El sonido del cristal quebrándose rompió el silencio, pequeños pedazos cayeron al suelo cerca de sus pies descalzos, en el reflejo un rostro desfigurado conseguía mostrarse entre los pedazos que aún se mantenían en su lugar; mirada vacía, maquillaje corrido... despegó el puño lastimado del espejo y observó el remolino que había causado su golpe.
La imagen que tenía en frente no era más que la interpretación que le estaba dando a su alma: fragmentada... rota... incompleta... sollozó ante la idea de verse como un monstruo, cerró los ojos, apretó los puños y la mandíbula y se dejó caer al piso sobre sus rodillas. Las lágrimas cayeron una a una mientras los nudillos de su mano derecha comenzaban a arder a causa de la herida, un dolor que dejó de importarle cuando se hizo presente el vacío en su pecho.
Aquella sensación comenzó a desgarrar desde las entrañas, subiendo por la boca del estómago, inundando los pulmones, arrebatándole el aire, sintiendo como su alma se rompía justo como lo acababa de hacer aquel espejo frente a ella. Presionó su pecho con sus manos queriendo evitar aquella sensación, esperando que con ello su ser no se despedazara pero era inevitable.
Respirar se había vuelto imposible, cada vez inhalaba más por la boca, le dolía... dolía cada bocanada de aire, dolía cada lágrima que corría por sus mejillas, le dolía la espalda que se encorbaba más y más. Le dolía la vista que observaba como el demonio se apoderaba de ella, le ardía el sabor a ácido que se hospedaba en su garganta, le asfixiaba el aroma a encerrado, le lastimaba la sensación de cuchillas cortando su piel... aquello se estaba volviendo insoportable. Se paralizó en medio del llanto y deseó que todo terminara... que todo cesara.
***
Una punzada en su mano derecha la despertó, se encontraba en el suelo mirando aquel techo desconocido, se levantó con el cuerpo pesado y observó la habitación, estaba vacía y le era totalmente ajena. Se giró de espalda y miró aquel espejo, el cual había roto de un golpe la noche anterior. Acercó sus dedos a las grietas manchadas de sangre. Miró por última vez el reflejo de su rostro desfigurado y notó pequeños destellos que antes no había notado, unos que solo se dejaban ver gracias a la luz del sol que entraba por la ventana.
Salió de aquella habitación a paso lento, sin mirar atrás, dejando que el único reflejo fragmentado fuera el de su espalda que se marchaba.
iRazu*
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