La plegaria se elevó en el aire, sin forma que la distinguiera, mezclándose en el polvo estelar. Un cometa que estuvo a punto de atropellarla ni se percató de su existencia, vago oxígeno que corría el peligro de ser inhalado por el ser incorrecto.
Temía no llegar a su destino, perder la fuerza que hasta ese momento la había mandado lejos pero no era momento de dudar, desde que la flama se encendió sintió el amor y la dicha con la que fue invocada y recordó los sentimientos previos antes de encender la mecha: temor y duda, sentimientos que fueron eliminados en cuanto el fuego se hizo presente y un alivio y esperanza invadió el pecho del dueño de aquel rezo.
Se elevó en lo más alto motivada por la determinación de su dueño que, a pesar de sentirse vacilante, fue constante, ese mismo deseo fue el que la llevó lejos hasta llegar a la Fuente, solo ahí se dio cuenta del daño en su no cuerpo, había sido violentada con desprecio, negada en cada momento, torturada ante la falta compasión. Estaba cansada y agotada, suspiró tranquila pues solo ahí, en la meta, entendió la existencia de los intentos de frenarla, aquellos que habían sido en vano.
Sintió paz al recibir el abrazo de la Fuente y tranquilidad al ser recibida, ahora la mitad del camino había sido realizado.
Se elevó en lo más alto motivada por la determinación de su dueño que, a pesar de sentirse vacilante, fue constante, ese mismo deseo fue el que la llevó lejos hasta llegar a la Fuente, solo ahí se dio cuenta del daño en su no cuerpo, había sido violentada con desprecio, negada en cada momento, torturada ante la falta compasión. Estaba cansada y agotada, suspiró tranquila pues solo ahí, en la meta, entendió la existencia de los intentos de frenarla, aquellos que habían sido en vano.
Sintió paz al recibir el abrazo de la Fuente y tranquilidad al ser recibida, ahora la mitad del camino había sido realizado.
iRazu*