El siguiente video es una adaptación de este pequeño cuento, narrado con mi voz y dibujos realizados por mi, es el primero de muchos que espero llevar a cabo, pero todo a su tiempo, ¿no creen?
Abajo del video les dejo la historia.
Era
una tarde fría, el cielo estaba nublado y eso hacía que la casa abandonada de
la cuadra se viera más tenebrosa.
Dolores
acababa de cumplir 11 años, a su corta, edad su madre ya le había contado
infinidad de cuentos de aventuras, todos ellos relacionados con aquella casa.
Ella también quería ser parte de aquellos relatos y esa mañana, mientras se
veía al espejo y se arreglaba para ir a la escuela, se dijo a sí misma:
“Ya
soy una niña grande, hoy si entraré a esa casa”.
Tardó un sándwich, una manzana y un jugo para
encontrar una entrada: la puerta trasera siempre había permanecido abierta. El
lugar estaba lleno de polvo que la hizo estornudar, el eco sonó por todo el
lugar y, para variar, cada que pisaba el suelo de madera rechinaba, Dolores
sintió miedo.
¿Y si
el fantasma del cual hablaba siempre su madre la escuchaba y se enojaba? ¿Cuál
es el castigo por entrar a casas ajenas sin permiso?
Estaba
en el segundo piso de la casa cuando escuchó un grito, tan agudo, que creyó se
quedaría sorda. Cerró los ojos, intentó correr pero se tropezó y cayó al suelo,
cubrió sus orejas esperando que el grito cesara, el lugar era tan frío que
deseaba no haber ido a aquel lugar esa tarde.
Después
de unos segundos el grito dejó de escucharse y todo fue silencio, Dolores abrió
los ojos y vio un gato negro parado frente a ella, mirándola. Ella creyó verlo
sonreír y se animó a acariciarlo. El felino ronroneaba y se acurrucaba en el
hueco de la palma de la niña y, en ese momento, Dolores supo que tenía un
amigo.
*i*r*a*z*u*
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