En la prepa, aprendí a comportarme: aprendí a responderle a mis compañeros del salón, a mis amigos, a mis profesores, a mis padres...
Aprendí de ella a no dejarme manipular de nadie, la Elisa tierna y calladita había dejado de existir y todo gracias a ella, a mi pequeño ángel endemoniado, mi ángel de alas rojizas como su cabello, de garras y colmillos impregnadas en veneno, mi pequeño ángel que me llevó a la gloria con blasfemias y maldiciones; había cambiado gracias a ella, mi ángel guardian sacado de un cuento macabro para niños, una medusa de cabellera larga encerrada en una torre.
***
Elisa dejó su mochila en la silla donde supuestamente era la sala, había ya estado varias veces en la torre de Rapunzel.
-Ten, igual y esto te queda.
Rapunzel le extendió a Elisa una sudadera y pantalones cortos, dos años y medio de amistad habían provocado en la más inocente un cambio radical en su actitud; ésto provocó la enemistad de sus primeras "amigas", que no les pareció que se juntara con la afortunada de traer a cuanto hombre quería a sus pies, la tachaban de prostituta por todos los rumores que se corrían por los pasillos a altas horas de la noche.
-¿Otro obsequio?
-Póntelo y deja de rezongar o te vas a enfermar.
Era otra tarde lluviosa y, como siempre, Elisa había perdido el paraguas que le compró su tío, rió por debajo, recordando la segunda vez que cruzó palabras con Rapunzel, una situación muy parecida a la actual. La segunda le dio una toalla y se acercó otra silla para sentarse.
-¿Vas a quedarte aquí?- preguntó Elisa con las mejillas rojas.
-Es mi casa, me quedo donde yo quiera.
La chica se volteo, le daba pena desnudarse frente de su amiga.
-Tu ropa interior también está empapada, deja te traigo algo para que no te enfermes.
Elisa se cubrió con la toalla, estaba avergonzada y tenía frío, sentía como las gotas frías de sus panties bajaban por sus piernas, estornudó y se cubrió el rostro con la toalla.
-Te dije que te quitaras todo.
Descubrió su rostro y la vio, estaba frente a ella.
-Creo que te está dando fiebre.
Tenía el rostro más rojo que un tómate, temblaba por el frío y por los nervios de tenerla tan cerca.
Rapunzel metió sus manos debajo de la tolla y bajó los calzones de Elisa, sus frías manos desabrocharon el brasier húmedo. Elisa cerró los ojos, le apenaba la situación: primero, que toda su ropa interior se trasparentara a causa de la lluvia; segundo, tener que desnudarse frente a la joven que le causaba mariposas en su estómago y, finalmente, que ahora esa misma chica pasaras sus manos por su cuerpo...
Abrió los ojos de golpe al sentir los labios de su amiga en los suyos, temió abrir la boca, pero deseaba saborear ese sabor que dicen que provoca la perdición.
-Necesitas entrar en calor o te enfermarás.
Hizo una pequeña pausa antes de besarla de nuevo y tumbarla en el piso. Sería una mentira decir que Elisa no hizo nada y se quedó paralizada por la impresión. Ella no tardó en abrasarla y responder a sus caricias, a quitarle de igual manera su ropa quedando en un abrazo que ambas repetirían en más de una ocasión en lo que les quedaba de vida juntas.
irazu
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