martes, 10 de mayo de 2011

Bai bai...

Una amiga una vez dijo que los gatos no tienen dueño, son los dueños. Irazu se regodeaba con aquella idea y se acurrucaba en el viejo sofa llenándolo de pelaje negro. Que suertuda gatita que tiene para si misma toda una mansión.
Hacía lo que quería cuando lo deseaba. Si por su mente pasaba deslizarce por los pasillos vacíos, así sería. Si tenía frío, bastaba con subir a la recamara principal y esconderse bajo las frasadas. Aquel lugar llenaba todas sus necesidades, no improtaba si la alcena estaba vacía, ni siquiera que la quincena no alcanzara para buena comida; siempre había algún ratón que cazar. Era su ventaja, no dependía de nadie, ni de su "dueña", a pesar de que no le gustaba ese término. Al fin y al cabo, ella se metió buscando refugio y se apropio del lugar, la chica le caía bien, era simpática.
Ya era de noche, ella acostumbraba llegar tarde, pero no tanto. La joven había entrado por la puerta trasera, arrastraba sus pasos y se sostenía por donde pudiera; estaba pálida, más de lo normal. Su cuerpo cayó al suelo mientras una sustancia pegajosa se escurría por las maderas de la cocina.
El felino caminó a ella como si caminara por una pasarela. "Se ve graciosa", pensaba.
La chica le sonreía, jamás la había visto como una mascota, no. Esa pequeña gatita era su compañera, su roomie, un pequeño ser inteligente e independiente que había llegado a hacerle compañía.
La bola de pelos se acercó a ella y piso auqella sustancia vizcosa, lamió sus patas por el desagrado a ensuciarse y notó el sabor metálico, miro de nuevo a su amiga quien la miraba con las pocas fuerzas que le quedaban hasta que cerró los ojos...

memorias de Irazu...

1 comentario:

La espera terminó

Hoy, querido lector, te invito a que abras la puerta a las memorias que han acompañado mis noches eternas, las noches de muchas y la...