A veces cierro los ojos e imagino que soy un ave surcando los cielos
***
-A veces considero que la monotonía es lo más peligroso que existe en el mundo.
Alejandro dejó su taza de café sobre la mesa después de dar un sorbo y miró a la mesa de enfrente, una pareja de ancianos tomaban de sus respectivas tazas, regresó su mirada al periódico sobre la nota que hablaba de un conflicto político al otro lado del mundo, un conflicto que tenía años anunciándose pero que todos sabían que no pasaría nada. Una mesera le acercó el pan que siempre pedía, en el momento perfecto para degustarlo antes de que terminara su bebida.
Tal vez el conjunto de todo fue la razón por la que escuchó aquella voz en su cabeza, miró la fecha en las noticias: 3 de abril, una fecha cualquiera, un día más de rutina. Pagó al terminar y salió camino al trabajo, observó los rostros de los peatones ir de un lado a otro, sintiéndose agradecido ante la calma por el tiempo de sobra que tenía pero al mismo tiempo una inquietud se colocaba en su pecho.
-¿Por qué crees que estén juntos? ¿Realmente se aman o les ganó la costumbre?
Dio la vuelta en la esquina repasando el día que la conoció, un día como cualquier otro en la cafetería, nunca la había visto y se le hizo gracioso cada gesto que realizaba al ver el menú sin saber que pedir, los demás clientes se desesperaron por el hecho de que llegarían tarde, pero él no, Alejandro disfrutó cada momento, de hecho había apreciado cada instante con ella: sus constantes cambios de humor, las pláticas diversas que podían ir desde un tema trivial hasta dilemas existenciales, conspiraciones o algún chisme, los juegos en donde no debía pisar ninguna grieta en la calle, la forma en la que se entregaba a los sabores de la comida y sobretodo de los postres... ella era su fuga de la rutina.
Una tarde que habían quedado de verse ella traía un semblante serio, inusual al acostumbrado, caminaron en silencio, ya habían recorrido todas las rutas distintas y habían visitado todos los parques a la redonda, ella quería salir a conocer el mundo pero él se sentía encadenado a su trabajo.
-La rutina es la gracia más peligrosa en los seres humanos... y mi rutina es el cambio.
Por un tiempo el creyó que la monotonía la había abrumado, se culpó por no ser aventurero y se odió, después aceptó las últimas palabras que ella le dijo: "... mi rutina es el cambio".
Ella había dejado de sentir el cosquilleo en el estómago con cada nueva experiencia, con cada mudanza, con cada partida, pero le era más abrumador quedarse en un lugar que partir a uno nuevo: esa era su monotonía, el movimiento constante.
Tal vez el conjunto de todo fue la razón por la que escuchó aquella voz en su cabeza, miró la fecha en las noticias: 3 de abril, una fecha cualquiera, un día más de rutina. Pagó al terminar y salió camino al trabajo, observó los rostros de los peatones ir de un lado a otro, sintiéndose agradecido ante la calma por el tiempo de sobra que tenía pero al mismo tiempo una inquietud se colocaba en su pecho.
-¿Por qué crees que estén juntos? ¿Realmente se aman o les ganó la costumbre?
Dio la vuelta en la esquina repasando el día que la conoció, un día como cualquier otro en la cafetería, nunca la había visto y se le hizo gracioso cada gesto que realizaba al ver el menú sin saber que pedir, los demás clientes se desesperaron por el hecho de que llegarían tarde, pero él no, Alejandro disfrutó cada momento, de hecho había apreciado cada instante con ella: sus constantes cambios de humor, las pláticas diversas que podían ir desde un tema trivial hasta dilemas existenciales, conspiraciones o algún chisme, los juegos en donde no debía pisar ninguna grieta en la calle, la forma en la que se entregaba a los sabores de la comida y sobretodo de los postres... ella era su fuga de la rutina.
Una tarde que habían quedado de verse ella traía un semblante serio, inusual al acostumbrado, caminaron en silencio, ya habían recorrido todas las rutas distintas y habían visitado todos los parques a la redonda, ella quería salir a conocer el mundo pero él se sentía encadenado a su trabajo.
-La rutina es la gracia más peligrosa en los seres humanos... y mi rutina es el cambio.
Por un tiempo el creyó que la monotonía la había abrumado, se culpó por no ser aventurero y se odió, después aceptó las últimas palabras que ella le dijo: "... mi rutina es el cambio".
Ella había dejado de sentir el cosquilleo en el estómago con cada nueva experiencia, con cada mudanza, con cada partida, pero le era más abrumador quedarse en un lugar que partir a uno nuevo: esa era su monotonía, el movimiento constante.
iRazu*
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