el romper de las olas... ya no había espacio para lo demás.
Aquella noche durmieron abrazados, o al menos él... porque ella no dejaba de pensar en aquella fotografía bajo el sol y ansiaba observarla bajo la luz de la luna. Se desató del amarre y salió a la playa. En esta ocasión la arena era fría y el viento era fresco. Había un aroma mezclado a madrugada y sal.
Miró al cielo, completamente espolvoreado, miró al fondo del mar y se sintió atraída, sintió como el agua helada chocaba contra la planta de los pies y se sumergía mientras seguía caminando hacía adelante, miró hacía abajo y observo la espuma chocar con sus pantorrillas...
Dejó de estar de pie... el suelo dejó de existir... ella se dio cuenta de que al fin había alcanzado las estrellas con las puntas de los dedos de los pies... y sintió la magia de la que tanto hablaban.
iRazu*
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