lunes, 29 de agosto de 2011

El recuento de los daños

-¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Manuel y Jorge estaban en el Ministerio Público, golpeados, con el cuerpo lleno de sangre seca. Desviaban la mirada e ignoraban el olor a prostitutas y delincuentes.
-Quiero ayudarlos muchachos, pero si se quedan callados, no podré hacerlo.
¿Aquí termina todo? ¿Con la esperanza del futuro tras barrotes y celdas llenas de ratas?
-¿Cómo es...?
El abogado otorgado por el estado se le quedó mirando a Jorge, hablaba tan bajo, que era difícil entenderle.
-¿Como es el infierno?
***
Karla tallaba el cuerpo de su hija bajo la regadera, tenía marcas de golpes en su pequeño cuerpo. Quería parar y abrazarla.
¿Qué monstruo era capaz de hacerle eso a una indefensa niña?
Eduardo no podía sentarse, caminaba por la sala, hablando por teléfono, lanzando maldiciones.
-¡QUIERO QUE SE PUDRAN EN LA CÁRCEL!
María tomó las manos temblorosas de su madre mientras pasaban la esponja por su piel.
-Ellos no me hicieron nada, no quiero que les pase nada...
***
Erika había ido por su esposo, pero solo pudo encargarse de Toño por el momento.
-Soy la esposa de Manuel, tu hermano.
El pequeño le era difícil de entender; poco tiempo había pasado con su hermano; su madre y Jorge no hablaban de él, no lo recordaba.
-¿Y mamá?
La mujer abrazó al pequeño, no podía decirle qué pasaba, puesto que no lo entendía. Lo único que sabía es que su esposo estaba a punto de entrar a la cárcel, que tanto él como sus hermanos estaban muy golpeados. No quería imaginar que había pasado en aquel sótano.
También había una niña, de la cuál se había reportado como secuestrada. Su suegra -de la cual jamás había oído hablar- estaba herida de igual manera.
***
La señora García permanecía tumbada en un colchón improvisado. Su peso y su tobillo roto impedían que los para médicos, la policía y los bomberos pudieran sacarla del sótano.
Le habían colocado unas tablas para enderezar la lesión. Sólo pidió que le acercaran las latas de comida y la dejarán sola; sin antes maldecir a sus hijos.
***
-¿Consiguió algo?
El abogado le preguntaba al psicólogo de la comisaría.
-No se abren fácilmente, pero tuvo que haber pasado algo para que estuvieran así... tendría que hablar con los niños también.
-Son menores de edad.
-Que vengan sus tutores.
***
Eduardo retiraba la demanda, se sentía impotente, no sabía que hacer. Solo sabía que necesitaba proteger a su hija, y tenía que confiar en ella.
En el MP se le quedaban viendo de una manera extraña. Primero levanta una demanda por el secuestro de su hija, pide que los culpables se hundan en la cárcel y ahora retira todo cargo.
¿Es coherente eso?
-Gracias, papá.
No entendía a su hija, quería ayudarla, quería saber que había pasado en esos días que desapareció y por qué las heridas de su cuerpo.
María ya no parecía una niña. Su mirada se había apagado, su sonrisa parecía falsa, se volvió callada y reservada y odiaba que su madre la bañara en la regadera.
***
Toño se había mudado con su hermano mayor. Le habían dado una habitación la cual compartiría con Jorge. Erika era una buena mamá, era tierna, alegre y muy linda.
El día que llegó a esa nueva casa, conoció a Elisa, la cuidaba una vecina.
-Erika...
-Dime tía.
Insistía ella.
-¿Qué hace esa señora y ese bebé aquí?
Erika tomó a Elisa y despidió a la vecina.
-Ella es Elisa, es tu sobrina.
-¿Puedo cargarla?
Erika puso con cuidado a su hija en los brazos de Toño.
-Es muy linda...
***
Manuel y Jorge salían de aquella casona, odiaban tener que ir para ver si su madre se encontraba mejor. Nunca pudieron sacarla del sótano y la herida parecía empeorar.
-Poca luz, suciedad, humedad... no son buena combinación para una herida.
Jorge escuchaba a Manuel mientras caminaban por la calle.
-Supongo que no.
Respondió el menor.
-Ya no quiero regresar.
Jorge asintió con la cabeza.
-No volvamos... por favor.
Tenía que cumplir su promesa, proteger a sus hermanos, ahora le tocaba hacerse cargo de ellos.
-Regresemos a casa.
Aquellas palabras, para Jorge, pronunciadas por su hermano mayor le sonaban extrañas. Deseaba sentirse libre, pero algo en él no se liberaba.
***
Spam...Hombro de cerdo y jamón enlatado.
La sra. García abrió la lata y se tragó todo el contenido sin masticarlo, no sería la primera vez que lo hacía... pero sería la última.
***
***
***
i*r*a*z*u

1 comentario:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=IHUFpKJsMBo&feature=related

    esta canción me ayudó a ponerle ambiente... gracias por leer!

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