martes, 12 de julio de 2016

El último salto

El tirón en el estómago, la imagen del suelo acercándose, el cielo agrandándose, la sensación de regresar de golpe a la realidad... despertar con la respiración agitada se había vuelto, más que una escena constante, una película.

***

Siempre un empujoncito es bueno... ¿verdad? Nos ayuda a dar ese paso que nunca nos animamos, a avanzar cuando no nos atrevemos, a tomar acción. Por lo tanto debería ser bueno ¿no es así?

Andrea estaba recargada en el borde del tercer piso de la plaza comercial, mirando como subían y bajaban las escaleras mientras su prima terminaba de revisar la sexta tienda, todos los sábados era lo mismo, hacer el mismo recorrido en la misma plaza para ver la misma ropa; por eso prefería quedarse a observar a las personas ir de un lado a otro, rostros que también eran los mismos. Se asomó a la planta baja ¿cuánta distancia habría entre un piso y otro?

-¡Vámonos!

Su prima regresaba con tres bolsas más y supo que aquella tarde la regañarían por no haberle puesto un límite a la menor, como si ella fuera la responsable de lo que su prima hiciera o como si la escuchara cuando la previene de que algún artículo no es necesario.

Aquel fin de semana terminaba y le seguía otra semana más de rutina, esperando que acabara pronto para regresar al tercer piso de la plaza comercial y observar a los caminantes. Pero para aquella tarde de sábado en la que Andrea caminaba a casa de sus tíos le sorprendió la noticia de que la pequeña Norma no saldría, es más, ya se había ido desde la tarde del viernes y no regresaría hasta la madrugada del lunes próximo.

¿Qué estaba pasando?... Bueno... fuera lo que fuera sólo sería ese fin de semana...

Pero el siguiente fin fue la misma situación, y el que siguió y unos cuantos más... aquello no parecían terminar.

-No te preocupes Andy, Norma ya regresará la siguiente semana.

La joven miró a sus tíos, la monotonía era parte de su vida y le era vergonzoso admitir que necesitaba a su prima para ir a la plaza con tranquilidad y sentir el filo del cristal que impedía que los caminantes cayeran y se estamparan en las escaleras.

-¿Y qué hacías en mi ausencia?

Andrea se encogió de hombros mientras caminaba con su prima, extrañamente aquel día no irían al centro comercial.

De pronto Andrea se encontraba sentada en un auditorio lleno de gente que aplaudían cada que el expositor hablaba, tan confiado, tan animado, tan seguro. Aunque claro, no faltaron los rostros que se les notaba que no creían absolutamente nada de lo que esa persona hablaba.

-El que te trajo aquí tomó riesgos, se animó a dar el primer paso y quiere que tu hagas lo mismo.

El lugar desbordaba euforia, Norma volteó a ver a su prima y la abrazó cuando el exponente terminó.

-Es aquí donde he estado Andy, ¡no te imaginas lo increíble que es!

La chica veía la sonrisa de su prima, quien insistía en llevarla a que se inscribiera al campamento de animación del cual ella ya había formado parte, aunque una parte de ella dudaba.

A partir de de ese momento la que se ausentaba los fines de semana era Andrea, mientras Norma esperaba ansiosa su regreso, verla tan revolucionada y cambiada como a ella le pasó. Pero su sorpresa no cupo en el salón de graduados cuando la vio con la misma expresión.

-¿Y bien?

Andrea se encogió de hombros mientras en la sala todos los demás lloraban y se abrazaban.

-No te sientes... ¿diferente?

Andrea asintió con la cabeza aunque tenía la misma expresión, algo que desilusionó a Norma, esperaba mínimo ver un brillo en sus pupilas. Caminaron juntas en silencio a casa, para ambas había sido una noche larga.

Después de haber dejado a la menor con sus padres, la recién graduada caminaba a su casa, las calles vacías acompañadas del silencio intermitente le permitieron disfrutar aquel momento de soledad. Andrea subió al puente peatonal que cruzaba la avenida, pero se detuvo en medio. Miró los coches pasar en la vía rápida y recordó los rostros del centro comercial, aquellos que caminaban hacía las mismas direcciones, sonrió, solo se necesitaba un pequeño empujón.

Bastaron tres movimientos para estar al otro lado de la reja, sosteniéndose del alambrado, sintiendo la brisa de aquella noche, tan fresca.

Soltó sus dedos y su cuerpo se inclinó hacía el frente, lo demás fue provocado por la gravedad.

Nadie entendió qué fue lo que sucedió, qué lo provocó, no había señas de una depresión no diagnosticada a pesar de su seriedad, sus más allegados no conseguían resolver la incógnita. Al finalizar la ceremonia, todos los presentes se fueron excepto uno, Norma se acercó a la tumba que había sido habitada aquella tarde y sonrió ligeramente, solo ella podía comprender el acto de valentía que su prima había llevado a cabo, al final de cuentas el cuerpo representa cadenas para aquellos que desean ser parte del viento... solo se necesitó un pequeño empujoncito.

iRazu*

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