Tenía ya mas de media hora sentada en la... ¿recepción?
Jugueteaba con los botones de mi saco, de vez en cuando volteaba a ver a los agentes haciendo su trabajo y otras a la puerta esperando reconocer al jefe. Siendo que en mi vida lo había visto.
Practicaba en mi cabeza diálogos tontos que al analizarlos no creí tenerlos nunca. Al menos no ese día.
Miraba a la gente teclear en sus aguantadores teclados, presionar botones y mover rápido el mouse. Viendo los catálogos y levantándose para recoger las facturas impresas. Miré el reloj, otros diez minutos.
Cabecee espantada, no podía dormirme en aquel lugar. Sonreí por los recuerdos.
Cuando era niña, era fácil dormirse en cualquier lado. Que en el coche, el camión, la sala de espera, la recepción, en las sillas apiladas de la fiesta. Pero ya no se podía.
El estómago rugió, me había pasado de mi hora habitual de la comida y sabía que esperaría aún más. Era una tortura cada que el olor a pollo agridulce salía de mi bolso. Alguien entró...
Era un cliente; comenzaba a desesperarme, quería quitarme la ropa formal, atascarme de comida, correr y quedarme dormida, ya no aguantaba.
La puerta se abrió de nuevo, eran tres chicas, una siguió directo a una oficina del fondo pidiendo que esperáramos y las otras dos se sentaron, cada una, a un costado mío. Las vi de reojo, el cabello estirado y pegado con gel, perfume suave, maquillaje perfecto. Una tenía cara de pescado, los labios sobresalían de modo que, cuando estaba de perfil, parecía el perfil de un pez. Solo le faltaban los ojos saltones.
Pasé mis dedos por mi cabello, estaba algo desordenado debido a las carreras; me sentí como un sapo en un lago con peces koi, tratando de camuflajearse entre los colores de la pared.
Se abrió la puerta de nuevo, había llegado la hora. Después de la espera, el sueño y el hambre, había llegado el momento. Fuí la primera en pasar.
Aquellos que han asistido a las entrevistas de trabajo, sabrán a lo que me refiero. Una pequeña descripción del lugar, el puesto, el sueldo, obligaciones, tiempo de la empresa... de pronto me di cuenta de que los temas que había tratado de organizar en mi cabeza para preguntar habían ya sido respondidos.
-¿Alguna pregunta?
Adormilada, hambrienta y confundida, respondí un ligero "No".
Estrechamos las manos y salí del lugar, caminando para encontrar la parada del camión, aturdida por el sol.
No soy buena con las entrevistas, ahora solo me queda esperar.
irazu**
Cada cabeza es un ático, en donde se guardan recuerdos y fantasías, todo un mundo. Cada uno es distinto y muestra matices sorprendentes. Éste es el ático de aquel gato negro escondido, celoso del sol que acaricia su piel cada mañana, aquel que solo le cuenta a la luna sus miedos y anhelos...
lunes, 8 de agosto de 2011
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La espera terminó
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