viernes, 2 de septiembre de 2011

Mariposas

Lo haré, estoy decidida, ya ha sido suficiente pensar.
Han dicho mi nombre, estoy temblando, sudo frío y siento el estómago en la garganta.
-¿Se siente bien?
-S...Si...
Genial, estoy a punto de desmayarme... ¿por qué ahora? ¿por qué justo cuando tomo la decisión de hacerlo?
Sigo al chico de la playera negra y miro sus brazos.
-¿Duele?
Pero él me ignora, llegamos a una habitación con poca luz y me invita a tomar asiento.
-¿Esta segura de querer hacer esto?
Hace calor, de pronto la habitación es más pequeña y me hace falta aire.
-Oiga... ¿está bien?
Por su voz, creo que el joven está asustado, no pude comprobarlo ya que todo se volvió negro.
***
Me siento tonta, recostada en el sillón con una bolsa de hielos en mi frente.
-¿Su primera vez?
Asentí con la cabeza, aún me daba vueltas todo.
-Es normal sentirse nervioso, uno le teme al dolor, pero luego se vuelve adictivo.
El chico me regaló una sonrisa para animarme.
-¿Alguien la está obligando?
Su expresión había cambiado.
-No.
Respondí lo más seria posible, estaba ahí por mi propia cuenta. Rebeldía, nuevas experiencias, cambios drásticos, no lo sé. Tenía miedo de hacerlo, pero en verdad lo quería; era como si lo necesitara.
-El diseño que solicitas es muy complicado, si quieres puedes empezar con algo más simple.
Lo miré a los ojos, estaba preocupado y ya muchas molestias le causaba con todas las atenciones que tomaba; tener un cliente que se desmaya no puede dar mucha reputación al lugar. Tal vez le tema a una demanda, aunque no soy de esas personas que pelean por todo.
-¿Qué me recomiendas?
El mostró otra sonrisa y fue a un gabinete que tenía en el cuarto, sacó una carpeta. Acercó una silla y se sentó conmigo.
-¿Algo que te guste mucho?
-Mariposas.
Respondí sin dudar.
En seguida me mostró un diseño simple, sencillo, pequeño y bonito. Era una serie de mariposas pequeñas.
-Podemos hacer esto en tu tobillo, como una serie, sería discreto y haré todo para que no te duela.
Sonreí, el tipo me la ponía fácil. Me acomodé en el sillón que tenía y abrió un paquete de agujas.
-Todo lo que usamos está esterilizado
Su voz, su sonrisa y su seguridad hacía que me sintiera confiada. Los nervios habían desaparecido.
Cuando apretó la aguja en mi tobillo, sentí ardor, pero aguante mientras sonaba un poco de música relajante y él me platicaba sobre distintos clientes que ha tenido.
Cuando menos lo supe, había terminado.
-Es hermoso.
No cabía en mi asombro, era pequeño, simple y me gustaba.
-¡Gracias!
-Gracias a ti... eres mi primer cliente oficial.
-¿A qué te refieres?
-Es la primera vez que tatúo a alguien.
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