miércoles, 16 de mayo de 2012

Vuelo

El espejo caía desde séptimo piso, sin que ningún otro objeto interviniera entre él y el suelo. Miles de diamantes saltaron cuando las puntas del artefacto tocaron el suelo, destellos causados por el reflejo del sol se esparcían por la banqueta; nadie se inmutó cuando el estruendo sonó por la cuadra, nadie se percató de pisar sus restos, el espejo se volvía polvo bajo las suelas de goma, zapatos que, sin ellos, los pies descalzos sangrarían.

***

-Salta –le decía la morena a la pelirroja-, nadie va a extrañarte.

Janis miró al vacío, sintió la brisa en su rostro, cerró los ojos y deslizó su pie derecho fuera del marco de la ventana; mariposas en su estómago habían emprendido un vuelo que terminó convirtiéndose en huracán desde que había entrado a la habitación y, ahora, destrozaban las paredes intestinales, queriendo escapar.

-Salta.

Carol no dejaba de susurrar aquellas palabras, incitando las pecas de la espalda de Janis a contraer miles de escalofríos, cada que ella hablaba, la otra obedecía, cada que Carol sentenciaba una orden, Janis sabía que sería su fin.

-... nadie...

Abrió sus blancos brazos como el pichón que abre las alas por primera vez y dio un paso enfrente, deslizándose desde el séptimo piso, era una flama, era fuego que se extinguía en la caída. Su cuerpo no resistiría aquella adrenalina, orgasmos disparados por cada parte de su cuerpo, gritos apagados generados por sus tímpanos, su lengua, entumecida, ardía como su cabello.

-¡NO!

Carol abrazaba la cintura de Janis, no había saltado, no aún. Sus ojos se encontraron y comprendieron que no importaba si alguien no las extrañaba, ellas solo se tenían a ellas mismas, ni la familia, ni los "amigos", ni los cómplices; ellos solo eran extraños.

Quédate...

Era un susurro casi inaudible, era una petición que jamás contarían, que era solo de ellas dos, una promesa que se consumiría en el fuego.


iraZu

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