¿Y si solo basta con cerrar los ojos y dejarse caer al vacío?
¿Será de verdad que es tan sencillo?
***
El atardecer estaba llegando a su fin y mientras el sol se ocultaba tras el horizonte ella dejó que el último suspiro que habitaba en su pecho fuera libre, conforme llegaba la oscuridad también se hacía presente el vacío en su pecho; aquel ritual se había vuelto una costumbre, pero no importaba cuantas veces lo viviera, cuantos años había estado en dicha condición, ese vacío siempre le despertaba el mismo sentimiento: soledad, tristeza, melancolía, angustia. Conocía bien aquella rutina, conocía muy bien aquella sensación y aún así cada que el sol fallecía era como si lo viviera por primera vez.
Solo cuando el cielo se oculta en la penumbra salen las estrellas, espolvoreando el manto, solo aquellos destellos hacen que ella recupere el aliento nuevamente. Todas las noches hace lo mismo, se seca las lágrimas con la manga de la sudadera que trae puesta y mira hacia arriba, muda, sin poder articular las preguntas que resguarda en su alma.
Más sal sale de sus ojos mientras un nuevo aire helado invade sus pulmones, nuevamente mira alrededor y se abraza, es momento de volver a casa sola sin alguien que sostenga su mano o abra paso en la senda donde ya creció la maleza... a veces se pregunta nuevamente el sentido de su camino hasta que llega a casa, ese pequeño rincón situado en la falda de la montaña, el calor del fuego la recibe una vez abriendo la puerta, aquel fuego que proyecta la sobra de los muebles inerte en las paredes de madera.
"Estoy en casa" se repite al momento en que atraviesa el portal, ese aroma a roble y a humedad se hace presente y mientras se acomoda en el sofá viejo se escucha como saltan las brasas. No hay respuesta más que el viento de afuera.
Ve danzar las llamas para recordar que esta ahí por un propósito más grande que ella, por la promesa de guardar aquel santuario que da paso a las almas a otro lugar, que había aceptado el precio del dolor que en su ser causaba, porque aquel propósito era mucho más grande que cualquier sentencia... pero a más de veinte mil eternidades en dicho juego a veces le hacía olvidar qué hacía ahí.
iRazu*
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