miércoles, 26 de octubre de 2016

Conciencia


La mañana del 16 de agosto no tenía nada en especial, era fría, monótona, llena de bostezos y miradas cansadas habituales de todos los martes.

Alfredo caminaba en dirección a la parada del camión aún con la sensación de la almohada en su cachete, todas las mañanas hacía lo mismo: caminar hasta a cuadra del semáforo, esperar que los autos pararan para poder cruzar, seguir a la parada del camión y tomar la primera ruta que llegara, siempre la misma, siempre atascada, siempre las mismas expresiones.

Para poder pasar el trayecto de forma amena solía ponerse los audífonos, de esa forma cualquier evento en el exterior. Pero curiosamente aquella mañana los audífonos los había roto el perro al jugar con ellos, por lo tanto había salido con 20 minutos de retraso y aquello lo tenía molesto. Caminaba de mal humor sin percatarse que el semáforo apenas y había cambiado de color, provocando que el coche que estaba por avanzar le tocara el claxón molesto.

-¡Muévete! -gritaba el conductor.

Alfredo sintió un cosquilleo en el estómago mientras observaba el rostro de aquel señor, se disculpó y corrió al otro lado de la calle, comenzó a acelerar el paso, se le estaba haciendo tarde.

Había dado la vuelta a la esquina cuando chocó con una chica de cabello alborotado, era la gota que derramó el vaso aquella mañana y estaba listo para descargar al demonio que tenía dentro pero se detuvo al mirar sus ojos, aquella chica se disculpaba con singular alegría... su mirada, había luz. El celular de él sonó, era su jefe y ahí notó que se acababa el tiempo y cuando levantó la vista ella se había ido.

Pidió la parada al camión que acababa de llegar, pagó su pasaje y notó que había algo diferente, sabía que los rostros de aquel camión tenían la misma expresión de todas las mañanas, distintas personas pero las mismas expresiones, clones, así los consideraba... pero ese día había algo diferente, Alfredo notó en cada persona un sentimiento diferente, sueños distintos, ilusiones dormidas sin la necesidad de que se las dijeran con palabras.

Un resplandor brotó de su pecho e iluminó el transporte... Alfredo había despertado.

iRazu*

Inside...


El sabor amargo del café recorrió su garganta después de haber tomado un sorbo de la taza, Damaris se encogió en su silla mientras miraba la fría mañana a través de la ventana. Saboreo el aroma tostado de su bebida mientras cerraba los ojos, dejando su mente en blanco.

La tranquilidad cesó en cuanto su celular comenzó a vibrar, lo miró de reojo, no deseaba contestar; volvió a aparecer el mismo nombre en la pantalla cuatro veces más, suspiró, él no se detendría. "Dejar olvidado el celular en casa" se escuchaba tentador, pero recordó la vez que lo perdió en su closet y al volver del trabajo estaba afuera la policía preguntando a los vecinos por una persona reportada como desaparecida.

Eligió llevar el aparato consigo, una voz en su interior le pedía tirarlo a la basura, otra simplemente le decía con voz tranquila que debía responder, una diferente le preguntaba por la heladería más cercana y una cuarta solo lanzaba suspiros. Trató de callarlas al momento de cruzar la calle, siempre era lo mismo: caminar y estar siempre atenta, agudizar siempre sus sentidos ya que las voces en su interior siempre la interrumpían, alguna siempre era más insistente que otra y dependía también de la ocasión.

Era como la noche anterior, mientras se miraba al espejo antes de salir aquella noche, las cuatro voces en su interior alzaban una lucha de qué debía ponerse o si realmente era necesario salir, aquellas batallas internas a veces eran divertidas, sin embargo aquella noche no lo era. Damaris tuvo que lanzar un grito interno pidiendo silencio, la cabeza comenzaba a dolerle.

Había llegado a su destino, se alegró por llegar a tiempo y se felicitó a sí misma el no haberse perdido, apenas y había lanzado aquel pensamiento cuando las voces comenzaron a hablar de nuevo, rió para sus adentros, independientemente de lo loca que se sentía era un hábito que no podía dejar.

iRazu*  

Voces


Camila había llegado a casa tarde, como siempre; aquella rutina la tenía cansada y lo único que deseaba era poder llegar a su cama; buscó sus llaves al tanteo dentro de su bolsa tratando de estar lo más atenta posible de lo que sucedía a su alrededor, las luces afuera de su departamento y de sus vecinos estaban apagadas, señal de que todos dormían. Agradecía realmente vivir en aquella calma, le daba garantía de que los fines de semana no se verían interrumpidos por sonidos que iban desde martillazos, rolas ochenteras de intérpretes femeninos o los gritos de alguna pareja como ya antes le había  tenido la oportunidad de presenciar en las anteriores casas en las que había vivido.

Un alivió recorrió desde su estómago hasta la punta de los dedos en el momento en que encontró el llavero en el fondo de la bolsa, acomodo la llave en la oscuridad esperando poder entrar y descansar cuando de pronto un susurro que provenía de su flanco izquierdo la detuvo, giró por instinto y no vio a nadie, intentó ignorar aquel evento y metió la llave en el cerrojo, repitiéndose a si misma que estaba muy cansada por lo que comenzaba a alucinar.

No había sensación mas satisfactoria para ella que el acurrucarse en su cama, rodeada de almohadas y cubrirse con su cobija, en algunas noches le era fácil dormir a prisa, pero en las que no podía su mente comenzaba a divagar en sus recuerdos o fantasías, o en algún evento que le haya provocado intriga o incertidumbre... aquella noche era una de esas.

Aquel susurro antes de entrar a su casa se hacía presente en sus pensamientos, no era la primera vez que sucedía, en anteriores ocasiones se descubrió escuchando susurros antes de conciliar el sueño; eran tan peculiares, todos tenían el mismo tono, el mismo ritmo, pero nunca conseguía entender lo que decían. Camila llegó a preguntarse inclusive si era mejor no saber cuáles eran aquellos mensajes.

Historias variadas surgieron en su cabeza, probablemente una alma en pena le pedía a gritos ayuda para que le dijera a la que fue su amada esposa en vida que corría peligro con el hombre que estaba saliendo (ella no se engañaba, sabía que se fantasma estaba celoso y por eso no podía cruzar al otro lado); o tal vez era su ángel de la guarda diciéndole que no estaba sola, que siempre la estaba cuidando. Aquellas ideas le agradaban tanto que incluso se dio el lujo de crear varias escenas, el problema surgió cuando dos pequeñas teorías se asomaron en el momento... y si aquel susurro no era de un ángel sino de un demonio o si comenzaba a alucinar y volverse loca.

Después de un par de horas eligió quedarse en silencio, ignorando cualquiera de las posibilidades que se pudieran abrir ante aquel evento, repitiéndose que aquello pudo haber sido su imaginación, que si los mensajes que estaba recibiendo eran importantes algún día sería capaz de entenderos, pero por el momento, mientras no sepa el contenido de los mismo, se dedicaría a solo aceptar que aquellos susurros sucedieron.

iRazu*

martes, 25 de octubre de 2016

Vacío


El sonido del cristal quebrándose rompió el silencio, pequeños pedazos cayeron al suelo cerca de sus pies descalzos, en el reflejo un rostro desfigurado conseguía mostrarse entre los pedazos que aún se mantenían en su lugar; mirada vacía, maquillaje corrido... despegó el puño lastimado del espejo y observó el remolino que había causado su golpe.

La imagen que tenía en frente no era más que la interpretación que le estaba dando a su alma: fragmentada... rota... incompleta... sollozó ante la idea de verse como un monstruo, cerró los ojos, apretó los puños y la mandíbula y se dejó caer al piso sobre sus rodillas. Las lágrimas cayeron una a una mientras los nudillos de su mano derecha comenzaban a arder a causa de la herida, un dolor que dejó de importarle cuando se hizo presente el vacío en su pecho.

Aquella sensación comenzó a desgarrar desde las entrañas, subiendo por la boca del estómago, inundando los pulmones, arrebatándole el aire, sintiendo como su alma se rompía justo como lo acababa de hacer aquel espejo frente a ella. Presionó su pecho con sus manos queriendo evitar aquella sensación, esperando que con ello su ser no se despedazara pero era inevitable.

Respirar se había vuelto imposible, cada vez inhalaba más por la boca, le dolía... dolía cada bocanada de aire, dolía cada lágrima que corría por sus mejillas, le dolía la espalda que se encorbaba más y más. Le dolía la vista que observaba como el demonio se apoderaba de ella, le ardía el sabor a ácido que se hospedaba en su garganta, le asfixiaba el aroma a encerrado, le lastimaba la sensación de cuchillas cortando su piel... aquello se estaba volviendo insoportable. Se paralizó en medio del llanto y deseó que todo terminara... que todo cesara.

***

Una punzada en su mano derecha la despertó, se encontraba en el suelo mirando aquel techo desconocido, se levantó con el cuerpo pesado y observó la habitación, estaba vacía y le era totalmente ajena. Se giró de espalda y miró aquel espejo, el cual había roto de un golpe la noche anterior. Acercó sus dedos a las grietas manchadas de sangre. Miró por última vez el reflejo de su rostro desfigurado y notó pequeños destellos que antes no había notado, unos que solo se dejaban ver gracias a la luz del sol que entraba por la ventana.

Salió de aquella habitación a paso lento, sin mirar atrás, dejando que el único reflejo fragmentado fuera el de su espalda que se marchaba.

iRazu*

jueves, 13 de octubre de 2016

Credo


Alicia arrugaba los olanes de su vestido con sus pequeñas manos mientras columpiaba sus pies que no alcanzaban el suelo, escuchó el carraspeo de garganta de su tía Ingrid y dejó de respirar, siempre solía escucharla al quinto intento; se encogió de hombros y la miró de reojo: estaba seria, mirando al frente, escuchando con atención el sermón del padre. Suspiró y dejó de jugar con su vestido, la sola idea de saber que le esperaba un regaño llegando a casa le abrumaba.

El monaguillo tocó una campana de mano y todos se pusieron de pie, la tía Ingrid tomó a Alicia de la mano y se la llevó a formarse para tomar la eucaristía, ella no dejaba de ver a los alrededores en busca de algún niño, la luz que entraba de los altos ventanales le hacía recordar que era la única niña de su edad que iba a dicha iglesia. Sintió el jalón por parte de su tía y miró de frente al padre, todos los domingos era lo mismo: su tía pasaba a casa por ella temprano para llevársela a misa de primera hora, el trayecto duraba alrededor de cuarenta y cinco minutos los cuales pasaban en silencio, llegaban al templo donde solo veía a adultos vestido de trajes y a mujeres de vestido o falda, siempre predominando el color gris o negro, la misa, el salmo, la eucaristía, los jalones de la tía Ingrid, la paz y cerrar el día regresando a casa con cuarenta y cinco minutos de clases de modales y el mensaje real que el sacerdote pronunció aquella mañana. A veces conseguía molestar lo suficiente a su tía que la acusaba con sus padres, diciendo lo mal que se había portado.

Cuando la tía Ingrid se hincó de regreso a su lugar junto sus manos y comenzó a rezar; Alicia solo la observaba, apenas y alcanzaba los hombros de su tía ella estando parada, se sentía tan diminuta y atrapada ahí, entre los rezos de su tía y el señor Pérez, esperó un poco a que dieran la señal de que podían sentarse. Miró las palmas de sus manos cuando el sol la encandiló y se cubrió por instinto, alguien había abierto la puerta que daba al jardín; fue ahí cuando Alicia vió a una mujer sentada en el pasto , no pudo observar mayor detalle porque cerraron la puerta enseguida y todos los presentes se pusieron de pie.

En el momento que el sacerdote dijo "... mi paz les doy" todos los que asistieron a misa comenzaron a buscarse; Alicia vio la oportunidad que tenía mientras se hacía un hueco cuando el señor Pérez se inclinaba para darle la paz a la señora Genoveva que se había sentado en las butacas de atrás.

Llegar a la puerta correcta había sido fácil ya que no le despegó el ojo desde la primera vez y su pequeña figura le permitió escabullirse ente los adultos. El aroma a pasto recién cortado la recibió en cuanto cruzó el portal, la luz la cegó por un instante para después descubrir toda una gama de color verde, cada detalle la atrapaba hasta que la encontró sentada en medio del jardín sentada en posición de flor de loto con las manos recargadas en sus respectivas rodillas y las palmas mirando al cielo. Alicia temió acercarse al recordar la clase de modales que le dio su tía dos semanas atrás.

Los pensamientos de la niña se interrumpieron en cuanto la mujer abrió los ojos, la mayor sonrió al ver a la pequeña.

-¿Qué haces? -preguntó la menor.

-Rezo.

Alicia frunció el ceño confundida, su tía le había enseñado a rezar: hincándose y juntando sus manos, la posición que tenía aquella extraña era totalmente diferente.

-No es cierto, rezar se hace diferente, se deben juntar las manos así y pegarlas a la frente mientras se reza.

-Tal vez así te enseñaron -respondió la mayor-, pero yo prefiero hacerlo de esta forma.

-¿Por qué? ¿Qué tiene de malo la forma en como me la enseñaron?

Aquella mujer sonrió y rió bajo.

-Cuando tu rezas de esa manera atrapas tu plegaria entre tus manos, como si las guardaras en una pequeña caja para que no se pierdan, pero al mismo tiempo no las dejas ir con el Creador para que escuche tu petición.

-¿Y eso es malo?

Ella respondió encogiéndose de hombros.

-Yo solo se que no me gusta esa forma, cuando rezas haces un vínculo sagrado con el Ser Supremo, cada quién elige cómo hacerlo.

-¿Y por qué lo haces así?

Alicia señalaba las palmas abiertas bocarriba y la extraña se alegró de que se diera cuenta.

-Por que cuando yo pido deseo que mi plegaría se comparta al universo, porque así como estoy dispuesta a recibir los regalos que la vida me da, también se los ofrezco al mundo; porque yo creo que esta Fuerza es Infinita y no cabe en una caja pequeñita...

La puerta que conectaba la Iglesia al jardín se abrió y salió el semblante preocupado de la tía Ingrid, había llegado la hora de regresar a casa; Alicia no tuvo oportunidad de despedirse de aquella mujer y solo consiguió mirar de reojo mientras se la llevaban de la mano.

Una vez estando en el coche y con el cinturón puesto el vehículo se puso en marcha al igual que la lección de modales de aquel día, pero Alicia había dejado de escuchar a su tía recién había comenzado, en su lugar miraba las palmas de sus manos  que había recargado en sus rodillas, se preguntó si siendo tan pequeñas serían capaces de enviar sus plegarias al cielo y sostenerlas de regreso. Por un momento decidió cerrarlas pero se detuvo y las abrió de nuevo, sonrió, cerró los ojos y escuchó como el latir de su corazón se transportaba a sus palmas abiertas despegándose y elevándose en una plegaria.

iRazu*

martes, 4 de octubre de 2016

Limbo

No hay testigo más fiel que la Luna, quien presencia todos lo que sucede hasta en el más oscuro rincón y aún así guarda silencio escondiendo los secretos en la penumbra de su rostro, ese lugar que ningún mortal ha pisado, aquel que nadie ha podido ni podrá interpretar.

***

Las calles se vistieron de fiesta aquella noche, todos danzaban afuera de casa, unos caminaban entre los coches vacíos, en cada esquina se escuchaba un nuevo canto y los niños corrían sin supervisión, todas las almas mortales se entregaron al gozo.

Josafat caminaba sin destacar entre la danza callejera, buscando llegar a casa después de un día pesado de trabajo. Cuando giró en la calle que dirigía su hogar se encontró una escalera; el ruido había cesado y de pronto ya no había ser a su alrededor. Se extrañó por aquel inusual detalle, pero sintió curiosidad de lo que habría al llegar al final, sin pensarlo dos veces dio un paso para subir el primer escalón, miró a su alrededor, no había nadie; le siguieron más pasos hasta que llegó al final de la escalera.

Había llegado al tercer piso: la estancia se extendía a lo largo dejando una impresión de infinito, un espacio abierto en dónde él se encontraba solo; siguió caminando de frente, el eco se extendía con cada paso que daba hasta que se encontró con una cama.

Una voz interior le decía que ya era hora, en silencio buscó con la mirada a su alrededor sin encontrar respuesta alguna. Metió su mano en el bolsillo, se sorprendió al notar que no estaba vacío y sacó un anillo plateado con una piedra azul; no se le dificultó ponérselo y se alegró de verlo en su dedo anular. La voz en su interior lo interrumpió, algo le ordenaba que se acostara en la cama y no dudó en obedecerla. Estando ahí no hubo tiempo para recurrir a las dudas, al cuestionamiento, a la lógica.

El silencio se manifestó como un zumbido en sus orejas, sintió que alguien más se encontraba ahí, caminando a su alrededor. Josafat sintió como alguien presionaba su frente, más no veía a nadie... <<shanamazcar...>> escuchaba una y otra vez... <<shanamazcar>>... tres voces en armonía... <<shanamazcar>>; su cuerpo se había paralizado, no podía respirar aún cuando mantenía su boca abierta, algo le impedía llevar el oxígeno a sus pulmones. Quiso moverse, intento fallido, intentó girarse sin resultado.

Un golpe interno consiguió levantarlo, había conseguido incorporarse en medio de la habitación oscura, reguló su respiración y observó a su alrededor, tomó su celular para mirar la hora... cinco de la madrugada, faltaba poco para iniciar su día. Inhaló profundo, saboreando cada bocanada de aire, se frotó las manos, estaban limpias. Se dejó caer a la cama mientras observaba las sombras en el techo.

Shanamazcar...

iRazu*
dedicatoria especial a Juan... Namaste

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...