domingo, 30 de diciembre de 2012

Memorias


Miraba el mar, como se rompían las olas de una forma tan silenciosa que asustaba... quería recordarlo tal cual lo observaba aquella tarde, como los hilos de sol se hundían dejando rastro en la sal de la superficie... sintió miedo por no contar con algún objeto que grabara aquel momento más que su memoria; frágil bastarda que, bien ella sabía, no duraría
***

Aquella mañana inició como toda rutina, un despertador ruidoso, esas pocas ganas de levantarse y los rayos del sol golpeando su rostro...

<<Levántate>>
decían...

Era una mañana como cualquier otra de un día de descanso, un domingo sagrado que urgía la pijama y el sudor de la noche anterior. Leía el periódico sin prestar atención mientras mordía su pan tostado. Había olvidado prender la radio, había olvidado cargar las pilas del despertador, olvidó alimentar a los peces; solo estaba ella, mordiendo una rancia tostada, leyendo noticias del mes anterior, porque había olvidado tirarlo a la basura.

-¿Qué día es hoy?

Se preguntaba en voz alta mientras se cepillaba frente al espejo.

El reloj marcaba las horas, los minutos se escondían en el drenaje y los segundos jugaban con sus arrugas.

-Mañana es el cumpleaños de Damian, hay que comprarle un regalo...

Se decía ella sola, mientras lavaba los trastes.

La noche calló como llegó el amanecer, el despertador no se preparó para el siguiente día: olvidó prenderlo. La caja de cereal seguiría humedeciéndose: olvidó meterla en su estate. Las cobijas seguirían oliendo a polvo y su almohada sería la única que recordaría que Damian cumplió años hace cuatro meses, que la guerra fría ya había terminado, que el polvo de la sala seguiría acumulándose, que en la pecera sólo hay cadáveres, que ella estaba sola y seguirá olvidando, así como las olas se rompen al llegar a tierra, pero desaparecen después de un rato...

iRazu*

lunes, 17 de diciembre de 2012

Filo...

¿Cómo explicarte que dentro de mi hay un monstruo?
Uno que desea tu sufrir, que anhela hacerte daño, que solo espera verte llorar.
¿Cómo contarte de la existencia de este pequeño demonio, con garras afiladas y dientes inundados en veneno, mirada asesina, con púas en lugar de poros?
Si no crees en su existencia, dudas de su ser... y eso es lo que más la alimenta, a la bestia que solo busca pretextos para lastimarte...

***

-No puedes dejar que te domine por completo.

Ahí estaba mi única amiga, la única persona que sabía de mi secreto, aquella que, tal vez no siempre está ahí, pero lo está en los momentos más oportunos. Tenía miedo, necesitaba un abrazo, pero ella mantenía la distancia... <<no le gustan>>, tuve que repetirme en mis adentros.

-Me siento tan sola...

-Lo sé...

Apreté la mandíbula e intenté respirar hondo, ignorando la sangre en mis dedos.

-Debemos irnos antes de que alguien venga.

Asentí con la cabeza y huimos de aquella escena; corríamos mientras sentía como se introducía el aire helado de la madrugada, cortando mis entrañas, así como la pequeña bestia que habita dentro de mi. No puedo hacer nada, no puedo deshacerme de ella... así como ella ha herido a otros, me ha protegido... estoy en deuda con ella.

iRazu*

domingo, 25 de noviembre de 2012

Pequeña...

Era la pequeña la que te quería, la que le fascinaba escuchar tus tiernas palabras, el diminuto demonio cursi que se alegraba por cualquier tontería, pero que también sufría por distancias largas.

Tal vez puedas identificarla porque su tono de voz cambia, es pequeña, tierna, un caramelo andante. Y es lo que más me fastidia ¿sabes? Ese descaro suyo de correr y abrazar a otros decirte que te extraña, que a veces quisiera que las cosas volvieran a ser como antes, pero sin algunos factores, regresar a un ritmo pero que es incompleto, incomprensible deseo de antaño, pequeño demonio que se acurruca en tus brazos.

Tal vez la conoces demasiado bien que no te das cuenta cuando duerme, que no reconoces exactamente cuando te habla, porque están tan bien fusionadas, las ninfas que habitan en dicho bosque.

Encerrarla no es sencillo, no se puede, es inaudito, es una pequeña princesa que camina danzando, dando brinquitos, moviendo los olanes de su vestido, con sus zapatos lustraditos, su cabello corto y esponjado, va caminado sin fijarse en los miedos que arrebatan su alma, dándose cuenta demasiado tarde, una vez que ya fue curiosa, el demonio se la traga.

Y cuando sale, vuelve a danzar, como si nada le importara, pequeño demonio que solo canta por las mañanas. 

martes, 20 de noviembre de 2012

insomnio

Descontrolada, ansiosa, y sigo preguntándome por qué carajos se invento la noche. Si el sueño nomas no quiere darse un revolcón conmigo. Las 10, las 12, las 4 de la mañana y sigo sin pegar un ojo, y aún la descarada me pregunta si conseguí dormir.

Y es que no puedo negarlo, tener de vecina a una joven llena de hormonas volando por el aire y paredes que parecen estar hechas de papel provocan que no pueda controlar el sueño.

Todo inicia a las 9, ya que insistes en ir a acostarte temprano, yo no acostumbraba a hacerlo, pero el mes pasado pesqué un refriado que me tumbó por completo. Pero ahí no acaba el cuento.

No pude, lo confieso, creer lo que escuchaban mis castos oídos -di lo que quieras, soy yo quien cuenta la historia y yo defino mi santa pureza-; era como si suspiraras a lado mío, pero intenté ignorarlo. Así que se imaginarán mi sorpresa por haberla soñado, sintiendo que yo era quien provocaba dichos gemidos, que generaba ese ahogo y necesidad de un aire que no existe en el ambiente.

No podía bañarme con agua fría, moriría si lo hacía, pero no había remedio.

Las siguientes noches fueron peores, no sólo fue en sueños, era real, no pude pegar el ojo en todas aquellas horas, mis ojeras al día siguiente me delataron, el café no me daba ni una milésima de ayuda de lo que quise.  Mi tormento había comenzado.

Era extraño, bien podría acostarme tarde, jugando la consola un par de horas hasta que llegara el sueño, pero en su lugar iba a mi recamara, a las 9 puntual. A escuchar esos suspiros tuyos, a imaginar como juegas al titiritero, creer que muerdes la almohada para evitar gritar.

Y así como todas las noches me preparo para escucharte, todas las mañanas evito mirarte cuando nos cruzamos por el pasillo; fantaseando en que alguna noche juegues conmigo.


iRazu*

viernes, 2 de noviembre de 2012

Naturaleza muerta

Negar tu propia naturaleza genera conflictos, pero qué ocurre cuando la negación de la misma es provocada y no una elección cotidiana cómo decidir qué desayunar o que ruta tomar para caminar.


****

Cuando me hablaron de ello, reí, con unas ansias, fingiendo agrado, más no era así. Reía porque no encontraba explicación alguna, decir cómo soy, qué era lo que forma parte de mi, quién soy... decir que por cuestiones biológicas, o cuestiones fuera de mi alcance, fui diseñada de cierta manera, con cierta naturaleza que yo misma he negado desde que tengo memoria... bueno, no tan así.

"Necesitas de la aprobación de otros, de su cariño, de su tacto, eso es lo que te llena de energía"

Y eso sin mencionar todo a detalle, aún hay cosas que no entiendo ni cómo llegue a estar ahí. Pensé que yo puedo combatir mi forma de ser, cambiarlo, volverme fría, no apegarme, alejarme, no importarme los demás; y luego llega esa frasecita...

"Estás negando tu naturaleza"

¿Cómo te atreves a echármelo en cara? Si tú indiferencia, tú negación, tú forma de alejarte fue lo que inició todo... el conflicto, el conflicto... siempre hablas de curar el conflicto, lavándote las manos, diciendo que yo me encargue de mis rollos, que tu no tienes ya culpa, que nada tienes que ver en mi ahora búsqueda de mi perdón y mi forma de llegar a mi propia naturaleza...

¡Cómo carajos se te ocurre decir algo así! Confesar tu crimen, mostrarme el arma con la que lo cometiste y decir que limpie ese estúpido desorden... no entiendo, por qué... pudiendo haber evitado tantas lágrimas escondidas, tantas dudas, tantas confusiones, búsquedas sin éxito... ¿por qué hasta ahora? ¿por qué no me das la opción de reclamártelo? ¿por qué no simplemente me dejas ser?

No quiero ni imaginar lo que pudo haber pasado hace unos años, cuando entendí que el tiempo y la distancia deformaban todo, que no hay que esperar nada de nadie, no pedir más abrazos, no pedir cariño, no pedir más sentimientos, conformarse con tan solo unas palmadas en la espalda cuando lo que deseo es algo más cálido... y ahora resulta que lo que hago para protegerme me hace daño, me aleja de mi fuente de energía, con lo que me alimento... ¡Pero si lo que me alimenta me hace más daño! Una causa pérdida...

¿Qué hacer cuando mi escudo se desmorona por una jodida naturaleza?
¿Qué hacer?


jueves, 25 de octubre de 2012

ansias...

Intento escribir, un noche más, pero las palabras se quedan atascadas en mis dedos, no puedo hacerlo... no entiendo, qué rayos sucede conmigo... ¿alguien podría decírmelo?

Primero pensé que tal vez era el estrés, he tenido períodos peores. Otras veces creía que era la falta de depresión, pero hasta las que llegan son insípidas... las asías hierven debajo de mi piel, ¿es eso acaso? La falta de emoción, de aventuras, de conflicto...

Saber mi naturaleza "querer" seguirla pero a su vez ignorarla, la monotonía, el trabajo, los estudios, la madurez... ¿es eso?

****

Grito, grito por mí, grito por ti  por el vecino que mató a la anciana para que dejara de estar sola, por el perro que me ataca cada noche, por la camioneta que esconde el cadáver de los sueños de los niños perdidos, por Peter Pan y Campanita que se volvieron objetos del consumismo, por mi Alicia que no regreso del agujero, por la serpiente que fue ignorada, por Eva que soñaba cada noche con Lilith, por Rapunzel, por el gato negro en el recibidor, por el temblor dentro de un armario, por la tormenta sin nombre...

Lloro por el canto de la lechuza en la madrugada mientras los espectros me arañan la espalda, por esos miedos de niña escondidos debajo de las cobijas, por la almohada hecha una roca... por esas mañas que ya no existen aquí, dentro de mí, fuera de ti, por la distancia, por el tiempo, por la sincronía, por esa puta manía arrabalera que desperdicia a un cliente en la entrada del burdel para escapar con un magnate imaginario...

Dejo de soñar a causa de ti, a causa de mi...

Alguien córteme la yugular para ver si así pudo descansar...

lunes, 22 de octubre de 2012

Tan solo es una tonteria

No se ustedes muchachos, pero la verdad odio cuando no puedo escribir ni una pizca de sinceridad... de esas veces en las que quieres gritarle al mundo y te das cuenta de que tu grito es una reverenda tontería. Así me he sentido a veces, no se chicos, no sé...

Miraba el espejo, les confieso, preguntándome a veces por qué me tocó vivir así. Mi padre, sabiamente, me dijo que los bebes antes de nacer eligen a su familia... ¿qué quería probar al hacerlo?

Probablemente que no era lo suficientemente feliz como para fingir una sonrisa, pero tampoco lo suficientemente miserable para exigir algo mejor... o quizá un intento desesperado de buscar algo que se fue pudriendo con el paso del tiempo.

Como he dicho antes, miro mis problemas, luego salen los de los demás, me siento pequeña, a veces hasta tonta porque mis traumas, a comparación de otros, no son nada. Escucho las maldiciones que han tenido generaciones pasadas, miro las de ahora, miro y observo cada vez que la luz del semáforo se pone en verde y me doy cuenta de que no vale la pena quejarse.

...
...
...

¡Basta! Merezco alzar la voz.

¿Quién dijo que lo que yo siento es insignificante? ¿A quién se le ocurrió que mis sentimientos estaban por debajo de los demás? Si tengo miedo en la madrugada de girarme por los extraños ruidos en mi recamara, exijo poder gritar de desesperación. Estoy cansada de que mi voz se apague y no salga ni un grito pidiendo ayuda, estoy cansada de sonreír en el rincón fingiendo que la vista de la espalda de mi compañero no me incomoda, cansada de escuchar tus historias que hablan de mi miseria y de que no hiciste nada para ayudarme cuando estaba indefensa, cansada de agotarme por querer un abrazo y estar tan jodida que no hay nadie cerca.

Creo todos hemos pasado por ello, de esas veces en las que ni el viento nos aguanta, o tal vez es mi forma de consolarme, pensando que no estoy sola en un sentimiento... porque si fuera así... no sabría, no sabría ni que decirles...

Perdónenme chicos...

lunes, 24 de septiembre de 2012

Agujero

Supongo que era de esperarse, no había marcha atrás, no después de tantas repeticiones. Alegra dejó resbalar su cuerpo apoyando su espalda contra la puerta de entrada, pasaban ya las once de la noche y estaba agotada más emocional que físicamente. Enterró sus uñas en la piel de sus piernas y apretó la mandíbula,  no iba a dejar que la escuchara gritar; sabía que estaba afuera, no sabía a que distancia, pero no iba a arriesgarse.

***

Afuera, las calles estaban solitarias, solo una figura alta caminaba entre esquinas apenas alumbradas, perdida en sus pensamientos, no entendía lo que sucedía, prefería no preguntar y no tocar temas como los de hace un par de horas, no quería involucrarse en conflictos que ella misma nombraba "sin sentido". Y ahora se preguntaba cómo había sido posible haber llegado a donde se encontraba, en un espiral de confusiones, gritos, sentimientos encontrados, dolor y esperanza al mismo tiempo.

Sus tacones dejaron de sonar entre los callejones, un hueco se formaba en su estómago... dolía.

***

Jamás entendió porque los clichés decían que al estar deprimidos se tenía que comer un bote de helado, viendo dramas baratos en la televisión e inundando la sala de pañuelos. Alegra siempre prefirió comer un cono de fresa mientras descansaba en el parque, recargada en su árbol...

"... nuestro árbol"

Sacó su celular, no tenía mensaje alguno, no había llamadas perdidas, no había señal de ella... ¿en dónde se había metido?

***

Lamió su cuello y sintió como se elevaba su ego al escuchar como la respiración de su acompañante se cortaba, deslizó sus delgados dedos por el vientre de su amante y sintió como un escalofrío recorría su espalda. Le excitaba de sobremanera ver como ella gozaba... sólo tenía que decir su nombre para que el hechizo se rompiera.

***

Cuatro semanas habían pasado, y el celular seguía intacto, Alegra había dejado de llorar, de sentir ese vacío, o al menos ya lo dominaba, o lo había ignorado tanto y se había acostumbrado, que formaba parte de sus sonrisas matutinas.

Aquella mañana la recordaría para siempre, sería otro tatuaje en su espalda, era diez de noviembre, el frío se colaba entre las costuras de su ropa; se había perdido y caminaba en círculos. Había pasado ya ocho veces enfrente de aquel callejón, siempre sentía una ráfaga espeluznante recorrer sus piernas; tantas veces había pasado que se detuvo a observarlo; estaba oscuro a pesar de ser medio día y un zapato negro de tacón alto estaba tirado a medio camino; se le hizo familiar y no dudó en acercarse para tomarlo.

El callejón se iluminó un poco más y una media negra y rota cubría una pierna fina y delgada... Alegra la conocía, podía identificar esos delicados pies aún si estuvieran llenos de fango; se acercó y vio ese cuerpo frágil tirado en el suelo, lleno de hollín. La enderezó y tocó sus mejillas frías, las cuales se calentaban poco a poco con sus lágrimas.

***

La empujó contra la pared, no de manera pasional, si no en son de reclamo; cerraba sus puños sobre sus hombros, la estaba lastimando; ignoró sus lágrimas y le pidió que se largara. Solo era un juego entre las dos, un juego tonto en el que solo buscaba diversión.

¿Pero de qué servía el juego si le provocaba todas esas emociones? Aquella noche ella caminaba por las calles solitarias de la ciudad, adivinado el berrinche de su pequeño capricho, de seguro estaría aún en el umbral de su casa, arrinconada en la oscuridad, lamentando haberla conocido.

Una punzada en el estómago interrumpió sus pensamientos, una sensación extraña recorría desde su pecho hasta debajo del vientre, no era agradable. Retiró la tela de su abrigo y pudo verlo, pudo sentirlo, un remolino que comía sus entrañas, arrebatándole el alma. Era aquel hechizo, era demasiado tarde.

***

Alegra abrazó el tieso cuerpo de la joven, llorando y sintiendo como un agujero se acomodaba en su ombligo, haciéndose más grande, lloraba implorando su nombre, el que nunca dijo cuando la tenía cerca, aquel que no se atrevió a mencionar cuando se volvían una... su eterna extraña no podía regresar a la vida; el hechizo la había derrotado, ya no había cura, era demasiado tarde y ahora Alegra sufriría la misma tragedia.



iRazu*

miércoles, 29 de agosto de 2012

Escape

Pedro se aferraba a las orillas de la su cama, sentía la brisa nocturna soplar su rostro, estaba feliz; viajaba de regreso a casa, con su madre, regresaría a su recamara, a sus juguetes, al armario en el que jugaba a  las escondidillas siempre que llegaba de clases con nuevos moretones en las rodillas a causa de los niños que lo molestaban, todo iba perfecto.

Abajo, los tejados parecían ser de casas de muñecas; y los coches pequeños, carros de carrera, pronto estaría de regreso en casa, todo salía acorde al plan: abrazar las patas de su cama, ver como llegaba volando a su recamara, aferrarse al colchón sin importar lo que sucediera y, cuando su cama volara de regreso a casa, él se iría con ella. Estaba muy feliz.

Los ladridos de unos perros interrumpieron sus pensamientos, Pedro se asomó y no consiguió ver nada en la penumbra; el cielo se iluminó a sus espaldas y el trueno no tardó en hacerse presente. Gotas gruesas comenzaron a golpear su cuerpo y el niño solo pudo hundir su rostro en la almohada y apretar los ojos; los truenos sonaban cada vez más fuerte y la cama perdía el control, como un barquito de papel en medio de una tormenta.

Pedro comenzó a llorar de miedo, una ráfaga de viento volteo el colchón y el niño no consiguió sostenerse bien de las sábanas, perdiéndose en el vacío.

¡No podía caer ahí! En medio de la nada, en un lugar que no conocía, Pedro se perdería buscando el rumbo a la casa de mamá o hasta la calle de ancianos en donde se ubicaba la casa en la que apenas se había mudado con su padre, tenía miedo, miedo al no saber donde se encontraba, a no ver a su mamá otra vez, a no tener con él las patas de su cama para que fuera a rescatarlo, tenía frío, estaba mojado, y la sensación desagradable de que le quitaran el estomago mientras caía le provocaba ganas de vomitar.

Sintió el duro suelo, grito, su cuerpo saltó separándose de la alfombra empapada. Pedro abrió los ojos, estaba oscuro, alzó la mano y chocó con madera, la movió y se sumergió en algo suave; estaba debajo de la cama de aquella recamara que le daba escalofríos, rodó para salir y pudo ver que estaba amaneciendo; un olor desagradable y familiar le molestó y se dio cuenta de que necesitaba un baño.

Suspiró, esa noche la misión había fallado, seguiría atrapado en aquella celda por un buen rato.

iRazu*

domingo, 12 de agosto de 2012

Fiebre


Afuera relampagueaba, el cielo se iluminaba dejando ciego con su blanco resplandor y llovía como si fuera el último día de la humanidad; no importaban sus intentos de ignorar la tormenta, la cobija de Pedro no era lo suficientemente gruesa como para apagar el ruido o la luz; tenía miedo, extrañaba a su mamá, odiaba aquel lugar, aquel cuarto, la calle llena de ancianos, la nueva escuela que aún no conocía.

El sabía, como en su anterior colegio, que terminaría siendo el blanco de burlas y chistes, trabajos perdidos, cosas rotas a mitad del patio, algo de él le gritaba a gritos que sería igual.

El cielo se iluminó de nuevo, el lanzó un grito y comenzó a llorar; no importaba cuanto se quejara, sabía que su padre no iría a calmarlo, a darle protección.

¿Dónde está mamá?

Un recuerdo vino a su mente, salió corriendo de la cama, buscando en la oscuridad de su habitación ya que su padre no quería pagar más por la luz, así que no había la pequeña lamparita que iluminaba su campo de batalla, alejando a todo monstruo que quisiera salir debajo de la cama. Pedro alcanzó su vieja maleta y consiguió sacar una pata de su antigua cama, otro relámpago  estaba muy lejos de la cama nueva y cayó al suelo, el hechizo debía de funcionar ahí. Cerró los ojos y abrazó el pedazo de madera contra su pecho hasta enterrar las las astillas en su piel, rezando, pidiendo, llorando, implorando que sus plegarias se escucharan.

Tardó un par de minutos, tuvo que derramar unos tres litros de lágrimas y sudor por el miedo, hasta que las ventanas se abrieron de par en par, un colchón y su base se acomodaron debajo del cuerpo de Pedro, el cual levitaba para poder acomodarse en su antigua cama, olía a ella, acababan de lavar las sábanas, era como si su madre lo abrazara fuerte, protegiéndolo de todo mal.

Pedro al fin pudo descansar, soñando con su vieja casa, con los antiguos rincones en los que se escondía después de llegar a casa, con algún nuevo moretón en las rodillas y su madre descubriéndolo, sanando sus heridas, cantándole alguna canción para que se relajara.

A la mañana siguiente, la cama ya no estaba, Pedro temblaba en el suelo, sudando, tenía fiebre. Su padre lo llevo al doctor, preocupado, ignorando la sonrisa que su hijo presumía, esa noche planeaba volver a llamar a su cama.


iRazu*

martes, 7 de agosto de 2012

Encuentros


Cierro los ojos, alzo mi mano al frente, puedo tocarte, puedo sentirte; temo despertar y darme cuenta de que solo fantaseo en el espacio; sueños que se pierden en el hueco de tus dedos, deseos que se pierden con el sonido del mar
...

El despertador sonó, era un nuevo día, afuera llovía, lo normal, era temporada. No quiero despertar, me enredo entre las cobijas, maldigo a los mosquitos que no pararon en toda la noche y a la conciencia que me impide matarlos.

No suenes más despertador, deja que sueñe otro rato; ella no está, la maté, no podré recuperarla nunca... ¿No puedes ser comprensivo con aquellos que están de luto? Un luto un tanto extraño, no quiero despertar, no quiero...

***

Sentí como me partió un rayo en cuanto la vi, era tan oscura, sus labios rojos resaltaban con su blanca tez, era hermosa, era perfecta... pero huí, nunca la había visto, no la conocía, pero me era familiar, como un pequeño tigre que juega y observa todo a su alrededor antes de atacar... ¿será ella? Y si así fuera, a qué habría venido.

¿Será que está sedienta de venganza y deberé pagar por aquel crimen que cometí?

Me dí de golpes en la cabeza, no, ella no puede ser real, mi mente me debe estar pasando una mala jugada... miré a escondidas de nuevo.

"Es ella... lo sé"

Esa pequeña voz en mi interior no mentía, ella estaba ahí, era real, casi podía tocarla... quisiera abrazarla, pero tengo miedo... 

¿Y si está sedienta de venganza? Supongo que ya era hora de pagar por mis pecados...


Al fin de todo... te encontré... o me encontraste... no sabría decirlo.


iRazu*

jueves, 2 de agosto de 2012

Petite

No recuerdo el día exacto en el que llegaron, tampoco recuerdo que hayan llegado juntas; eran tan parecidas respecto a las líneas de las palmas de sus manos, sus pies parecían haber sido esculpidos por el mismo artista, pero sus sonrisas eran distintas.

Mientras el semblante de una era más tranquilo, como el de un pequeño ratón que acaba de nacer y olfatea todo con su nariz; la otra parecía un pequeño tigre, el cual había sido arrebatado de su hábitat: Rugía y lanzaba zarpazos cada que tenía oportunidad, escupía veneno de su boca sin temor de quién le escuchara, gruñía en un intento de sentirse poderosa, de sentir que podía defenderse sola; así era ella.

No recuerdo que hayan llegado al mismo tiempo y, sin embargo, desde que tengo memoria, han estado siempre juntas; protegiéndose mutuamente ante los actos de afuera, ante las palabras, los golpes, los relámpagos; siempre que miraba adentro, ahí estaban ellas, abrazadas, dándose cariño, jugando... riendo.

Me habían permitido ser parte de ellas, o yo permití que fueran parte de mí. Cada soledad, cada abismo, cada momento de ansiedad, sabía que no estaba sola y, aún perdiéndome entre seres que me demostraron no ser nada, ellas seguían ahí, a pesar de haberlas ignorado. Me protegieron, me dieron asilo, me permitieron formar parte de ese abrazo que tanto envidié, se volvieron mis sueños, mi voz, mi fortaleza; se volvieron algo más que dos muñequitas de porcelana con vestidos elegantes, con heridas que contaban una vida triste, se volvieron más que dos niñas que juegan a ser siempre niñas para no perderse a sí mismas.

Jamás creí que un día como aquel llegaría, el día en que mi miedo, mi frustración y mi ira las lastimaría. Aquella criatura oscura con garras mal afiladas había sido azotada, sus muñecas estaban clavadas al suelo, su cabeza reventada, su vientre no daría más vida y su pecho se congelaba. Había sido una masacre, una de la cual me arrepiento.

No importa cuantas veces le pida perdón, abrazando su pequeño cuerpo, implorando por su despertar ante su semblante roto, ella no responde; ella está gris frente a nosotras, inerte, callada, no respira, no grita, no llora, no se enoja. Ella no hace más que quedarse quieta y volverse más oscura y no podemos despertarla, no hay manera.

La ratoncita sigue cuidando a la tigresita, no se separa de ella en ningún momento… y puede que me encuentre en otro lado últimamente y me muestre distante, pero es que le he perdido, le perdí y todo por dejarme llevar por sentimientos que dominaron mis pensamientos, todo por un miedo tonto.

Hemos hablado de crear una pantera, pero no será igual, no llenará jamás ese vacío que se ha generado en nosotras, pero tampoco podemos esperar hasta que resucite, a pesar del deseo de verle de pie cada mañana, sonriendo, insultando a todos... porque, a pesar de dominar los tonos pastel en aquel circo absurdo, eran sus garras los que nos mantenían de pie, porque su juego infantil era el más astuto y cruel que nos defendía, era un conjunto de colores ácidos que nos llenaba incluso de alegría... porque el que fuera maléfica no significaba que no fuera una niña, una niña asustada que ya no respira...

... perdóname.

Anoche perdí un fragmento de lo que fui…

lunes, 25 de junio de 2012

La cama

-Nos vamos.
-¿A dónde?
-Haz tu maleta -decía él, serio-, nos vamos.
-¿Papá?

Pedro apenas había cumplido 8 años la semana pasada y no entendía las palabras de su padre. ¿Por qué tenían que mudarse justamente en esas fechas? Si las cosas marchaban de maravilla, él al fin había conseguido hablarle a sus compañeros de salón para invitarlos a su fiesta -jamás había sido bueno haciendo amigos-. Inclusive no entendía lo que significaba hacer maleta... ¿se iban de vacaciones acaso?

Él sólo miraba la valija vieja que le dio su padre, seguía pensando cómo su cama cabría en esa maleta.

-¿Mamá?

Pedro abrazaba la cintura de su madre mientras picaba las verduras para la cena.

-Papá dice que nos vamos, pero no me dice a dónde.

Su madre, una mujer joven con ligeras arrugas alrededor de sus ojos, los cuales podían distinguirse gracias a un chongo sostenido con una liga desgastada, dejó de picar las verduras; un par de lágrimas bajaron por sus mejillas mientras miraba a su hijo, a pesar de ello, ella sonreía.

-Mamá... ¿estás picando cebolla?

Laura secó sus manos con su mandil, dejando las zanahorias tras de ella y limpió sus mejillas.

-Si, hijo.
-Papá dice que nos vamos a mudar, pero no creo que quepa la cama en esa maleta.

Laura acompañó a su hijo a su habitación para ayudarle a acomodar su ropa.

-¡Pero mamá! Eso no es importante.

Repelaba Pedro mientras su madre guardaba su saco aburrido que le regaló la abuela.

-Puedes necesitarlo algún día.
-¡Pero así no va a caber la cama!

Laura miró a su hijo, miró la cama, miró la maleta y sonrió; bajó a la cochera y tomó el serrucho de la caja de herramientas de papá que nunca usaba y subió de nuevo por las escaleras a la recamara de su hijo.

-Ven Pedro, ayúdame.

Ambos voltearon la cama y mamá cortó las patas de la cama, las acomodó en la valija y cerró los seguros.

-Mira Pedro -decía Laura sosteniendo los hombros de su hijo-, a donde vas a ir habrá una cama...
-¡Pero me gusta la mía!-interrumpía su hijo.
-Lo sé -mamá presionó suavemente los hombros de Pedro para calmarlo-, pero habrá otra cama, la cual también será cómoda... pero, si llegas a extrañar la tuya, sólo tienes que sacar las patas de la maleta, abrazarlas y pedirles con todo el corazón que tu cama vaya a ti... así ella viajará hasta donde estés...
-¡¿No importa que vaya al fin del mundo?!

Los ojos de Pedro brillaban con inocencia y emoción sincera.

-No, no importa a dónde vayas, ella siempre irá a ti.

Dicho esto, Laura abrazó a su hijo con fuerza.

-Mamá... ¿tus manos huelen a cebolla?

Laura secó sus lágrimas y aguantó la respiración para poderle contestar.

-Si hijo... huelen a cebolla.


iRazu*

jueves, 14 de junio de 2012

Escape

Corría, solo corría, a través de las calles solitarias de la ciudad, sin dirección alguna, sin mirar atrás; su aliento se cortaba, su costado le dolía, sus piernas se volvían blandas mientras sus manos se aferraban al aire para tomar impulso, su lengua era atravesada por un millón de pequeñas agujas y su garganta se llenaba de polvo y esporas que le impedían respirar, cada bocanada que daba le ardía. 

Una piedra fue suficiente para frenar su paso.

Tres vueltas en el aire, cuatro pasos arrastrado en el asfalto, un codo raspado, un tobillo roto y una frente abierta fueron la calificación de dicha caída. Pegó su nariz en el suelo y apretó los dientes con la misma intensidad que sus ojos, respiró profundo, mordiendo su labio inferior, intentando no llorar, intentando evitar que más sal corriera por su rostro; pero no se sabía si era llanto o sudor, no sabía si era cansancio o dolor, solo sabía que sus labios sabían cada vez más a mar.

Perdió en conocimiento antes de darse cuenta de que el hierro se mezclaba en sus encías, antes de sentir las punzadas en los dedos de sus pies, cerró los ojos ignorando dónde se encontraba y del estado de su dañado cuerpo.

***

Despertó con el cielo azul sobre sus ojos, con el sonido de las gaviotas cantando a sus oídos, una brisa refrescante peinaba su flequillo; respiró hondo, no sabía a tierra rancia, ni a rencor, se sentía paz. Intentó mover sus brazos y se dio cuenta que flotaba, bajo su cuerpo no había asfalto ni piedras pequeñas que se entierren en sus heridas abiertas.

Se preguntó dónde podría estar, intentó hablar, pero ningún sonido interrumpió aquella calma, no podía ni quería levantarse, no sabía cómo. Cerró los ojos, había olvidado la huida, las lágrimas, el sudor, la sangre, las heridas del alma y de su cuerpo imperfecto; olvidó su silueta pecaminosa, su cabellera roja, sus labios que solo escupían veneno... al fin la había olvidado, había corrido tanto que había roto la barrera del espacio y del tiempo, al fin pudo escapar de su pesadilla.

domingo, 3 de junio de 2012

Purgatorio

Soledad, nostalgia, melancolía, penitencia....

... sólo eran algunos de los pésames de la casa ubicada al fondo de la calle; las paredes carcomidas por el tiempo, los barrotes oxidados se disolvían en la tierra, transformándose en abono para la maleza y las flores silvestres para luego convertirse en alimento de gusanos por la tarde.

La casa, a pesar de ésto, hoy no se sentía abandonada, tenía visitas después de años de agonía. En su interior, Irazu merodeaba por los pasillos, estaba realmente inquieta puesto que ya se había acostumbrado a la tranquilidad y a las tormentas que sólo se daban en el exterior, más nunca entraban; era justo eso, la costumbre a que no pasara absolutamente nada y, en esos instantes, tener visitas, pasantes que no eran desagradables, pero que si le alteraban.

Aquella semana, se había instalado un huésped un tanto especial y que, tras su llegada, también vinieron vistas anheladas.

Esa tarde, la actividad se había centrado en el ático, como en la mayoría de los días anteriores, ambas chicas permanecían en silencio, sin mirarse; Dolores sentía cierta tensión que su acompañante ignoraba.

-Los pecados...- la huésped se atrevió a romper el silencio con un susurro apenas audible.

-¿Disculpa?

-Es la maldición que persigue a tu familia.

-¿Los pecados?

Dolores se atrevió a mirar la espalda de Rapunzel, los rayos del sol que entraban por la única ventana se mezclaban con las puntas de su cabello, atreviéndose a rozar sus desnudos hombros.

-Elisa me contaba- su voz frágil se rompía cada que la mencionaba- que su abuela creía de manera ferviente que cargaba consigo un gran pecado... de tal magnitud que sus hijos también cargaban con éste.

Dolores miró sus manos, la figura que marcaban sus líneas, la muerte que siempre persigue a los mortales se encontraba entre el abismo que se generaba en el hueco de su palma y el tiempo que se escapaba de entre sus dedos.

-Limpiar los pecados con sangre... ellos decían: tu abuela y tu padre.

Rapunzel se hospedaba en el ático de aquella abandonada morada, recibía las visitas constantes de Dolores quien escuchaba atenta su palabra; siempre que ella regresaba a casa, meditaba, miraba a María borracha y llenar la casa de humo, y ella meditaba...

Los pecados...

***


Era como fuego que danzaba en sus manos, hilos rojos se enredaban entre sus dedos nerviosos.

¿Le gustara? ¿Lo verá como una ofensa?

Dolores no dejaba de preguntarse la efectividad de su plan, no podía calmarse.

-¿Me llamaste?

Dolores pegó un brinco al escuchar la voz de Rapunzel detrás de ella, se escuchaba más alegre que otros días, lo cual la inquietaba más -a Dolores-, que no se atrevía voltearse y enfrentarla.

-¿Qué sucede?- Preguntaba inocente Rapunzel.

Podía notarlo con tan solo escucharla, aquel personaje arrancado de manera violenta de un cuento de hadas estaba sonriendo.

Aplacó el fuego con sus manos y giró, Rapunzel sonreía, como una niña, observando la expresión de Dolores, cuando un resplandor en sus dedos llamó su atención.

Era hermosa, tal cual como la recordaba, estaba intacta, brillante, se atrevió a tomarla con sus manos con cuidado, la sensación era como cuando la había adquirido: suave como la seda.

-¿De dónde...?

-Estaba arrumbada en una de las cajas del ático, la había encontrado cuando tenía 11 años...

Rapunzel tomó su peluca, la peino con sus dedos, sinceras y silenciosas lágrimas bajaron por sus mejillas mientras acomodaba aquel accesorio que más que un accesorio era una extensión de su alma, que transformaba su cuerpo.

Cerró los ojos cuando terminó de acomodarla, sintió un calor que recorría cada una de sus venas, como una chispa que se extendía hasta cada una de sus extremidades; un escalofrío, un suspiro...

... se desvaneció...

-Eres libre de tus pecados... descansa Rapunzel y ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte...

***

Dolores se encontraba frente a la puerta de la casa de María, no cargaba maleta alguna; ignoraba las miradas de los vecinos que la reconocían, viejos rancios que desaprobaron su conducta cuando se marchó años atrás. La hija problemática había vuelto, sin alguien a su lado, sin equipaje, sin saber qué había pasado en su viaje.

Nadie tenía idea en aquella cuadra esa tarde, pero ella venía a cubrir la cuenta pendiente que había cargado su abuelo, la deuda que incrementó su abuela, sus tíos, su padre... había regresado a liberar a su madre.

Dolores entró a la casa por la puerta de enfrente...

iraZu*

jueves, 31 de mayo de 2012

Derrota

Le miró a los ojos, pero no pudo sostener la mirada por más de un segundo, derrotada, regresó a su lugar, mirando hacia el frente, sin atreverse a voltear a los lados, o hacia atrás, todo por el temor de verlo. Quería mirar al cielo y dejar de pensar en su rostro, su sonrisa que se desmoronaba cada minuto, en sus mejillas sin tono más que el de su piel o en sus cejas pobladas.

Suspiró, no le quedaba de otra más que resignarse que siempre sería así, huyendo, con la tentativa de enfrentarlo, pero siempre rindiéndose... ¿Por qué no podía? ¿Qué le hacía falta? O, más bien... ¿qué había perdido aquella tarde?

Sintió un escalofrío recorrer su espalda al saber que lo tenía detrás, cerca suyo, a pocos centímetros de su cuerpo, a tan solo un toque, un roce... ¡NO! no podía seguir pensando de esa forma, sabía que perdería, siempre había sido así, esa es su historia, el camino de una derrota tras otra.

Estaba cansada, podría decirse así, de sentir ese vacío en su estómago cada que se le acercaba, sentía hasta miedo al darse cuenta de que reconocía su olor, su esencia al acercarse; perdía la cabeza cada día que lo veía, perdía la cordura cada que deseaba hablarle, pero sabía que no tenía palabras. Se alejaba de quien era ella y reconocía un monstruo cabizbajo que tiempo atrás se había ocultado bajo las cobijas.

Salió corriendo, tratando de evitarlo, de ignorar que estaba si se cruzaba con el por la avenida, prestando toda su atención a sus manos, a los detalles del piso, a su distracción, era lo único que le quedaba.

Pero... ¿y si un día se encontraban solos? Sin algún factor que la distrajera para impedir hablarle, sin una barrera entre ellos, sin las constantes visitas de ajenos a su mundo, sin extraños que solo hablan... ¿Correría? O ¿Sería capaz de permanecer? Aún en ese momento, ella no sabría que hacer, solo querría correr y, si no pudiera, guardaría silencio, mientras se destroza por dentro, mientras sabe que lo mejor para sí misma es huir, porque, lo haga o no, saldría perdiendo.

irazu*

miércoles, 16 de mayo de 2012

Vuelo

El espejo caía desde séptimo piso, sin que ningún otro objeto interviniera entre él y el suelo. Miles de diamantes saltaron cuando las puntas del artefacto tocaron el suelo, destellos causados por el reflejo del sol se esparcían por la banqueta; nadie se inmutó cuando el estruendo sonó por la cuadra, nadie se percató de pisar sus restos, el espejo se volvía polvo bajo las suelas de goma, zapatos que, sin ellos, los pies descalzos sangrarían.

***

-Salta –le decía la morena a la pelirroja-, nadie va a extrañarte.

Janis miró al vacío, sintió la brisa en su rostro, cerró los ojos y deslizó su pie derecho fuera del marco de la ventana; mariposas en su estómago habían emprendido un vuelo que terminó convirtiéndose en huracán desde que había entrado a la habitación y, ahora, destrozaban las paredes intestinales, queriendo escapar.

-Salta.

Carol no dejaba de susurrar aquellas palabras, incitando las pecas de la espalda de Janis a contraer miles de escalofríos, cada que ella hablaba, la otra obedecía, cada que Carol sentenciaba una orden, Janis sabía que sería su fin.

-... nadie...

Abrió sus blancos brazos como el pichón que abre las alas por primera vez y dio un paso enfrente, deslizándose desde el séptimo piso, era una flama, era fuego que se extinguía en la caída. Su cuerpo no resistiría aquella adrenalina, orgasmos disparados por cada parte de su cuerpo, gritos apagados generados por sus tímpanos, su lengua, entumecida, ardía como su cabello.

-¡NO!

Carol abrazaba la cintura de Janis, no había saltado, no aún. Sus ojos se encontraron y comprendieron que no importaba si alguien no las extrañaba, ellas solo se tenían a ellas mismas, ni la familia, ni los "amigos", ni los cómplices; ellos solo eran extraños.

Quédate...

Era un susurro casi inaudible, era una petición que jamás contarían, que era solo de ellas dos, una promesa que se consumiría en el fuego.


iraZu

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...