domingo, 3 de diciembre de 2017

Partida

Dime dónde te encuentro
porque mis pasos son cansados
y mi vista se encuentra agotada;
dime dónde te siento
si las palmas de mis manos son duras
a causa del trabajo bajo el sol;
dime dónde te encuentro
ahora que no me queda nada...

***

Y en la penumbra, tumbada boca arriba, escuchado solamente su respiración entrecortada, sosteniendo su abdomen húmedo y pegajoso, el dolor era tan agudo que había dejado de sentirlo mientras se debilitaba; pronto los latidos de su corazón dejaron de retumbar y quedó solo la figura inerte de su pálido cuerpo.

Diez horas después se imprimiría su nombre en la lista de obituarios de la ciudad, una página después de los anuncios de ocasión, aquella tarde todo se había reducido a unas cuantas letras cursivas pidiendo acompañaran al sepelio de aquella noche.

Todos se preguntaban la causa tan prematura de su partida, era joven, sin una vida agitada que presumiera algún riesgo. Algunos se aventuraron a decir que había sufrido un asalto a pesar de que en la escena tenía todas sus pertenencias, incluida su cartera con algo de efectivo dentro. Tal vez algún amante furioso, algún amigo que se sintió traicionado... nadie sabía a ciencia cierta lo que había provocado su muerte, me atrevería a decir que ni siquiera ella, quien ahora permanecía dentro del ataúd de madera, su piel lisa y perlada resaltaba gracias al rubor con el que la habían maquillado.

Una pequeña niña se había acercado a la caja, apenas y alcanzaba a ver cuando se paro de puntitas, sosteniéndose del filo con ambas manos. Aquellos que se encontraban cerca consiguieron escuchar su pequeña voz preguntándole al cuerpo sin vida por los crayones que habían usado hace una semana, quería hacerle un dibujo mientras esperaba que despertara. Un sollozo y un par de murmullos se escucharon después de que el padre fuera por la niña y se la llevara lejos; "ella no va a despertar"...

***

¿En dónde te encuentro?
Ahora que no quedan lamentos para recordarte lo corta que fue mi vida
...

iRazu*

domingo, 19 de noviembre de 2017

Incubus


Quisiera decirte que todo va bien, que el sol me acaricia la piel todas las mañanas, que cada que el aire golpea mi ventana me incita a inhalar una buena bocanada de vida... me gustaría decirte que así me siento... me siento viva...

***

-... la piel se rasgo como papel cuando sus colmillos se enterraron en su cuello, bebió de ella hasta saciarse, hasta que la dejó seca...

La siguiente parada era la mía, por lo que no terminé de escuchar el relato que le contaba aquella joven a su hermana a dos asientos frente a mi; lo que seguía ahora era caminar cinco cuadras, realmente no importaba cuanto atrasara mi paso siempre llegaba puntual a la puerta metálica de la casa 20 de la calle Fulgores y seguía sin poder acostumbrarme al rápido latir de mi corazón cada que llegaba. A veces sentía que perdía el aire, la cabeza podría darme vueltas y aún así conseguía permanecer de pie... meto la llave a la cerradura y el sol se queda en la calle.

Desearía que el tiempo pausara por una pequeña fracción, un segundo que me permitiera sentirme aunque sea un poco segura para poder mirar las paredes que me rodeaban y poder admirar la trama del papel tapiz, el desgaste que había en las esquinas y la humedad que se acumula, incluso un segundo para poder sentir como el frío se apodera de mi cuerpo cada que llego a mi habitación después de hacer mis deberes... un segundo, solo pido un segundo.

El primer golpe lo sentí en la madrugada, no alcancé a ver la hora pero aquello había dejado de importar, sentí el polvo del suelo en mis brazos desnudos mientras me encogía en posición fetal esperando el siguiente agarre... por favor termina...

***

Conseguí escuchar a algunos de mis compañeros de trabajo quejarse por las guardias que acababan de ingresar en nuestros horarios seguido por la mala paga mientras preparaba un café cargado, podría esconderme en el pequeño rincón de la cocina toda la mañana, podrían sancionarme descontándome el día o incluso mandarme a casa, así que cargué la taza hasta mi oficina ignorando el reflejo de mis ojeras en el monitor.

¿Cuánto es lo más que puedo retener el reporte en mi lugar antes de que vengan a reclamarme? Podrían quedarme a trabajar hasta tarde...

A veces siento que vivo una broma cada que veo a las dos chicas que se sientan dos asientos frente a mi leer el mismo libro durante el trayecto a casa, siempre el mismo párrafo, siempre las mismas risas, siempre las mismas preguntas... ¿acaso ellos aman? Me aguanto las ganas de llorar y oculto mi rostro en la capucha del abrigo que llevo puesto, podría distraerme y pasarme de mi habitual parada...

Y otra vez estoy a tiempo frente a la puerta oxidada, sin importar cuanto lo atrase, sin importar cuando me desvíe, siempre llego puntual a esa vieja chapa que detesto tanto... meto la llave y giro el cerrojo entrando a la casa, dejando al sol en la calle.

¿Cuántas veces debo barrer el comedor antes de que el polvo se apodere de nuevo del suelo? Me detengo al ver el par de listones rojos en el suelo y es ahí donde me derrumbo, temblando de miedo y llorando de coraje, apretando los dientes y golpeando el suelo con los puños cerrados... todo había iniciado aquella noche en la que inocentemente corte el aire con aquellas tiras, sin saber que lo había invocado, que lo había llamado.

***

El primer golpe me dejó indefensa antes de sentir las garras en la garganta, dejándome sin aire, ahogándome en mi miedo; los colmillos desgarraron más allá de la piel, rompiendo las fantasías que surgieron tras las romántica idea de que ellos amaban; bebió de mi sangre de la forma mas violenta, dejando una nueva marca en mi cuerpo magullado, lastimando las heridas sin sanar... y tan solo espero que todo acabe, queriendo olvidar que mañana volveré a ser suya, que sin importar los rosarios que rece no conseguiré que se vaya, ya que se alimenta con lo poco que queda de mi alma... y aún así me mantengo de pie, sin aire, la cabeza dándome vueltas y con el pulso disparado.

iRazu*

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Petite morte


... es tocar las estrellas con las puntas de los dedos de los pies...

***

Recordó esa frase mientras el viento golpeaba su rostro, dejó escapar un suspiro cuando sintió que su mano era acariciada.

-Pronto llegaremos.

Sintió la humedad en el rostro y un sabor salado, relamió sus labios y olfateó la atmósfera, agudizó el oído tratando de capturarse una imagen con el resto de sus sentidos ya que una venda impedía que viera lo que había afuera de la ventana del vehículo.

Se recargó esperando llegar al destino, recordando aquella frase que escuchó por primera vez en segundo de secundaria, fingió ignorar la fascinación que le provocaba la simple idea de caminar entre los astros. Aquella tarde se miró frente al espejo desnuda, reconociendo su cuerpo que empezaba a cambiar, lo recorrió solo con el afán de validar si realmente lo que habían dicho sus compañeras era cierto y lo único que encontró fue una ligera sinfonía que le despegó los pies del suelo.

Durante 3 años esa fantasía se asomó en cada oportunidad que tenía, ella vio la manera de alcanzar el cielo estrellado pero solo consiguió alcanzar las nubes y para cuando perdió la cuenta de los intentos fallidos se conformó con la belleza de los atardeceres, incluso el ocaso, pero jamás alcanzó la noche.

Ahí estaba, quince años después viajando de copiloto con los ojos vendados, viajando a conocer el mar como regalo de aniversario.

Sintió un pequeño brinco en el corazón cuando escuchó que el motor se callaba, él le pidió que esperara y no se quitara la venda de los ojos, que fuera paciente. Tardó casi media hora bajo el sol quemándole sus piernas y el calor que la hacía escurrir el sudor por las sienes hasta que sintió que abrieron su puerta, se alarmó cuando sintió como le quitaba el calzado y las medias.

-Va a estar caliente, me dices si te molesta.

Asintió con la cabeza y pisó la arena, le caló pero no dijo nada, luego sintió como él la guiaba hacia el frente. Con cada paso la arena se volvía mas fresca, sintió los granos finos meterse entre sus dedos hasta que de un momento a otro, justo cuando él le soltó las manos, sintió la superficie dura y húmeda y, sin que se le diera tiempo, una ola fría cubrió hasta sus tobillos para después regresar y arrastras sus talones hacia al frente. Fue ahí cuando le descubrió los ojos, primero se encandiló con la luz del sol que se reflejaba en el mar y una vez acostumbrada pudo visualizar la belleza del mar por primera ocasión. Se dio cuenta de que había dejado de respirar cuando sintió el abrazo por su espalda, algo le estaba diciendo al oído, pero había dejado de escucharlo, en ella solo cabía toda la imagen perfecta del mar, se había llenado del paisaje, de los olores, de lo que su cuerpo sentía, solo escuchaba el romper de las olas... ya no había espacio para lo demás.

Aquella noche durmieron abrazados, o al menos él... porque ella no dejaba de pensar en aquella fotografía bajo el sol y ansiaba observarla bajo la luz de la luna. Se desató del amarre y salió a la playa. En esta ocasión la arena era fría y el viento era fresco. Había un aroma mezclado a madrugada y sal.

Miró al cielo, completamente espolvoreado, miró al fondo del mar y se sintió atraída, sintió como el agua helada chocaba contra la planta de los pies y se sumergía mientras seguía caminando hacía adelante, miró hacía abajo y observo la espuma chocar con sus pantorrillas...

Dejó de estar de pie... el suelo dejó de existir... ella se dio cuenta de que al fin había alcanzado las estrellas con las puntas de los dedos de los pies... y sintió la magia de la que tanto hablaban.



iRazu*

sábado, 14 de octubre de 2017

La cabaña


¿Y si solo basta con cerrar los ojos y dejarse caer al vacío?
¿Será de verdad que es tan sencillo?

***

El atardecer estaba llegando a su fin y mientras el sol se ocultaba tras el horizonte ella dejó que el último suspiro que habitaba en su pecho fuera libre, conforme llegaba la oscuridad también se hacía presente el vacío en su pecho; aquel ritual se había vuelto una costumbre, pero no importaba cuantas veces lo viviera, cuantos años había estado en dicha condición, ese vacío siempre le despertaba el mismo sentimiento: soledad, tristeza, melancolía, angustia. Conocía bien aquella rutina, conocía muy bien aquella sensación y aún así cada que el sol fallecía era como si lo viviera por primera vez.

Solo cuando el cielo se oculta en la penumbra salen las estrellas, espolvoreando el manto, solo aquellos destellos hacen que ella recupere el aliento nuevamente. Todas las noches hace lo mismo, se seca las lágrimas con la manga de la sudadera que trae puesta y mira hacia arriba, muda, sin poder articular las preguntas que resguarda en su alma.

Más sal sale de sus ojos mientras un nuevo aire helado invade sus pulmones, nuevamente mira alrededor y se abraza, es momento de volver a casa sola sin alguien que sostenga su mano o abra paso en la senda donde ya creció la maleza... a veces se pregunta nuevamente el sentido de su camino hasta que llega a casa, ese pequeño rincón situado en la falda de la montaña, el calor del fuego la recibe una vez abriendo la puerta, aquel fuego que proyecta la sobra de los muebles inerte en las paredes de madera.

"Estoy en casa" se repite al momento en que atraviesa el portal, ese aroma a roble y a humedad se hace presente y mientras se acomoda en el sofá viejo se escucha como saltan las brasas. No hay respuesta más que el viento de afuera.

Ve danzar las llamas para recordar que esta ahí por un propósito más grande que ella, por la promesa de guardar aquel santuario que da paso a las almas a otro lugar, que había aceptado el precio del dolor que en su ser causaba, porque aquel propósito era mucho más grande que cualquier sentencia... pero a más de veinte mil eternidades en dicho juego a veces le hacía olvidar qué hacía ahí.


iRazu*

martes, 8 de agosto de 2017

Incógnita


La puerta permaneció cerrada, desconozco por cuanto tiempo, no recuerdo el primer día que estuvo así... si busco en mis memorias está justo como la veo ahora: intacta, infértil, carente de sentido... vacía. Pareciera que es un objeto que permanece en perfecta armonía con lo que hay a su alrededor, una pared descuidada por el tiempo, carcomida por la humedad, llena de musgo, fría al tacto y que desprende un aroma peculiar.

Ya no se que me da temor, si el hecho de ver aquella puerta cerrada o la simple idea de abrirla y sentir como todo al rededor se desmorona, tan frágil a pesar de su gran tamaño.

Escucho un susurro en el oído, se han vuelto constantes... cada que apago la luz y doy tres pasos escucho como si chasquearan la lengua y me escupieran una blasfemia sin sentido, tengo noches sin poder dormir por culpa de aquellas alucinaciones, o así las nombro para no entrar en pánico. Y hoy vuelvo a escucharlo, frente a aquella puerta y por un instante desearía que estuvieras aquí para abrazarme, sentirme protegida, que si el mundo se viene abajo sabré que tu estás conmigo y no me importara si todo se va al mismísimo infierno.

Pero no es así, estoy sola como en mis antiguos viajes, mostrándome dura cada que abro una puerta y me introduzco a una nueva aventura. Es difícil recordar en qué momento los cerrojos se volvieron pesados, en qué momento cada puerta se cargaba al dolor de mi espalda, en qué momento se volvió una tortura y no una fantasía... y ahora estaba ahí, frente al portón oxidado, con la incógnita de lo que habrá del otro lado.

Y fue entonces cuando la reconocí, sus detalles, el material del que estaba hecha, los grabados en el marco, había sido una puerta que había elegido no abrir después de haber pagado un precio alto por mi curiosidad, pero ahora estaba ahí, años después del primer intento, era inevitable, no podía escapar de ella... hoy es el día en el que abro esta puerta...

iRazu*

martes, 2 de mayo de 2017

Presa


Tenía a su presa en la mira, llevaba cuatro noches persiguiéndola pero por alguna razón siempre escapaba justo cuando tiraba del gatillo, cuatro noches en las que se había rendido y había regresado a su casa con la ira en la boca del estómago, cada que abría la puerta y regresaba con las manos vacías era un recordatorio de su fracaso.

Hoy no había luna que lo alumbrara, estaba solo con su experiencia, solo con su rencor, solo con su decisión a terminar su tarea a como de lugar, por ello cuando vio al ave posarse en la rama del viejo sauce calmó toda ansia por querer disparar y respiró profundo, mezclándose con la tierra, regulando el palpitar de su corazón para que se confundiera con la maleza, se fundía con la naturaleza solo para conseguir su propósito: llevarse a su presa a la casa, terminar con ella.

Tenía un plumaje hermoso, hoy que no había mas que las estrellas se podía admirar mejor su belleza, era un ave extraña de la cual pocos hablaban, incluso se dudaba de su existencia, un ave que solo alza el vuelo en la noche, de belleza sublime que se admira más en la oscuridad. Él se había obsesionado con sus historias y la buscó durante meses, cada que se sentía perdido recordaba las palabras de los más viejos.

<<Ella es capaz de darle sentido a tu vida>>

La primera vez que la vio quedó hipnotizado, la admiró durante un par de horas, la forma en la que movía sus alas, aquella gracia, fue ahí cuando se decidió a tenerla, las siguientes noches fueron una tortura, cada que la encontraba ella se ponía a la vista de él, presumiendo sus movimientos, volando a la parte más alta del sauce; cuando disparaba ella se perdía de su vista, era como si se burlara de él.

La admiración que sentía se transformó en coraje, el gusto por verla se convirtió en ansiedad por capturarla, su obsesión lo cegó y no le permitió embriagarse por las respuestas que había en su vuelo.

El silencio reinó en el lugar y él sabía que era su señal, se había convertido en la nada. Un casquillo bastó esa noche, una explosión que terminó con una vida, cayó con tanta gracia pero ya era solo un envase vacío...

iRazu* 


jueves, 27 de abril de 2017

Sombras

Apretó sus puños tan fuertes que sintió como se enterraba las uñas en las palmas, no le importó, su corazón latía rápidamente mientras se esforzaba por mantenerse de pie, sus piernas temblaban y un escalofrío recorrió su espalda. Estaba ahí, al frente, y lo sabía... sabía que tenía la última palabra, que todos esperaban que diera la orden, que si se adelantaba o atrasaba marcaría la diferencia entre la victoria o la derrota... nadie debería estar bajo dicha presión.

***

Despertó en medio de la madrugada, con el cuerpo empapado en sudor, trató de calmar su respiración acelerada como su corazón. Sintió una punzada en sus palmas; gracias a un pequeño haz de luz de luna que se asomaba por la ventana consiguió ver las marcas que ella misma se había ocasionado, sus pesadillas estaban encontrando una manera de materializarse.

No pudo dormir de nuevo, no se atrevía, tenía el miedo de perder el control de si misma una vez que cerrara los ojos, y fue así que momentos de madrugada se volvieron noches enteras, que una simple noche se volvieron semanas, meses y las fuerzas se les estaban agotando hasta que su cuerpo le reclamó por el cansancio, dejándose caer en medio de la oficina sin importar cuantas veces su mente le reclamara estar de pie, sufrió un cortocircuito.

Despertó tres días después en el hospital y lo primero que hizo fue ver la palma de sus manos, magulladas por las uñas enterradas y deseó que esa marca fuera la única materialización de sus pesadillas. La dieron de alta bajo la promesa que descansaría, que dormiría, pero por dentro se arraigo el temor de dormir en su propia recamara, miró su cama y deseó estar lejos.

<<Al menos estás sola>>

La voz en su cabeza le repetía que debía descansar, que no había de que preocuparse, no había alguien cerca a quien pudiera hacerle daño, si sus demonios se hacían presentes no había quien pudiera presenciarlo.

Aquella noche, en medio de la penumbra, en medio de la soledad, ella vio como todas las sombras se alzaban y formaban figuras, era un ejercito del cual solo ella tenía el control, todos esperaban su señal, todos esperaban sus órdenes, ella sabía que con solo una señal, ellos destrozarían todo a su paso.

Una luz se iluminó dentro de su pecho y una melodía retumbó en sus oídos... era un recordatorio, si bien ella podía elegir que se extinguiera todo lo que tocara, también podía elegir que permaneciera en un estado de luz y belleza, sus demonios internos existían porque había luz en ella... solo era cuestión de aceptarlos y honrarlos ya que ellos han existido desde antes que ella naciera.

iRazu*


lunes, 24 de abril de 2017

Erase una vez...


Erase una vez
una simple fantasía,
solo letras perfumadas,
solo cuentos disfrazados...
...
solo pequeñas fantasías

***

Ella no creía en cuentos de hadas, estaba clara, pero ésto no evitaba que suspirara con cada relato, que se sonrojara con el ritmo que llevaban las historias, que se emocionara con el giro que daban los personajes; cuando llegaba a la última hoja cerraba el libro y regulaba su respiración, regresaba a su realidad y salía de la habitación.

Había días que observaba a la gente que le rodeaba, extraños con los que ni siquiera cruzaría palabras, le gustaba preguntarse qué era de la vida de los demás, qué tipo de portada tenían sus libros, si era pasta dura pero en el interior tenían hojas maltratadas por el tiempo, cuántas ediciones tendrían... y su contenido... ¿qué clase de cuentos había en su interior?

Otros días solo se sumergía en la lectura de sus propios libros, desmenuzando anécdotas que había repasado una y otra vez, en las que se permitía aventurarse en las diferentes vertientes que dirigiría la historia, subrayando y escribiendo sobre las páginas manchadas de café.

Por las noches se permitía sumergirse en ese mundo lleno de dragones, caballeros andantes, princesas y hadas, guerras entre reinos enemigos, mundos llenos de magia, bosques encantados; era el único momento en el que se permitía aceptar que aquellos relatos le gustaban, en la penumbra de la habitación, sola en la oscuridad y una vez que el encanto terminaba regulaba su respiración y salía por la puerta principal, nunca se quedaba a dormir ya que, aunque le gustaban, ella no creía en cuentos de hadas.

iRazu*

jueves, 20 de abril de 2017

Diario


A veces cierro los ojos e imagino que soy un ave surcando los cielos

***

-A veces considero que la monotonía es lo más peligroso que existe en el mundo.

Alejandro dejó su taza de café sobre la mesa después de dar un sorbo y miró a la mesa de enfrente, una pareja de ancianos tomaban de sus respectivas tazas, regresó su mirada al periódico sobre la nota que hablaba de un conflicto político al otro lado del mundo, un conflicto que tenía años anunciándose pero que todos sabían que no pasaría nada. Una mesera le acercó el pan que siempre pedía, en el momento perfecto para degustarlo antes de que terminara su bebida.

Tal vez el conjunto de todo fue la razón por la que escuchó aquella voz en su cabeza, miró la fecha en las noticias: 3 de abril, una fecha cualquiera, un día más de rutina. Pagó al terminar y salió camino al trabajo, observó los rostros de los peatones ir de un lado a otro, sintiéndose agradecido ante la calma por el tiempo de sobra que tenía pero al mismo tiempo una inquietud se colocaba en su pecho.

-¿Por qué crees que estén juntos? ¿Realmente se aman o les ganó la costumbre?

Dio la vuelta en la esquina repasando el día que la conoció, un día como cualquier otro en la cafetería, nunca la había visto y se le hizo gracioso cada gesto que realizaba al ver el menú sin saber que pedir, los demás clientes se desesperaron por el hecho de que llegarían tarde, pero él no, Alejandro disfrutó cada momento, de hecho había apreciado cada instante con ella: sus constantes cambios de humor, las pláticas diversas que podían ir desde un tema trivial hasta dilemas existenciales, conspiraciones o algún chisme, los juegos en donde no debía pisar ninguna grieta en la calle, la forma en la que se entregaba a los sabores de la comida y sobretodo de los postres... ella era su fuga de la rutina.

Una tarde que habían quedado de verse ella traía un semblante serio, inusual al acostumbrado, caminaron en silencio, ya habían recorrido todas las rutas distintas y habían visitado todos los parques a la redonda, ella quería salir a conocer el mundo pero él se sentía encadenado a su trabajo.

-La rutina es la gracia más peligrosa en los seres humanos... y mi rutina es el cambio.

Por un tiempo el creyó que la monotonía la había abrumado, se culpó por no ser aventurero y se odió, después aceptó las últimas palabras que ella le dijo: "... mi rutina es el cambio".

Ella había dejado de sentir el cosquilleo en el estómago con cada nueva experiencia, con cada mudanza, con cada partida, pero le era más abrumador quedarse en un lugar que partir a uno nuevo: esa era su monotonía, el movimiento constante.

iRazu*

jueves, 9 de marzo de 2017

Inmortal

No quería parpadear, era verdad, sabía que si lo hacía perdería información valiosa, un microsegundo podría cambiar el sentido de lo que estaba presenciando... si tan solo pudiera aguantar el picor en los ojos un poco más... aferrarse tan solo un poco más.

***

Todo pasó muy rápido, llegó de golpe y en la nada y así como inició, así terminó, en un solo parpadeo, afortunadamente alguien había captado el momento con su cámara capturando la imagen para siempre, permitiendo que una fracción mínima en el tiempo pudiera apreciarse.

Pequeños cristales flotaban en el espacio dando el efecto de la lluvia en un día soleado, aquella luz se reflejaba en los colores brillantes de los objetos capturados: las buganvilias al fondo de la foto hacía que contrastara el color azul metálico de la carroza de aquel vehículo, los rostros sorprendidos de los peatones, el vestido de ella... en sí toda ella, su silueta de bailarina le daba una gracia particular, su tez morena resaltaba con los olanes blancos de su vestido, su cabellera suelta en movimiento. Y a pesar de que no se veía su expresión, su cuerpo delataba facciones únicas y expresivas, ella era una melodía y todo el marco el ritmo que la acompañaban.

La foto solo pudo ser impresa en papel de calidad, consiguiendo el primer lugar en un concurso de la localidad. Todo aquel que la veía quedaba hipnotizado en las formas, los colores, la vida, lo cual era irónico en aquella imagen, sin saber que aquella pequeña fracción de segundo se volvió la última escena de la chica sin nombre que protagonizaba el cuadro, el fotógrafo estuvo en el momento exacto para inmortalizar su muerte en un tributo inalcanzable para las palabras.
iRazu*

jueves, 5 de enero de 2017

Letargo

Ni el choque metálico de la moneda contra el suelo la trajo a la realidad, estaba perdida, no había marcha atrás, ella ya no iba a volver a despertar, no al menos en un plano físico a menos que su mente recordara el camino a casa.

***

-Despierta...

Aquella voz, tan peculiar.

-Despierta...

... tan conocida y extraña a la vez.

-... por favor, despierta

***

En medio de la nada no se puede distinguir entre el suelo o el cielo, no existe, no hay materia, es solo un espacio en un vacío infinito.

-¿Cómo uno se encuentra en la nada? ¿Cómo se crea a partir de la nada?... Se necesita algo ¿no es así?... se necesita una mínima partícula para comenzar a transformar... lo que sea... lo que sea...

Ahí estaba, hablando consigo misma, tratando de darle lógica a lo inexplicable, buscando palabras para nombrar a lo irrazonable, simplemente estando, perdiendo la noción del tiempo y de la realidad.

-Despierta...

Aquella voz ajena empezó a invadir su espacio, no era de ella lo sabía, había estado hablando en voz alta -si así se le puede decir- y aquella voz no tenía parecido con ella.

-... por favor...

Un sollozo combinado con las palabras cortadas, su deseo por distraerse fue opacado por el deseo de querer calmar el sufrimiento que se estaba colando.

-...despierta...

-Cállate...

Trató de responderle a la voz sin dueño, le pidió que parara, le explicó que contaminaba su descanso, que interrumpía sus intentos de conseguir respuestas, pero era inútil, no había forma de callar aquel intruso.

-Despierta...

Buscó la forma de llegar al origen de aquellas palabras, tal vez así no solo conseguiría silenciar la voz, tal vez también conseguiría obtener las respuestas que estaba buscando. Fue inútil, no había origen, estaba en todas partes.

-... despierta.

Estaba desesperada, aquello comenzaba a asfixiarle, y en su desesperación sintió como era jalada, no a un lado en específico, era como si por dentro se comprimiera pero a la vez se expandiera, dolía al grado de perder la consciencia.

***

Abrió los ojos siendo cegada por la luz blanca, la habitación estaba sola, olía a medicina encapsulada y le costaba trabajo respirar, se preguntó cuánto tiempo había permanecido ahí, supuso que había sido mucho, pues la enfermera que apareció casi se desmaya... segundos, días, meses, años...

No importaba, el dueño de aquella voz nunca regresó.

iRazu*

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...