jueves, 14 de junio de 2012

Escape

Corría, solo corría, a través de las calles solitarias de la ciudad, sin dirección alguna, sin mirar atrás; su aliento se cortaba, su costado le dolía, sus piernas se volvían blandas mientras sus manos se aferraban al aire para tomar impulso, su lengua era atravesada por un millón de pequeñas agujas y su garganta se llenaba de polvo y esporas que le impedían respirar, cada bocanada que daba le ardía. 

Una piedra fue suficiente para frenar su paso.

Tres vueltas en el aire, cuatro pasos arrastrado en el asfalto, un codo raspado, un tobillo roto y una frente abierta fueron la calificación de dicha caída. Pegó su nariz en el suelo y apretó los dientes con la misma intensidad que sus ojos, respiró profundo, mordiendo su labio inferior, intentando no llorar, intentando evitar que más sal corriera por su rostro; pero no se sabía si era llanto o sudor, no sabía si era cansancio o dolor, solo sabía que sus labios sabían cada vez más a mar.

Perdió en conocimiento antes de darse cuenta de que el hierro se mezclaba en sus encías, antes de sentir las punzadas en los dedos de sus pies, cerró los ojos ignorando dónde se encontraba y del estado de su dañado cuerpo.

***

Despertó con el cielo azul sobre sus ojos, con el sonido de las gaviotas cantando a sus oídos, una brisa refrescante peinaba su flequillo; respiró hondo, no sabía a tierra rancia, ni a rencor, se sentía paz. Intentó mover sus brazos y se dio cuenta que flotaba, bajo su cuerpo no había asfalto ni piedras pequeñas que se entierren en sus heridas abiertas.

Se preguntó dónde podría estar, intentó hablar, pero ningún sonido interrumpió aquella calma, no podía ni quería levantarse, no sabía cómo. Cerró los ojos, había olvidado la huida, las lágrimas, el sudor, la sangre, las heridas del alma y de su cuerpo imperfecto; olvidó su silueta pecaminosa, su cabellera roja, sus labios que solo escupían veneno... al fin la había olvidado, había corrido tanto que había roto la barrera del espacio y del tiempo, al fin pudo escapar de su pesadilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...