miércoles, 29 de agosto de 2012

Escape

Pedro se aferraba a las orillas de la su cama, sentía la brisa nocturna soplar su rostro, estaba feliz; viajaba de regreso a casa, con su madre, regresaría a su recamara, a sus juguetes, al armario en el que jugaba a  las escondidillas siempre que llegaba de clases con nuevos moretones en las rodillas a causa de los niños que lo molestaban, todo iba perfecto.

Abajo, los tejados parecían ser de casas de muñecas; y los coches pequeños, carros de carrera, pronto estaría de regreso en casa, todo salía acorde al plan: abrazar las patas de su cama, ver como llegaba volando a su recamara, aferrarse al colchón sin importar lo que sucediera y, cuando su cama volara de regreso a casa, él se iría con ella. Estaba muy feliz.

Los ladridos de unos perros interrumpieron sus pensamientos, Pedro se asomó y no consiguió ver nada en la penumbra; el cielo se iluminó a sus espaldas y el trueno no tardó en hacerse presente. Gotas gruesas comenzaron a golpear su cuerpo y el niño solo pudo hundir su rostro en la almohada y apretar los ojos; los truenos sonaban cada vez más fuerte y la cama perdía el control, como un barquito de papel en medio de una tormenta.

Pedro comenzó a llorar de miedo, una ráfaga de viento volteo el colchón y el niño no consiguió sostenerse bien de las sábanas, perdiéndose en el vacío.

¡No podía caer ahí! En medio de la nada, en un lugar que no conocía, Pedro se perdería buscando el rumbo a la casa de mamá o hasta la calle de ancianos en donde se ubicaba la casa en la que apenas se había mudado con su padre, tenía miedo, miedo al no saber donde se encontraba, a no ver a su mamá otra vez, a no tener con él las patas de su cama para que fuera a rescatarlo, tenía frío, estaba mojado, y la sensación desagradable de que le quitaran el estomago mientras caía le provocaba ganas de vomitar.

Sintió el duro suelo, grito, su cuerpo saltó separándose de la alfombra empapada. Pedro abrió los ojos, estaba oscuro, alzó la mano y chocó con madera, la movió y se sumergió en algo suave; estaba debajo de la cama de aquella recamara que le daba escalofríos, rodó para salir y pudo ver que estaba amaneciendo; un olor desagradable y familiar le molestó y se dio cuenta de que necesitaba un baño.

Suspiró, esa noche la misión había fallado, seguiría atrapado en aquella celda por un buen rato.

iRazu*

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