¿Cómo castigaran otros papás? He oído que a algunos les pegan con el gancho, el cinturón o una cuerda mojada... pero jamás había escuchado la manera de castigar como lo hace la señora García.
Ella... da mucho miedo.
***
-Vamos.
Jorge estaba decidido, Manuel dudaba. Pero no le quedó de otra seguir a su hermano menor.
Entrar a la casa fue fácil, el cerrojo de la puerta trasera estaba abierto.
-Es probable que ni se haya dado cuenta... pobre Toño...
Manuel escuchaba a su hermano hablar en susurros.
-¿Dónde crees que esté la ballena?
Manuel seguía callado, atento a cualquier ruido, a cualquier señal.
Ambos se dieron cuenta que la puerta del sótano estaba abierta, Jorge caminó para asomarse mientras Manuel retrocedía y tropezaba con la mesa. Las latas de comida vacías cayeron causando un gran estruendo.
...Silencio...
Hasta dejaron de respirar, nadie salía del sótano ni de otro lugar en la casa, su madre no apareció.
-Debimos haber llamado a la policía...
Se lamentaba Manuel; Jorge comenzaba a decepcionarse, su hermano mayor era un coyón.
-Bajemos al sótano... puede que esté amarrado aún.
Propuso el mayor. Ambos sabían la manera de castigar de su madre, con todos fue igual. La misma cruz, la misma letanía, la misma cama, las mismas cadenas.
***
Abrazaba su cuerpo fuerte, tratando de protegerse.
-No más... no más... por favor...
Chillaba María, temblaba cual cachorro asustado.
Escucho unos lentos pasos que se acercaban.
-Jorge... -escuchó María una voz masculina- Aquí hay una niña...
Dejó de cubrirse el rostro y vio a un chico muy parecido a Toño. Se escuchó el ruido del metal contra metal.
-Ven aquí a verlo, yo veré a la niña.
Ambos sujetos susurraban. María pudo reconocer a Jorge y lo abrazó fuertemente.
-¿María?
La niña lloraba.
-María ¡shhh! guarda silencio.
Pero no podía, seguía llorando, era tan solo una niña de 12 años asustada.
-¡CÁLLATE!
...Silencio de nuevo...
-¿Qué hacen ustedes aquí a bajo?
Esa voz, todos sabían de quien era. Ambos hermanos voltearon y vieron a su madre, obstruyendo la única salida.
-¿Manuel? ¿Eres tú, muchacho desobediente?
Bajó un escalón; Manuel sostenía a Toño en sus brazos, seguía inconsciente, mientras Jorge abrazaba a María.
Otro escalón, ambos hermanos estaban petrificados, no podía moverse.
-Has sido un niño muy maleducado... ¿quieres ir al infierno?
***
Todo había sido muy rápido, Jorge tomó un par de latas que estaban en el suelo, lanzándolas contra su madre. La sra. García comenzó a bajar más rápido, pisó una lata, rompiendo su tobillo y cayendo por las escaleras.
-¡VÁMONOS!
Gritaba Manuel sin soltar a su hermano, pero Jorge no se movía. Tomó las pinzas que había soltado al momento en que María lo abrazó. La niña lloraba y jalaba a Jorge del pantalón para salir con Manuel y Toño. Pero Jorge no se movía.
-Dime mamá ¿cómo es el infierno?
-Jorge, déjalo ya y vámonos.
-No, hasta que me responda ¿cómo es el infierno?
La señora García no podía levantarse.
Jorge se lanzó contra ella para darle el golpe final, pero Manuel se interpuso.
María corrió al cuerpo de Toño, sintió sus manos frías y lo abrazó.
-No irás a la cárcel por ella.
La señora García agarró el tobillo de su hijo mayor y lo tumbó al suelo. Se apoyó ignorando el dolor de su tobillo roto.
-Jorge...
La mujer se dejó caer sobre el cuerpo del joven, el peso era tanto que Jorge no podía respirar.
Toño comenzaba a abrir los ojos, miró a María llorando, a Manuel inconsciente y un pequeño charco de sangre que brotaba de su cabeza. Vio a Jorge gritar y pelear bajo la masa corporal de su madre mientras ella reía.
Otro estruendo se escuchó por la cocina, en un par de segundos, varios policías llegaban al sótano, mirando la escena sin saber que hacer. Corrieron para quitar a la mujer y liberar al adolescente.
-¡POLICÍAS! ¡Arresten a estos ladrones!- Comenzó a gritar ella.
Confundidos, miraron la escena. Uno llamaba a la ambulancia y revisaba a Manuel, otro detenía a Jorge que se abalanzaba contra su madre nuevamente, otro se acercó a los niños. Toño estaba confundido y María lloraba.
Un policía se acercó a Jorge y comenzó a golpearlo.
-¡NO!
Gritó María y todos la miraron.
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