Camila había llegado a casa tarde, como siempre; aquella rutina la tenía cansada y lo único que deseaba era poder llegar a su cama; buscó sus llaves al tanteo dentro de su bolsa tratando de estar lo más atenta posible de lo que sucedía a su alrededor, las luces afuera de su departamento y de sus vecinos estaban apagadas, señal de que todos dormían. Agradecía realmente vivir en aquella calma, le daba garantía de que los fines de semana no se verían interrumpidos por sonidos que iban desde martillazos, rolas ochenteras de intérpretes femeninos o los gritos de alguna pareja como ya antes le había tenido la oportunidad de presenciar en las anteriores casas en las que había vivido.
Un alivió recorrió desde su estómago hasta la punta de los dedos en el momento en que encontró el llavero en el fondo de la bolsa, acomodo la llave en la oscuridad esperando poder entrar y descansar cuando de pronto un susurro que provenía de su flanco izquierdo la detuvo, giró por instinto y no vio a nadie, intentó ignorar aquel evento y metió la llave en el cerrojo, repitiéndose a si misma que estaba muy cansada por lo que comenzaba a alucinar.
No había sensación mas satisfactoria para ella que el acurrucarse en su cama, rodeada de almohadas y cubrirse con su cobija, en algunas noches le era fácil dormir a prisa, pero en las que no podía su mente comenzaba a divagar en sus recuerdos o fantasías, o en algún evento que le haya provocado intriga o incertidumbre... aquella noche era una de esas.
Aquel susurro antes de entrar a su casa se hacía presente en sus pensamientos, no era la primera vez que sucedía, en anteriores ocasiones se descubrió escuchando susurros antes de conciliar el sueño; eran tan peculiares, todos tenían el mismo tono, el mismo ritmo, pero nunca conseguía entender lo que decían. Camila llegó a preguntarse inclusive si era mejor no saber cuáles eran aquellos mensajes.
Historias variadas surgieron en su cabeza, probablemente una alma en pena le pedía a gritos ayuda para que le dijera a la que fue su amada esposa en vida que corría peligro con el hombre que estaba saliendo (ella no se engañaba, sabía que se fantasma estaba celoso y por eso no podía cruzar al otro lado); o tal vez era su ángel de la guarda diciéndole que no estaba sola, que siempre la estaba cuidando. Aquellas ideas le agradaban tanto que incluso se dio el lujo de crear varias escenas, el problema surgió cuando dos pequeñas teorías se asomaron en el momento... y si aquel susurro no era de un ángel sino de un demonio o si comenzaba a alucinar y volverse loca.
Después de un par de horas eligió quedarse en silencio, ignorando cualquiera de las posibilidades que se pudieran abrir ante aquel evento, repitiéndose que aquello pudo haber sido su imaginación, que si los mensajes que estaba recibiendo eran importantes algún día sería capaz de entenderos, pero por el momento, mientras no sepa el contenido de los mismo, se dedicaría a solo aceptar que aquellos susurros sucedieron.
iRazu*
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