Creo...
¿Creo?
¿En qué creo?
¿En qué puedo creer?
¿Qué debo creer?
¿Qué tan fácil es?
...
Creer en uno mismo,
en alguien más,
en lo increíble.
¿Creo?
Creo que creo en una fuerza interna, que me da vida, me ayuda a generarla pero, que a su vez, también puede destruirla, junto con su creadora.
Creo... creo que creo en un espíritu siempre presente, el cual yo llamo alma, que puede ser corrompible y que, por más que luche, el alma muta, ya sea a favor o en contra, no importa, se transforma.
Y ¿si en mi desesperación dejo de creer que creo? ¿A dónde se dirigiría mi mente? Y mi cuerpo... ¿cambiará?
Madre, pura y casta, responda mis plegarias que se enajenan en silencio.
Padre, no me abandone, en mi camino tortuoso, entre la pasión y el miedo, ilústreme y dígame qué tengo que hacer.
Creo, sin saberlo, en el fin de la existencia, en los días en los que seré juzgada por mis palabras, por mis actos, por mis pensamientos; los pecados que forje por ti, por mi. Al momento de mi debilidad y de mi añoranza, la tormenta que no me dará ni júbilo ni pesar, creo que si el infierno está lleno aún así el paraíso me será negado.
Creo, y sin embargo sospecho más, de aquellas figuras que escupen sangre, alzando alabanzas, quemando gargantas, me corrompen, como el ácido en mi rostro.
Creo... aunque no estoy segura de qué creo, pero lo intento, creo, no de manera ferviente, solo creo, en ese templo ubicado debajo del ombligo, del tuyo, del mio; del oasis en tus ojos, del manantial de tu boca... uno que profanamos cada noche, junto con el silencio, y cada noche, cada evento, cada misa, me aseguro que no solo sea un credo.
Creo, y sin embargo sospecho más, de aquellas figuras que escupen sangre, alzando alabanzas, quemando gargantas, me corrompen, como el ácido en mi rostro.
Creo...
en la santa
el casto
la mártir
el sacrificio.
Creo, en tu misa, en tu palabra y la comunión de cada día, rezando al padre olvidado, lamentando a los leprosos de alma, de vocación.
Creo... aunque no estoy segura de qué creo, pero lo intento, creo, no de manera ferviente, solo creo, en ese templo ubicado debajo del ombligo, del tuyo, del mio; del oasis en tus ojos, del manantial de tu boca... uno que profanamos cada noche, junto con el silencio, y cada noche, cada evento, cada misa, me aseguro que no solo sea un credo.
Adoración o fanatismo, libertad o esclavismo, veracidad o espejismos... ¿creo? ¿en verdad creo?
*iraZu
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