En algún momento el sueño tenía que terminar...
***
-Decidí salir con alguien más.
La cuchara choco con el plato de porcelana, la dueña de aquella frase desviaba la mirada mientras tomaba un sorbo de café. No esperaba respuesta de su receptor, no la quería, pero tenía que hacerle frente, era lo mas sano ¿no es así? Terminar con jugueteos tontos que no tenían dirección alguna. Su mente estaba decidida, ella iba determinada a ponerle fin a aquella feria de ridículas discusiones, nada le daría vuelta a la hoja mas que ella y eso era justo lo que estaba haciendo en ese momento. El líquido amargo recorrió el nudo de su garganta, pero ésta se resecó al no escuchar sonido alguno.
Lo miró, él estaba tranquilo, apacible, su serenidad era tan imperfecta, su camisa sin abrochar, la manzana que resaltaba en su cuello, las cicatrices de la adolescencia en su rostro, sus hombros anchos que ni siquiera se notaba que se movieran con su respirar... Tan tranquilo...
Lorena dejó la taza con apenas un sorbo generando gastritis en su estómago, tomó su cartera para sacar un billete de veinte pesos y dejarlo a lado del plato de porcelana; agarró con fuerza asa de su bolsa y salió del local, él seguiría en silencio y era algo que no podría tolerar, caminó con paso firme sintiendo que en cualquier momento flaquearía, por lo mismo prefirió no voltear a verlo, pero no pudo evitarlo, la escena era extraña, ahí estaba él, tomando el billete y poniéndolo en su cartera; la mesera se había acercado para retirar el brebaje amargo, no terminó de presenciar que pasaría a continuación, preferiría llegar lo antes posible al tren en donde invadirían su espacio personal que darse cuenta como jugueteaba aquel hombre con el delantal de la inocente mujer.
<<Si fuera tan inocente, no hubiera estado coqueteándole toda la tarde>>
***
Su armario estaba lleno de blusas coloridas y pantalones a la medida, debía aceptarlo, el que él fuera parte de su rutina la había obligado a arreglarse, siendo que antes no sabía para que se usaba una brocha de maquillaje. Sonrió vagamente, las personas la notaron, cada vez era más usual que llegara presentable al trabajo, la familia se extrañó al cambio agradable y se acostumbraron al timbre de su risa, ella había cambiado convirtiéndose en una mejor persona.los
Pero de un día a otro las sonrisas comenzaron a tener una sombra, un fantasma que la seguía a todos lados, él dejó de animarla y comenzó a agobiarla. Se dio cuenta de que la inseguridad y los celos transformaban la naturaleza de las personas... O los hacía mostrar sus verdaderos rostros. La mejor persona en la que se convertía estaba empezando a consumirse.
Tres años fingiendo sonreír, tres años escondiéndose en fibras de colores pasteles y vivos para que resaltaran sus facciones y la hicieran ver mas "linda", tres años gozando de orgasmos por la noche y despertando en las sábanas frías, se sentía usada...
Le costó trabajo entender que ella también lo usó a su conveniencia, había descubierto el sabor amargo del café y le había gustado, disfrutó un lado que no se había atrevido a experimentar y, cuando se encontró a sí misma después de tantos años de bebidas oscuras, dejarlo atrás no parecía una idea descabellada. Tomó un sorbo de su bebida caliente, pero no sintió dolor en la boca de su estómago, al contrario, el té dejaba a su paso un sentimiento de calidez y frescura al mismo tiempo.
Se despidió de la burbuja una tarde soleada, se puso rubor en las mejillas esperando resaltaran su sonrisa, una que alardeaba libertad.
iRazu*
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