Te miré al otro lado de la calle rodeado de tanta gente que no te percataste de que te seguía con la mirada, tu semblante serio cruzó la avenida evitando chocar con los cuerpos de los demás. Tomé mi bolsa con fuerza, pidiéndole que me diera la fuerza para acercarme a ti... error... las bolsas no otorgan poderes, lo descubrí tarde una vez que te había perdido de vista.
Había pasado una semana desde la caminata de muertos vivientes, era un martes lluvioso. Me agradaba poder ir saltando en los charcos con las botas, pero aquel día había preferido quedarme a observar la caída del agua, resbalando por el paraguas transparente antes de caer al suelo. Cada gota emitía una melodía distinta, cada cascada que caía de los techos de los puestos generaba un ritmo particular, y lo mejor era el olor a tierra mojada. Toda una imagen perfecta que se apreciaba más con los ojos cerrados.
Entre los colores de aquella oscuridad se presentó uno que no conseguía distinguir, traía un aroma a roble, pasos pesados que destacaban entre la multitud que caminaba a prisa para resguardarse de la lluvia y una respiración tranquila y profunda. abrí los ojos por curiosidad y te vi a tan solo un paso de mi, entre zombies cubiertos con gabardinas hasta los pies.
Alcé la mano por inercia, buscando tu roce, mi respiración se detuvo cuando estuve a punto de tocarte; el semáforo cambio de color y caminaste lejos de mi, el aire regresó a mi pecho mientras mis pies se quedaban clavados en el suelo.
***
Había pasado una semana desde la caminata de muertos vivientes, era un martes lluvioso. Me agradaba poder ir saltando en los charcos con las botas, pero aquel día había preferido quedarme a observar la caída del agua, resbalando por el paraguas transparente antes de caer al suelo. Cada gota emitía una melodía distinta, cada cascada que caía de los techos de los puestos generaba un ritmo particular, y lo mejor era el olor a tierra mojada. Toda una imagen perfecta que se apreciaba más con los ojos cerrados.
Entre los colores de aquella oscuridad se presentó uno que no conseguía distinguir, traía un aroma a roble, pasos pesados que destacaban entre la multitud que caminaba a prisa para resguardarse de la lluvia y una respiración tranquila y profunda. abrí los ojos por curiosidad y te vi a tan solo un paso de mi, entre zombies cubiertos con gabardinas hasta los pies.
Alcé la mano por inercia, buscando tu roce, mi respiración se detuvo cuando estuve a punto de tocarte; el semáforo cambio de color y caminaste lejos de mi, el aire regresó a mi pecho mientras mis pies se quedaban clavados en el suelo.
***
¿Cuántas veces te he esperado en la misma esquina? ¿Cuántas veces me he quedado paralizada en cuanto visualizo tu figura? ¿Cuántas veces más voy a permitir que nuestros ojos no se encuentren? ¿Cuántas paradas más debo realizar?
***
Cuando inicia un nuevo año trae consigo un nuevo aire, pocos se percatan de su pureza que viene a limpiar nuestras almas más que a nuestros pulmones: siempre el primer aire que recorre la madrugada del año nuevo es una nueva promesa que se abre en ese momento. Las calles solas y tranquilas son el mejor paisaje antes de llegar a casa.
Doy vuelta en la esquina y detecto ese olor a roble pero rejuvenecido, alzo los ojos: estás ahí, en tu mirada un brillo tierno que responde a tu sonrisa, es inevitable regresarte el gesto. El valor siempre había estado en mi, solo necesitaba un pequeño empujón.
iRazu*
No hay comentarios:
Publicar un comentario