Rapunzel
***
María no se atrevió a entrar al baño de nuevo, afuera la sirena sonaba aturdiendo a todo el vecindario; milagrosamente logró escuchar como golpeaban la puerta, parecía que la tirarían, ella caminó despacio, tenía miedo, sospechaba quien estaría detrás de todo alboroto, y no se equivocó.
Manuel estaba agitado, pálido, fuera de sí.
-¡¿Dónde está?!
Era un reclamo, entró tajante a la casa y subió las escaleras.
-¡DÓNDE ESTÁ!
María se tumbó al suelo y comenzó a llorar, abrazó su cuerpo y se culpó a sí misma. Arriba se abrían todas las puertas de golpe, una por una, la casa temblaba cada que Manuel se hacía paso. Llegó a la recamara, la cama estaba desordenada, húmeda, era la primera vez que la usaban, pero él no estaba ahí. Manuel siguió buscando.
Llegó a la puerta del baño, cerrada con seguro, la abrió de una sola patada. Abajo lloraba María.
***
-Por qué no debo amarte?
-Porque somos iguales.
-¿Y eso qué importa? Ni que fueras de mi misma sangre.
-Recuerda esto... ellos no perdonan...
ellos no perdonan
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