domingo, 11 de marzo de 2012

Dolores y la casa embrujada

El siguiente video es una adaptación de este pequeño cuento, narrado con mi voz y dibujos realizados por mi, es el primero de muchos que espero llevar a cabo, pero todo a su tiempo, ¿no creen?
Abajo del video les dejo la historia.



Era una tarde fría, el cielo estaba nublado y eso hacía que la casa abandonada de la cuadra se viera más tenebrosa.
Dolores acababa de cumplir 11 años, a su corta, edad su madre ya le había contado infinidad de cuentos de aventuras, todos ellos relacionados con aquella casa. Ella también quería ser parte de aquellos relatos y esa mañana, mientras se veía al espejo y se arreglaba para ir a la escuela, se dijo a sí misma:

“Ya soy una niña grande, hoy si entraré a esa casa”.

Tardó un sándwich, una manzana y un jugo para encontrar una entrada: la puerta trasera siempre había permanecido abierta. El lugar estaba lleno de polvo que la hizo estornudar, el eco sonó por todo el lugar y, para variar, cada que pisaba el suelo de madera rechinaba, Dolores sintió miedo.

¿Y si el fantasma del cual hablaba siempre su madre la escuchaba y se enojaba? ¿Cuál es el castigo por entrar a casas ajenas sin permiso?

Estaba en el segundo piso de la casa cuando escuchó un grito, tan agudo, que creyó se quedaría sorda. Cerró los ojos, intentó correr pero se tropezó y cayó al suelo, cubrió sus orejas esperando que el grito cesara, el lugar era tan frío que deseaba no haber ido a aquel lugar esa tarde.

Después de unos segundos el grito dejó de escucharse y todo fue silencio, Dolores abrió los ojos y vio un gato negro parado frente a ella, mirándola. Ella creyó verlo sonreír y se animó a acariciarlo. El felino ronroneaba y se acurrucaba en el hueco de la palma de la niña y, en ese momento, Dolores supo que tenía un amigo.

*i*r*a*z*u*



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