La espesa neblina que oculta la choza de la montaña, la cuida celosa de que alguien se fije en ella, no lo permite, no la dejará, es su casa, es su rincón, su pequeño mundo.
***
Dolores respiraba el aire puro, se sentía libre, del humo de cigarros baratos, del aliento de aguardiente, de los gritos de María, por primera vez se sentía libre y dichosa cuando unos brazos fuertes la abrazaron por la espalda. Sintió como los labios de su amante presionaban su cuello y la lengua lamía su nuca, las cosquillas se apoderaban de su cuerpo y deseó estar en todos los lugares de la cabaña, menos la cama; quería hacer la guerra sin cansancio.
Cuatro años, tuvo que correr, cuatro años para poder sentirse libre de su madre, había huido de las mentiras, de las fantasías que le contaba; Rapunzel le había abierto los ojos a la crueldad de su familia, de los pecados cometidos y de aquellos que serían embarrados en ella por nacer bajo aquel seno, una maldición de la que no era fácil de desprenderse.
De pronto, un hambre anunció su estancia en el cuerpo de ambos mortales, no era un hambre carnal, eran sus cuerpos que les pedían alimento, ambos rieron y decidieron ir al pueblo por comida. Las calles sin pavimentar eran tranquilas, todos se saludaban, todos se sonreían, Dolores se sentía feliz, como si estuviera en casa, nunca había entendido aquellos dichos de:
De pronto, un hambre anunció su estancia en el cuerpo de ambos mortales, no era un hambre carnal, eran sus cuerpos que les pedían alimento, ambos rieron y decidieron ir al pueblo por comida. Las calles sin pavimentar eran tranquilas, todos se saludaban, todos se sonreían, Dolores se sentía feliz, como si estuviera en casa, nunca había entendido aquellos dichos de:
Pueblo chico, infierno grande
Los habitantes eran amables, cálidos, simpáticos... o eso creía.
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No llevaba ni un mes en aquel pueblo cuando los rumores comenzaron a volar, su relación fuera del matrimonio y el hecho de tener su casa en el lugar más apartado del pueblo levantaba sospechas, rumores que comenzaban a hacer daño, pocos eran los comerciantes que querían tratar con ella, frases como "una dama no vive en el pecado fuera del matrimonio" comenzaban a ser el pan de cada día, ella ignoraba, pero él no lo aguantaba.
Dolores aprendió de Rapunzel a amar sus pecados, a no avergonzarse, pero su amante no venía de la misma cuna.
-No puedo -le decía él-, no aguanto las voces, te insultan y estás como si nada.
-No nos han hecho daño...
-¡Mírate Dolores! Haz bajado de peso y todo porque no nos quieren vender alimento.
Dolores mostró una sonrisa, frágil pero llena de alegría, ella aguantaba, él no... él se fue.
Dolores aprendió de Rapunzel a amar sus pecados, a no avergonzarse, pero su amante no venía de la misma cuna.
-No puedo -le decía él-, no aguanto las voces, te insultan y estás como si nada.
-No nos han hecho daño...
-¡Mírate Dolores! Haz bajado de peso y todo porque no nos quieren vender alimento.
Dolores mostró una sonrisa, frágil pero llena de alegría, ella aguantaba, él no... él se fue.
***
-¿Usted es Dolores?
Un niño se había acercado a la chica, ella miró al pequeño de 13 años y asintió con su cabeza.
-Me llegó esta carta para usted.
El muchacho le entregó un sobre, dentro, las letras de María indicaban la gravedad de su enfermedad, pidiendo perdón, no podía cuidarse sola.
***
Dolores no volvió por sentirse mal al haber dejado a María, ella no sentía culpa; ella regresó porque su madre necesitaba limpiar sus pecados, así como los viajeros se purgaban con su bendición, a ella no le pesaba, a ella no le importaban sus pecados y viajaba para limpiar el de los demás, incluyendo a los de su madre.
iRazu
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