martes, 19 de julio de 2016

Luna

La luz se encendió y dejó ver la soledad de la sala, el cerrojo se cerró detrás de silenciosa entrada, un suspiro mas el arrastre de los pies se hicieron presentes mientras el canto de los grillos se escuchaban afuera. Se tumbó en el sofá observando al techo, tan solo llevaba 27 días desde la despedida y el hueco en su interior se hacía más grande.

Destapó la cerveza que había comprado antes de llegar a casa y calentó el pedazo de pizza que había comprado el fin de semana, dio un mordisco, aún estaba caliente. Los pasos delataron la llegada de los vecinos, reían animosamente y sintió envidia.

La cama tenía un ligero vaivén que la mareaba mientras ahogaba sus risas, pequeños gorgojeos que comenzaron a trabarse antes de que soltara las primeras lágrimas de aquella noche. Giró a la izquierda, presionó su pecho y se encogió en posición fetal hasta que consiguió dormir, después vino la calma.

El reloj en la mesa anunció las 2:43 de la madrugada, un cosquilleo en la nariz la despertó. Al inicio le costó enfocar la imagen, una mancha blanca frente a ella la inquietó, cuando consiguió enderezarse notó la pequeña bola de nieve que tenía en su regazo, la acarició y era cálida y suave. El conejo se acomodó ante las caricias y se quedó dormido, no se hizo más preguntas y regresó a los brazos de Morfeo aceptando al pequeño acompañante.

El despertador la levantó una horas después, buscó a tientas a la pequeña criatura pero notó que así como había llegado había desaparecido.

iRazu*

martes, 12 de julio de 2016

El último salto

El tirón en el estómago, la imagen del suelo acercándose, el cielo agrandándose, la sensación de regresar de golpe a la realidad... despertar con la respiración agitada se había vuelto, más que una escena constante, una película.

***

Siempre un empujoncito es bueno... ¿verdad? Nos ayuda a dar ese paso que nunca nos animamos, a avanzar cuando no nos atrevemos, a tomar acción. Por lo tanto debería ser bueno ¿no es así?

Andrea estaba recargada en el borde del tercer piso de la plaza comercial, mirando como subían y bajaban las escaleras mientras su prima terminaba de revisar la sexta tienda, todos los sábados era lo mismo, hacer el mismo recorrido en la misma plaza para ver la misma ropa; por eso prefería quedarse a observar a las personas ir de un lado a otro, rostros que también eran los mismos. Se asomó a la planta baja ¿cuánta distancia habría entre un piso y otro?

-¡Vámonos!

Su prima regresaba con tres bolsas más y supo que aquella tarde la regañarían por no haberle puesto un límite a la menor, como si ella fuera la responsable de lo que su prima hiciera o como si la escuchara cuando la previene de que algún artículo no es necesario.

Aquel fin de semana terminaba y le seguía otra semana más de rutina, esperando que acabara pronto para regresar al tercer piso de la plaza comercial y observar a los caminantes. Pero para aquella tarde de sábado en la que Andrea caminaba a casa de sus tíos le sorprendió la noticia de que la pequeña Norma no saldría, es más, ya se había ido desde la tarde del viernes y no regresaría hasta la madrugada del lunes próximo.

¿Qué estaba pasando?... Bueno... fuera lo que fuera sólo sería ese fin de semana...

Pero el siguiente fin fue la misma situación, y el que siguió y unos cuantos más... aquello no parecían terminar.

-No te preocupes Andy, Norma ya regresará la siguiente semana.

La joven miró a sus tíos, la monotonía era parte de su vida y le era vergonzoso admitir que necesitaba a su prima para ir a la plaza con tranquilidad y sentir el filo del cristal que impedía que los caminantes cayeran y se estamparan en las escaleras.

-¿Y qué hacías en mi ausencia?

Andrea se encogió de hombros mientras caminaba con su prima, extrañamente aquel día no irían al centro comercial.

De pronto Andrea se encontraba sentada en un auditorio lleno de gente que aplaudían cada que el expositor hablaba, tan confiado, tan animado, tan seguro. Aunque claro, no faltaron los rostros que se les notaba que no creían absolutamente nada de lo que esa persona hablaba.

-El que te trajo aquí tomó riesgos, se animó a dar el primer paso y quiere que tu hagas lo mismo.

El lugar desbordaba euforia, Norma volteó a ver a su prima y la abrazó cuando el exponente terminó.

-Es aquí donde he estado Andy, ¡no te imaginas lo increíble que es!

La chica veía la sonrisa de su prima, quien insistía en llevarla a que se inscribiera al campamento de animación del cual ella ya había formado parte, aunque una parte de ella dudaba.

A partir de de ese momento la que se ausentaba los fines de semana era Andrea, mientras Norma esperaba ansiosa su regreso, verla tan revolucionada y cambiada como a ella le pasó. Pero su sorpresa no cupo en el salón de graduados cuando la vio con la misma expresión.

-¿Y bien?

Andrea se encogió de hombros mientras en la sala todos los demás lloraban y se abrazaban.

-No te sientes... ¿diferente?

Andrea asintió con la cabeza aunque tenía la misma expresión, algo que desilusionó a Norma, esperaba mínimo ver un brillo en sus pupilas. Caminaron juntas en silencio a casa, para ambas había sido una noche larga.

Después de haber dejado a la menor con sus padres, la recién graduada caminaba a su casa, las calles vacías acompañadas del silencio intermitente le permitieron disfrutar aquel momento de soledad. Andrea subió al puente peatonal que cruzaba la avenida, pero se detuvo en medio. Miró los coches pasar en la vía rápida y recordó los rostros del centro comercial, aquellos que caminaban hacía las mismas direcciones, sonrió, solo se necesitaba un pequeño empujón.

Bastaron tres movimientos para estar al otro lado de la reja, sosteniéndose del alambrado, sintiendo la brisa de aquella noche, tan fresca.

Soltó sus dedos y su cuerpo se inclinó hacía el frente, lo demás fue provocado por la gravedad.

Nadie entendió qué fue lo que sucedió, qué lo provocó, no había señas de una depresión no diagnosticada a pesar de su seriedad, sus más allegados no conseguían resolver la incógnita. Al finalizar la ceremonia, todos los presentes se fueron excepto uno, Norma se acercó a la tumba que había sido habitada aquella tarde y sonrió ligeramente, solo ella podía comprender el acto de valentía que su prima había llevado a cabo, al final de cuentas el cuerpo representa cadenas para aquellos que desean ser parte del viento... solo se necesitó un pequeño empujoncito.

iRazu*

martes, 5 de julio de 2016

La Visita

Rosa observaba el techo de su recamara en medio de la oscuridad, afuera la luna se alzaba en lo más alto y no conseguía conciliar el sueño. Había apagado cuanto aparato electrónico en su poder, no quería escuchar el tono del celular anunciando una nueva llamada, un nuevo mensaje, no por el momento.

Dio la media noche, lo sabía porque los perros de los vecinos siempre ladraban a esa hora, algo muy curioso que notó cuando se mudó pero conforme pasaba el tiempo se acostumbró al grado de que si una noche no ladraban o la pasaba en otra casa le costaba trabajo dormir, muletillas que formaron parte de su vida a las cuales sabía que no debía acostumbrarse, nada es para siempre.

Giró su cuerpo quedando de lado, mirando la  puerta que quedaba al otro extremo de la habitación, aún en la noche de Luna Nueva sabía donde estaba cada cosa acomodada, cada detalle, texturas y colores. Suspiró, los ladridos habían cesado, cerró los ojos para poder descansar.

A pesar de la hora a veces conseguía escuchar la llegada de algún vecino, identificando su humor por los pasos. Era normal, en ocasiones los escuchaba acercarse para después llegar al otro extremo de los edificios, algunos nunca llegaban a cruzar frente a la ventana de Rosa, simplemente giraban o subían las escaleras, era otra muletilla que se había instalado en su vida.

Cuando al fin creía que se dormiría, consiguió escuchar unos pasos en el pasillo de los departamentos, estos llegaron justo en frente de la única ventana de su cuarto, la respiración de Rosa se detuvo solo para esperar la partida de aquel caminante.

Silencio.

Inhaló después de sentirse sofocada, por un momento sintió que aquel extraño se había vuelto más que un nómada en un visitante. Temió asomarse por la ventana, era claro que aquel vecino se detuvo justo frente a su recamara ya que no le siguieron los pasos de despedida.

"Tal vez es mi imaginación y ya se fue"

No sabía cuanto tiempo pasó y no se animaba ver el reloj, solo trató de dormir.

***

Prendió su celular mientras se alistaba para ir al trabajo, trataba de no darle vueltas al suceso de aquella noche. Mientras la señal del aparato se restablecía su atención se distrajo en la foto que tenía en la sala, en ella una pareja en blanco y negro sonreían, aquella foto se la había regalado su madre cuando se mudó a la ciudad y a pesar de ser una foto que ha permanecido años en su familia para Rosa los dueños de aquellas sonrisas en su memoria estaban adornadas con tiernas arrugas y cabellos blancos. Aquello era lo único que le quedaba, una foto de sus buenos tiempos y el recuerdo de un aspecto mas añejo.

El celular sonó en la primera oportunidad, ella contestó por instinto.

-¿Bueno?

-¡Feliz cumpleaños! -al otro lado de la línea escuchó la voz jovial de su hermana.

-Gracias Luz.

-Apagaste tu celular toda la noche ¡No es justo!

Dejó de escuchar a la menor que no paraba de hablar y una incógnita se encendió en su cabeza.

-... yo creo que a ellos les gustaría que te dejaras consentir, nunca se perdieron un cumpleaños tuyo ni cuando estuvieron en el hospital.

iRazu*

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...