lunes, 23 de abril de 2012

Anhelo

La abracé, quería sentir su alma, devorarla, hacerla mía, que no fuer de nadie más. me muero si la comparto, me mato si no la satisfago, es mi todo, no puedo negarlo, no puedo detener mi obsesión por ella.

Por sus ojos, sus labios partidos, sus manos rasposas, sus dedos pequeños, su espíritu de artista, su curiosidad, su voz indiferente y sus risas tiernas; lo se, es el amor de mi vida.

Su cabello es el portal de su aroma, un mar en el que me sumerjo cada noche, así como en su pechos, suave almohada, la mejor que nadie ha podido fabricar, es mi ser más preciado, mi princesa de blanco y negro.

Solo quiero pedir no separarme de ella, que las lunas no se alineen en mi contra, porque no soy capaz de soltarla, no a ella, no esta noche, ni la de mañana.

*esta soy yo*

sábado, 21 de abril de 2012

Sexo sin Amor


Una caricia que active miles de choques eléctricos, abrazos que quiten el aire, suspiros rellenados por besos, guerra entre piernas, pies flotando por la habitación, dedos tocando el cielo y sudor, sudor tuyo en mi cuerpo.

***

Desperté esta mañana abrazando mi almohada con estas ansias que queman mi ser, tu, lejos de poder tocarte, imaginas que estamos juntos, pero no podemos, no ahora, ni mañana, ni en un mes, no por el momento.

Mientras tanto, el fuego quema mi entrepierna, mi mente no deja de recorrer tu cuerpo, aquel que meses atrás dejé de tocar; el calor de la tarde no ayuda y mis ansias crecen.

Llega la noche y necesito despejar mi mente, me da miedo manejar y estamparme en cualquier poste o atropellar a algún indigente, pero no puedo apagar el incendio, ni mi mano ha podido apaciguarlo en el baño mientras todos salían después de una jornada laboral monótona.

-Busca sexo.

Me decía mi compañera de a lado, mientras se burlaba de mi rostro teto e ingenuo.

Llegué a un semáforo, pasaban de las 10 y una chica se acercó a mi ventana, se inclinó, recargando su rostro en su mano, mirándome con picardía, dijo una cantidad y sude frío, justo lo que cargaba en mi bolsillo más la habitación de un motel modesto; tragué saliva, lo necesitaba, sentía que iba a explotar y accedí.

El lugar estaba a unos 8 minutos, los cuales me parecieron eternos; ella era joven, con nariz respingada, mirada cansada; me pregunté cuantas veces lo habría hecho aquella noche. Su cabello negro lo recogía un chongo y un prendedor celeste adornaba el sencillo tocado.

La recepción fue vergonzosa, ella solo me esperaba a unos pasos mientras sacaba mi billetera, la llave jugueteaba en mi dedos antes de ingresarla al cerrojo, estaba nervioso.

La vi ahí, sentada en la orilla de la cama, dispuesta a desvestirse.

"¿Qué estoy haciendo?"

Me preguntaba mientras veía su cuerpo finito, qué sería lo que estaría haciendo ella, si sus ansias eran las mismas que las mías. Mi mente viajó kilómetros a su encuentro, a sus sueños... la joven que ahora estaba frente a mi, la del broche celeste no era ella, no es la mujer que veo en mis sueños, la que enciende mis deseos, no es ella.

Acaricié su mejilla y le pedí que no se desvistiera, no podía hacerlo, no podía tocarla, no cuando no la amaba. Nunca he conseguido hacerlo y, si lo hago, me enamoro y no era justo para ella, para la chica que tenía enfrente y para el amor que se encontraba lejos.

No puedo tener sexo sin amor, no puedo tocar el cielo si no hay sentimiento... lo sé, estoy jodido.

*i*r*a*z*u*

jueves, 19 de abril de 2012

El pueblo

La espesa neblina que oculta la choza de la montaña, la cuida celosa de que alguien se fije en ella, no lo permite, no la dejará, es su casa, es su rincón, su pequeño mundo.

***

Dolores respiraba el aire puro, se sentía libre, del humo de cigarros baratos, del aliento de aguardiente, de los gritos de María, por primera vez se sentía libre y dichosa cuando unos brazos fuertes la abrazaron por la espalda. Sintió como los labios de su amante presionaban su cuello y la lengua lamía su nuca, las cosquillas se apoderaban de su cuerpo y deseó estar en todos los lugares de la cabaña, menos la cama; quería hacer la guerra sin cansancio. 

Cuatro años, tuvo que correr, cuatro años para poder sentirse libre de su madre, había huido de las mentiras, de las fantasías que le contaba; Rapunzel le había abierto los ojos a la crueldad de su familia, de los pecados cometidos y de aquellos que serían embarrados en ella por nacer bajo aquel seno, una maldición de la que no era fácil de desprenderse.

De pronto, un hambre anunció su estancia en el cuerpo de ambos mortales, no era un hambre carnal, eran sus cuerpos que les pedían alimento, ambos rieron y decidieron ir al pueblo por comida. Las calles sin pavimentar eran tranquilas, todos se saludaban, todos se sonreían, Dolores se sentía feliz, como si estuviera en casa, nunca había entendido aquellos dichos de:

Pueblo chico, infierno grande

Los habitantes eran amables, cálidos, simpáticos... o eso creía.

***
No llevaba ni un mes en aquel pueblo cuando los rumores comenzaron a volar, su relación fuera del matrimonio y el hecho de tener su casa en el lugar más apartado del pueblo levantaba sospechas, rumores que comenzaban a hacer daño, pocos eran los comerciantes que querían tratar con ella, frases como "una dama no vive en el pecado fuera del matrimonio" comenzaban a ser el pan de cada día, ella ignoraba, pero él no lo aguantaba.

Dolores aprendió de Rapunzel a amar sus pecados, a no avergonzarse, pero su amante no venía de la misma cuna.

-No puedo -le decía él-, no aguanto las voces, te insultan y estás como si nada.
-No nos han hecho daño...
-¡Mírate Dolores! Haz bajado de peso y todo porque no nos quieren vender alimento.

Dolores mostró una sonrisa, frágil pero llena de alegría, ella aguantaba, él no... él se fue.

***

-¿Usted es Dolores?
Un niño se había acercado a la chica, ella miró al pequeño de 13 años y asintió con su cabeza.
-Me llegó esta carta para usted.

El muchacho le entregó un sobre, dentro, las letras de María indicaban la gravedad de su enfermedad, pidiendo perdón, no podía cuidarse sola.

***

Dolores no volvió por sentirse mal al haber dejado a María, ella no sentía culpa; ella regresó porque su madre necesitaba limpiar sus pecados, así como los viajeros se purgaban con su bendición, a ella no le pesaba, a ella no le importaban sus pecados y viajaba para limpiar el de los demás, incluyendo a los de su madre.

iRazu

martes, 10 de abril de 2012

de luto

El camino se ilumina por las luces del camión, pasaba de la media noche y no lograba distinguirse algún otro faro, hace frío y no encuentro la chamarra que guarde, mis piernas están entumidas, los brazos acalambrados, mis ojos hinchados por las lágrimas que no me permito derramar, debo ser fuerte, quiero serlo, sonreír para decirte "estoy bien".

Cuántos "te amo" desearía poder haberte dedicado, cuántos más abrazos, más tardes de café, cariños, anécdotas que otros no vería interesantes, pero que siempre escuchabas.

El camino parece largo y todavía no amanece, las líneas blancas en el asfalto se pierden; en el cielo las estrellas me indican una infinidad de mapas que no consigo descifrar.

¿Dónde estás? ¿Qué es de ti?

Veo tu cuerpo dentro de una caja, parece que duermes ¿qué sueñas?

No sabemos que hay del otro lado y, es justamente eso, nos atemoriza, no saber qué hay en ese tramo del camino, en el que ya no hay asfalto ni luces, ni camión... no sabemos nada.

Se alzan los cánticos, tus favoritos, nosotros lloramos en silencio intentando mantener la voz para transmitirte con aquellas melodías que puedes estar en paz.

Amor
Sabiduría
Comprensión
Ternura

La lista podría seguir, de todas las virtudes que nos profesaste, recuerdos inundan nuestras memorias, alegrías, risas, eras nuestra cómplice, nuestra compañera, maestra de la vida... y ahora descansas, te elevas al reino del cual hablabas todos los días, que alentabas con tu fe.

Te extraño, no lo niego, lo seguiré haciendo, pero te honraré con cada palabra, con cada logro, así como honramos a los que nos dejan, porque nosotros buscaremos la felicidad que tanto te preocupaba, el perdón, la vida.

Para una mujer especial...

domingo, 1 de abril de 2012

mi credo

Creo... 
¿Creo?
¿En qué creo?
¿En qué puedo creer?
¿Qué debo creer?
¿Qué tan fácil es?
...
Creer en uno mismo,
en alguien más,
en lo increíble.
¿Creo?

Creo que creo en una fuerza interna, que me da vida, me ayuda a generarla pero, que a su vez, también puede destruirla, junto con su creadora.

Creo... creo que creo en un espíritu siempre presente, el cual yo llamo alma, que puede ser corrompible y que, por más que luche, el alma muta, ya sea a favor o en contra, no importa, se transforma.

Y ¿si en mi desesperación dejo de creer que creo? ¿A dónde se dirigiría mi mente? Y mi cuerpo... ¿cambiará?

Madre, pura y casta, responda mis plegarias que se enajenan en silencio.
Padre, no me abandone, en mi camino tortuoso, entre la pasión y el miedo, ilústreme y dígame qué tengo que hacer.

Creo, sin saberlo, en el fin de la existencia, en los días en los que seré juzgada por mis palabras, por mis actos, por mis pensamientos; los pecados que forje por ti, por mi. Al momento de mi debilidad y de mi añoranza, la tormenta que no me dará ni júbilo ni pesar, creo que si el infierno está lleno aún así el paraíso me será negado.

Creo, y sin embargo sospecho más, de aquellas figuras que escupen sangre, alzando alabanzas, quemando gargantas, me corrompen, como el ácido en mi rostro.

Creo...
en la santa
el casto
la mártir
el sacrificio.


Creo, en tu misa, en tu palabra y la comunión de cada día, rezando al padre olvidado, lamentando a los leprosos de alma, de vocación.


Creo... aunque no estoy segura de qué creo, pero lo intento, creo, no de manera ferviente, solo creo, en ese templo ubicado debajo del ombligo, del tuyo, del mio; del oasis en tus ojos, del manantial de tu boca... uno que profanamos cada noche, junto con el silencio, y cada noche, cada evento, cada misa, me aseguro que no solo sea un credo.


Adoración o fanatismo, libertad o esclavismo, veracidad o espejismos... ¿creo? ¿en verdad creo?


*iraZu

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...