La abrazo por la espalda y hundo mi nariz en su cabello, inhalando, embriagándome con su champú, siento como se retuerce y la imagino, su pequeño rostro enrojeciéndose como un tomate, la siento temblar mientras meto las manos debajo de su suéter, suspira, se que me desea como yo a ella.
***
-¡Dolores!
Su voz ronca resonaba por toda la casa, una pequeña niña entró a la habitación de su madre, quien estaba en cama tosiendo; el vicio del cigarro la acababa día a día. La niña le acercó la cajetilla de cigarros.
-¿Y los cerillos?
La niña negó con la cabeza y salió corriendo mientras su madre gritaba.
Estaba agitada, había corrido hasta el final de la calle hasta encontrarse frente a frente de la casa abandonada, miró alrededor, segura de que nadie la observara y, acto seguido, corrió a la puerta trasera para entrar. La conocía como la palma de su mano, el polvo, el crujir de la madera, el olor a podrido, el grito que sale a cada hora intentando liberarse. Ya había entrado tantas veces a la casa que ya no le asustaba.
Irazu permanecía en la puerta del ático y Dolores subió a ella, la acomodó en su regazo para mimarla mientras ronroneaba.
***
Se cuenta, que al morir, los objetos absorben la energía, dejando la esencia de los espíritus en el lugar. Aquella casa era un claro ejemplo de esta hipótesis; se sentía amargura, en las paredes había un hilo de soledad. El odio de la señora García se había quedado impregnado en el sótano desde su muerte, jamás se volvió a abrir, hay rumores que aseguran que por las tardes grises se escuchan las cadenas con las que amarraba a sus hijos, también se dice que la cruz seguía colgada en la pared y, para aquellos valientes, el sacarla de la casa los llenaría de fortuna.
La verdad es que nadie se atrevió a entrar a esa casa, ni siquiera a acercarse, tan solo cruzar frente a ella por la banqueta provocaba escalofríos.
Por el contrario, la cocina desprendía un sentimiento de tristeza, de traición, así se había sentido Elisa al enterarse de que su tío había sido el culpable del exilio de Rapunzel, que él estaba enfermo al grado de volverlo un asesino; aquello generaba tal desolación que la casa no aguantó, no se quería quedar sola y se aferró a lo único que le quedaba: esa gatita que siempre vagaba por el lugar. Ella no se había dado cuenta de lo que había sucedido, de que al momento de probar la sangre de su dueña lo que en realidad hacía era un pacto con la casa, una vida eterna amarrada al mundo terrenal sin un cuerpo; cuando se enteró, ya estaba atrapada.
De alguna manera, Dolores le permitía materializarse, la primera vez que la vio creyó haberla visto a ella, a Elisa, pero no lo era, le costó entender lo que sucedía, saber quién era no fue fácil. Tuvo que verla salir y regresar para entenderlo... ella no era su Elisa, pero aún así le agradaba.
Y las visitas se hicieron constantes.
irazu...
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