Se miró en el espejo y no deseó ser ella, miró sus ojeras, sus labios partidos, su nariz chueca, su cabello maltratado y desordenado; el rimel se corría por sus mejillas en forma de lágrimas negras. Tenía tan solo 13 años y parecía de 30.
Algo afuera se rompía, las chicas gritaban y corrían; miró la cama ensangrentada y no se atrevió a pararse por el dolor de sus piernas, aún no era la media noche y estaba agotada. El ruido del caos se acercaba a su habitación y aún parecía distante, como en un sueño.
La puerta se abrió de golpe y varios hombres vestidos de azul con cascos que cubrían su rostro entraron, ella seguía mirando en el espejo, intentando acomodar la nueva joya que el cliente pasado colocó en su cuello. Aquellos seres se le acercaron y la tomaron del brazo con fuerza, le gritaron cosas que no entendía, le pidieron papeles y no respondió; uno de ellos, en su desesperación, la aventó a la cama y la golpeó con el puño en la mejilla.
-¡Habla, maldita zorra!
Una chica entró a la habitación y se aventó contra el oficial, golpeándolo con sus frágiles puños; sus uñas postizas se rompieron con la lucha, tres oficiales no podían con ella.
-¡Es solo una niña!
Intentaba gritarles, pero ellos no escuchaban.
***
Aquel heroico saqueo fue realmente vergüenza nacional, derechos humanos levantó una demanda por la violación de 48 prostitutas.
Lo más grave... una menor de edad se encontraba entre ellas.
-¡No parece una niña!
Alegaba el culpable, ahora entendía porque no tenía documentos, porque incluso no respondía ante el forcejeo, era solo una niña.
***
-¿Quién era ella?
Elisa le preguntaba a Rapunzel, era la primera vez que entraba a su torre; era un espacio modesto con pocas cosas, un espejo roto y una foto presionada por el marco: Una niña abrazada de una joven mujer, una niña que tenía apariencia de vieja, pero con una sonrisa tan inocente como su roto corazón.
Rapunzel prendió un cigarro y se lo ofreció a Elisa.
-No fumo, gracias.
Ella se acostó en su cama y miró el techo, recordó aquella noche de pesadilla, como muchas otras. La recordó a ella, siempre viva, siempre dispuesta a defenderla.
-Ella me vendió a los 10 años y a los 13 me entregó al convento del que vengo.
-Parecen felices juntas...
-Era porque la amaba.
Elisa se sintió incómoda con aquellas palabras y, por primera vez, se preguntó si era suficiente para Rapunzel.
iraZu*
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