martes, 20 de noviembre de 2012

insomnio

Descontrolada, ansiosa, y sigo preguntándome por qué carajos se invento la noche. Si el sueño nomas no quiere darse un revolcón conmigo. Las 10, las 12, las 4 de la mañana y sigo sin pegar un ojo, y aún la descarada me pregunta si conseguí dormir.

Y es que no puedo negarlo, tener de vecina a una joven llena de hormonas volando por el aire y paredes que parecen estar hechas de papel provocan que no pueda controlar el sueño.

Todo inicia a las 9, ya que insistes en ir a acostarte temprano, yo no acostumbraba a hacerlo, pero el mes pasado pesqué un refriado que me tumbó por completo. Pero ahí no acaba el cuento.

No pude, lo confieso, creer lo que escuchaban mis castos oídos -di lo que quieras, soy yo quien cuenta la historia y yo defino mi santa pureza-; era como si suspiraras a lado mío, pero intenté ignorarlo. Así que se imaginarán mi sorpresa por haberla soñado, sintiendo que yo era quien provocaba dichos gemidos, que generaba ese ahogo y necesidad de un aire que no existe en el ambiente.

No podía bañarme con agua fría, moriría si lo hacía, pero no había remedio.

Las siguientes noches fueron peores, no sólo fue en sueños, era real, no pude pegar el ojo en todas aquellas horas, mis ojeras al día siguiente me delataron, el café no me daba ni una milésima de ayuda de lo que quise.  Mi tormento había comenzado.

Era extraño, bien podría acostarme tarde, jugando la consola un par de horas hasta que llegara el sueño, pero en su lugar iba a mi recamara, a las 9 puntual. A escuchar esos suspiros tuyos, a imaginar como juegas al titiritero, creer que muerdes la almohada para evitar gritar.

Y así como todas las noches me preparo para escucharte, todas las mañanas evito mirarte cuando nos cruzamos por el pasillo; fantaseando en que alguna noche juegues conmigo.


iRazu*

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...