La mañana del 16 de agosto no tenía nada en especial, era fría, monótona, llena de bostezos y miradas cansadas habituales de todos los martes.
Alfredo caminaba en dirección a la parada del camión aún con la sensación de la almohada en su cachete, todas las mañanas hacía lo mismo: caminar hasta a cuadra del semáforo, esperar que los autos pararan para poder cruzar, seguir a la parada del camión y tomar la primera ruta que llegara, siempre la misma, siempre atascada, siempre las mismas expresiones.
Para poder pasar el trayecto de forma amena solía ponerse los audífonos, de esa forma cualquier evento en el exterior. Pero curiosamente aquella mañana los audífonos los había roto el perro al jugar con ellos, por lo tanto había salido con 20 minutos de retraso y aquello lo tenía molesto. Caminaba de mal humor sin percatarse que el semáforo apenas y había cambiado de color, provocando que el coche que estaba por avanzar le tocara el claxón molesto.
-¡Muévete! -gritaba el conductor.
Alfredo sintió un cosquilleo en el estómago mientras observaba el rostro de aquel señor, se disculpó y corrió al otro lado de la calle, comenzó a acelerar el paso, se le estaba haciendo tarde.
Había dado la vuelta a la esquina cuando chocó con una chica de cabello alborotado, era la gota que derramó el vaso aquella mañana y estaba listo para descargar al demonio que tenía dentro pero se detuvo al mirar sus ojos, aquella chica se disculpaba con singular alegría... su mirada, había luz. El celular de él sonó, era su jefe y ahí notó que se acababa el tiempo y cuando levantó la vista ella se había ido.
Pidió la parada al camión que acababa de llegar, pagó su pasaje y notó que había algo diferente, sabía que los rostros de aquel camión tenían la misma expresión de todas las mañanas, distintas personas pero las mismas expresiones, clones, así los consideraba... pero ese día había algo diferente, Alfredo notó en cada persona un sentimiento diferente, sueños distintos, ilusiones dormidas sin la necesidad de que se las dijeran con palabras.
Un resplandor brotó de su pecho e iluminó el transporte... Alfredo había despertado.
iRazu*