miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Dos mil gracias!

Antes de cumplir el año con el blog, se han conseguido las dos mil visitas... algo que a la creación de este espacio ni se me cruzó por la mente. Este proyecto ha tomado forma poco a poco y se que aún hay cosas inconclusas que espero resolver más adelante, hay ocasiones que no se si lo que plasmo no son claras o no llegan al punto deseado... ¿opiniones? ¿críticas? solo de los más allegados a mi, a veces el entrar al contador y ver que realmente me leen, me da fuerzas... y no encuentro palabras más adecuadas como GRACIAS.
Gracias por estar ahí, leyendo y dándome ánimos sin que se dieran cuenta, gracias por seguir historias descabelladas, crueles, historias que jamás creí poder escribir, por que las letras consiguieron ser el medio para destruir, crear, asesinar, revivir, lamentar, gozar: emociones, sentimientos, deseos, sueños, anhelos... Ha sido todo un año de experiencias y cambios, todos pasamos por ellos día a día, morimos y renacemos al salir el sol (o mucho después de que salga...) así que me imagino que alguno de ustedes sabrán a que me refiero... por más "aburrida" que parezca nuestra vida, es la aburrición más intensa que tenemos, solo nos queda aferrarnos, solo me queda aferrarme... y salir adelante.
Quiero agradecerte a ti, que me lees y sigues poco a poco las historias de este ático... si quieres quejarte, reclamare, o desahogarte... acá está tu espacio, porque todos necesitamos el nuestro.

irazu

lunes, 26 de diciembre de 2011

ellos no perdonan

Entró por la puerta trasera, arrastrando su pesado cuerpo, un rastro carmesí indicaba su camino, lo había logrado, había llegado a la casa, estaba a salvo. Logró mirar como se acercaba su gata y pisaba el charco de sangre, lamía sus patas y la observaba con detenimiento. Sonrió para ambas, siempre quiso ser como Irazu, un ser libre que no dependía de nadie, ni de ella misma; estaba débil, estaba tranquila, ya no le dolía la herida del abdomen, pensó en su madre, en el desprecio de su padre, en el destino de su tío Jorge, en su gatita y en ella... en Rapunzel, su único amor, la única que le enseñó a no dejarse por nadie, aquella que le demostró la palabra orgullo, la había perdido, se la habían llevado y, ahora que sabía quien era el culpable, no podía hacer nada. Se desangraba poco a poco, teniendo en mente solo un rostro.
Rapunzel
***
María no se atrevió a entrar al baño de nuevo, afuera la sirena sonaba aturdiendo a todo el vecindario; milagrosamente logró escuchar como golpeaban la puerta, parecía que la tirarían, ella caminó despacio, tenía miedo, sospechaba quien estaría detrás de todo alboroto, y no se equivocó.
Manuel estaba agitado, pálido, fuera de sí.
-¡¿Dónde está?!
Era un reclamo, entró tajante a la casa y subió las escaleras.
-¡DÓNDE ESTÁ!
María se tumbó al suelo y comenzó a llorar, abrazó su cuerpo y se culpó a sí misma. Arriba se abrían todas las puertas de golpe, una por una, la casa temblaba cada que Manuel se hacía paso. Llegó a la recamara,  la cama estaba desordenada, húmeda, era la primera vez que la usaban, pero él no estaba ahí. Manuel siguió buscando.
Llegó a la puerta del baño, cerrada con seguro, la abrió de una sola patada. Abajo lloraba María.
***
-Por qué no debo amarte?
-Porque somos iguales.
-¿Y eso qué importa? Ni que fueras de mi misma sangre.
-Recuerda esto... ellos no perdonan...

ellos no perdonan


*irazu*

sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad

Estaba sentada en la sala, se sentía sola; la casa también lo sentía, temblaba con cada suspiro de ella y crujía cada minuto. Se sobresaltó al sentir su suave pelaje por sus piernas, acarició a su pequeña gata mientras miraba en el lugar donde estaría el famoso árbol de navidad, recordó la Navidad pasada, la única navidad agradable en su vida.
***
-¡Feliz Navidad, mocosa!
Rapunzel caminaba rápido a pesar de sus tacones, ignorando las miradas de los peatones, Elisa logró alcanzarla.
-¿De verdad quieres festejarla este año? -preguntó la pelirroja fastidiada.
-Nunca he tenido una Navidad grata, papá me mandaba a la cama a gritos mientras mi mamá le respondía, siempre he tenido curiosidad de cómo lo festejan otras personas.
Llegaron a la torre y subieron las escaleras.
-Si tienes curiosidad -dijo Rapunzel mientras abría la puerta- nosotras trabajábamos horas extra, era la noche en la qué más hombres querían sexo, había incluso empresarios que iban en grupo.
Elisa miró al suelo antes de entrar al departamento, un olor a pino inundó el lugar, serpentina, esferas y estrellas decoraban el departamento.
-La madre superiora me manda siempre cositas para que adorne... pensé que te gustaría.
Elisa casi llora de la emoción, era la única ocasión que alguien hacía algo para ella.
-Ven, hay que cenar.
***
Irazu jugaba con la pulsera de su dueña mientras ella se perdía en sus recuerdos, aquella noche estaría sola, otra vez.
Alguien toca la puerta, el cerrojo da vuelta y ve entrar a su tío, con un regalo envuelto en papel rojo y mono verde, típico cliché.
***
-Toma.
Rapunzel le extendió un brazalete.
-No quise envolverlo, se me hace muy ñoño y no tenía dinero para ello.
Rió y la abrazó, la amaba, no le importaban los regalos caros, árboles blancos de navidad y una casa llena de luces con una cena que alimentaría a cinco familias por todo un año, solo la quería a ella.
-Me siento mal, no te traje ningún regalo.
Rapunzel sonrió, la abrazó mientras le quitaba el suéter.
***
-Ven a cenar con nosotros, María cocinó algo muy especial.
-No tío, no tengo ganas de salir.
Toño abrazó a su sobrina y salió de la casa; Elisa quedó abajo de una cobija mientras miraba el lugar en donde estaría colocado el árbol de Navidad, Irazu le pasaba calor mientras ella recordaba, recordaba mientras afuera festejaban, se oían villancicos y felicitaciones cálidas.

irAzu***

miércoles, 21 de diciembre de 2011

pasión

No había sido nada fácil, ocultar su relación, hacer un esfuerzo por no mirarla todo el tiempo en la escuela, en la calle, hasta en su casa; recordó un año atrás, antes de entrar a la universidad, como su tío fue exiliado de la ciudad sólo por haber amado.
***
Salía de la regadera, sin toalla que cubriera su naturalidad, lo miró en la cama, agotado, tranquilo, en paz; sonrió para sus adentros y se sintió afortunado, pero sabía que duraría poco.
Se miró en el espejo antes de irse a trabajar, dentro de él había un presentimiento de que ése sería su último día en la ciudad, lo supo desde hace tres días, lo supo al depositar los condones en una bolsa de deshechos tóxicos, lo supo al salir del hospital.

Firma tu renuncia, toma las maletas, sal de la ciudad antes de que te corran a patadas... no te despidas de él o correrá el mismo destino.
¿Lo extrañas? ¿Lo amas? ¿Deseas el mismo trato que has recibido por parte de la sociedad, de tus vecinos, de tu familia?
***
-Sigo sin entender por qué lo hizo.
Elisa le acercaba una taza de té de manzanilla mientras Rapunzel vigilaba las calles de la ciudad desde su guarida, ambas escuchaban aquella triste historia.
-Nos van a cazar... 
El extraño miró a la chica de la peluca roja.
-Tú lo sabes.
Siguió vigilando, el gobierno y la iglesia se habían unido para aniquilar lo "podrido" de la ciudad, tenían una manera particular de hacerlo; mentiras, votos falsos, una vida al clérigo o el exilio, violación, esclavitud.
-No regresaré al convento.
Dijo con seguridad, pero sabían los tres que no bastaba, había que ser prudentes.
***
Cuando menos lo supo, se vio a si mismo en un callejón compartiendo su cama con las ratas, en la esquina, las prostitutas murmuraban, una de ellas se acercó para ofrecerle un pedazo de pan.
-¿Cuánto?
Él mordió el pan mientras ella lo penetraba con la mirada.
-Un mes.
Lo cubrió con una cobija, temblaba, lo único que lo mantenía fuerte eran las tardes acurrucado en la cama con su pareja, un recuerdo que sentía lejano.
-No puedes descuidarte así, ven al refugio.
***
-¿El refugio?
Rapunzel acarició el rostro de su novia.
-Una hermandad creada por prostitutas, homosexuales, adictos... y para todo aquel que haya contraído VIH, sea o no de algún grupo anterior... ahí no discriminan.
Elisa tembló ante la mención de aquella maldición, no había cura, todo era una locura.
-Reza porque tu tío los haya encontrado.
Recordó el rechazo y abandono por su parte pero, sin importar que tan mal la había tratado, no merecía aquel destino, ya bastante tenía con sus pecados para adquirir uno más...


irazu

miércoles, 14 de diciembre de 2011

rebeldíA

Si todo regresara a ser como era antes, regresar a la inocencia, a la infancia que les fue arrebatada. A pesar del tiempo, de los años, aquellas heridas seguían frescas, no curaban; no importaba cuánto fingieran, no importaba cuantas veces dijeran "no pasa nada"; su pasado los atormentaba.
***
Eduardo ya ni se molestaba por ponerse el abrigo, ignoraba los reclamos de su esposa cuando alguien tocó la puerta, él sabía quien era. En el umbral, Manuel sostenía del brazo a María, quien evitaba la mirada de sus padres. Karla corrió y abrazó a su hija, Eduardo intercambió miradas con Manuel.
-Enséñele a su hija a comportarse, no quiero volver a arriesgar a mi familia.
-Una disculpa por el comportamiento de mi hija, no volverá a pasar.
Cerró la puerta para después mirar seriamente a la adolescente, Erika la abrazaba fuerte.
-Erika, suéltala.
Su voz era fría y rígida, un escalofrío recorrió la espalda de la niña, lo que provocó un ligero temblor, su madre se aferró más a ella.
-No la vas a tocar.
-¡Tiene que aprender a obedecer!
Los gritos comenzaron, la discusión se prolongaba otra noche más en aquella casa, el clima se había vuelto tenso desde la desaparición de María aquella tarde trágica en la que, al regresar, dejó de ser la misma.
***
Manuel había regresado, estaba cansado de las visitas de esa chica, miró a Toño en un rincón esperándolo.
-Perdona amigo- intentó mostrarle una sonrisa -, pero no quiero tener más problemas.

No importaba cuántas veces Manuel regresara a María a su casa, ella siempre volvía a escaparse para ver a Toño, decía estar enamorada y todos esperaban que fuera una etapa de la adolescencia, una temporada de rebeldía que se iría como llegó; pero las visitas inesperadas duraron más que una eternidad.

***irazu***

domingo, 11 de diciembre de 2011

abrazo

En la prepa, aprendí a comportarme: aprendí a responderle a mis compañeros del salón, a mis amigos, a mis profesores, a mis padres...
Aprendí de ella a no dejarme manipular de nadie, la Elisa tierna y calladita había dejado de existir y todo gracias a ella, a mi pequeño ángel endemoniado, mi ángel de alas rojizas como su cabello, de garras y colmillos impregnadas en veneno, mi pequeño ángel que me llevó a la gloria con blasfemias y maldiciones; había cambiado gracias a ella, mi ángel guardian sacado de un cuento macabro para niños, una medusa de cabellera larga encerrada en una torre.
***
Elisa dejó su mochila en la silla donde supuestamente era la sala, había ya estado varias veces en la torre de Rapunzel.
-Ten, igual y esto te queda.
Rapunzel le extendió a Elisa una sudadera  y pantalones cortos, dos años y medio de amistad habían provocado en la más inocente un cambio radical en su actitud; ésto provocó la enemistad de sus primeras "amigas", que no les pareció que se juntara con la afortunada de traer a cuanto hombre quería a sus pies, la tachaban de prostituta por todos los rumores que se corrían por los pasillos a altas horas de la noche.
-¿Otro obsequio?
-Póntelo y deja de rezongar o te vas a enfermar.
Era otra tarde lluviosa y, como siempre, Elisa había perdido el paraguas que le compró su tío, rió por debajo, recordando la segunda vez que cruzó palabras con Rapunzel, una situación muy parecida a la actual. La segunda le dio una toalla y se acercó otra silla para sentarse.
-¿Vas a quedarte aquí?- preguntó Elisa con las mejillas rojas.
-Es mi casa, me quedo donde yo quiera.
La chica se volteo, le daba pena desnudarse frente de su amiga.
-Tu ropa interior también está empapada, deja te traigo algo para que no te enfermes.
Elisa se cubrió con la toalla, estaba avergonzada y tenía frío, sentía como las gotas frías de sus panties bajaban por sus piernas, estornudó y se cubrió el rostro con la toalla.
-Te dije que te quitaras todo.
Descubrió su rostro y la vio, estaba frente a ella.
-Creo que te está dando fiebre.
Tenía el rostro más rojo que un tómate, temblaba por el frío y por los nervios de tenerla tan cerca.
Rapunzel metió sus manos debajo de la tolla y bajó los calzones de Elisa, sus frías manos desabrocharon el brasier húmedo. Elisa cerró los ojos, le apenaba la situación: primero, que toda su ropa interior se trasparentara a causa de la lluvia; segundo, tener que desnudarse frente a la joven que le causaba mariposas en su estómago y, finalmente, que ahora esa misma chica pasaras sus manos por su cuerpo...
Abrió los ojos de golpe al sentir los labios de su amiga en los suyos, temió abrir la boca, pero deseaba saborear ese sabor que dicen que provoca la perdición.
-Necesitas entrar en calor o te enfermarás.
Hizo una pequeña pausa antes de besarla de nuevo y tumbarla en el piso. Sería una mentira decir que Elisa no hizo nada y se quedó paralizada por la impresión. Ella no tardó en abrasarla y responder a sus caricias, a quitarle de igual manera su ropa quedando en un abrazo que ambas repetirían en más de una ocasión en lo que les quedaba de vida juntas.


irazu

jueves, 1 de diciembre de 2011

Luces de neón

El antro estaba oscuro y se iluminaba de a ratos con lassers de color verde, rosa, azul cielo y purpura; era la primera vez que entraba al lugar, en su bolsillo sentía el peso de una credencial falsificada. Las luces, el humo, el sonido elevado por los cielos le ocasionaba dolor de cabeza.
-¡¿Podemos irnos?!
Su acompañante no la escuchaba debido a la música, solo se dedicaba a mover los brazos y las caderas, por un momento temió que fuera el efecto que la bebida que pidió en la barra tuviera alguna droga; aunque, lo más probable, es que la bebida provocara ciertos movimientos con o sin sustancias alucinógenas. 
No sabía ni porque habían ido, solo recordó verla llorar en los sanitarios pidiendo ir a un lugar donde olvidara todo... cuando menos se dio cuenta, había tomado una credencial falsa y entraba temerosa por el lugar. ¿Por qué no podía ser como la gente normal? Que con un abrazo y palabras de aliento se animaba.
Pero claro, tenía que enamorarse de la chica más rara de la escuela.
Decidió sentarse un rato y observar a la gente, veía parejas tomadas de la mano, con dedos entrelazados, personas abrazadas dándose mordiscos en el cuello,algunas se metían mano sin discreción alguna; era una discoteca, es normal ver a las personas que se agasaja como animales, es normal ver dos chicas besándose, dos hombres manoseándose a media pista... Reaccionó.
Buscó a su acompañante, pero se había perdido en el mar de gente; intentó gritar, pero el sonido ahogo  su llamado. Se movió entre la multitud y chocó con una pareja, intentó disculparse y reconoció a su tío.
Parecía que el tiempo se detenía, lo vio agarrado de la mano de un chico apuesto con camiseta sin mangas y ajustada. Sus labios se movieron, pero no se escuchaba nada.
-¿ Tío Jorge?
La mandíbula de él se desencajó, agarró del brazo a la niña y la arrastró hasta los baños, el olor a cigarro inundaba el lugar.
-¿Qué haces aquí?
Tenía miedo, si su tío le decía a su padre, se daba por muerta, se atrevió a mirarlo a los ojos y notó, que al igual que ella, estaba pálido, con miedo.
-¿Qué te pasa idiota? ¡Suéltala!
La chica de las pelucas coloridas había llegado a su defensa.
-¿Quién te crees?
Ambos se quedaron callados, Jorge soltó a Elisa, pero no dejaba de temblar.
-Yo no te vi aquí, pero tu tampoco me viste a mi.
Salió del pasillo de los baños y se perdió en la multitud.
-¿Estás bien?
Elisa asintió sin perder la vista de su tío.
-Gracias por acompañarme, aunque creo que no es el lugar más indicado para que estés aquí.
Ambas chicas salieron a la calle, Elisa tomó la mano de Rapunzel, quien no rechazó el gesto.

Meses después, Elisa entendería que lo que vio aquella noche no era bien visto por su familia, por sus compañeros de salón, por sus vecinos, por la colonia, por la sociedad.

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...