No sabía cuanto tiempo había permanecido con la cabeza pegada en las rodillas, el sol estaba por esconderse, supuso que llevaba toda la tarde así, en silencio, con sus pensamientos.
No había lágrimas qué derramar, no había motivos, sólo había suspiros y preocupación; el sol se había ido a dormir.
Estaba sola en la habitación, sólo su cuerpo, no había muebles, una silla, una cama, ni una cobija que la acurrucara, sólo su cuerpo tieso, sólo los suspiros, sólo la ventana que le permitía ver a la Luna despertar.
La puerta se abrió, su silueta a contraluz le daba ese toque onírico que tanto miedo le daba, miedo de que no fuera real, de vivir solo una fantasía; sólo necesitaba sentir sus dedos para aterrizar a la realidad, para confirmar de que no estaba viviendo un sueño, sentirla, no sólo el alma, sentir su piel, su suavidad, su ternura transformada en escalofríos.
No quiere salir, tiene miedo, pero no puede permanecer toda la vida en aquella habitación, donde los segundos son eternos y las tardes son las mismas a través de la ventana, no quería salir...
Ella jaló de su brazo, su silueta en contraluz seguía pareciendo un sueño a pesar de tocar sus dedos... tenían que salir...
¿Por qué cuesta tanto?
***irazu...
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