jueves, 29 de diciembre de 2016

Lavanda

Suenan como campanas... cada gota que cae, es como el dulce tono de una campana... algunas más agudas que otras, algunas más graves que otras; al final aquella combinación resulta crear una bella melodía.

***
-¿Estas lista?

Delia beso la frente de su hija mientras la despertaba con dulzura.

Areli percibió el olor a lavanda antes de abrir los ojos, no quería despertarse, pero prefería enfrentar la rutina a tener que respirar ese perfume. Miró el techo por un par de segundos antes de levantarse y alistarse para aquel día.

El sol brillaba en lo alto aquella mañana y calaba como siempre, la chica portaba sus lentes oscuros impidiendo que otros notaran el azul de su mirada, había dejado de consultar la hora en su reloj, el tiempo pasaba tan lento.

Al final del día ella estaba sola en casa, como ya era una costumbre, se dejó caer en su cama mirando el mismo techo que en la mañana, agarró la cajita musical que tenía en la mesita de la noche y la sostuvo por un tiempo entre sus manos, observándola, sin abrirla; la regresó a su lugar para regresar su mirada al techo, siempre el mismo, siempre inerte.

-Incluso el techo es cambiante.

Se apretó el pecho al recordar su voz, al recordar sus palabras. Se giró y trató de dormir antes de volver a escuchar ese tono suave que antes solo la calmaba.

Aquella noche soñó con ella, con su toque delicado, con su aura de paz; despertó negando sus lágrimas.

Sabía que si no alzaba la voz el sentimiento la consumiría en algún momento, pero no tenía las palabras para describir sus emociones, sabía lo que sucedía, sabía lo que sentía, pero no sabía como expresarlo. Al final del día siempre era lo mismo, la casa vacía, la recamara en silencio, la cajita musical cerrada y el constante aroma a lavanda.

Aquella tarde había conseguido ganarle a la lluvia, las gotas afuera comenzaron a caer justo cuando había entrado a la casa. Subió a su recamara y se tumbó en la cama como era costumbre, queriendo ignorar el caer de las gotas afuera, ignorando escuchar aquella melodía... le dolía.

Cuando ella estaba viva, Areli escuchaba melodías distintas con la lluvia, pero ahora que ha pasado el tiempo, se despierta negando sus lágrimas, escuchando su voz que intenta despertarla, oliendo aquel perfume de lavanda y en cada tarde lluviosa la melodía de la cajita musical que se negó volver a abrir después de su partida.

iRazu*

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