El antro estaba oscuro y se iluminaba de a ratos con lassers de color verde, rosa, azul cielo y purpura; era la primera vez que entraba al lugar, en su bolsillo sentía el peso de una credencial falsificada. Las luces, el humo, el sonido elevado por los cielos le ocasionaba dolor de cabeza.
-¡¿Podemos irnos?!
Su acompañante no la escuchaba debido a la música, solo se dedicaba a mover los brazos y las caderas, por un momento temió que fuera el efecto que la bebida que pidió en la barra tuviera alguna droga; aunque, lo más probable, es que la bebida provocara ciertos movimientos con o sin sustancias alucinógenas.
No sabía ni porque habían ido, solo recordó verla llorar en los sanitarios pidiendo ir a un lugar donde olvidara todo... cuando menos se dio cuenta, había tomado una credencial falsa y entraba temerosa por el lugar. ¿Por qué no podía ser como la gente normal? Que con un abrazo y palabras de aliento se animaba.
Pero claro, tenía que enamorarse de la chica más rara de la escuela.
Decidió sentarse un rato y observar a la gente, veía parejas tomadas de la mano, con dedos entrelazados, personas abrazadas dándose mordiscos en el cuello,algunas se metían mano sin discreción alguna; era una discoteca, es normal ver a las personas que se agasaja como animales, es normal ver dos chicas besándose, dos hombres manoseándose a media pista... Reaccionó.
Buscó a su acompañante, pero se había perdido en el mar de gente; intentó gritar, pero el sonido ahogo su llamado. Se movió entre la multitud y chocó con una pareja, intentó disculparse y reconoció a su tío.
Parecía que el tiempo se detenía, lo vio agarrado de la mano de un chico apuesto con camiseta sin mangas y ajustada. Sus labios se movieron, pero no se escuchaba nada.
-¿ Tío Jorge?
La mandíbula de él se desencajó, agarró del brazo a la niña y la arrastró hasta los baños, el olor a cigarro inundaba el lugar.
-¿Qué haces aquí?
Tenía miedo, si su tío le decía a su padre, se daba por muerta, se atrevió a mirarlo a los ojos y notó, que al igual que ella, estaba pálido, con miedo.
-¿Qué te pasa idiota? ¡Suéltala!
La chica de las pelucas coloridas había llegado a su defensa.
-¿Quién te crees?
Ambos se quedaron callados, Jorge soltó a Elisa, pero no dejaba de temblar.
-Yo no te vi aquí, pero tu tampoco me viste a mi.
Salió del pasillo de los baños y se perdió en la multitud.
-¿Estás bien?
Elisa asintió sin perder la vista de su tío.
-Gracias por acompañarme, aunque creo que no es el lugar más indicado para que estés aquí.
Ambas chicas salieron a la calle, Elisa tomó la mano de Rapunzel, quien no rechazó el gesto.
Meses después, Elisa entendería que lo que vio aquella noche no era bien visto por su familia, por sus compañeros de salón, por sus vecinos, por la colonia, por la sociedad.
Buscó a su acompañante, pero se había perdido en el mar de gente; intentó gritar, pero el sonido ahogo su llamado. Se movió entre la multitud y chocó con una pareja, intentó disculparse y reconoció a su tío.
Parecía que el tiempo se detenía, lo vio agarrado de la mano de un chico apuesto con camiseta sin mangas y ajustada. Sus labios se movieron, pero no se escuchaba nada.
-¿ Tío Jorge?
La mandíbula de él se desencajó, agarró del brazo a la niña y la arrastró hasta los baños, el olor a cigarro inundaba el lugar.
-¿Qué haces aquí?
Tenía miedo, si su tío le decía a su padre, se daba por muerta, se atrevió a mirarlo a los ojos y notó, que al igual que ella, estaba pálido, con miedo.
-¿Qué te pasa idiota? ¡Suéltala!
La chica de las pelucas coloridas había llegado a su defensa.
-¿Quién te crees?
Ambos se quedaron callados, Jorge soltó a Elisa, pero no dejaba de temblar.
-Yo no te vi aquí, pero tu tampoco me viste a mi.
Salió del pasillo de los baños y se perdió en la multitud.
-¿Estás bien?
Elisa asintió sin perder la vista de su tío.
-Gracias por acompañarme, aunque creo que no es el lugar más indicado para que estés aquí.
Ambas chicas salieron a la calle, Elisa tomó la mano de Rapunzel, quien no rechazó el gesto.
Meses después, Elisa entendería que lo que vio aquella noche no era bien visto por su familia, por sus compañeros de salón, por sus vecinos, por la colonia, por la sociedad.
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