Ni el choque metálico de la moneda contra el suelo la trajo a la realidad, estaba perdida, no había marcha atrás, ella ya no iba a volver a despertar, no al menos en un plano físico a menos que su mente recordara el camino a casa.
***
-Despierta...
Aquella voz, tan peculiar.
-Despierta...
... tan conocida y extraña a la vez.
-... por favor, despierta
***
En medio de la nada no se puede distinguir entre el suelo o el cielo, no existe, no hay materia, es solo un espacio en un vacío infinito.
-¿Cómo uno se encuentra en la nada? ¿Cómo se crea a partir de la nada?... Se necesita algo ¿no es así?... se necesita una mínima partícula para comenzar a transformar... lo que sea... lo que sea...
Ahí estaba, hablando consigo misma, tratando de darle lógica a lo inexplicable, buscando palabras para nombrar a lo irrazonable, simplemente estando, perdiendo la noción del tiempo y de la realidad.
-Despierta...
Aquella voz ajena empezó a invadir su espacio, no era de ella lo sabía, había estado hablando en voz alta -si así se le puede decir- y aquella voz no tenía parecido con ella.
-... por favor...
Un sollozo combinado con las palabras cortadas, su deseo por distraerse fue opacado por el deseo de querer calmar el sufrimiento que se estaba colando.
-...despierta...
-Cállate...
Trató de responderle a la voz sin dueño, le pidió que parara, le explicó que contaminaba su descanso, que interrumpía sus intentos de conseguir respuestas, pero era inútil, no había forma de callar aquel intruso.
-Despierta...
Buscó la forma de llegar al origen de aquellas palabras, tal vez así no solo conseguiría silenciar la voz, tal vez también conseguiría obtener las respuestas que estaba buscando. Fue inútil, no había origen, estaba en todas partes.
-... despierta.
Estaba desesperada, aquello comenzaba a asfixiarle, y en su desesperación sintió como era jalada, no a un lado en específico, era como si por dentro se comprimiera pero a la vez se expandiera, dolía al grado de perder la consciencia.
***
Abrió los ojos siendo cegada por la luz blanca, la habitación estaba sola, olía a medicina encapsulada y le costaba trabajo respirar, se preguntó cuánto tiempo había permanecido ahí, supuso que había sido mucho, pues la enfermera que apareció casi se desmaya... segundos, días, meses, años...
No importaba, el dueño de aquella voz nunca regresó.
iRazu*