jueves, 13 de octubre de 2016

Credo


Alicia arrugaba los olanes de su vestido con sus pequeñas manos mientras columpiaba sus pies que no alcanzaban el suelo, escuchó el carraspeo de garganta de su tía Ingrid y dejó de respirar, siempre solía escucharla al quinto intento; se encogió de hombros y la miró de reojo: estaba seria, mirando al frente, escuchando con atención el sermón del padre. Suspiró y dejó de jugar con su vestido, la sola idea de saber que le esperaba un regaño llegando a casa le abrumaba.

El monaguillo tocó una campana de mano y todos se pusieron de pie, la tía Ingrid tomó a Alicia de la mano y se la llevó a formarse para tomar la eucaristía, ella no dejaba de ver a los alrededores en busca de algún niño, la luz que entraba de los altos ventanales le hacía recordar que era la única niña de su edad que iba a dicha iglesia. Sintió el jalón por parte de su tía y miró de frente al padre, todos los domingos era lo mismo: su tía pasaba a casa por ella temprano para llevársela a misa de primera hora, el trayecto duraba alrededor de cuarenta y cinco minutos los cuales pasaban en silencio, llegaban al templo donde solo veía a adultos vestido de trajes y a mujeres de vestido o falda, siempre predominando el color gris o negro, la misa, el salmo, la eucaristía, los jalones de la tía Ingrid, la paz y cerrar el día regresando a casa con cuarenta y cinco minutos de clases de modales y el mensaje real que el sacerdote pronunció aquella mañana. A veces conseguía molestar lo suficiente a su tía que la acusaba con sus padres, diciendo lo mal que se había portado.

Cuando la tía Ingrid se hincó de regreso a su lugar junto sus manos y comenzó a rezar; Alicia solo la observaba, apenas y alcanzaba los hombros de su tía ella estando parada, se sentía tan diminuta y atrapada ahí, entre los rezos de su tía y el señor Pérez, esperó un poco a que dieran la señal de que podían sentarse. Miró las palmas de sus manos cuando el sol la encandiló y se cubrió por instinto, alguien había abierto la puerta que daba al jardín; fue ahí cuando Alicia vió a una mujer sentada en el pasto , no pudo observar mayor detalle porque cerraron la puerta enseguida y todos los presentes se pusieron de pie.

En el momento que el sacerdote dijo "... mi paz les doy" todos los que asistieron a misa comenzaron a buscarse; Alicia vio la oportunidad que tenía mientras se hacía un hueco cuando el señor Pérez se inclinaba para darle la paz a la señora Genoveva que se había sentado en las butacas de atrás.

Llegar a la puerta correcta había sido fácil ya que no le despegó el ojo desde la primera vez y su pequeña figura le permitió escabullirse ente los adultos. El aroma a pasto recién cortado la recibió en cuanto cruzó el portal, la luz la cegó por un instante para después descubrir toda una gama de color verde, cada detalle la atrapaba hasta que la encontró sentada en medio del jardín sentada en posición de flor de loto con las manos recargadas en sus respectivas rodillas y las palmas mirando al cielo. Alicia temió acercarse al recordar la clase de modales que le dio su tía dos semanas atrás.

Los pensamientos de la niña se interrumpieron en cuanto la mujer abrió los ojos, la mayor sonrió al ver a la pequeña.

-¿Qué haces? -preguntó la menor.

-Rezo.

Alicia frunció el ceño confundida, su tía le había enseñado a rezar: hincándose y juntando sus manos, la posición que tenía aquella extraña era totalmente diferente.

-No es cierto, rezar se hace diferente, se deben juntar las manos así y pegarlas a la frente mientras se reza.

-Tal vez así te enseñaron -respondió la mayor-, pero yo prefiero hacerlo de esta forma.

-¿Por qué? ¿Qué tiene de malo la forma en como me la enseñaron?

Aquella mujer sonrió y rió bajo.

-Cuando tu rezas de esa manera atrapas tu plegaria entre tus manos, como si las guardaras en una pequeña caja para que no se pierdan, pero al mismo tiempo no las dejas ir con el Creador para que escuche tu petición.

-¿Y eso es malo?

Ella respondió encogiéndose de hombros.

-Yo solo se que no me gusta esa forma, cuando rezas haces un vínculo sagrado con el Ser Supremo, cada quién elige cómo hacerlo.

-¿Y por qué lo haces así?

Alicia señalaba las palmas abiertas bocarriba y la extraña se alegró de que se diera cuenta.

-Por que cuando yo pido deseo que mi plegaría se comparta al universo, porque así como estoy dispuesta a recibir los regalos que la vida me da, también se los ofrezco al mundo; porque yo creo que esta Fuerza es Infinita y no cabe en una caja pequeñita...

La puerta que conectaba la Iglesia al jardín se abrió y salió el semblante preocupado de la tía Ingrid, había llegado la hora de regresar a casa; Alicia no tuvo oportunidad de despedirse de aquella mujer y solo consiguió mirar de reojo mientras se la llevaban de la mano.

Una vez estando en el coche y con el cinturón puesto el vehículo se puso en marcha al igual que la lección de modales de aquel día, pero Alicia había dejado de escuchar a su tía recién había comenzado, en su lugar miraba las palmas de sus manos  que había recargado en sus rodillas, se preguntó si siendo tan pequeñas serían capaces de enviar sus plegarias al cielo y sostenerlas de regreso. Por un momento decidió cerrarlas pero se detuvo y las abrió de nuevo, sonrió, cerró los ojos y escuchó como el latir de su corazón se transportaba a sus palmas abiertas despegándose y elevándose en una plegaria.

iRazu*

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...