lunes, 19 de septiembre de 2011

El vagón

Abrazaba sus piernas mientras tarareaba una canción, se hacía tarde y pronto cerrarían la estación del metro; solo esperaba el momento indicado para que el policía se diera la vuelta y colarse en el último vagón.
Hacía frío y había olvidado con que taparse.
¡¡¡FUERA DE AQUÍ!!!
Una y otra y otra vez escuchaba la voz de su padre en su cabeza, todos los días era lo mismo, él gritaba, su madre y tío la defendían para que al final ella saliera corriendo.
Eran las doce, el oficial la miraba a lo lejos, le daba curiosidad.
-Es la tercera vez en la semana que viene.
El conductor explicaba que en contadas ocasiones aparecía esperando que todos se fueran.
-¿No tiene casa?
El viejo se quitaba su gorra y chaqueta para guardarla en un casillero de la oficina principal.
-No sabemos, nunca hemos visto que alguien la acompañe. No se ve desnutrida, así que no creo.
Ella se secaba las lágrimas con la tela de su vestido, mamá había pensado que para el cumpleaños de papá sería buena idea arreglarse.
Elisa era una niña muy bella, delicada, cabello suave, tez clara y ojos oscuros. La alarma sonó y se escabulló en el interior del vagón, pero las puertas fueron detenidas.
-No es un lugar seguro.
La voz del uniformado hizo temblar a la niña.
-¿Tienes casa?
Un paso más cerca de ella; el cazador goza observar el miedo antes de atacar a su presa.
Pero en su mirada no había temor alguno, ni debilidad. Solo tristeza y vacío, el oficial se sintió avergonzado e intentó mantener la postura.
-Vamos, te llevaré a casa.
No se movió, sus pies parecían estar clavados al suelo. Su mirada seguía firme, directo al policía.
-Vamos.
El extendió la mano, tratando de infundir confianza; sonrió amablemente y esperó su respuesta... la cual fue, seguir mirándolo.
-Morirás de frío si te quedas aquí.
Sus ojos húmedos y rojos seguían tercos, no confiaba en nadie y menos en un hombre a altas horas de la noche en la estación del metro.
-¿Y tu familia? ¿Tienes amigos?
Bajó la mirada por un instante, se sentía sola. De su familia, solo obtenía miradas frías y gritos. Amigos... no tenía; se sentía sola en todos los sentidos y a la vez vacía
A pesar de las intenciones motivadas por el instinto, el hombre pudo calmarse y dejó a la niña sola en el vagón, esa mirada triste, dura y vacía lo llenaba de lástima.
***
Entró por la puerta principal, miró a su madre preocupada en el sofá, no había descansado en toda la noche. Toño dormía en una silla.
-Ya llegué...
Se frotaba el brazo y caminó a su habitación, esa que nunca sintió suya en aquella casa que jamás nombró hogar.

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