Miraba el mar, como se rompían las olas de una forma tan silenciosa que asustaba... quería recordarlo tal cual lo observaba aquella tarde, como los hilos de sol se hundían dejando rastro en la sal de la superficie... sintió miedo por no contar con algún objeto que grabara aquel momento más que su memoria; frágil bastarda que, bien ella sabía, no duraría
***
Aquella mañana inició como toda rutina, un despertador ruidoso, esas pocas ganas de levantarse y los rayos del sol golpeando su rostro...
<<Levántate>>
decían...
Era una mañana como cualquier otra de un día de descanso, un domingo sagrado que urgía la pijama y el sudor de la noche anterior. Leía el periódico sin prestar atención mientras mordía su pan tostado. Había olvidado prender la radio, había olvidado cargar las pilas del despertador, olvidó alimentar a los peces; solo estaba ella, mordiendo una rancia tostada, leyendo noticias del mes anterior, porque había olvidado tirarlo a la basura.
-¿Qué día es hoy?
Se preguntaba en voz alta mientras se cepillaba frente al espejo.
El reloj marcaba las horas, los minutos se escondían en el drenaje y los segundos jugaban con sus arrugas.
-Mañana es el cumpleaños de Damian, hay que comprarle un regalo...
Se decía ella sola, mientras lavaba los trastes.
La noche calló como llegó el amanecer, el despertador no se preparó para el siguiente día: olvidó prenderlo. La caja de cereal seguiría humedeciéndose: olvidó meterla en su estate. Las cobijas seguirían oliendo a polvo y su almohada sería la única que recordaría que Damian cumplió años hace cuatro meses, que la guerra fría ya había terminado, que el polvo de la sala seguiría acumulándose, que en la pecera sólo hay cadáveres, que ella estaba sola y seguirá olvidando, así como las olas se rompen al llegar a tierra, pero desaparecen después de un rato...
iRazu*
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