viernes, 23 de septiembre de 2011

Audífonos

Cerró la puerta para no escuchar la tormenta.
Ella gritaba, él insultaba; las palabras chocaban como cuando la vajilla de porcelana que le regalaron en la boda cayeron al suelo de la cocina la semana pasada.
Por más que cubría sus oídos con la almohada, el sonido no cesaba.
Su hermano entró con cuidado y lo abrazó, le puso algo en las orejas y presionó el botón de un objeto extraño. Los gritos fueron remplazados por melodías dramáticas y agudos de guitarras eléctricas.
Le dio un último abrazo antes de irse, antes de saltar por la ventana...
*****
Despertó sobresaltado, sudando frío. La cabeza le zumbaba y temblaba.
Hacía mucho tiempo que no soñaba con sus padres o su hermano... ni siquiera les hablaba. Dos, muertos en vida; el otro, descansa en el panteón.
Miró el reloj, aún era temprano. Ya no podía dormir.
Aquel reproductor portátil para casetes, que le regaló su hermano antes de partir, ahora es historia. Su esencia perdura: un reproductor de discos, un mp3, un reproductor multimedia que le permite ver películas enteras y ahora uno que hasta deja hacer llamadas... bendita tecnología. 
Pero por más alto que ponga el volumen de la música, los gritos no cesan, siguen ahí.
Busca irremediablemente por toda la ciudad los audífonos perfectos que saturaran su ser, sin éxito.
No podía trabajar, no podía estudiar, no podía disfrutar el trayecto en el camión, ni siquiera el silencio o el ruido... los gritos ahí estaban.
Rendido, caminaba por la plaza sin mostrar atención en ningún lugar. Y los vio.
RompeCraneos
Leyó la etiqueta, preguntó que tan efectivos eran y pago mas de mil pesos por ellos.
La primera sensación lastimó el interior de su oído, desgastado por años de alto volumen, pero los gritos seguían. Subió el volumen del reproductor hasta no haber más, la vajilla se rompía; subió el volumen por medio del amplificador de los audífonos, la ventana se quebraba; activó el woofer ignorando las precauciones.
*****
Su cabeza explotó, dejando salir el llanto perdido; palomillas volaron junto con polvos de estrella.
Su cabeza explotó y los gritos cesaron.


irazu

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