Aquella pequeña gatita vio como su eterna dueña regresó empapada a causa de la lluvia, no había luz debido a la falta de pago, se acercó para darle calor mientras ella se desnudaba y se cubría con una cobija.
Aquella felina se acurruco mientras su dueña se hincaba, golpeaba su pecho y comenzaba a rezar...
-Torre de Rapunzel... ruega por nosotros...
Aquellos que osamos con subir a tu ventana, ingenuos tratando de desenmascarar tu secreto, robar tu más preciado tesoro; sin darnos cuenta de que los engañados fuimos otros; quedando hipnotizados por tu mayor e increíble hechizo.
Fueron esas llamas que cubrían tu rostro lo que nos hizo amarte, esa fortaleza inalcanzable la que despertó nuestro deseo por tomarte y conquistarte. Fueron esos pares de zafiros los que nos invitaron a beber de ti.
¿Quién será el afortunado por desenmascararte o aquel que descubra tu secreto?
No importa que tan inmadura fui al tratar de robarte un beso, intentando mostrarme valiente como un maestro, siendo que no alcancé ni los aires de aprendiz.
Tú, mujer inmaculada, tú, diosa inalcanzable, tú... toda tú... llena de gracia, caos y destrucción; encerrada en la torre más alta, aquel rascacielo que cuida de tu ser.
¡Oh, Rapunzel! Deja caer tu hermosa cabellera para poder subir y llegar hasta ti...
¡Tonto aquel que dijo que esas palabras funcionaban!
Tu cabello esta pegado a tu rostro, no hay trenzas, no hay cuerdas ¡no hay manera de alcanzarte! Entre el llanto del niño desesperado y de la risa de la bruja malvada, me encontraba yo; ofreciéndote una bella flor la cual despreciaste con un ademan demostrando lo insignificante que soy.
Una vez más... eres inalcanzable...
Torre de Rapunzel, ruega por nosotros, aquellos que caímos en pecado, escalando, arriesgando nuestros ojos ante la caída en los rosales, sin importarnos el que jamás te veremos más en nuestros sueños; quedando sólo los demás sentidos para admirarte... siendo que tu te vas sola y desdichada en el horizonte a causa de tal vil máscara.
Pero he de confesar... que en mi más corta vida, jamás encontraré flama como la flor tuya, ingenua y tranquila en la cama esperando ser arropada.
Mi bella niña, mi bello ser... tú, mi Rapunzel... ruega por nosotros los pecadores y reza por la salvación de nuestra alma...
Irazu vio como su dueña se tumbó al suelo, derramando lágrimas y solo cuando los abrió, pudo ver aquella herida, la cual probablemente fue causada por aquellas espinas de las que habla ese cuento de hadas.
Irazu**
Está muy bonito, creo que de los que más (o el que más) me han gustado.
ResponderEliminarUn abrazo, Bye*
Gracias "M" ^^
ResponderEliminarNo había leído cuentos con tal carga emocional y tal desolación tan bn contados que te llega y t haga sentir mal--- TU, MUY BIEN
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