Apenas tenía un año y estaba atenta de todo.
Papá había salido a sacar la basura. Era ya muy noche y acababan de terminar de cenar, Elisa reía con las caras graciosas que hacía mamá.
-Ya tardó...
Mamá no pudo evitarlo, estaba preocupada.
¿Cuánto tarda una persona al sacar la basura? ¿cinco minutos? diez a lo mucho... papá ya llevaba 20 y seguía afuera.
Pasaron un par de minutos más y papá entró con un joven detrás de él. Estaba muy flaco, unas ojeras terribles, pálido a pesar de que la piel era morena. Estaba sucio, asustado, parecía que había pasado horas llorando.
-¿Manuel?
Mamá miró a papá y luego al joven, estaba preocupada y asustada en cierta forma, abrazó a Elisa, dudando si retirarse.
Manuel fue directo a la cocina y sirvió un plato con comida, dejándolo en la mesa.
-No tenemos mucho, pero conociéndola, de seguro se traga toda la alacena.
El chico se sentó y tomo un bocado grande, parecía no haber comido en años. Manuel se acercó a su esposa y le dio un beso en la frente.
-Es mi hermano.
Susurró. Su mujer abrió los ojos y miró de nuevo al joven.
-Tienes familia...
Había dejado de comer y miró a los tres dueños de la casa. Se detuvo en la pequeña y siguió comiendo.
-Acuesta a Elisa, yo me quedaré con el.
Otro beso cálido de buenas noches y ambas mujeres salieron del cuadro.
Jorge temblaba.
-Se parece a ella...
Manuel se sentó frente a él y lo observó.
-Pero no lo es... le haces algo y juro que te mato.
El hermano menor desvío la mirada y luego miró a la ventana.
-¿Cómo lograste escapar?
-Igual como lo hiciste tu, hasta que esa maldita gorda se entretuvo con mi hermano menor.
Manuel se sentía culpable, la única manera en la que pudo huir fue cuando su madre se encargó de limpiarle los pecados a su hermano. Había prometido regresar para liberarlo, pero el tiempo pasó y nunca pudo regresar, no a esa casa que consideraba como un infierno.
-¿Toño? Pero creímos que jamás pasaría con él...
-Pues pasó...
Elisa dormía plácidamente en su cuna, mientras su tío, el cual acababa de conocer, y su padre, organizaban una misión de rescate.
**irazu**
Cada cabeza es un ático, en donde se guardan recuerdos y fantasías, todo un mundo. Cada uno es distinto y muestra matices sorprendentes. Éste es el ático de aquel gato negro escondido, celoso del sol que acaricia su piel cada mañana, aquel que solo le cuenta a la luna sus miedos y anhelos...
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