domingo, 12 de agosto de 2012

Fiebre


Afuera relampagueaba, el cielo se iluminaba dejando ciego con su blanco resplandor y llovía como si fuera el último día de la humanidad; no importaban sus intentos de ignorar la tormenta, la cobija de Pedro no era lo suficientemente gruesa como para apagar el ruido o la luz; tenía miedo, extrañaba a su mamá, odiaba aquel lugar, aquel cuarto, la calle llena de ancianos, la nueva escuela que aún no conocía.

El sabía, como en su anterior colegio, que terminaría siendo el blanco de burlas y chistes, trabajos perdidos, cosas rotas a mitad del patio, algo de él le gritaba a gritos que sería igual.

El cielo se iluminó de nuevo, el lanzó un grito y comenzó a llorar; no importaba cuanto se quejara, sabía que su padre no iría a calmarlo, a darle protección.

¿Dónde está mamá?

Un recuerdo vino a su mente, salió corriendo de la cama, buscando en la oscuridad de su habitación ya que su padre no quería pagar más por la luz, así que no había la pequeña lamparita que iluminaba su campo de batalla, alejando a todo monstruo que quisiera salir debajo de la cama. Pedro alcanzó su vieja maleta y consiguió sacar una pata de su antigua cama, otro relámpago  estaba muy lejos de la cama nueva y cayó al suelo, el hechizo debía de funcionar ahí. Cerró los ojos y abrazó el pedazo de madera contra su pecho hasta enterrar las las astillas en su piel, rezando, pidiendo, llorando, implorando que sus plegarias se escucharan.

Tardó un par de minutos, tuvo que derramar unos tres litros de lágrimas y sudor por el miedo, hasta que las ventanas se abrieron de par en par, un colchón y su base se acomodaron debajo del cuerpo de Pedro, el cual levitaba para poder acomodarse en su antigua cama, olía a ella, acababan de lavar las sábanas, era como si su madre lo abrazara fuerte, protegiéndolo de todo mal.

Pedro al fin pudo descansar, soñando con su vieja casa, con los antiguos rincones en los que se escondía después de llegar a casa, con algún nuevo moretón en las rodillas y su madre descubriéndolo, sanando sus heridas, cantándole alguna canción para que se relajara.

A la mañana siguiente, la cama ya no estaba, Pedro temblaba en el suelo, sudando, tenía fiebre. Su padre lo llevo al doctor, preocupado, ignorando la sonrisa que su hijo presumía, esa noche planeaba volver a llamar a su cama.


iRazu*

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...